Belmonte en cinco notas musicales

Por Luis Manuel Pimentel

DO

Luis Enrique Belmonte reinventa los hechos sociales y cotidianos en situaciones donde dribla la vida, apunta a la ficcionalidad desde una fuente de energía metafórica, le preocupan los enfermos, los locos, los carniceros, las uñas, los caracoles, las habitaciones, lugares que en su poesía describen la irónica traducción del mundo. Es capaz de visualizar un chorro de agua que baja por la tubería de la ciudad  y lo convierte en memoria urbana. Es un poeta que se hace preguntas largas. Habita en su escritura un ser multiplicador de sentidos,  donde cruza de a ratos la pesadumbre con la alegría, mira y refleja la carga del tiempo convulso que le tocó vivir, el hombre devorándose y la muerte como reflejo de un cuerpo físico que tiene un fin.

 

RE

Hay una muchacha que estudia medicina y quiere ser psiquiatra, se llama Elisa. Le comenté una noche de fiesta sobre la vida y obra de Belmonte, tratando de hacer una analogía a lo que presumo su futuro, me mostró interés por el poeta y me pidió que le prestara algo de su literatura. Un día le presté Inútil Registro. Luego, Pasadizo. Poesía reunida 1994-2006, pensé que con ese libro tendría una visión amplia del hombre. Después me enteré que había comprado Salvar a los elefantes, llegó emocionada al apartamento y le comentaba a mi mujer la odisea del personaje como si realmente fuera Belmonte el protagonista. Días después volvió a visitarnos y le hice saber que Luis Enrique había estado en casa, fuimos una tarde a Tintorero junto a mi familia, lo llevamos para una entrevista que le iba hacer a Carmen Montes, una de las tejedoras más famosas de Venezuela. De regreso nos tomamos una botella de cocuy,  en el patiecito de mi apartamento y me regaló su libro más reciente, Compañero paciente. A ella le gusta que le cuente sobre el poeta. Le ofrecí el libro nuevo y a los quince días me lo devolvió. Elisa es una buena lectora, le gustan las imágenes y las formas literarias como lo muestra el mundo de Luis. Dice ser su fan sin conocerlo en persona, no pierde las esperanzas de un día verlo en un recital. Durante la celebración de los cuatro años de mi hija, le pregunté a Elisa cuál era el libro del poeta  que la había movido, a lo que me respondió mirándome fijo con sus verduzcos ojos: Inútil Registro.


MI

He notado que la poesía de Luis Enrique, desde sus inicios hasta nuestros días, se ha vuelto más callejera, sin perder las relevantes preguntas filosóficas y ancestrales que se ha hecho en su tránsito. También veo que se centra, como compás sobre una hoja en blanco a punto de girar, en la animación de los objetos. Aparecen en sus textos una sensibilidad a la naturaleza y a la traducción musical que de ella nace, efectos sonoros que rompen lo común para generar otras sensaciones. Creo que constantemente anda en la tercera nota musical. Pareciera que el mundo citadino se lo traga junto a los perros, pero logra zafarse y busca refugio en un río, deja que el tiempo transcurra sumergido en el agua llevando sobre sí  la narrativa, la investigación, el escape.

FA

Si la ciudad lo vuelve loco, la locura está en la proyección particular de su propia vida. El ser carnívoro como señal hambrienta de que el  hombre es capaz de devorarse, además de las pobres vacas, los pobres hígados, los pobres pollos que tampoco tienen la culpa, del carnicero que le toca filetear un bistec para luego mirar el cuchillo amellado, y esperar que pase el amolador con la canción de la infancia.

SOL

Supongo que la crítica siempre hará énfasis que su poesía es dialógica, porque reúne los elementos verbales construidos de un sujeto poético que logra cruzar la propia consciencia, lo persiguen voces que le mueven la mano materializando sus máscaras. Estará habituado a la palmadita en la espalda y a escuchar a los amigos con la concentración que un caracol tiene en el desplazamiento. La poesía, la música y la psiquiatría son sus tres carabelas, la santísima trinidad, la tríada pierciana, las tres potencias, de por ahí se nutre su percepción, como una voz que martilla el cuerpo, su recuerdo, la ciencia, el rasguño del violín. Hace uso de la imaginería y construye poemas para destruir las convencionalidades.

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medico2xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLuis Manuel Pimentel. Barquisimeto, Venezuela. 1979. Poeta, narrador. Licenciado en Letras (ULA-Mérida, 2004). Magister en Literatura Iberoamericana (ULA-Mérida, 2011). Ganador del concurso de poesía de la I Bienal de Literatura Rafael Zárraga de Yaracuy en el 2011, con el libro Esquina de la mesa hechizada (Fondo Editorial Ipasme, 2015). Ha publicado el poemario Figuras Cromañonas (Mucuglifo-Caminos de Altair, 2008), recientemente  una novela corta titulada Triángulos Alterados (Negro sobre blanco, 2015). Su poesía aparece en distintas antologías venezolanas como: Amanecieron de bala, El corazón de Venezuela. Patria y poesía, Arquitectura de la palabra,  Revista Poesía 153, entre otras. Miembro del equipo fundador del Festival de Literatura Crepuscularia  y  editor de la Revista Híbridos de la UCLA,  donde se desempeña como profesor de Semiótica de las Artes.

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