Cartas de agua

Indira Carpio Olivo

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Quien guarda siempre tiene
Amalia Rosa

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1

No viví la guerra. Pero comprendo el lenguaje del cielo sin nubes. No me gusta hablar. Hemos codificado gesto, baile de ojos, ausencia y presencia. No viví la guerra. Pero me dejó sin voz.

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2

A dónde cae una cuando se ha ido
Dónde me dejaste
Vengo herida
.        pico de piedra
curva afilada
grisácea
.        herida, papagayo sin cola
doy vueltas ante el abismo
es menos hondo
Aprendí de las aves a planear
Me da tiempo para pensar
pensarte
¿de qué color es el vuelo?
¿una hija es menos hija cuando no se parece a su padre?
Espero estés abajo
no para recibirme
sino para que mires
me mires
Aprendí a caer

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3

aprieto los ojos
.   veo venas del color de donde vive
.   escucho paletas contra la olla
si aprieto más
vuelve a la cama donde nací
está en la cabecera
asustado
sostiene mi carne en los ojos
llora          y nazco
pedazo de hombre
con miedo
No siente amor
tiene miedo
Fue la primera persona que vi
lo recuerdo
Desde entonces él no ha podido olvidar

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4

Papá redondo
memorando redondo
salutación redonda
cielo cóncavo
.         tapara con agua
círculo que en los espacios vacíos se abre
Papá verde
cuando quiere rojo
casi siempre negro
Quiero que sepas que conozco a papá
bicho de luz
que rebota del techo a la pared
Papá es lóbulo
la ondulación de su voz lumínica
Amo a mi abuela
porque papá amó a mi abuela
Quiero que sepas que conozco a papá
Papá es hermoso
¿es más hermoso cuando no está?

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5

Caballo:

He muerto dos veces queriendo correr hacia el horizonte. ¿Cómo haces para desaparecer? La yegua se ha ido también. Me hago mujer al lado de Venus. Ni siquiera tengo que verte. La albahaca turca se abre a las seis y su perfume anuncia el nacimiento de la luna. Puedes pastar en mi balcón. Lo dejo abierto para ti, para que tu hocico encuentre calor, para que vuelvas a casa.

¿Cuántas veces moriste antes de que naciera?

El horizonte puede ser letal.

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6

Venus dijo que no creciera. Quiero crecer. Estiro las crines. Marcho acompasada frente a los espejos del escaparate. Pero no crezco, como si la naturaleza la obedeciera. Soy más bien pequeña, blanca algodonada. Un lucero me adorna. Por si vuelves: parezco mamá a mi edad. Por la mañana tomo agua de avena, también por las noches. A Venus gusta endulzarla. Por si vuelves: remojada, sin azúcar. Venus dijo que no creciera. Tiempo lento mientras el cielo se traga la luna. Marcho al compás de la niebla. Por si vuelves: no gusto servirme agua.

Ya no quiero parecerme a nadie.

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7

Cuando leas esta carta no estaré esperándote. Iré a buscarte. Aguardo a que la yegua pise el jardín, para no dejar a Venus en el baile de las cortinas. Cuando leas esta carta iré a buscarte, dejaré mis despojos en tu puerta y serás tú quien escriba, sin que te lea. Cuando leas esta carta la carta será parte de un libro, ya no serás mi padre y te estaré devolviendo vacíos. Cuando leas esta carta, yo no la habré escrito.

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8

Hubiese preferido que no vinieras. No hizo buen viento. El humo de la noche encorraló. Te escuché conversar con Venus. Gustas venir cuando mamá se ha ido. Me oculté en la niebla para observarlos en la cocina. Venus te convencía de que me enseñaras a pronunciar palabras. No la contrariaste. Sabes que conozco las palabras y sé ponerlas una detrás de otra, en fila, para decir con ellas. Las palabras obedecen. ¿Qué clase de obsesión tiene la humanidad con el habla? La palabra puede infestar primero la boca, y devolverse al corazón e infestarlo también. No soy idiota. Tampoco buen viento.

El humo de la noche encorraló.

