Cujo

Trad. Pedro Araya Riquelme

:

:

:

Cuyo

:

:

Nuno Ramos

:

:

:

Puse todos juntos: agua, alga, barro, en una poza vertical como una escultura, costurada por su propio peso. Pedazos de mundo (palabras principalmente) se reflejaban allí y el color dorado de esos reflejos daba una impresión intocada de realidad. El sonido horrible de una sierra salía desde dentro de la poza y completaba el ritual, como una promesa (a la que esperaba, atento) que fuese conocimiento y revelación. Fue entonces, como si sudara, que algunas gotas aparecieron en su superficie y escurrieron, primero lentas y luego a sorbos, en una asfixia movediza que traje del interior a la superficie deshaciendo en pedazos la suspensión y la parálisis. Y hecha suciedad, a mis pies, ella fue un lamento de lo que vi y perdí.

Puse vidrio derretido sobre la brea, lo que daba una forma cóncava al fieltro. El problema era qué hacer con el vidrio ahora, ya que, si prevalecía tendría una escultura de vidrio. Seguramente podría derretirlo de nuevo, o lanzar asfalto frío para recubrirlo, pero en este caso tendría una escultura de asfalto frío. Sería necesario, entonces, que los materiales se transformasen unos en otros ininterrumpidamente y, lo que es más difícil, encontrar un nombre para este material proteico, un nombre que tuviese sus mismas propiedades.

Poner un nombre dentro de una piedra no tiene sentido, puesto que ella ya tiene este nombre, piedra.

Pausado, lento, quieto, muerto.

Sentía una necesidad impostergable de raciocinar (de imaginar algo), de salir de allí, caminar y pensar. La felicidad, muchas veces, es el alivio inmediato luego de una especie de asfixia asmática, claustrofóbica, en que nos metemos.

La materia debe caminar disforme, dispersa, irrepetible, por tanto, moralmente insustituible, individuada, indiferente a nosotros, incluso. En el límite, no podría ser vista, ni sentida, ni oída, ni probada.

El agua gelatinosa del mar ya se había contraído hasta el punto de poder caminar sobre ella. Pisábamos su sal como si fuese lodo y algunos peces muertos, bocarriba, aparecían en la superficie. El resto de la fauna y de la flora parecía bien conservada dentro de la gelatina transparente del mar. Sólo que la sal, toda la sal del mar, se había depositado como un relleno y tornaba la atmósfera irrespirable cuando venteaba. Dejábamos nuestras pisadas en esa sal y esa gelatina, que luego se recomponía después de nuestro paso. Existía la amenaza de que el mar se licuase de nuevo y del helicóptero nos pedían que volviésemos. Parecían tan fantásticas, sin embargo, aquellas pequeñas olas congeladas e incluso esa ballena aún viva, más lejos, que, creo hablar por los otros al decir que no sentíamos miedo. Fue entonces que percibimos las primeras gotas de plomo y plata venidas del cielo. Se hundían en la gelatina del mar perforando la camada de sal y hacían doler nuestra piel. El agua estaba pesada, demasiado pesada, y no se disolvía fácilmente. Coleccioné algunas gotas en la mano, colocándolas de pie y equilibrándolas en la punta más estrecha. Me distraje con esto por un largo rato hasta que alguien gritó. Sentí que la gelatina estaba más sólida bajo mis pies y que con esta consistencia el agua no se evaporaría. Adquirió ahora una tonalidad plateada, perdiendo transparencia, casi yendo hacia el plomo. Comenzamos a volver. La ballena, luego percibí, ahora estaba muerta. Ya no podíamos ver el interior de la gelatina y andábamos más rápido sobre ella, hundiéndonos menos. Subimos al helicóptero y nos quedamos callados. Las gotas en mi mano se fueron transformando.

Antes de derretirse las cosas se secan.

Estoy dentro y el mundo parece un rumor.

Inventar una piel para todo.

Hoy vi una lagartija. No una lagartija, una hoja que parecía una lagartija. No una hoja, una piedra que parecía una hoja. Entonces es una piedra, pensé desinteresado.

Crear cada detalle. Si algo fuera a colgar, por ejemplo, crear el gancho. Si el gancho estuviese colgando del techo, crear el techo. Si fuera el techo de una casa, crear la casa o, si estuviese a cielo abierto, crear el cielo abierto.

