Los símbolos perdidos

Cecilia Juárez

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Podría decirse que el trabajo poético de Cecilia Juárez se trata de una serie de correspondencias sensibles, establecidas por una mirada misfit que verbaliza con irreverencia la contradictoria generalidad de una experiencia de vida que se halla excluida de las fronteras enunciativas establecidas por la literatura. No obstante, es una apreciación superficial pues en la obra de Cecilia, compuesta por casi una decena de libros, hay algo más complejo, algo como un juego de barajas donde ella apuesta por que unas simbolicen la perfidia, el dolor, el placer, el apego, la orfandad o la fe ciega, la fe de la verdad. Arma la jugada en su cabeza, lentamente, y después se hace texto, poema; así lo confiesa ella. El sistema de riesgos y recompensas de este juego lo dicta el lenguaje, tan elusivo como tornadizo, y el chance es mínimo, dadas las reglas.

Primera regla, que las palabras sirven solo para ocultar lo que siente el corazón. ¿No se trata de una verdad universal? La maestra Silvia Rivera Cusicanqui diría que no es así, que es un asunto histórico, una función reservada por el colonialismo para las palabras: «las palabras no designan, sino encubren». Es un principio de la ingeniería de los usos públicos del lenguaje. No se culpe a Wittgenstein, él no fue quien lo inventó, tan solo dijo que el significado de las palabras toma sentido en juegos de información muchas veces incompleta: si no se articula dentro de ciertos parámetros, si se saca a la expresión de tales garitos semánticos, hay pérdida. Sin embargo, no se precisa que aquello que está más allá de los tableros del sentir y el pensar, lo que parece rehusarse a ser ocultado, no son ni el recreo del onanista ni los idiomas privados ni el absurdo inefable, sino más bien las esferas subordinadas del lenguaje. De allí la segunda regla, no son posibles las simbologías privadas e íntimas, porque hasta los juegos solitarios tienen reglas comunes y notorias.

«Nos cuesta decir lo que pensamos y hacernos conscientes de este trasfondo pulsional, de conflictos y vergüenzas inconscientes. Esto nos ha creado modos retóricos de comunicarnos, dobles sentidos, sentidos tácitos, convenciones del habla que esconden una serie de sobreentendidos y que orientan las prácticas, pero que a la vez divorcian a la acción de la palabra pública», dice la maestra Silvia (Sociología de la imagen, Bs. As., 2015, Tinta Limón ediciones), esta vez con énfasis, pues tales son los intersticios en donde lo no dicho también significa, en tanto que conecta con instancias supuestamente privadas del lenguaje. La poesía podría gozar creativamente de esos modos, preciosos modos que coquetean con el silencio, pero realmente adolece de ellos: aunque el poema se pretenda autosuficiente, igual es un texto más en el entramado social de los juegos que tienen como objeto a la mente, el cuerpo y al comportamiento. Uno muy curioso pues además de ser sonoro, es rico en códigos y mensajes tácitos ya que se despliega en los límites del sentido de las palabras, permitiéndose la ambigüedad de ser a la vez palabra pública y privada −acción y pensamiento−, enmendando o profundizando lúdicamente, así sea con solemnidad o patetismo, algunos malentendidos que no son más que los nudos donde la trama se descubre como atadura y las aristas como las sogas de los intereses. Y ahí es donde dice Cecilia en «No maltrate así a la poesía» (separata de La Colmena, Toluca, 2015):

soy sólo una pueblerina que sigue amarrada a la poesía de
antes, en mis tiempos la poesía no salía tan noche ni se
embarazaba si no tenía marido en mis tiempos la poesía
hablaba del amor y la usábamos para conquistar chicas en mis
tiempos cuando se usaban las metáforas había finales o
principios o materia / de esos tiempos no queda sino el
anacrónico ejemplar escrito del bhagadav gitta y algunos otros
que forman museos sobre los platos sucios del desayuno

El trabajo de Cecilia Juárez no ironiza, no blufea, ni es parricida: se empeña en mostrar las amarras del lenguaje para renovar la memoria de la experiencia como un todo inconmovible, en el que se mezclan los sentidos del cuerpo y del intelecto en el marco de símbolos perdidos o arcanos reinventados. Así es que se revela estimable de atención, pues parece vadear, sin sobriedad ni concesiones, al hermetismo, a la vanguardia o a la textualidad barroca para sobarse la ficción, para sobarse la realidad, i.e., para desde la frontera, desde lo no dicho, desnudar las formas escondidas, enterradas, de los conflictos culturales que arrastramos los americanos, esos conflictos que nos cuesta tanto racionalizar.