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9

En la escuela me preguntan tu nombre. Se burlan cuando digo que eres caballo. Otros padres son jinetes, hombres minúsculos que encarrilan al corcel, lo golpean en el vientre para correrse encima hasta la línea de meta. En la escuela también creen que soy idiota. Prefiero que crean. No me gusta hablar con los hijos de jinetes. He montado a papá hasta comernos el horizonte y no ha hecho falta hincarlo con acero.

En la escuela todos hablan, ninguno entiende.

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14

Recibo tus cartas. Las apilo bajo la mesa, envueltas en un viejo pañuelo de mamá. Las leo antes de dormir. Aprendí a leer con ellas. Quisiera medir entre los brazos a Maya. Recitarle oraciones de tus postales que sé de memoria. Dormirla en agudos y acostumbrarla al silencio. Ahora mismo quisiera tenerla, alimentarla de mi cuerpo, también. Enseñarla a ser mejor tierra, para que la piedra que orbita en leche siga siendo piedra. Recibo tus cartas. Respondo. Pero tú no sabes.

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15

Hoy comí carne. Sentí el jugo de la sangre entre los dientes. La carne es nervada e intragable. Deseo que cuando me coman, mi piel sea menos tubular y se desvanezca en la lengua del comensal. Me gustaría parecerme a una planta, de hojas crepitantes y peciolo prescindible. Ser atravesada sin que corra la sangre de los tubos.

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16

Hija:

No dejes que la vistan con camisa de fuerza. No es capaz de dañar. Sé que escribes. Escribir te viene de ella. Déjenla que escriba. Las personas que escribimos no hablamos bien. Lo que ella dice no tiene las mismas paredes que lo que ella siente. Tú eres sus ojos. No te dejes mirar por el desierto blanco.

Ten fuerza.

Papá

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17

mamá:
dónde floreciste
qué tamaño tienen tus pétalos
una gota de sangre sobre el agua es un pétalo
qué niña chupó de ti
tu dolor crece en los rizomas del lirio
crece hacia abajo y hacia arriba
abajo, la malamar
arriba, yo

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18

Caballo:

No hay hombre ni mujer que pueda amarla y entenderla. Tú, que dices amarla y entenderla, no sabes estar a su lado. Como si una fuerza te alejara. La misma fuerza que actúa adentro de ella. La camisa de brazos extensibles la obliga a ceñirse a sí. Quisiera corresponder la vida que me dio con más vida, pero yo no pedí nacer. Canto, cuando no puede escuchar, canciones con las que me dormía. Mamá es hierba-sol. Se alimenta de insectos que no
saben amarla y entenderla.

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19

Maya, debes saber
que corona de huesos es corona
Has nacido reina
¿A qué sabe la carne de madre?
¿Recuerdas oscuridad y silencio?
Todos venimos de la noche
pero no todos podemos recordarlo
algunos no quieren recordarlo
Corona no es más que cuerno
Maya, debes saber
que un sueño puede ser coronación
cuando no baja de la cabeza
y ser Roca Tarpeya
quebradero para las traiciones al sol
Maya, el agua volverá
y sostendrá su guirnalda,
descorazonando los reinos de Dios

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20

Cereza:

Maya ha estado enferma. No saben definir qué le pasa. No distinguen hoja de pluma. Hablo de ti para que tu nombre alivie. Estoy seguro de que en ti la niña volvería a sus formas. He viajado algunas noches a nuestra ventana. He comido albahaca del balcón y me he devuelto a sostener a la pequeña ninfa. Gusta bañarse en la cabecera del río. Tejer con hilos de agua el destino de la montaña.

Pronto volvemos.

Papá

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21

En la sociedad del ruido hay gente que se obliga a estar en silencio. Paga una semana o dos para contemplar su rostro en los espejos de agua. Mientras piensa cuánto dinero cuesta perder la voz, la convencen de que pagar por no hablar es terapéutico. Al regresar a casa se siente curada. La gente curada, en lo inmediato, no vuelve a hablar igual. Pero sus movimientos infestan el viento. Venus y yo hemos sembrado cedro rojo y pino blanco alrededor para aislarnos de algunas pisadas escandalosas. El enebro crece verdeazulado y las agujas de pino hienden preguntas sin hacer, respuestas hechas. En esta comunidad no es lo mismo silencio que secreto. El cuerpo de la gente está a punto de desintegrarse.