Lo disforme acaba organizándose por los bordes.

En medio de lo amorfo, formas rectas.

Quise ver, pero no lo vi. Quise tener, pero no lo tuve. Quise. Quise al dios, pero no lo tuve. Quise al hombre, al hijo, al primer bicho, pero no los pude ver. Estaba tumbado, despierto. Estaba desde el inicio. Quise moverme, pero no me moví. Yo quise. Estaba encorvado, muerto desde el inicio. El alto césped casi no me dejaba ver. Estaba muerto desde el principio, apenas. Quise el miedo, pero no lo pude tener. Estaba tumbado, encorvado, bien muerto. Quise ver el primer bicho y la raíz de la primera planta. El alto césped no me dejaba ver. Quise quedarme despierto, pero me dormí. Estaba tumbado y el alto césped no me dejaba ver. Los ojos desorbitados casi morían por vez última. Estaba allí desde el principio. Quise el miedo, pero no lo pude tener. Quise el sueño, el arca, algún dígito romano. Quise al hombre, pero no este de aquí. Quise un dios, pero no este de aquí. Escuché los mil ruidos, sin saber de qué. Estaba encorvado sobre el césped. Quise girar el cuerpo y mirar el cielo, pero no este de aquí. Quise mirar la carne desde el principio, detrás de la piel, pero no demasiado profundo. Quise mirar la carne y la raíz de la primera planta (esta sólo tenía tallo). Quise el miedo, pero no de eso allí. Quise decir: de eso allí. Quise girar el cuerpo, pero sin moverme. Estaba muerto desde la primera planta. Estaba muerto, bien muerto, desde el principio de la primera planta. Era un fósil de la primera planta, pero no de esta planta allí. Quise decir: esta planta allí. Quise mirar, mirar, mirar esto aquí. Estaba encorvado sobre el alto césped sin moverme. Quise girar el cuerpo y ver el cielo, pero no este de aquí. Estaba bien muerto y quise decir esto aquí.

Me cansé de arrancarle la piel a las cosas. Es siempre lo mismo: detrás de la madera, la madera, dentro del aceite, el aceite, en el interior del plástico, el plástico. La naturaleza es más repetitiva de lo que nos gustaría admitir — es que somos tan repetitivos como ella: detrás de la ambición, la ambición, en el interior del cansancio, el cansancio mismo.

Antes de transformarse en polvo, la sangre seca se hace sólida. La persona muerta, por algunos momentos, permanece entera sólida, como una estatua.

Diez generaciones mirando fijamente una misma piedra tal vez consigan observar su desgaste natural.

La piel del contenido cae. Después de muchas pieles, el propio contenido cae. Después, lo caído cae. Hasta la aniquilación.

El límite de la expresión es el mareo.

:

:

:

:

:

Nuno Ramos. São Paulo, Brasil, 1960. Graduado en Filosofía por la Universidad de São Paulo, es pintor, escultor, escenógrafo, poeta, ensayista y realizador de videoarte. Expone regularmente en Brasil y en el extranjero. Participó en la Bienal de Venecia de 1995 y en las Bienales de São Paulo de 1985, 1989, 1994 y 2010. Ha publicado, entre otros libros, Cujo (Editora 34, 1993), O pão do corvo (Editora 34, 2001), Ensaio geral (Globo, 2007), Ó (Iluminuras, 2008; Premio Portugal Telecom de Literatura, 2009), O mau vidraceiro (Globo, 2010), Junco (Iluminuras, 2011; Premio Portugal Telecom de Literatura, 2012) y Sermões (Iluminuras, 2015).

Pedro Araya Riquelme.  Intelectual y académico chileno. Realizó estudios de Licenciatura en Estudios Latinoamericanos en la University of London. Posee una Maestría en Ciencias del Lenguaje en la École des Hautes Études en Sciences Sociale , París, además Doctor en Antropología Social y Etnología por la misma casa de estudios. Estos fragmentos de Cuyo pertenecen a la edición bilingüe de Komorebi Ediciones, Valdivia, 2020.

La imagen que ilustra este post fue realizada a partir de un dibujo sin título de la artista venezolana Dazazás, 2018.
Share on whatsapp
Share on facebook
Share on telegram
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email

Contenido relacionado

EL CUERVO

Thirties Poets

Trad. Juan Arabia & Rodrigo Arriagada-Zubieta

introduzca su búsqueda