Coctel Caracas Sunrise & otros poemas

Marjiatta Gottopo

.

§

.

.

Coctel Caracas Sunrise

.
Mezcle la soledad diminuta de su existencia
con el cabalgar de tanques y de historia
mezcle
Sus cigarrillos abandonados
En cuartos de hotel infinitos
mezcle
Sus viajes
Por la nebulosa de Orión
O las puertas de Tanhausser
con el diminuto aliento de los días
con la rutina del funcionario de la Stasi
con el trópico amenazado por el agujero de Ozono.
Mezcle
Los años alborotados como la cabeza de un rockero
por la ventana del carro hacia la playa
Mezcle las dosis
Mezcle los elementos
Mezcle la música de todos esos años en los que navegó en el olvido
Mezcle el paso de sus suelas asesinando los charcos
Mezcle
La banda sonora de aquel cómic de Batman
Con el sabor de los besos de una rubia de película de detectives
Mezcle el silencio del cinismo
Con  la ira heroica y confundida de la reprobación
Mezcle su miedo con su ira
Mezcle lo que no quiso recordar
Con lo que no se olvida
Recoja las cintas grabadas
Y abandone de nuevo, un hotel, una pensión o un amante
Lea el tarot y confíe en la sapiencia absurda de su viaje
Prometa morir como Isadora Duncan o Alfonsina Storni de alguna muerte preciosa
Mezcle su soberbia onmipotencia con la cínica creencia de que la superstición es hija de un orgullo apesadumbrado
Mezcle la dulce melancolía de su desprecio
Con la obscena necesidad de su deseo
Y obtendrá
ésta noche solitaria en Caracas
obtendrá a la caminante  descalza por las tristes calles de un deseo
que llega demasiado tarde
de un ocaso del alma pura
del humo de los carros y las tetas de silicona diciéndose socialistas.

.

.

.

.

.

Vamos a ver como se teje una Obsesión:

El arte de perder no es tan difícil.
Bishop

 

Tome algo que le maraville,
algo que no pueda comprender
tómelo
disfrútelo
crea que es suyo
sienta lo feliz que es
lo bella que es la vida
siéntase afortunada
créase privilegiada

Así, relajadamente
como en un anuncio de coches.

Luego agarra y lo pierde para siempre.

No sabe cómo.

De lo maravillada que estaba
dobló una esquina fatal
de lo bien que se lo pasaba olvidó el cuidado
las sospechas
y piérdalo,
sin darse cuenta camine muy lejos
váyase
vuélvase vagabunda
decida escapar,
caminar sin tregua
decida la errancia
Y luego
un buen día deténgase o caiga extenuada o tropiece
y mire para atrás
solo lo justo
para volverse esa montañita de sal que nunca salió del infierno.

.

.

.

.

.

Acedía:

.
Un día equis,
de tantos como gotean desde la nariz del universo
un día de esos,  que resbalan como hojas (no de almanaque, ni de
árboles en otoño)
sino hojas que rasgan  caras  de marineros españoles
días de pescadores con redes más o menos, ni llenas ni vacías
y no hace sol ni llueve, y no hay alcohol ni historias.
Un amanecer u ocaso, de esos infinitos para el polvo que los cubre.
Uno esos en los que el vampiro está asqueado de la sangre y se come un
pájaro completo  o chupa refugiados  o no consigue amantes.
La decepción:
como una recepcionista de clínica dental
despidiendo ese olor a revista del corazón manoseada por la envidia de
una señora con sarro,
como una peluquería en la que esperas a alguien,
como un ministerio o la cola del supermercado.

Como un hombre cuya vida entera se resume en todo lo que nunca hizo.
Un día, cuando no te importaría ser guerrillero o pirata
pero caminas por una calle ancha al mediodía.

No te importa haber viajado mucho, ni haber bebido mucho, ni que te
hayan partido el corazón en muchos trozos
(mil pedazos se dice mucho)
no eres funambulita y nadie te asaltará siquiera, nunca te secuestraron
ni hicieron de tu vida más que un anonimato inconcluso
un día de esos,
decía:
La decepción se aburre de sí misma y no se cree la película, ni que el
niño chille cuando vea la cuchara de sopa hirviendo, ni que la madre
sospeche que su marido no está en la oficina.

