Sales

Jesús Montoya

:

 

 

a Bruna Melo Martins

 

Sales Oliveira tiene cortas calles,
parece una piedra maciza al sol.

Sales de la niebla y caballos brotan,
sombras sin edades, curvas caipiras
al margen del trote titánico
del tiempo.

Sales Oliveira
casa de perros bardos
como anchos arrullos.

Sales de la huella como luz,
matorral sordo que espera
hálitos, sustancias.

Sales Oliveira
silencio o pasadizo,
agrónomo de lo escrito,
solo escrito si viaja sentencias
que me colisionan
u orillan cabizbajo
en una forma,
cierto mercurio-espuela
del decir.

Escribir, morar plazas
donde Sales Oliveira
yo no entiendo
lo que murmuro
y gatos sueño
igual a ramas
bajo la luna grande.

Sales Oliveira,
metáfora posible,
en meses de fechas señaladas
despierto.

La transfiguración de la tierra en un hecho concreto.

Ya lejos en eneros, ojos y lagunas
como blancas esferas,
eneros laboriosos de otras vidas,
porque, qué sería la poesía
sino eneros, eneros lejos,
vacíos de tórrida nostalgia,
helechos donde latidos
quise.

Qué es ser sino este pálpito que nada amputa,
ni la muerte tan siquiera; porque la tierra cráter es,
catatumba y mantra de esta, nunca célebre,

parábola alta.

Casi arsénico, mientras las máquinas
todo destruyen, escucho afuera
las voces de los niños.

Y escribo.

Escribo poemas porque aún en ellos
puedo reconocer un camino,
un ala parda por sueño;
escribo, no escribo, no latente
intimidad, tal vez viejas
alcabalas.

Y todo ha desaparecido,
todo como una mancha seca en mí.

Uno, dos pedazos soy
de estos etéreos marcos,
de estas grisáceas líenguas.

Y me demoro.

Aquí nada espera y allá, sin decirlo,
dejé lo que en soledad guardaba;
allá ya no vientre, ya no bala ni mula
bajo el montañés sol, ni obispos
ni letrinas de caseríos
pútridas.

Allá, eco minúsculo
de llamadas perdidas.

Y me demoro.

Ya no tengo prisa,
y aunque duerma,
una se hecho la branquia
en la corriente.

Ya no.

Y dentro hay que estar
del lenguaje para verlo;
solo el acto del trazo
manifiesta algo: signo y nimiedad
cansada en hablas,
épocas, parajes
que de tan solos
subliman.

La sensación de abandonar
el poema en Sales Oliveira,
un rincón donde, por interés propio,
comprendo de nuevo algo
que bullicioso había partido,
y lo hago mío, como calcando
una luz así de oleaje
entre ventanas.

Sales de ir en verbo infinitésimo
a la humildad de la sal, o sales de eneros
sorbos tónicos por sílabas que suenan, sí,

a un nudo audible.

Sales Oliveira, ahí justo donde murió
el rey Zumba el sexto día de reyes.
Sumergida en claros pétalos
Bruna lo lloró.

Esa noche soñé con un horno encendido,
era sempiterna
su transformación
marea calcinada
apenas nos vamos
para ser.

Y cómo comprender que alborear
toda mudez es.

Y he ahí que, alucinada,
mi abuela apareció también
con perlas sacras
como ayer
por el redil.

Telúrica de sí, ladrillo por ladrillo
construyó esta voz,
e inhóspita de sueño
ordenó algo que olvidé.

Al verla toda letra, al río
garzas pronunciarle:
abuela, lechuza con alas de palo,
tibias de espuma
súbita, clavel del aire
al que rosas
le nacen.

Fue la noche en que traduje a Orides Fontela.
Ágata tartamuda, rara avis afásica:

Orides solo es símbolo de sí misma.

Acaso una orfebre, abuela,
de los tiempos futuros,
acaso una gema, abuela,
unida al nudo.

Sales Oliveira Orides al español;
cómo te he visto crecer en mí
desde aquel cielo, desde aquel desierto
trabado en los ojos de un camello,
despacio
tu oasisunidodevocábulosgaláxias,

Orides, tus cristales.

Porque aquí han pasado símbolos
antes de llegar a cierta, cándida y no
menos púrpura compresión de todo.

Todo es absolutamente superficie,
un hormiguero acurrucado
en la sacramental existencia
de la lluvia.

Todo grillo
todo gallo
todo ornato
lámpara equinoccial
de la inocencia al
en bruma
sin reparo

salirme.

San Juan de la Cruz repasado
en Armando Rojas Guardia, o la palabra,
conjunto en movimiento: palma sola, leída
entre líneas en Verónica Jaffé,
quien entonces la extrajo
del lienzo de Armando Reverón.

Cómo no ha de ser sagrada
si llegué palma sola,
si me dijo que salía,
si esencia lo último que me queda
por ver.

Y ese otro retazo de despedida
de Jorge Teillier, luego del entierro
de Zumba.

Y ya para qué seguir soñando
si tal encadenamiento silábico
en otra lengua levanta
oraciones,
pai nosso pueblo
rúa
lar
por reflejado
verme siempre en otros,
«y me despido de estos poemas:
palabras, palabras –un poco de aire
movido por los labios– palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar».

 

São Carlos, 15 de enero de 2021

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Jesús Montoya. Mérida, Venezuela, 1993. Poeta, traductor, profesor de español. Ha publicado diversos libros de poesía. Actualmente reside en Brasil, donde cursa un doctorado en Estudios Literarios en la Universidad Federal de São Carlos. Montoya forma parte del Consejo de redacción de POESIA.

La imagen que ilustra este post fue realizada por la artista venezolana Blanca Haddad.
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