Poéticas de la Abyección

Elizabeth Neira

 

 

Siempre me he sentido muy inspirada por la figura y por la obra de Violeta Parra. La Violeta como primera mujer feminista de Chile, la Violeta obrera campesina y mapuche. Tanto por el rescate del habla y la sabiduría popular como por la rebeldía implicada en ese rescate en una sociedad altamente colonial, machista y clasista, la Violeta es descomunal. Ella  construye con su mundo, el mundo de los desposeídos un inmenso universo poético que revela la identidad de un pueblo y determina su habitar el mundo como mujer y como artista popular y política. Esa construcción fue un gran descubrimiento para mí en un momento en que no entendía para que servía la poesía. Descubrir a la Violeta alumbró caminos posibles de cómo vivir en la palabra desde la completa consecuencia con quién uno es. Para mí la Violeta Parra es la más grande artista chilena del último siglo y al igual que la Mistral es una mujer universal. Después de la Violeta vienen lecturas decisivas de Nicanor Parra, Enrique Lihn, Rodrigo Lira, Gonzalo Millán, Juan Luis Martínez, con quien me pegó un desplazamiento hacia el arte objetual. También fueron decisivas las mujeres que estuvieron presentes en mis primeros pasos en la escritura, Carmen Berenguer, Diamela Eltit. No puedo olvidar el influjo de los poetas malditos, Raúl Gómez Jattin, Rimbaud, Baudelaire, el Conde de Lautreamont, y por supuesto el Marqués de Sade, leído y estudiado hasta el cansancio. También fueron trascendentales las lecturas de Simone de Beauvoir, Roberto Bolaños, Ernesto Cardenal y Pedro Lemebel, entre los más queridos. Sin embargo siento que son muy variadas las fuentes que nutren mi hacer poético y que van desde escritores, músicos artistas visuales,  hasta activistas cuya vida me ha inspirado profundamente, como Malcom X, como el dirigente sindical Clotario Blest o la Machi Francisca Linconao, son historias de rebeldía que me parecen hondamente poéticas y que me impulsan a seguir escribiendo a contracorriente de estos tiempos mezquinos y depredadores.

E.N.

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P o e m a s

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Telegrama

Mi amor
malas noticias
choqué el auto
quemé la casa
ahorqué a los niños
degollé al gato
me comí al perro
vendí tus cosas
y
huí
con tu hermana
menor

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Ciudad Capital

Anti Postal 0

 

Ciudad policía
policía civil
policía de tránsito
policía de investigaciones
policía de fuerzas especiales
especialmente entrenada
para masacrar a su pueblo
ciudad gas, ciudad luma
ciudad calabozo
ciudad cállate la boca
no camines sola por esta ciudad
no bailes, no cantes, no hables en esta ciudad
ni se te ocurra pensar en sacarte los grilletes
tampoco en hacerlos sonar
Ciudad veneno
veneno
en el aire, en el agua,
en la comida, en el vino, en el alma
ciudad plaga
no pidas ayuda en esta ciudad
porque nadie vendrá
Ciudad del crédito fácil
ciudad estafa, ciudad canalla
ciudad muralla electrificada
en los barrios ricos
ciudad con olor a carne humana chamuscada
en los pasillos de cárceles súper pobladas
ciudad perro, ciudad gendarme
no intentes amar, respirar, crecer, ser libre, en esta ciudad
no intentes hacer arte o ser feliz en esta ciudad
sólo podrás pagar y elegir cómo prefieres morir
en la
Ciudad Capital
Dime cómo prefieres morir
en la Ciudad Capital
por sobredosis de alcohol?
sobredosis de merca?
sobredosis de trabajo?
sobredosis de humillación?
sobredosis de frustración?
sobredosis de policías?
sobredosis de odio?
Vamos, mi amor
vamos a incendiar la Ciudad Capital
vamos, mi amor
vamos a quemar
el palacio y el mall
y su corte de siniestros
mongólicos
con poder y dinero

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Soy terrorista

Al Mapuche en huelga de hambre

 

Soy terrorista para el gobierno de mi país
porque creo en el espíritu del árbol y del río,
porque adoro al sol y no al dinero.
Porque no quiero represas en el sur
ni energía sucia de sangre que alimente al
monstruo mórbido del hipermercado neoliberal.
Soy terrorista porque no tengo trabajo estable
ni marido,
ni contrato,
ni chequera,
ni cuenta corriente,
ni tarjetas de crédito;
porque hace años renuncié a la idea de una casa propia,
porque no pago impuestos,
porque no soy una buena clienta de las casas comerciales,
porque ando en bicicleta o a pie,
porque tengo un amigo mapuche que me visita en casa,
y a quién yo visito.
Soy terrorista porque soy mujer y libre,
porque digo lo que pienso.
Porque no tengo armas,
porque creo en el amor,
porque ejerzo el poder de mi palabra verdadera,
porque no me inclino ante nadie,
porque no practico el arte de la genuflexión,
porque no ambiciono lo que no me pertenece por derecho propio,
porque la pobreza no me asusta,
ni me paraliza.
Soy terrorista porque para un esclavo
la libertad del otro
es pavorosa amenaza.