Sea en un balneario, viajando hacia el corazón del país o en un antro de atmósfera onírica, hay una parranda abierta, allí sonará igual un bolero de los hermanos Expósito que el rocanrol de las gemelas Deal, mientras alguien le suelta al profesor Wittgenstein, como conversando, «no tengo nada qué decir de usted excepto que/ no me gusta que maltrate así a la poesía/ que no se sienta único en el mundo porque/ lo es/ y obedecer a la verdad/ es de pésimo gusto/ que algún día se arrepentirá». Tal es el ambiente donde los poemas de Cecilia se juegan cada lectura, cada conmoción. Se pretende extender su apuesta por los símbolos y objetos perdidos con esta muestra encabezada por un generoso texto sobre un proceso creativo que no se molesta en encubrir, sino más bien en designar: su proceso creativo. Bajo el amparo de don Miguelito cuando dijo que «todo lo que no fue de algún propósito/ producto endeble», es como si Cecilia Juárez estuviese reescribiendo en clave salvaje a Mateo 15, 18 para apropiarse de la ventaja de las bellas palabras de todos los tiempos. De todas formas, si no es así, importa más la existencia que la interpretación porque estos juegos son y hacen el lenguaje.

César Panza

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Digamos que puedo escribir gracias al departamento de objetos perdidos que hay en mi cabeza. 

Unamuno decía que había escritores ovíparos y vivíparos; estos últimos organizaban todo en su mente y luego lo parían entero cuando estaba listo. Yo hago eso. Y a veces me asusto porque no escribo nada en largas temporadas. En ocasiones intento escribir, pero escribo pura basura de bajísima estofa, ni siquiera de la que hace composta o se recicla, basura-basura de esa que regresan armados con rifles los piratas de Somalia directito a los primermundistas, o de la que abandona una señora en la madrugada sobre un camellón. Después de un tiempo entendí que aun cuando no escribo estoy escribiendo.

Por ejemplo: leo una nota que dice que una serpiente pitón fue encontrada en una piscina. Se trata de Australia, claro, la Costa Dorada. ¿Y qué con que haya sido encontrada ahí? Pues la piscina estaba vacía, así que la pitón pudo resguardarse del sol y sobrevivir hasta que, por azares del destino, alguien llegó a veranear. Ese alguien vio a la pitón y llamó a bienestar animal. Llegaron los veterinarios, sacaron a la pitón de la piscina y se dieron cuenta de que estaba infestada con más de 500 garrapatas. Estaba moribunda porque se había convertido en un edificio de departamentos, la pitón, y aquello ya era una cuestión insostenible. 

La nota me da vueltas en la cabeza; sale en la plática. Tengo mis personas favoritas para charlar sobre esas cosas intrascendentes.

Después de hablar sobre el tema y especular hasta los límites de lo absurdo respecto a una serpiente pitón infestada de garrapatas en una piscina vacía de cierta casa de veraneo en la Costa Dorada australiana, hay una frase que suelta mi interlocutora y que me atrapa: pero… son enemigos muy pequeños, ¿no crees? Y me doy cuenta de que tiene razón, que si te dieran a elegir entre brincar a un pozo con garrapatas o a uno con pitones, la probabilidad de que elijas a los insectos es mayor. Pero el elemento definitorio es la cantidad. Y esa es mi chispa: lo que no puedo responder, lo que me intriga, lo que me parece una metáfora de lo humano. Y cargo durante días la imagen de la pitón sometida a la tormenta parasitaria dentro de una piscina vacía. Cargo preguntas.

Entonces sigo con mi vida, pero no olvido a esa serpiente. Me entero de que se recuperó. Qué bueno que le pasó eso en el primer mundo. Acá habrían dicho uuuy, no seño, esa ya no se salva, ire…*la picarían con un palo*… ire nomás cómo la dejaron… uy, no, ya mejor evítele el sufrimiento… Y habría muerto, la pitón. 

Pueden pasar varios días antes de que consiga vaciarme en la hoja; pero cuando lo hago, todo ha sucedido ya en algún sitio de mi cabeza.

C. J.

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Sueños de carnicero

Cuando dije que te quería no lo dije en serio.
Lo dije como lo diría el carnicero al cerdo.
………….El cerdo es siempre mejor que el carnicero.
Lo dije como un verdugo que habla con su amo. Lo dije tiesa
incontrolable a media tarde de un orgasmo antes de los Pixies.
Sudaba.
Y lo dije por decirlo.
Había silencio
………….y previo a los 30 el silencio me parecía
un barco que debía hundirse antes de tocar el puerto.

Querer es una actividad de mal gusto y sólo
Debería estar permitida en cuatro estados:
desgracia, ebriedad, locura

………….y tal vez Illinois.

