Sergio Quitral

Muestra poética

 

 

La destrucción del Hotel

Los camiones

recogen las piedras

que abrigaron el hogar de
pensionados y viejos

piedras
que ya no recuerdan

cuando los amantes fumaban ante el
universo suspendido

sus luces son estrellas solitarias y aún su cuerpo
fantasma
se alza en todo el universo
y sus ruinas se dispersan en la vieja ciudad

pero en el hotel del mundo en que todos vivimos
Dios lleva el libro de registros
y las puertas de calle permanecen abiertas
y los huéspedes se van cabizbajos

dejando siempre las pertenencias.

:

:

:

Peinándome

Mientras me peino
dentro de mí una raya
de rectitud
divide al mundo en dos mitades
y cruza todo mi cuerpo
y sigue por el piso
hacia las calles de la ciudad
tan sórdida
en el pavimento
incluso en el mar
la vejez conoce el camino
la vejez es astuta
debajo de otros cabellos
tiene raíces
y canta
y el oleaje pasa
y la marea sube o baja
pero ella está allí
también como una raya
que separa los mundos

:

:

:

Lo que un hombre puede darte

Todo lo que un hombre
puede darte
siempre sería deseo
todo lo que oyes de un hombre
es deseo
aun el amor de un hombre
es solo deseo
y ese deseo
brilla oculto en la marea
de las palabras y las miradas
y todo es espejismo
y confusión

cuando nace un niño

:

:

:

Gimnasio

En la vidriera iluminada del gimnasio

gente que corre

gente que pedalea en sus máquinas

afuera la noche
sabe que sus vidas no irán a ninguna parte

corren

pero la noche es más rápida

cómo podrán escapar
de la locura de un cuarto negro

del encierro de sus vidas
y del viejo televisor cuando sean viejos

la noche es más rápida

corren pero la noche
fuera sabe
que la muerte

viaja sentada en nosotros

:

:

:

Clasificado

«Dama sesentona blanca
desea
unión seria con caballero
viudo o divorciado»
el diario la puso
al final de los avisos
sola
bajo el título de Romance
junto a los artículos en venta
las ofertas
y los remates

:

:

:

El deseo de los ancianos

Los ancianos aun sienten
el deseo
como viejas higueras
que esperan el invierno
sentados en un autobús

las uñas de una mujer
creciendo hacia un joven muchacho
nunca llegarán a alcanzarlo
aunque el rojo deseo
circula en ellas
su cartera
su boca abierta
es su deseo
aún su teléfono lleno de súplica latiendo
nada traerá ese invierno
y su mano se irá quedando
dormida
en el asiento
como una rama que espera
movida por el soplo de ese deseo
sin que nadie responda

:

:

:

Las ratas

La hija más pequeña de las ratas quedó

atrapada en una olla de arroz

y mientras rasguña la olla
en mitad de la noche

los anillos de la muerte
la descubren en la cocina

los anillos de la muerte
bajan la palanca

y se cierran y ella grita como una niña

entre montañas de arroz

y nadie escucha que el agua se traga

a su pequeña hija

me devuelvo junto al cuarto de los niños

mi hija duerme y la cubro

con la sábana igual a una ola helada

 

en mitad de la noche

:

:

:

Despedida

Su ventilador
pegado a nuestro muro
yace apagado

su lado
permanece silencioso
hace dos noches

Montando en su compañero
la libélula

sin despedirse

la vecina

se han marchado
para siempre

:

:

:

Bohío

En una aldea indígena
para turistas
dijiste que el brillo
de la vida era frágil y precario
justo cuando el fulgor
de las luciérnagas
era disminuido por la luna

Tejido entre hebras amarillas
de tu asiento dijiste
no conocer el más común
de los misterios
justo cuando dos garzas
gritaron junto al río

Dijiste que traídos
hacia aquel desvío nocturno
éramos el resultado
de escapar
una y otra vez de la muerte
justo cuando las nubes
se golpeaban como rocas

pero eras tú en realidad
un asiento vacío
y yo estaba realmente solo
en aquel bar de turistas
cuando cantó finalmente un gallo

:

:

:

El Pavo

Por mi vida de arena
se pasea majestuoso

un pavo

y del acordeón negro
erizado de plumas

borbotea un río
para que yo
cruce al otro lado

borbotea un río

y debo llevar
mis zapatos
en una mano
y cruzar obediente y despojado
al otro lado

a recibir
mi lección del primer día
en el jardín
de pre-escolar de la existencia

temeroso
y a la vez
enamorado del mundo

:

:

Sergio Quitral. Chile, 1964. Residenciado en Venezuela desde 1980. Poeta y ensayista. Es profesor de Ciencias Sociales y de Arte. Pertenece al comité de redacción de la revista Poesía, publicada por el Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC. Ha publicado los poemarios: La promesa que nos hace la noche (2002) con el que obtuvo el Primer Premio de la bienal Roque Muñoz de la Gobernación del estado Carabobo. La balsa de medusa (2002) Primer Premio de la gobernación del Ateneo del estado Guárico. Aquel viento sin nombre (2003), Tigres, hombres y sueños (2006) y El reino del pájaro silencioso (2008).

Los poemas presentados en esta muestra fueron seleccionados de los libros: La promesa que nos hace la noche, La balsa de medusa, y El reino del pájaro silencioso. Los poemas inéditos fueron enviados por el autor para su publicación en Poesía.

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on telegram
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email

Contenido relacionado

introduzca su búsqueda