Bajo el rezo animal: palabra desde el cuerpo

Mariajosé Escobar

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El libro Bajo el rezo animal nos habla en una lengua materna, nos introduce en la compleja relación de una madre y una hija, su “pequeña déspota” (p.9) quien ha llegado redimensionar su mundo, a quebrantarlo y ampliarlo, ambas cosas al mismo tiempo, sin contradicción. Desde el primer poema se hace patente en su discurso estético la compleja dimensión de la maternidad, la madre es en el abandono de sí: “soy tuya –le digo– / pero no es suficiente” (p.9) el sujeto lírico que construye la poeta se abandona en la contemplación de su hija, en su belleza “Mi hija sentó su belleza en mis piernas / mordisqueó mi sorda obsesión” (p.9). Es en la medida en que dedica las horas a esa obsesión.

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Creo que hay pocos libros –si no ninguno– en la poesía venezolana que aborde desde la poesía esta compleja relación, siempre en tensión de la madre y la hija. Una Hécate y una Perséfone, ella elaborando el duelo por la mujer que ha dejado de ser, y construyéndose nueva en el acto de amamantar a su pequeña que da paso a un “amor / asolador amor” (p.9). Quebrantada la cotidianidad de una mujer  que pasa a convertirse en madre, y que resuelve ese quebranto en la contemplación de la hija siendo alimentada, en la mirada de la ternura directo a los ojos del nuevo ser engendrado.

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La palabra de Giordana en este poema, en este libro en general, da finas puntadas, es certero al nombrar lo hermoso y lo terrible de la maternidad, a veces desde el miedo, a veces desde la rabia, pero siempre desde el amor. Este poemario conmueve por su honestidad, por su verdad poética indudable.

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El libro es rito del cuerpo y de la maternidad que tiene en él su hogar, de esa manera se divide mediante cuatro palabras que ponen en primer lugar el cuerpo, herido tras el parto, tras los dolores de la crianza, pero también el cuerpo renovándose, volviéndose a gestar esta vez a sí mismo: Sutura, Raquídea, Cisura y Vigilia. Lo primero es la Sutura, una sutura de diez puntadas, diez poemas que nombran el cuerpo desde la herida iniciática, que puebla de vida los caminos.

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Hay una erótica del cuerpo en este libro, un necesario detenerse en los sentidos, en la raigambre de sensaciones que de ellos se derivan,  el sonido: “Dentro retumba  / una como caja de música / desvencijada me figuro / por el rastro de aserrín en la voz” (p.12). El sabor y la mirada: “Con la lengua lamiéndose a sí misma /  como decir mírame mamá” (p. 15). Lo táctil: “En el centro de mi mano  / crece invertido el filo de un lápiz  / terminal de memoria nervada  / la cinta azul plata que culmina en mi padre”. (p.16). Todo ello trenzado delicadamente, dicho en susurro, en canto de cuna.

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Quiero referirme específicamente a este último poema que cito, se llama “Vena” y es un arte poética. El sujeto se construye en la observación de quien la observa, su hija, que la mira escribir. Quien cerró los ojos del padre amado ahora ve los ojos de la niña. La escritura no será jamás la misma, ante esa escritura máxima, en grado pleno que es la creación fáctica de una nueva vida.

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Escritura de lo cotidiano y de lo íntimo, viene a revelar el lenguaje que denota  en su grado más alto de poesía, revelando el mundo mediante el lenguaje y su intensidad: la leche, el azúcar, el pocillo. También los silencios: “Mi silencio acaricia apacible / la curva dorsal del tiempo / silencio mío  / atado por mí” (p.17).

