C.C. Arenales

Roberto Valdivia

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  1. la balada de las cabinas del centro comercial arenales

un cabello te ha crecido como una antena
y eres el hombre más alto del mundo
ninguna adolescente podría avergonzarte
al pasar con sus faldas a cuadros
y empiezas a creer que el mundo es un lugar exacto
provisto de halcones y radares
parecieras masticar un sabor de santidad
al arrepentirte de tus anteriores personas:
estas manos jóvenes
no volverán a tomar la tuya de nuevo
esta alegría
no volverá a deambular en los pasadizos oscuros
toma la canción del otaku como un lullaby
mientras acompañas la procesión de los cosplays
a las 5 de la tarde
gustavo y luis martin se dan cuenta
que tienen más monedas en los bolsillos
que diez años atrás y que los uniformes
han enmohecido esperando
un último escape
cuando una ventana secreta se abría
a la altura de los ojos y reconocernos en un patio trasero
era reconocer un dictamen
de tan puro, cierto
¿no hay tristeza en el escolar que jubila
su colección de identificaciones falsas?
¿y no existe una melancolía en los hombros crecidos de un niño
que agrietan los brazos de plástico de una silla
en una cabina de arenales?
dispara al aire para saber en qué pasadizo
de píxeles los terroristas te acechan
y compra unos helados fritos
al lado de la señora de los peluches japoneses
no pude hablar porque no conocía el idioma
pero supe que ellos intuían que estaba perdido
en la televisión pasaban la misma película de cada sábado
y yo luis martin y gustavo
éramos escolares en esa película
cada uno amaba a una chica diferente
y componía poemas a su manera
al final todos conseguían ser amados
en la última escena
volteábamos el cuello los unos hacia los otros
cuando el verano termina
ellos miran atrás la arena como cachorros despidiéndose
de la mano de sus nuevas familias
fogatas languideciendo en acapulco
la felicidad nos mantendrá separados
así que ponte la camisa blanca, mclovin
y baila lento en la oscuridad
de las cabinas a medio cerrar
bajo la noche de arenales

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  1. la noche de arenales es un uniforme de donkin donuts

él no está escuchando una sola palabra
él lleva puesto un uniforme y canta el himno
de mcdonalds
el otro llamaría a emergencias cada vez que le duele la espalda
el otro de allá sigue señalando a su madre y a su padre
como la razón de haberse quedado en el mismo lugar
que es llevar décadas escribiendo una novela sobre
miguel grau ganando el combate
mientras tira la puerta rumbo a la noche en un cuarto
de persianas cerradas
un viejo punk prematuro
en cualquier cielo sin luces

los niños muertos empezaron a perder cabello y es un problema
que decidas quedarte con las mismas llaves
pagas una condena y en el fondo de algún hueso lo sabes
eres culpable
y he aquí mi disculpa, he aquí mi señal
porque presiento una aventura
como aspiro a la redención
reverencias del roberto futuro para ti
corriendo la mañana después, con la resaca emocional
en sus articulaciones y la sangre espesa
y perdón-perdón, aunque acercarse de nuevo sea
balbucear lo que no cabe en subtítulos
y ya que no quiero que mi amor se muera
ni ensuciarlo con estas toxinas
que el médico llamó “hereditarias” pero no hay licencia
ni evasión para el furioso
y por supuesto no hay demencia
sino una esperanza como una ducha
y el corazón ardiendo de regreso a su simple canción
y los focos que dejan marcas sobre la piel
una sonrisa rebelde en medio de los abrazos
en la noche de un miércoles que comienza.

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  1. la balada de los críticos

cuando gabriel era un niño les decía
a los demás chicos que al cumplir 25 sus ojos se caerían
por una extraña enfermedad
así obligaba a su padre a comprarle cada libro antes de su cumpleaños
y así obligaba a cada novia a esperarlo una hora más en la cita

una mañana sus ojos amanecieron en el piso
y él no supo que hacer porque siempre había creído
que ninguna mentira saltaría a la realidad
y así puso los gordos libros delante de su rostro
fingiendo que aún llevaba
los dos ojos puestos

cuando gabriel era joven y desayunaba con josé carlos
ambos hablaban sobre las cosas que deseaban dibujar
en el techo de las bibliotecas y cafetines
pero que no podrían porque existían altos corsarios
merodeando cada uno de sus pasos
ellos les prohibirían la felicidad
golpeándolos con sus largos bastones

