Calamarius

Luis Eduardo Barraza

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f r a c t u r a   c o n c e p t u a l

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………………………………………………………………………………………………………..12:45 a.m.

Esto no es una puñalada      –empiezas a dudar–         Eso que trae el mar en los ojos no es un anzuelo

 

(Alguien te empuja desde La Torre de Pisa
para sentirse un Galileo
Pero estás solo, y a diferencia de la vez anterior el suelo no te detiene        Sigues cayendo
inverosímil                    ante tu propia altura)

 

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Primera y única caída
(la paradoja es instantánea)

–la piedra no es un pájaro, sigue siendo una distracción –dice Perséfone
–pero, ¿y qué hay con la huella –indaga el genocida de medias sonrojadas
–apenas un residuo de la nostalgia –responde un ciego
–pero nostalgia es una palabra muy grande para caber en el poema –susurra bíblico Goliat
–es que su corazón es un invento terrenal –lo acaricia el sordo
–¿y si no tenemos suficiente fuerza ­–se quita de improviso la toga El Gran Heleno
–entonces, todo estará perdido –concluye David

……………………………………………………………………buscando

………………………………………………………………………………..una nueva distracción

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……………………………………………………………………………………………………2:12 a.m.

Esto no es mi cuerpo –teorizas–         Como la hoja en blanco, esto es una dimensión de plurales
desacuerdos, una renalidad de voces insurrectas que se agreden
con sabios paroxismos

………………………….(pero la piedra            regresa          y tú no lo crees)
………………………………….(y en el suelo te revuelcas desarrapado)

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Segunda vuelta
(te empiezas a acostumbrar)

la razón: es un cachalote varado en la orilla
el poema: un vínculo que, como el sexo, no teme al exterminio
el amor: una elocuencia interior de múltiples puertas
la imaginación: es un rinoceronte deambulando por las espaldas de un agujero negro
el dolor: un centro cuya circunferencia es la vida
la muerte: una oscuridad ajena que se hace luz cuando desborda

y Dios: es otro centro
en cuya periferia
trastabilla el dolor

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l a b o r a t o   c h a r r i o t a   m u s e u m
(exposición permanente)

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Obra: La punta del iceberg
Autor: Anónimo
Medidas: 1,02 min
Técnica: Tripas de coyote sobre otoños palatales

[Pierdo lo que puedo                mi extravío necesario y chorreante, como acumulaciones de torpes animales rastreros que me nacen por la boca, y se me acercan desaparecer, prematuros, hijos-pánicos de mi instinto, salutaciones inesperadas de gentes sin ojos que resbalan por cañerías invisibles, porque aquí estoy, y amurallado contra mi propia indecencia me persigo, y como, y bebo, y me obligo entre el desorden de signos que mi nada contempla, sillas puentes interrogaciones de sólido metal y hormigón, escribir para perder los huesos y el peso desmayado de los días que se hinchan bajo la lluvia, porque juego para consolarme y me sobran manos para salir ileso           como quien escucha y sueña para saberse desnudo, porque solo y arrimado al intestino me encuentro, porque renal me sé

y enlutado
y en adiós permanente

con semáforos insomnes
bajo la cama]

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Obra: William Carlos William visita a La cantante calva
Autor: (desconocido)
Medidas: 0,44 min
Técnica: Azul sobre mandriles secos

[Alguien que tampoco eres tú, lame la orilla interior del recuerdo:    una carretilla se agacha cubierta de nieve ahora para que la puedas observar             Alguien, riñones de por medio y frente al auditorio, se desnuda con la cabeza en otros polluelos             y, aunque no sea necesario, la nostalgia se empeña en decirte                que tal vez en otro lugar los peces brillen con luz propia cuando la mandolina y la lluvia se fracturen como tú, contra la perplejidad de una manzana             Nadie para entonces –piensas, experimentando la vida en carne propia como querías–, alcanzará a saborear como Ionesco

el placer de la palabra]

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Obra: Las hachas del caracol
Autor: (Desconocido)
Medidas: 1,26 min
Técnica: Giros concéntricos de metalurgia exotérica