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El órgano Raquídeo es una estación de cambio entre el cerebro y la médula espinal y contiene los centros para la regulación de las actividades vaso motora, cardiacas, respiratorias y reflejas, es decir, va del cerebro al cuerpo, del pensamiento a la carne, a lo que se puede asir, el cuerpo es ese órgano visceral que contiene nuestro Ser, que de alguna manera atrapa lo que somos y lo que queremos atrapar del Otro. Así está titulada la segunda parte del libro de Giordana: Raquídea, con una imagen pulsional hecha de temblores y sobresaltos. Quisiera destacar su poema “Kinetoskopio”. El kinetoscopio es el antecesor del cinematógrafo, del aparato que nos sirve para ver el cuerpo en imágenes en movimiento: “Detrás de mis ojos he instalado un proyector / el hipotálamo lo hace gravitar / no pesa su astilla de armatoste” (p.26). El cine es memoria, proyecta imágenes de lo sucedido o de lo que está por suceder, es el eco de la experiencia que se repite en el hipotálamo, el lugar de donde vienen las imágenes. En este poema está la mirada, que se representa en la imagen del “caballo que vive  en la retina / y galopa contra vientos de olvido / sobre cristales de luz” (p. 26). El caballo, imagen por naturaleza de lo incontrolado, de los instintos, del cuerpo y de lo irrefrenable viene a instalarse “justo debajo del lóbulo frontal  / a la hora de la melancolía” (p.26). Mirada, olvido y memoria, melancolía tal vez por lo que no se puede olvidar, aunque se quiera.

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En cuanto a Cisura, una cisura es un surco que divide determinados órganos del cuerpo, especialmente los del cerebro, hemisferio derecho y hemisferio izquierdo, en ese borde habita la escritura de Girodana. Pasión por el límite, el del lenguaje, el de sí misma. En esa hondonada habitan los homenajes, entre el pensamiento concreto y lo creativo, Giordana celebra a escritores y amigos: Ramón Palomares, Juan Sánchez Peláez, Ilka Oliva Corado, Taroa Zúñiga, Yuri Patiño, el mar, la ciudad, personas que son lugares y lugares que se personifican en el poema.

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Al final llegamos a la Vigilia. De este apartado quiero destacar “Inmersión”: “Me dirán que el horno no es explanada de contienda  / donde lenguas opuestas se recriminan  / mientras se derrite el pastel  / al descuido levado  / sobre  plántulas de verdor genuino  / floreciendo cual guirnaldas  / tatuadas en mi entrecejo.  / Así va este oficio: maternar a mil metros bajo el nivel de la semana” (p.58). Una semana que se hace diferente, que nunca más será la misma, pues ahora la vida de otro ser está en su centro. Y sin embargo la escritura, la lectura de los libros y de la realidad. Giordana es una poeta a carta cabal, que no abandona el oficio, que tiene ahora tres oficios, el trabajo para ganar el sustento, la escritura que no cesa y que no debe cesar, y ese misterioso arte de maternar.

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Todo el poemario es posible gracias a un trabajo constante de atención, un estado de alerta en el cuerpo, en sus sensaciones, en develar de lo cotidiano lo mágico, extrayendo el misterio de lo que está detrás, lugar al que accede la poeta quebrantado los cimientos de lo referencial, entrando en la casa de la palabra como quien entra en un territorio sagrado y haciendo sagrado el misterio de todos los días.

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M.

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Mariajosé Escobar nació en Caracas, Venezuela.  Es escritora y Licenciada en Letras por la UCV (2011). Tiene un diplomado en Edición (UNEARTE y Editorial El Perro y la Rana, 2020), y es Maestrando en Literatura Comparada (UCV). Publicaciones: Poemas de Insomnio y Lluvia. El Perro y la Rana, (2011); Versos Diversos. Antología poética sexo-género diversa contemporánea e hispanoamericana. El Perro y la Rana, (Zambrano y Escobar Comp. 2011); La Casa en el Espejo. Casa de las Letras Andrés Bello, (2015) Mención Honorífica del Premio Municipal de Caracas Luis Britto García (2016); Verbeldía, Locura del verbo. El Perro y la Rana, (2019). “Gestación” gana el Concurso Metro Relatos (2014), auspiciado por Monte Ávila Editores y el Metro de Caracas. Plaquette "Liquen" (2022) Editorial Fundarte. Desde el Vagón Mención Honorífica del Premio de Poesía Fernando Paz Castillo (2022). Ha publicado su obra en diversas revistas digitales e impresas y en antologías.

La obra que ilustra esta publicación  fue realizada por la artista venezolana Annella Armas

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