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22

Después de escribir, leo las cartas, entono y convierto en oración. No sé rezar. Venus ruega a sus diosas. Mamá toma agua y contempla la robustez del bosque. Constantemente me encomienda «escuchar a los árboles acomodar sus ramas». Para ella, omnipotente es el universo y sus expresiones vegetales. La oración de noche es lenguaje verde. Somos mujeres bajo el manto de la clorofila, metabolizando claridad.

En la noche no hay luz porque la tragamos.

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24

Joao es alto. Sólido, esculpido en yeso. De piel tostada, ojos aceitunos. El bigote desperfecto lo hace humano. Joao sobre mí es torpe. Qué debemos hacer. Su mano izquierda busca en vano carne en mis tetas. Sus huesos sobre mis huesos cloquean. Qué debemos hacer. Joao me mira. Me dice que le gustaría pintarme. Me incorporo. Su mano derecha se reacomoda en mi pantaleta. Qué debemos hacer. Las manos de Joao son grandes, suaves. Si no fuera un sueño, Joao no me miraría. Si no fuera un sueño, los huesos de Joao se estarían remojando en alguna parte del mediterráneo. Si no fuera un sueño, Joao me soplaría la nuca y diría lo que nunca he dicho.

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107

Mamá llora cuando cocina, cuando canta en la cocina. Baja el volumen y llora cuando canta. Es más hermoso cuando llora. Ganíe asoma una media sonrisa. Ninguna se siente triste cuando mamá llora mientras canta. Hay divinidad en su canto.

Esta mañana mamá me confesó que nunca había recibido una carta.

Nadie está más solo que cuando no recibe una carta.

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108

Las aguas de arriba se unieron con las aguas de abajo. La niña bracea. Nadie sabe medir cuánta agua hay cuando se juntan las aguas de arriba con las aguas de abajo. La niña se ayuda con las manos para abrir la boca media. La piel de la boca emblandece. Sonríe. Afuera duele como cuando el amor. La marea la trae hasta el puerto, blanqueada por la sal. Amaneció y aun todo es oscuro. Mamá plantó sus rodillas en mis muslos internos. Yo estoy en cuclillas. Los brazos de papá sostienen mis brazos. Ganíe da vueltas al cuenco. El cuenco resuena de adentro hacia afuera. Lucía nos mira desde la esquina. Su brazo izquierdo sostiene en ele su brazo derecho que eleva la mano hasta la boca. Se tapa la boca. Yo abro la boca. Maya está acostada en la cama. En silencio, Maya está en silencio. Las flores principian el día. Los árboles acomodan sus ramas. Mamá oye el bosque. Mamá espera a la niña. La niña no llora. Es copo de arroz, flor cruda. Nace y la sangre teje una alfombra en el centro del cuarto.

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109

La niña mira
hay en la niña fluorescencia
cualquier mano en casa es más grande que su cara
la niña alumbra
podría ser escudo
pero no creo en la patria
la niña mira
y el espinazo vibra
quiere atravesar el corazón
la niña insiste
el día aclara
la mar se retira
la niña abre la boca
y descubre su nombre:
.                  Amalia Rosa

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111

Amalia Rosa:
para ti
tres mujeres
un caballo
una bola de cristal
una casa de agua
los huesos de un barco con arena
dos frascos con: piel y luciérnagas muertas
cabellos de madre, amarrados
una ventana con ánimas
un pañuelo viejo y el nombre de tu abuela.

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Indira Carpio Olivo. Caracas, Venezuela, 1984. Poeta, periodista, y dramaturga. Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Central de Venezuela. Ha sido presentadora, guionista y productora de programas de radio y televisión. Por su trabajo en medios digitales obtuvo mención especial en el Premio Nacional de Periodismo 2016. Es autora de Mujerícolas (el perro y la rana, 2017). Por su libro Frutos Extraños fue galardonada en 2018 con el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca, mención Poesía. Cartas de agua (índigo editoras, 2020) es su libro más reciente.

 

La imagen que ilustra este post fue realizada a partir de una pintura del artista venezolano Juan Luis Landaeta, serie Varia, técnica mixta, 2020.

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