Alberto Hernández

El libro del Este

ζ

       ( E s c r i t o   e n   u n  c u a d e r n o   c h i n o )

:

:

:

Un sueño

1.-

El árbol que aparece en el sueño
crece fuera de mí.
Sus hojas ahogan el silencio en reposo.
Sus raíces se estiran sobre el lecho que ocupo.
Un árbol muere en una pesadilla.
Despierto  en el desierto.


2.-

Un sueño amanece sin el árbol.
Las ramas secas flotan en el aire, detenidas.
No hay quien salve sus raíces.

 

3.-

Sueño y árbol regresan del bosque.
Huyo del desierto.

:

:

:

:

Un libro antiguo

Bajo el polvo, el libro que un anciano abre cada vez que  recobra la memoria.
Los siglos se pasean por sus páginas. Alguien habla desde el fondo de un emblema.
En una de sus hojas vive el grito de un guerrero.
En el colofón un ser anónimo nombra el océano.
Y entonces el libro vuelve a su silencio.
Y el anciano al olvido.

:

:

:

:

La moneda

¿Qué hace una moneda
Entre los sucios dedos de un peregrino?
Achatada por el tiempo
Circular y solar
La moneda habla desde sus dos caras.
Y así, el peregrino dialoga con la efigie
Que cuesta un pan o un trozo de carne de ángel.

:

:

:

:

El cielo del este

Nutre de nubes a los ojos que regresan de tercos horizontes.

Obesas,  lentas se trasladan  hacia el abismo de la Tierra donde habita otro cielo.

Quien viaja por mar las ve caer sobre el lomo de las ballenas.

Quien va por tierra las atrapa con las manos y las deposita en el parpadeo de enfermas aves migratorias.
Quien vuela sabe que van y vienen sin destino alguno.

El cielo del Este se detiene bajo la sombra de las terribles cordilleras.

Allá, donde el  mundo deja de ser el mundo.

:

:

:

:

La cerradura

El poeta Hai Zi abre la puerta y tropieza con el día. Sabe que lleva la muerte en sus manos,

que la luz del sol no es trigo ni cobre. Sabe que no es el amanecer el que lo acecha.

El poeta Hai Zi sonríe y cierra la puerta con llave.

Han pasado los siglos. El poeta Hai Zi regresa de la «oscura noche» con la llave

colgada del cuello.

Intenta abrir la puerta. El moho de la cerradura  lo impide.

Entonces, sentado en una estera lee la «Canción del suicida».

Oye cañones a lo lejos. Un árbol seco aparece entre la lluvia.

Vuelan unos pájaros sin plumas.

Hai Zi se queda en el sueño donde ha sido feliz.

:

:

:

:

El suicida

En la profunda noche me sumerjo en lo denso y oscuro
duermo con aspecto asesino
Luo Yi-He

Dulce es el veneno que circula por mi sangre

Dulce la canción que oigo y corre por mis venas.

La noche se derrumba sobre mis ojos

Nado en una nata de sombras

Un sueño pesado acuchilla a quien se acerca y me toca.

:

:

:

:

 

Alberto Hernández. Calabozo, Venezuela, 1952. Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio Juan Beroes por toda su obra literaria. Ha representado a su país en diferentes eventos literarios y su poesía está incluida en numerosas antologías. Miembro del consejo editorial de la revista POESIA de la Universidad de Carabobo.

La imagen que ilustra esta entrada pertenece al detalle de una obra del artista chino Wu Guanzhong.
Share on whatsapp
Share on facebook
Share on telegram
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email

Contenido relacionado

introduzca su búsqueda