pero ay, sería una pena que en veinte años
pudieras tener el rostro de un monstruo imaginario
escupiendo fuego en el manifiesto de una banda de punk
y sería una pena que no fueses imaginario sino clavaras
tu “rigor” sobre las cuencas donde habitaron tus ojos
y te llamaras a ti mismo “maestro”
con la boca persiguiendo luego de cada palabra
la comodidad de succionarte el meñique
obviamente la beatlemanía acabará pero haberla visto
ha sido desnudar a cada hermano mayor:
jamás pensé que vivía
entre tantos policías
cada uno me dio su salvoconducto para ser grande
pero no más grande que sus buenas estrellas
sin embargo ha sido bueno ver el desfile de los extraños:
estoy completo y creo que aun soy capaz
de corazonar un poco
y si hay una misión al envejecer
es la de no convertirse en los ancianos
que alguna vez maldijiste
y así tranquilos guarden las balas, el show no ha acabado pero
queda claro cuáles eran los modales
pasen al hall de la siguiente fiesta
la cena de los pretendientes está servida
y se almuerza en un avión secuestrado:
esta es la realidad, no hay posibilidad para el abrazo universal pero tampoco cultives
el ceño por el ceño,
por supuesto solo los idiotas pensarían
que lo indicado era saltar en Paracaídas
sin revuelta el amor se quedaría sentado en cada baile
para siempre
así no optes por el cínico
no llenes la taza de jose carlos
ni golpees las paredes con la calva punk
de gabriel
no necesitas cabezas en miniatura
atadas a lo largo de tus caderas
para salvarte canta
llevas por dentro una vela
que no puede incendiarte

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  1. la balada de rafael espinosa (gospel de salida)

no puede ser que seamos tan viejos
no puede ser que seamos tan locos
para haber perdido la cuerda que nos reunía con algún punto
(digamos, el mundo)
y nos hayamos convertido en torpes
seres de baba adormecidos en la oscuridad
y aunque el día nos ponga un airbag de nubes en el rostro
como una marca de felicidad
no permitiremos tal complacencia
porque nadie se queda con los cupos que merece sino con los que su vigor reclamó
y así los nazis hicieron maletas y volaron a brasil
¿no podremos fugar con la conciencia más limpia
a vidas con términos más amables?
aunque los fuertes entiendan al final que la oscuridad es lo correcto
o llorando los buenos resignen al llegar a la meta
y los locos que perdieron el sol entre la distracción de sus malabares
todos enfurecen
ante la pérdida de su gloria
y gritan con belleza sobre el túnel que cavan
yo quiero cantar con el meteorito de un coro de negros
que hay algo todavía adelante
donde mi altura tenga sentido
el pasado solo ha sido una excusa para ser más cobarde
y ni siquiera los locos están solos
por eso celebremos que estemos completos
anunciando la llegada de un futuro, el que sea
lo peor que podría pasar es decir nada
y así no hay riesgo siquiera en intentar
una valiente salida
ten una copa en alto por los desgraciados
ten una copa en alto por los miserables
los asquerosos, los fragmentarios,
los que invocaron la repulsión
mientras avanzan con sandalias lo delgado
de un camino con un abismo humillándolos
deja la astilla en tu pecho sin llorar
para despertar mañana mejores
y confía en el día siguiente
amanecer lo suficientemente sabio
una última vez listo
una última vez amado
y amar

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  1. una última salida (más gospel)

había pasado tanto tiempo sin ver el sol
que olvidaba lo doloroso que era
mirar un rostro a los ojos
la historia ha acabado y sin embargo
la vida continúa
salinger
no tendrás que olvidarte de los humanos
y saldrás de tu cuarto de nuevo
porque salinger
no has muerto pero tu estrella ahora es distante
como una galaxia que bailó
a tantos años luz de distancia
y debe ser bella
pero vale, lo siento,
las maravillas han vuelto como icebergs
emergiendo desde la miseria
lo mejor de las personas es lo que queda
drenado años después
y una vez que las estrellas hayan colapsado
sus mejores atardeceres permanecen
como un recordatorio eterno
de los mejores momentos

nieva lento sobre mi cabeza
y sonia al otro lado de la reja
me llama

adiós

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Roberto Valdivia. Lima, Perú, 1995. Dirige la revista Sub25 (www.poesiasub25.com) Ha publicado los poemarios [MP3]. (Editorial Gigante, Entre Ríos, 2014) el poemario virtual Salinger (www.salingerpoesia.tumblr.com) y Poemas Tristes para chicos Tristes y chicas Sinceras (C.A.C.A Editores, 2019) Puedes revisar los videoclips de su último libro en su canal de youtube aquí 

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«c.c. arenales» fue enviado a nuestra redacción por el autor. El texto es parte del libro «Poemas Tristes para chicos tristes y chicas sinceras»,
disponible para su descarga gratuita a través del perfil del poeta en https://gumroad.com/robertovaldivia

 

La imagen que ilustra el post fue realizada a partir de una ilustración del artista gráfico Anshuman Ghosh

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