Ni una sola línea mutante:

cómo leí el «Remar a contracorriente» de Tania Favela

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Paola Gallo

Hace unos años ya, quiero contarles, vengo entrenándome en la práctica del I Ching. Con tres monedas viejas que me traje sin saberlo de Uruguay comenzó este aprendizaje, camino de sabiduría y disciplina, investigación, terapia, oráculo y también arte adivinatorio.

Como una discípula ante su maestro he venido comprendiendo algunas dudas. Hago la pregunta, bien formulada, conectada con mi verdadera intención de averiguar, y lanzo seis veces las tres monedas al aire. El resultado: un hexagrama de seis líneas continuas o entrecortadas, con demasiado ying o yang, que revelan un mensaje que no me quedará otra que estudiar y sentir y reflexionar para llegar a atisbar algo.

Mientras leía este libro, el último libro de ensayos de Tania Favela: Remar a contracorriente. Cinco poéticas: Hugo Gola, Miguel Casado, Olvido García Valdés, Roger Santiváñez y Gloria Gervitz, editado el año pasado en Madrid por libros de la resistencia, tuve una pregunta rabiosa dando vueltas, el deseo de levantar todo el tiempo un velo.

Algo no estaba, y allí pude ver, intuir, la profundidad crítica de su belleza, entendiéndola como un secreto. Siguiendo justamente lo que propone Walter Benjamin cuando advierte:

La crítica de arte no tiene que levantar el velo, sino que, más bien, lo que tiene que hacer es elevarse a la verdadera intuición de lo bello, pero solo gracias a un conocimiento muy exacto de lo bello como velo; tiene que elevarse a una intuición: […] a la intuición de lo bello como secreto. Jamás se captó una verdadera obra de arte sino cuando ella se expuso ineludiblemente como secreto. Pues no se puede designar de otro modo a aquel objeto al que, en última instancia, le resulta esencial el velo. («Las afinidades electivas de Goethe», Obras, libro 1, vol. 1, citado por Byung Chul Han)

Este pasaje de Benjamin lo rescata el filósofo surcoreano Byung Chul Han en su libro La salvación de lo bello, para concluir: «Hay que volverse sobre todo al velo para advertir lo velado. El velo es más esencial que el objeto velado» (4).

Le di vueltas y vueltas a este velo, lo que me preocupaba desde que tuve el libro por primera vez en mis manos, les confieso era: ¿Qué significaba remar a contracorriente, dónde estaba esa zona común entre estas cinco poéticas? Algo quizá está anunciado en la «Nota» que abre el libro, al entenderlos como «una comunidad de resistentes que trabaja a contracorriente de la mercantilización y de las múltiples codificaciones que coaccionan la vida e intentan estandarizar y domesticar su energía» (9).

Pero había más, la pregunta volvía insistente, hasta que encontré una pista, arriba al costado izquierdo de la página (que en una primera lectura torpe se me perdió), eran tres versos de Rafael Cadenas que dicen: «Los poetas no convencen. / Tampoco vencen. / Su papel es otro, ajeno al poder: ser contraste» (8). Ahora que lo vuelvo a pensar a la distancia, otra pista de este secreto puede ser, el hecho de que Tania elige para esta aproximación crítica, el último poemario publicado por cada uno de los poetas elegidos: Resonancias renuentes de Hugo Gola, El sentimiento de la vista de Miguel Casado, Lo solo del animal de Olvido García Valdés, Sagrado (Poesía reunida 2004-2016) de Roger Santiváñez y Migraciones de Gloria Gervitz.

¿Qué significaba remar a contracorriente en el libro de Tania Favela?, le pregunté al Maestro. Y se fueron formando las líneas y llegó, sin líneas mutantes, el hexagrama respuesta. El número fue el 18, Ku: «El trabajo en lo echado a perder». Montaña sobre viento.

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En el estudio del I Ching, observar la forma del hexagrama es crucial (y aquí lo podríamos anexar a todo el linaje literario de los pictogramas con la dupla Pound-Fenollosa hasta el desenlace verbi-voco-visual de la poesía concreta brasileña). La imagen y su relación con el mensaje, en este caso, el hexagrama muestra un caldero, un recipiente que está tapado donde hay comida echada a perder (y me voy a guiar aquí por algunas reflexiones que hace una estudiosa del libro, la argentina Marta Ortiz, al respecto del hexagrama). Dice ella: «El caldero es un implemento de la vida diaria de una familia. Y esta familia es muy descuidada, deja que su alimento se convierta en veneno».

Hay una fuerza cultural, atávica que está fija y dañada, esta situación no es nueva, pero, sin embargo, se repite. Y por eso, en el mensaje del maestro, es conveniente el trabajo con lo echado a perder. Este hexagrama significa la exhortación a un enmendamiento. Y el propio I Ching lo explica, aludiendo a la analogía con la naturaleza, en este caso, montaña sobre viento: «Al soplar el viento en lo bajo, al borde de la montaña, se ve rechazado y echa a perder las plantas. Esto contiene una exhortación al enmendamiento» (155).

