Néstor Mendoza

Poemas inéditos

 

Fe de vida :
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Egeo

Más allá de mis pies en el acantilado, en algún momento, quizás ahora mismo o dentro de dos meses, debería aparecer la vela blanca que anuncie el desembarco.

Soy viejo y mi única victoria será su retorno.

Voy cada noche al precipicio, dejo mis sandalias a un lado, lo suficientemente cerca para no extraviarlas, para no perder mis pasos en la oscuridad: no hay distinción entre mi espalda encorvada y la inmensidad marina.

No olvides, Teseo, el significado de las telas: el negro aniquilará mis esperanzas y el blanco ondeante será tu fe de vida.

Teseo

Recorrí los pasillos repetidos. Con una mano sostuve el hilo, y con la otra, los muros, antes de llegar a la espalda del Minotauro.

Por fin verás el orgullo en las manchas de mis manos. En los viajes y en los enemigos caídos. En las mujeres deseadas y olvidadas en indeterminados puertos.

Cumplí un itinerario para saldar una deuda. Ahora ya lo ves, padre, al fin soy un hombre: he amado y asesinado. Varias semanas de navegación me separan de tu abrazo.

El cielo, después de la huida del sol, tiene el mismo color que estas aguas, una gran mancha oscura que no se termina. Pero es perfecta en su uniformidad, no permite diferenciaciones.

¿Qué habrá detrás de cada capa negra, de su interminable monotonía de olas y pensamientos ambiguos en las cabezas de los tripulantes?

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Espera
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Penélope

En las horas claras, avanzo; en las oscuras, deshago.

Podría dibujarme sosteniendo a Telémaco, aún lactante; a ti, detrás de una res de labranza; y a un árbol deshojado. Mi habitación es el taller de la artesanía inconclusa. Dos criadas me ayudan. Solo ellas conocen mi ardid. El sudario de mi suegro me permitirá prolongar el oficio de esperarte. Perfumo la tela con fragancias de pétalos secos.

Tu partida te ha llevado a aguas extranjeras, agitadas por la orden de Zeus, pero también te acercará al pecho bronceado de la ninfa. He mirado a los hombres que destajan nuestros cerdos y beben nuestro vino. Jóvenes y viejos príncipes me pretenden, miran mi túnica y desean verme sin ella.

La espera no me ha hecho menos atractiva: los espejos me devuelven un perfil deseable.

Anfínomo

Los pretendientes se juntan una vez más para la orgía. Desde hace meses residen en el salón interior. Se divierten molestando a tu hijo: prueban su valentía con lanzas y humillaciones.

Todos, excepto yo, traen acompañantes. Las gozan de pie, apoyados de los pilares. Las penetran en los alrededores de la fuente. Allí mismo se enjuagan y defecan.

No puedo negar que la reina de Ítaca me ha traído hasta aquí; el aislamiento aumentó su luz: quiero encender la linterna que Odiseo apagó por casi veinte años.

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Néstor Mendoza. Mariara, Venezuela, 1985. Poeta, ensayista y promotor cultural. Licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. Realizó estudios de posgrado en Literatura Latinoamericana. Ha publicado los libros Andamios (2012) y Pasajero (2015). En el 2011, recibió el IV Premio Nacional Universitario de Literatura «Alfredo Armas Alfonzo». Sus poemas han sido incluidos en varias antologías de poesía venezolana. Forma parte del comité de redacción de la revista Poesía y del comité organizador de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (FILUC). Integra el equipo de colaboradores de la revista Latin American Literature Today (LALT), editada por la Universidad de Oklahoma.

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