[Lúdicos, y no me aparto, los dedos se multiplican en mi garganta, mi ardor prematuro como una calle abierta entre la niebla, así me estanco, porque no pertenezco, me digo, mi carne ahuecada, la íntima, me contradice y no se calla, no soy siquiera la altura de mi aliento, y calles van, y calles vienen, no es aquí, tal vez más adelante aunque no me muevo, el otoño es quizá ahora un molusco en los andenes del corazón, mi nostalgia de huérfano bajo la lluvia, un adorno más en desuso, es el sinsentido que como persiguiendo en mis adentros

se derrama

…………………………………ya es tarde, otra vez tarde, tarde para perfumar los espejos, tarde para acostarse a un lado del padre, de la madre, del dolor que los habita, imaginario siempre, y como a un lado del camino, mi yo, analógico e insuficiente, renal, escaso entre la noche desatada, mi gongorino anhelo, mi anémico pudor intoxicado, los dedos y su gimnasia inútil, de matadero sin reses, de hueco sin gusano, porque no soy la manzana ni el diente ni el cuchillo del verdugo, solo la palabra y el delantal manchado me sostienen, y una voz

muy al fondo

como extraviando
el paraíso]

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Obra: Desenfoque iconoclasta
Autor: Cignus X1
Medidas: 2,54 min
Técnica: Lujuria hepática sobre árticos digitales

[Me atoro, y mis palabras huyen como animales en llamas, pequeños bambies arrugados directo al cesto de basura, metodológicamente al fondo, y enojado Walt, me digo, como frente a un espejo, aunque no sea necesario, y no me importa cuán altas sean las paredes porque es trágico ser más lento que su propio nombre, y atorarse en medio del camino, deprimente, mismeado, ¿alguien vio mi brújula          y eso hacen los paraguas y mi lengua acariciando noches y plazas vacías, como si caminar, como si la calistenia ayudara, y cuando ya los árboles se desvisten para arrullar a los perros, distraído, el músculo personal, y la indecencia de no disimular la barbarie especular que nos infecta: yo especulo, especulas, todos especulamos, y la boca abierta, otra mosca encuervada en la oscuridad, y gusanos van y vienen, y el transida, y la duda, más adentro, y el paréntesis abdominal, ¿a dónde irán las gargantas amputadas –pregunto–            y la mesa como un triángulo de las bermudas extraviándolo todo, y otra hoja más, virtualísima y elocuentada ya, y perdones como adoquines para el soporte, el triste espectáculo de andar rumiando sin paracaídas, como si se agotaran las horcas y las extremidades, y las sílabas, desarticuladas también, un cesto de estiércol para limpiarme la impunidad de creerme otro, el otro-mismo, y mi licenciatura adormecida de cementerios, coadyuvándolo todo, y solo tu respiración, ahuecando la oscuridad que nos aleja, y mis riñones, y la soberbia del aguacero que moja mis tobillos y el vacío de las redes sociales: one like!, y no seré, redoblan las trompetas ¿o eran los tambores acaso

y nada
y verdad, y niebla
y nada, más, adiós y vidrios rotos junto a la ventana
hipotética

y los rieles en medio
como una despedida digna

y sin trenes tampoco]

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Luis Eduardo Barraza. Maracaibo,Venezuela, 1990. Licenciado en Letras por La Universidad del Zulia. Ha publicado los poemarios Solicardia y Los días arqueados (traducido al italiano). Ganador del Concurso Anual de Poesía de la Librería Lugar Común (2016) y de La Grapa Literaria (2010). Poemas suyos han sido publicados en Carruaje de pájaros, Poesía, Hermanos Chang, Letralia, Los poetas del 5, Low-fi Ardentía y Circulo de poesía. Poemas suyos también han sido traducidos al portugués y al inglés y publicados en las revistas Otro Páramo y Latin American Literature Today respectivamente. Con el libro Calamarius resultó ganador del VII Premio de Literatura Experimental Sporting Club Russafa Carlos Moreno Mínguez.  Actualmente vive en Colombia.

Los textos de Luis Eduardo Barraza fueron remitidos a la redacción por el poeta Jesús Montoya.
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