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Origen

 

A la patria castigadora

Vengo de una sola y grande herida,
esta herida se cree país.
Por momentos está herida se dice país,
se dice República
y redacta oficios inútiles,
decretos, leyes, constituciones,
falacias,
porque detrás de los papeles
sólo hay un conocido
abismo.

Esta herida es larga y profunda,
tiene dos cordilleras,
una que apunta hacia el cielo
otra hacia el centro de la tierra.
Sin duda
la más feroz
muerde y se sacude como bestia herida.

La herida me nombra su hija
y yo no quiero
porque me azota todos los días
contra muros
de carne obrera mutilada.

Estos muros son altos
Vigilados, alambrados, eléctricos, letales

La herida se transforma en ave,
un ave de rapiña
fibrosa y enorme
como un arma de guerra,
me ensordece.
Me dice:
Te persigo.
Donde vayas te perseguiré.

La herida se trasforma en perra
y me ladra
en un dialecto
que sólo mi sangre entiende,
es el llamado de la madre cruel.

«No te vayas», me dice,
«tu vida me pertenece,
tu cuerpo,
tu historia,
tu palabra,
hasta tu dolor.
Nada es gratis.
Qué creías…
Me llevarás en cada célula
hasta el fin de tus días.
No harás más que reproducirme
en cada ciudad que pises,
en cada gesto desesperado,
porque soy infinita como la crueldad,
y la indolencia,
que en esta tierra crecen,
como la mala hierba.»

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Recados amorosos a mí misma

Tardes al sol pensando en la inmortalidad del cangrejo, (bajo los efectos del THC) en los largos patios del colectivo de artes visua­les Caja Negra, que bien puesto lleva el nombre, este otoño del 2007, sin trabajo, sin ganas de buscar uno, sin novio, sin ganas de buscar uno, sin dinero, con ganas de encontrarlo en cualquiera de los bolsillos de mi abrigo de piel marrón, adquirido a muy bajo precio en la ropa americana.

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i

Lo malo del ego es que crea espejismos deliciosos en medio del desierto y uno se olvida de que está muerto de sed.

 

ii

Las religiones que pregonan la eliminación del ego como sal­vación espiritual, surgieron en sociedades regidas por sistemas de castas cerradas, como la India por ej. ¿Sospechoso, no?

 

iii

Con sabiduría el ego puede transmutar en autoestima y afir­mación, es decir en valoración primero de la propia diferencia y luego la de los demás.

 

 iv

El ego, en la medida que se eleva, genera a su alrededor océa­nos de soledad. Por eso debe expandirse, no elevarse, es una cuestión de física también.

 

v

Aspirar cierta elevación, a cierta luminosidad en el ser, no es consecuencia de un ego enfermo ni de trastornos serios a la personalidad, sino que puede ser, perfectamente, síntoma de una naciente bondad, porque uno no quiere ser bueno para uno, sino para los demás, para conseguir el amor de los demás. Uno, final­mente, quiere amor, eso es todo, ahí se acabó el arte, la vanguar­dia, la transvanguardia, las estéticas de la concha de la lora. Ahí acaba y comienza todo, es un punto nodal, el eje, una coordenada que marca el inicio y el fin del mundo. El amor o la falta de amor, provoca igualmente vida y muerte.

 

vi

El amor es un tema difícil, muy difícil para mí en estos mo­mentos y, si me perdonan mis lectores, preferiría no tocarlo, no volver a tocarlo en el desarrollo de este texto.

 

vii

Esta tarde tibia de otoño, estamos mi ego y yo, solas en casa, cenando golosinas exquisitas, hemos abierto una fina botella de vino tinto y hemos fumado de mi hierba. Toda la tarde la gas­tamos practicando juegos deliciosos. Mi ego y yo hacemos una buena pareja. Creo que realmente nos amamos, nos fascinamos, nos admiramos, nos miramos a los ojos con ternura y nos deci­mos cosas lindas que nos suben el ánimo. Entre nosotras reina la compresión y el respeto mutuo, somos colegas y nos apoyamos en todo. Hemos tenido momentos difíciles como todas las pare­jas que se aman realmente, pero desde que tengo memoria esta­mos juntas, mi ego y yo. Somos inseparables e indestructibles en nuestro amor.

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Elizabeth Neira. Santiago de Chile, Chile, 1973. Poeta, licenciada en comunicación social, escritora, artista de performance y productora. Desde el año 2000 ha desarrollado un trabajo multidisciplinario donde fusiona la literatura, el arte de  acción, el activismo, la música, el video y la producción de arte independiente. Con esta propuesta ha participado en festivales de poesía y performance en Chile, Perú, Argentina, México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Colombia, Ecuador, Venezuela, Brasil, República Dominicana, Canadá, España, Finlandia y Suecia. Su literatura ha sido publicada en numerosas revistas y antologías de habla hispana. Entre otros, ha publicado los libros Abyecta (2003), El soliloquio de la Reyna (2004), La Flor (2014), Hago el amor conmigo misma poesía seleccionada (2017) y el libro de ensayos Hocicona (2017). Ha realizado talleres de poesía y de arte de acción en varios países de América Latina. También ha organizado varios encuentros de poesía y performance como productora de arte independiente y desde el 2016 coordina el proyecto CasAcción en Valparaiso Chile.

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