A Voz do Ventríloquo

Trad. Jesús Montoya

 

 

La voz del ventrílocuo

Ademir Assunção

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el triunfo del general mandíbula

cuchillo entre los dientes, trinados
de cuervos en los oídos, me sumerjo
en el río de los sueños, desciendo al mundo
de los muertos, pirata en la proa
del navío fantasma, delfines
saltando en el mar revuelto, demonio
vestido con ropas de hada, agujero
esculpido en la capa de ozono, nadie
responde al llamado, extrañas
voces en la contestadora,
la agencia de bradesco arde
en llamas, punks desfilan en las calles
de copacabana, el caos hace eco en las ruinas,
esquinas oscuras del infierno, pompeya,
são paulo, estambul , atenas, la moda
del otoño es la decadencia del invierno,
cuentan que los profetas solo predicen
desatinos, pájaros tenebrosos nublan
presagios, el cactus rojo desconoce
la flor del destino, es en el silencio
que los banqueros multiplican sus
agios, se quiebran los dientes, astillan
mandíbulas, huesos estallan en las tumbas,
el viento barre los edificios de la ciudad,
ballenas destrozan submarinos, brujos
eslavos borran signos mágicos, tontos
neochics imitan monos, rameras
burguesas menean el culo, hackers
detonan la musa de la TV por cable, nada tiene
sentido en esta niebla de mierda, barro
espeso subiendo de los pies hasta el pescuezo,
caronte enloquecido golpeando
sus remos, lombrices homicidas a la espera
del almuerzo

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jack kerouac en playa brava

soñé con jack kerouac
sentado en la baranda de la casa
de waldemar cordeiro[1]. yo acababa
de levantarme y di la cara
a aquél bulto sumergido
en la neblina. muy arriba de la copa
de los árboles la luna llena ardía
entre nubes espesas con su
rostro de gangster. yo dije: «ey, man,
¿dónde vamos a parar?» jack
dio una larga calada
al cigarro, humareda blanca en la bruma
blanca, y me extendió
un vaso de whisky.
continuó observando la luna, pálido
como un fantasma. dijo
que estuvo a bordo de un navío
mercante de la marina americana en la costa
de indonesia hasta la semana pasada.
preguntó si aún había hippies
en las calles, feministas quemando sostenes
en la plaza pública y negros
ahorcados en los gajos de gruesos robles
en nuevo méxico. «oh, no, jack, eso
fue hace tanto tiempo. ahora ellos mandan a los jóvenes
negros pobres para la guerra en irak».
bajamos hasta el supermercado de playa brava
por unas latas de cerveza
y una botella de coñac. en el camino
le conté que leminski[2] e itamar assumpção[3]
estuvieron en esta misma casa en el carnaval
de 1988. «oh, yeah», dijo jack. «los grandes
poetas son como los mares: devoran los
barcos de los imprudentes y arrojan sus restos
en la playa». cuando volvimos del supermercado,
mi hija de 16 años leía a jorge luis borges
y mi hijo de 13 leía a david goodis. nina
simone cantaba just call me angel of the morning.
jack abrió una lata de cerveza, bebió
un largo trago mirando las hojas de la mata
y les dijo: «no dejen que los idiotas
callen su voz. aquella voz que viene del fondo
de ustedes mismos. cuenten conmigo
sin importar lo que pase». mi hija
susurró en mi oído: «¿quién es este
tipo?» «jack kerouac», le respondí. «wow»,
balbuceó ella. mi hijo levantó los ojos
del libro y gritó: «eddie acabó de darle
un derechazo en la cara al guardaespaldas».
yo miré a jack y en silencio
hicimos un trato: «déjelos vivir. aún es temprano
para contarles las mentiras del mundo».
jack tomó a fondo un buen trago
de coñac y asintió con la cabeza. la noche
estaba fría. la luna continuaba golpeando las nubes
con su cara de gangster malhumorado.

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un borrador garabateado
en un avión de latam volando a 900 km por hora
debajo de un cielo acribillado de estrellas

Había leones resguardando el lado oscuro de la luna.
Brujas tramposas jugando con las cartas del tarot.
Un perro negro debajo de la mesa.
Un sobretodo negro. Sombrero negro.
Dos pies de macho cabrío debajo de la mesa.
Y una canción de los Stones retumbando en la rocola:
Take me to the station
And put me on a train
I’ve got no expectations
To pass through here again

Había toros de sol en aquellos días.
Cuernos perforando las tripas del torero.
Alas de sombrero bajo la lluvia de sangre.
Turbulencia blanca y nubes eléctricas.
Un pez negro más negro que la negrura del mar.
Allá en el fondo, mucho más abajo de los restos del naufragio.
Y una canción de los Stones retumbando en la rocola:
Our love was like the water
That splashes on a Stone
Our love is like our music
It’s here, and then it’s gone

La maquinaria celeste de la noche giraba
y había memoria y miedo
(entre los herrajes destrozados de los carros)
leopardos de nitrógeno, la piel fría, los dientes calientes
ferocidad creciente en el fuego de las pupilas dilatadas
y una canción de los Stones retumbando en la rocola:
So take me to the airport
And put me on a plane
I’ve got no expectations
To pass through here again

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el pantano

Hay una serpiente enrollada en los ramajes
del poema:

cola verde-turquesa, escamas
mitológicas, cabeza
de niebla.