Un día de esos, de olas secas de malicia dispersándose por la arena
negra, no estamos en el Caribe y llueve
y tú ya no te acuerdas cuando taladrabas con mensajes su corazón de
serpiente, ni le dabas taconazos a su ausencia
no te acuerdas cuando llorabas con la Lupe,
no, no concibes
cuando habrías sido capaz  de matarle o  morirte o ponerte a pedir
limosna,
o suicidarte
solo para amargarle la semana.

Buscas su foto destrozada en un segundo.
Un buen día, de pronto
le dices adiós sin lágrimas
ni más reproches de los que sugiere
tu desenlace favorito.
de pronto un día te cansas
de esperar la posibilidad de un romance full volado,
tormentoso como una escena final
y ya no aspiras músicas de piano en habitaciones  de terciopelo
ni rojos invernales sangrados  de íntimos derroches.
Ya lo sabes: siempre son posibles las ausencias
y aprendes a habitarlas como un fantasma dolido,
como un sacerdote descalzo.

De pronto un día,
te ríes de tu cinismo y de tu distancia a largos pasos
por esa carretera de erupciones petrificadas
y sol lleno como una luna furiosa.
Te ríes de tu noche ausente como Finisterre asfixiada de neblina.
De pronto un día,  tomas té al mediodía en tu castillo
en tu silencio,
y te haces unos espaguetis perfectos
y deshojas porros en el acantilado del destierro.

De pronto un día,  la trashumancia es cualquier
camino ardiente, cualquier tarde con tres astros,
cualquier vino helado después de la tormenta.

.

.

.

.

.

 Pájaro con tirachinas al fondo

Óleo sobre madera 27x 42.

.

La puerta del castillo,

del enorme castillo dividido en nueve mares de insomnio

con cinco montañas sagradas desde donde inmolar a las cenizas.

Canta pajarito de los adioses insondables

y de las mentiras que vivimos.

Canta pajarito ronco de la memoria de trashumantes

toca la batería en noches otoñales y trágate  un ácido

mientras caes con las hojas

del adiós de los mortales.

Canta rancheras pajarito ronco de las cicatrices

de las intérpretes de bolero asidas al lomo de sus desencantos.

Canta pajarito de las noticias en televisión y las explosiones en el alma

¿qué hambre  es peor?

¿cuál es el más hambriento?

El de las carencias físicas o el hambre mascullado durante adioses y
sequías.

Canta pajarito

imitando el gemido de dos sombras cabalgándose

en la habitación del placer

En la película o en la realidad fragmentada de infiernos personales

De refugiados de la devastación estallando en los senderos

De tu alfombra,

de mi cama

de la bota marchando en todas las fragosidades de la infancia

“Carga un niño sobre tus hombros entre las explosiones y sálvate de los rayos de su ira”

Canta pajarito de las trompetas asechando a los aldeanos,

canta pajarito de los macroconciertos

dispara pajarito francotirador en la cornisa del destierro

y no escapes a tus sueños alucinógenos en alguna isla desierta

con algún Viernes que te redima

dispara pajarito sicario en las calles muy cerca de tu casa

transporta drogas pajarito mensajero de los insultos de ese otro mundo.

.

.

.

.

.

M.

Marjiatta Gottopo. Caracas, Venezuela, 1972. Escritora, dibujante, productora audiovisual. Sus poemas han sido editados en numerosas antologías de poesía española entre las que se encuentran Feroces: radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española (Barcelona-1998), Mujeres de Carne y Verso. Antología poética femenina en lengua española del siglo XX (Madrid-2002), La Paz y la palabra, textos contra la guerra (Madrid-2003). Ha publicado la novela Cada minuciosa noche de insomnio (2009) y el poemario Pájaro con tirachinas al fondo (2010). El libro Piscotrópicos (2016), aunque reseñado en numerosas antologías, es la primera vez que se edita completo. Sus poemas, artículos de humor y opinión se pueden encontrar en numerosas publicaciones electrónicas.

La obra que ilustra esta publicación  fue realizada por la artista venezolana Lauri Zambrano

Contenido relacionado

Archivo

introduzca su búsqueda