Cartas a un joven poeta

Cecília Meireles

 

§

 

:

«Armando Trevisán, querido amigo:

Dada la franqueza con la que me escribe, trataré de responder a su pedido sobre mi opinión sobre sus versos. No crea en mi opinión. Ninguna opinión ajena es fundamental en sí misma. (Esto no es literatura). Lo que importa es la opinión de uno, del artista. Pero, para que esa opinión valga, efectivamente, es necesario que él se forme, se haga. Sólo así podrá crear y, al mismo tiempo, hacerse sus propios juicios.

Algunos le dirán: me gustan estos versos, no me gustan aquellos, etc. Y ocurre que a Ud. le guste lo que a otros no le gusta o viceversa. Esto sucede porque unos ven los versos por fuera, como obra ya creada, y Ud. los ve por dentro, como instante de creación. Y esto es muy confuso.

En cuanto a la espontaneidad, sin duda alguna es una cualidad, pero cuando se excede puede volverse mecánica. Tenga cuidado. Escriba, guarde, deje de ver lo que hizo por algún tiempo, luego vuelva a leer, como si fuese un material ajeno, no como autor.

(…) recuérdese que cada uno de nosotros es una persona diferente, que mantiene tenues correlaciones con las demás. Cada uno de nosotros tiene un ritmo de alma. Deje que sea ése el de sus versos.

Mi consejo —como profesora de literatura puedo dárselo—, pero Ud. no está obligado a seguirlo, pues un joven de 20 años debe estar contra todo, es natural que así sea, pero a los 30 estará de acuerdo con lo que le decían… Mi consejo: trate primero de tener una idea clara de la Literatura Brasilera. Busque una buena historia de la Literatura. No hay muchas. Si encontrase la de Ronald Carvalho, tendría un panorama conciso y útil. Las de Romero y Veríssimo (José) son buenas, pero no muy actualizadas. Traté de sentir el espíritu de las letras, en los pocos siglos de nuestra historia. Debido a su origen italiano, haga lo mismo en relación a la grande y bella literatura de sus antepasados. Sentirá, por esa lectura, la evolución que experimentan los poetas –que es la evolución del mundo. Nada se repite. Aunque el tema sea el mismo, el tratamiento es diferente, las palabras son otras, los giros de lenguaje, etc. Es lo que hace reconocible a un poeta, a un escritor, a una época, a un país…

Luego de la Historia de la Literatura Brasilera, podrá estudiar una Historia General de la Literatura… Es una lástima que se enseñe tan mal, incluso en las mismas Facultades… Después, vaya a la antología de diferentes épocas y países. Para que tenga una visión del mundo de las letras. No crea que esto no es necesario. Piense en un pianista: podrá tener el don de ejecutar o componer, pero para adquirir plenamente ese don, es necesario que conozca el instrumento, la técnica, etc. No es sólo cantar: hay que conocer los sonidos, sus combinaciones, etc. No es sólo escribir: es necesario conocer el instrumento: la palabra, como sonido, sentido repercusión…

Por supuesto, existe el poeta popular, el trovador, que no sabe cómo hace lo que hace. También existe, es cierto. Pero el poeta popular, entienda bien. Es otra cosa.

Si quiere un consejo más: no tenga prisa. A los veinte años, todos tienen prisa. ¿Por qué? Luego, más tarde, —sé de varios casos— se desaniman si el gran esfuerzo de publicar un libro (porque cuesta tan caro!) no es correspondido con gran aceptación entre el público, generalmente displicente en materia artística, pobre para comprar todo cuanto se publica, y, como es natural, más interesado por los valores ya establecidos.

No es porque sus versos no sean buenos, —sino porque podrán ser mejores. Todos comenzamos modestamente. La vida es breve y el arte largo— por eso no se puede comenzar por la perfección. Ni por la experiencia. Ella viene después. Y el sufrimiento. Y el descubrimiento o invención del mundo. Por lo menos del mundo particular que cada uno posee, y que es la única revelación por hacerse… Nuestra visión de la vida… Como una historia de un marinero que vuelve del fin del mundo. Con la familia, la tribu atenta, oyéndolo, aprendiendo con lo que él vivió…

Lea a Rilke, lea a los grandes. Tagore, Fernando Pessoa. García Lorca. Lea a los antiguos. Horacio, Ovidio, Virgilio. Y a los griegos. Lea a los chinos. Aquel delicado Li-Po, que le gustará, y Tu Fu, y tantos… Lea a los árabes, tan derramados en amor, pero con una prodigiosa riqueza de imágenes, y a mis queridos persas, que hablarán siempre de vino, etc., pero es otro el vino… transponga esto místicamente. Lea, lea.

Y publique. Publique en periódicos, revistas, vea su repercusión. Oiga mucho y reflexione sobre lo que oiga. No se desanime con la indiferencia, ni se entusiasme en demasía con el elogio. Reúna dinero para el libro que publicará un día, pero no tiene que ser ya, inmediatamente. No publique un libro como experiencia (deje eso para las revistas y periódicos); publique el libro como afirmación.

(…) Cuando termine de leer todo esto, olvídese de lo que le digo, no haga caso a lo que leyó. Continúe».

(6-9-1957)

:

:

:

(Fragmento)

…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………

«De cualquier forma, veo, en los versos que trajera su amigo, su clara necesidad de expresarse en verso, y la búsqueda de una expresión propia. En esa búsqueda, muchas veces hay un intento de ser original, tanto en escogencia de las palabras como de las imágenes. Pienso que siempre se tiene que tener mucho cuidado en la utilización de la novedad: no porque prefiera la estabilidad en poesía, —lo que sería su muerte, nada de eso; — sino para que no se deslice hacia alguna originalidad chocante, desde el punto de vista estético. Por otra parte, no le estoy dando ningún consejo: pero todos los poetas jóvenes de hoy, como es normal, buscan su camino por lugares aún no transitados. Aunque, los lugares que aún no son transitados generalmente tienen plantas salvajes, espinas, animales, etc. Es necesario ir escogiendo.

(…) Reflexionando sobre lo que dije en la carta anterior, me recordé de que le hablaba mucho de leer, leer, leer… pero era como sugerencia para el estudio de la evolución de la forma. Ciertamente, para escribir alguna cosa, es necesario que se tenga algo que decir. De nada vale saber mucho del estilo, si no hay mensaje. Por otra parte, se verifica constantemente que la fuerza de los sentimientos crea la elocuencia —y ésta, verdaderamente, es anterior a la Retórica. (Y hablando de eso, ¿leyó ya a Aristóteles?) En cuanto al mensaje… En lugar de decirle: lea, lea, lea, —debería decir: piense, sufra, ame, venza, pierda, VIVA y el resto le vendrá por añadidura.

Esta carta, pues, es una especie de Post-Scriptum hecho a la prisa e incompleto —porque estoy bajo una montaña de trabajo— pero llena de buena voluntad, y deseando que consiga lo que pretende, no con lo que le digo, sino con lo que a si mismo se diga».

(9-9-1957)

:

 

Las Cartas a una joven poeta de Cecília Meireles fueron traducidas por nuestro asiduo colaborador Armindo Trevisán, y se encuentran publicadas en  la edición impresa de POESIA N° 55, 1980, pp. 30-33.
Share on whatsapp
Share on facebook
Share on telegram
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email

Contenido relacionado

introduzca su búsqueda