Hay un cementerio de aviones de combate de la Segunda Guerra Mundial:
fuselajes corroídos
por gusanos replicantes, ranuras
de herrumbre,
puntas preparadas para rasgar la carne
de los incautos.

Hay un piloto kamikaze y una mujer seducida
por las palabras mágicas del Talmud,

una reina loca que copula
con su propio hijo,

una princesa lasciva,
cuya diversión es aniquilar ejércitos de moros

y practicar felaciones
a su hermano menor.

Hay prostitutas chinas
expertas en el arte de los puñales.

Hay trampas, obstáculos, arenas movedizas
en el pantano, entre raíces,
del poema.

Hay un monstruo de hojarascas
y cuero crudo de cocodrilo
pronto para emerger
al simple toque
de la campanilla de Pan.

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el fin de la historia en gotham city

gatos pardos gatos negros
gatos locos y borrachos

atacan el bando de Pete
el Malo: bramidos aullidos gritos

y borbotones de sangre
en la Noche de las Estrellas Dopadas

gatas-polaroids huelen copos de nubes
en los baños en los basureros

de Japatown: tambores de navajas
en tapas de hierro oxidado

maullidos miasmas palabras que se derriten
en el humo de los cigarros

caos y crimen olor a sexo y ruina
en los callejones en los ranchos en los cortijos

entre el vapor y la humareda de las pastelerías chinas

maricas asesinas afilan cortaplumas
y entrenan golpes mortales de taekwondo​

trenes abarrotados de lingüistas y filólogos
chocándose contra el muro de vidrio de lo real

el cielo-holograma se derrumba en pedazos
sobre las cabezas de los paseantes

mientras el Guasón se inyecta en su brazo demacrado
la última gota de una ampolla

y Batman se retuerce como una cobra
picoteada por las garras de las Iguanas de Hong Kong

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       Notas
__________________
[1] Waldemar Cordeiro fue uno de los introductores del arte concreto en Brasil, junto a Décio Pignatari, Augusto y Haroldo de Campos, entre otros.
[2] Paulo Leminski fue uno de los más grandes poetas brasileños de la segunda mitad del siglo XX.
[3] Itamar Assumpção fue uno de los más grandes compositores/cantantes de la segunda mitad del siglo XX.

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Ademir Assunção es poeta, escritor y periodista. Ha publicado 13 libros de poesía, cuentos, novela y periodismo, entre ellos A Voz do Ventríloquo (Premio Jabuti 2013), Pig Brother (finalista del Premio Jabuti 2016), Ninguém na Praia Brava, Adorável Criatura Frankenstein, Zona Branca y Faróis no Caos. Tiene poemas y cuentos traducidos al inglés, español y alemán, publicados en Estados Unidos, Argentina, México, Perú y Alemania. Grabó los discos de poesía y música Viralatas de Córdoba y Rebelião na Zona Fantasma. Es letrista de música popular, ha grabado en conjunto con Itamar Assumpção, Edvaldo Santana y Ney Matogrosso. Ha sido periodista por más de tres décadas, trabajó en grandes periódicos y revistas de Brasil, como Folha de São Paulo, O Estado de São Paulo e Marie Claire. Es uno de los editores de la revista literaria Coyote.

Jesús Montoya. Tovar, Mérida, Venezuela, 1993. Licenciado en Letras mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana por la Universidad de Los Andes. Ha publicado Las noches de mis años (Monte Ávila Editores, 2016, Premio de Obras para Autores Inéditos), y Hay un sitio detrás de los incendios (Valparaíso Ediciones, 2017, I Premio Hispanoamericano de Poesía «Francisco Ruiz Udiel»). Su libro Rua São Paulo fue merecedor del II Premio Franco-Venezolano a la Joven Vocación Literaria. Actualmente cursa una maestría en Estudios Literarios en la Universidad Federal de São Carlos en Brasil.

La imagen que ilustra este post se titula «Alferes Auto Posto, *1926» y pertenece al artista plástico brasileño Carlos Carah.

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