Cuando dije que te quería era
Como querer al favorito de mis abrigos:
dije por decir
………….que te quería.
Lo cierto
es que soy incapaz de tal hazaña. Deseo
un enemigo donde quepa
el borde
de mi furia.
(Después de haber dicho lo que dije/pensé que era ridículo ese nombre/ de verse vestida por la heteronorma/ y al rato contemplar/ convertirse en un contrato)
Un carnicero tendrá siempre sueños de carnicero.

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De No te desanimes, mátate.
Diablura Ediciones,
colección Arca de Diablos, 2013.

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La noche se llamaba Spandex

(fragmento)

…Abordamos nuestro sueño espeso.
En ese sueño también salimos en una camioneta
a comprar en mitad de lo más oscuro algo blanco,
las líneas de la carretera se inhalan.
Las estrellas tocan a lo lejos sus toms,
sus bombos incandescentes
y hacen la señal. Orinamos sobre un prado azul,
el aire nos sopla nombres en los labios.
Hay una carcajada de pez, hay una carcajada para odiar,
Hay que hacer una carcajada que salte las cercas y vaya a dormir
Junto a una manada de ovejas preciosas.

 

La noche se llamaba Spandex. Tenía uñas postizas.
Sabía cadencias abandonadas de gitanos:
………….a mí, mi madre me dejó delante de las puertas de un acuario,
………….el conserje que me halló puso a la venta mis agallas en el mercado.
………….Mi madre me abandonó ante una lechería,
………….aprendí de autosuficiencia arrastrándome hasta encontrar
……………………..las ubres de una botella caliente.
Mi madre me parió entre dos grietas,
Yo nací un día o dos para ser exactos.
Mi madre me dejó ante los ojos atónitos de La Hija de los Apaches.
Yo tomaba curados de chiquito.

 

Bailas torpemente, de a cartón. Te digo que esa chica no es la noche.
Tengo una carcajada que se estrella ebrio contra el toldo de un Grand Marquis.
El diente de oro de un proxeneta es un lugar común

(…)

Salimos a un karaoke famoso, se llamaba Garibaldi.
Un viejo ciego nos cobró por cantar /y ves fatasmas en la noche de trasluz/
Santa María Spandex pide otra ronda.
Conocimos a un hombre que mató a su mejor amigo con el filo de una vagina.
Conocimos al vampiro del Tonayán,
………….al licenciado del sonido.
Un buen coro salió de los muchachos. No tuve empacho
en mojarme las bragas, el baño estaba lleno.
No soy de las que se orinan encima,
a menos que lo amerite la ocasión.

(…)

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De Bar Karaoke.
Editorial Mirabilis, 2014.

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Mi amor platónico se baja los pantalones en Main Street

 

No ha logrado cazar un león como Hemingway
ni pilotar aviones como Faulkner
la risa que se murió en el patio de su calamidad
regresó con un hacha para hacer pedazos las primeras hojas
………….de todos los periódicos

locura es lo que llena su piscina
él hace intentos por escapar
………….nada en el aire
……………………..nada
……………………..nada
igual que un cachorro bajo sospecha de aguas
ahora
grita que le final se acerca vertiginoso y habrá que arrepentirse
como la motocicleta que da la vuelta
y siembra un golpe en el palacio vacío de su cráneo

mi amor platónico yace sin pantalones sobre el pavimento

tiene los ojos puestos en el cielo y sonríe

cuando estaba vivo no era mejor persona.

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De Lobos en un corral de lobos.
Mantra Ediciones, 2016.

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Mi apellido es Melville, no alimente a las jirafas

(fragmento)

Claro que me gustaría conocer Venecia/ tomar un taxi acuático justo a las 6 de la tarde/ siempre me han gustado los lugares comunes/ Un pueblo fantasma/ aviones atravesando la estática azul/ una ciudad postapocalíptica llena de carteles adheridos a los muros que son escombro/ un teatro derruido en Broadway/ la cabeza de mi Gran Enemigo sobre un pincho en una escena de cine negro/ enamorarse de un barista astígmata/ conocer París de la mano de un mono capuchino/ Mirar por la ventana y ver Viterbo desde la tina de porcelana/ ¡Por Jorge V!/ ¡Cuánta luz!/ (…) Yo pediría/ la ferocidad de la ardilla/ la resistencia del cupagú/ la sagacidad del pulpo/ el contorsionismo de hilos metálicos de la mantis orquídea/ Y de desayuno/ los ojos de mi padre/ la lengua de mi padre.