El trabajo de remar a contracorriente de estas poéticas, dice el I Ching, implica sacar la comida podrida de ese caldero y lavarlo. Es un trabajo, también, con la dificultad, supone también subir la cuesta, alejarse de las convenciones y esquemas de pensamiento y creación validados, para pensar desde afuera. Implica pensar como extranjero, outsider.

El nivel de comprensión que alcanza Tania Favela con cada una de las cinco poéticas y libros y autores que estudia es profundo. En una prosa luminosa y continuo movimiento, con ritmo propio, un ritmo de pensamiento muy parecido, quizá, a la belleza envolvente que se escucha cuando Tania lee sus propios poemas.

Nos muestra primero cómo Hugo Gola procura encontrar una mirada crítica a la historia, una nueva mirada a través del poema para rehistorizar el pasado, cito a Favela citando a Gola: Ir al origen supone para Gola, comenzar y recomenzar siempre de nuevo: «en cada nueva vuelta /del sol / todo se construye otra vez» (15). (Y voy a simplificar demasiado cada uno de los acercamientos críticos que hace Tania). En el caso de Miguel Casado, recuperamos el mismo hilo, dice la autora en el capítulo dedicado al poeta español: «Mirada abierta, atenta y al mismo tiempo, mirada crítica […] no seguir los caminos trazados, los encuadres ya hechos, no acostumbrarse, romper con esa mirada rutinaria para construir una mirada singular»(31). ¿Cómo? «cuestionar los códigos culturales, ejercer una crítica del lenguaje y de la realidad» (34), presentando en el poema la vida simple transcurriendo, «ofrecerla, a partir de la materia lingüística», sostiene Tania. Habitar en el poema el tiempo presente. Con Olvido García Valdés lo muestra en el hormigueo hueco que se escurre en una identidad del yo que no está fija, o bien, en lo que Favela llama: «la sombra de la voz: sustrato desde el que se alza la escritura y la vida». El poema que sólo dice con la lengua cortada el hormigueo, en una multiplicidad de voces que invalidan el acceso único al paradigma. Roger Santiváñez construyendo desde la materialidad misma de la lengua, una gramática y una lengua propia erotizada, «una sintaxis personal mediante la yuxtaposición y la mixtura de distintos registros lingüísticos y retóricos sin detenerse en ninguno de ellos» (105). Por último, en el caso de Gloria Gervitz, la voz del poema sin tema ni rumbo, en perpetuo desplazamiento, diferida.

Cuando en el I Ching obtenemos, se nos presenta un hexagrama sin líneas mutantes (o sea ni una de las seis veces las tres monedas caen juntas cruz o cara), se nos está mostrando una situación donde todas las líneas son jóvenes.  Un estado de permanente renovación, una energía que no implica estancamiento sino avance. Así las poéticas que Tania Favela descubre en este libro de ensayos, poéticas en avance, en curso, que buscan sin tregua, a contracorriente, nuevos comienzos.

El libro menciona casi nada sobre esta fuerza a contracorriente, es su secreto, prefiere, en cambio, mostrarla en acción (su velo) en el análisis crítico impecable de cada poética. Mostrar en vida y lenguaje cada uno de las experiencias de contraste y renovación de estos cinco poetas. Y esto porque, volviendo a las palabras que Tania elige como epígrafe de su libro: «Los poetas no convencen. / Tampoco vencen. / Su papel es otro, ajeno al poder: ser contraste». Hasta aquí el reconocimiento de la esencialidad del velo, es preferible mantener distancia y evitar la tentación de encontrar un acceso directo al secreto, vía Benjamin, mantener el encubrimiento de su belleza.

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Fuentes:
• Favela, Tania. Remar a contracorriente. Cinco poéticas, Hugo Gola, Miguel Casado, Olvido García Valdés, Roger Santiváñez y Gloria Gervitz. Libros de la resistencia: Madrid, 2019.
• Han, Byung-Chul. La salvación de lo bello. Trad. Alberto Ciria, 2015. Epub.
• I Ching, El libro de las Mutaciones. Trad. Richard Wilhelm, Editorial Sudamericana: Buenos Aires, 2012.
• Ortiz, Marta. “Hexagrama 18, Ku, el trabajo en lo echado a perder”. Abate Soderini, 14 jul 2011, https://abatesoderini.blogspot.com/

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Paola Gallo. Montevideo, 1980. Doctora en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. En poesía publica Alimaña (Editorial Estuario, 2011) y Ov Fab (Editorial Literal, 2016). Publica también el ensayo El decir de lo indecible: los rodeos del deseo en la obra de Alejandra Pizarnik (Premio Nacional 2010 de Ensayo del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay).

La obra que ilustra este post fue realizada por el artista venezolano Juan Pablo Garza.

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