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De Fábulas serie B.
Diablura Ediciones, 2017

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Este poema es de los 23 perros atropellados que vi en la carretera rumbo a Querétaro
……………………………………..Este poema también es de Jo lanzando un petardo a un banco
este poema es del perro que colgaron de un árbol los milicos para darle como piñata
este poema es de los mandriles de oscuro cuero y su despedida del universo
este poema es de quienes mueren sin que nadie lo espere
este poema es de las quaggas
este poema es de la trucha que besa y besa hasta que besa un anzuelo
este poema es de los animales que se extinguen en silencio, como los hongos nacen
………….de nuestra intromisión en la cadena alimenticia
………….de los cerdos que ofrendaron su carne en las carabelas
………….de los témpanos que olvidaremos de a poco
este poema es para los cardúmenes y el canto que se extingue con las ballenas
este poema ni siquiera es un poema
es mi forma amarillista
de aclarar que una porquería de especie
y un encanto de especie
con sus artes y sus armas y su ciencia y sus radicalismos religiosos
………….y su música límpida
vino acá para sobarse la ficción
vino acá para sobarse la realidad

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De Cómo hablar con tu perrx.
Ediciones el humo, 2019

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1985

nos enterramos/ bajo la arena mezclada con orina y colillas de cigarrillos Dalton/ padre bebía palomas frente al mar/ en vasos de plástico con popote/ madre se asoleaba con bronceador del 0/ había un puente de palos tembleques como dientes de sardina/ el olor del ajo y una mojarra fritísima/ conducía al  tendajón/ una niña embarazada cargaba cubetas/ con el mar bravo de fondo/ pensé que ese bebé era suertudo/ nacería en el mar

y se quedaría allí

por siempre.

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Johnny Weissmuller

Los raptos
las mujeres desgranando bajo las flechas solares
los turistas canadienses
los padres que cambian a sus hijos por doscientos varos
la policía sudando bajo sus uniformes de nylon
el mar asesino
el prólogo de la tierra y de la vida
los barcos
la humedad que se alza vaticinando la ruptura del horizonte
la herida del cáñamo
los peces mordiendo innumerables hilos
las carreteras del fondo profundo
los campos de amapolas
la suerte de la fea
la balada sosa en el taxi
los 42 grados
la maraña sin jaguares
el aire acondicionado en
los caminos del sur
las camionetas 
las piedras de a cien
las rayas de a 200
los otros números que viven en casinos
las estrellas 
del mar
del cielo
todas muy ebrias para estar en pie
las lanchas con fondo de cristal que es plástico
las latas tiradas en la playa
las sombrillas
los pies rajados que no perciben el calor 
los perros sin nombre
la costera
las botellas rellenadas con aceites
la discoteque que se sigue llamando discoteque
el pescado a la talla
la avenida escénica
los delfines heridos fungiendo como payasos
los payasos fungiendo como políticos
los políticos en pie de guerra
a punto de arrancar el alma a mordidas
a un batallón de púberes paupérrimos
hijos todos de la piedra
el callejón de la tortillería donde mataron a uno
la escuela donde mataron a uno
el super donde mataron a uno
la casa donde mataron a uno
los barcos de turistas pedófilos desfilando sus dólares
por entre las manos pequeñas 
los besos en los labios de las niñas
la alevosía
el mar con un aliento roto y tremebundo
el tiburón qué buscas en la orilla
las fondas de palos
las manos acabadas que fríen 
los platos de plástico
los folletos con fotos technicolor de 1980
las calandrias
el centro
todo el silencio cabe en una copa redonda
todo el silencio cabe en el mar
junto a los desechos 
y los tubos 
que no dejan de hablarle sus aguas negras a las olas
los 3 x 10
los 4 x 50
los 5 x 100
las ensaladas de sal y sangres
la cama torcida en sus renglones
y dios como un invento improbable
en boca de una vendedora de fruta

La calor
señora
la calor

Todo luce improbable desde la terraza.

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De Acapulco.
Libro inédito.

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Cecilia Juárez. México, 1980. Estudió literatura en la Universidad Autónoma del Estado de México. Ha publicado: Muerte para el coño dorado de Lavernia, (Mirabilis, 2006), No te desanimes, mátate (Diabluras, 2013), Bar Karaoke (Mirabilis, 2014), Lobos en un corral de lobos (Mantra, 2016), la plaquette No estoy lista (El Humo, 2016) y Fábulas serie B (Diablura, 2017) y Cómo hablar con tu perrx (Ediciones El Humo, 2019). Ha sido incluida en diversas antologías de poesía. Es locutora, guionista y productora de radio.

La muestra poética fue compuesta por la poeta Cecilia Juárez especialmente para la revista POESÍA. El texto sobre su proceso creativo fue tomado de la revista mexicana Grafografxs.
La obra que ilustra este post está basada en una magnolia de la serie La Dictadura del like del artista venezolano Víctor Contreras Rivas.

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