Poemas de «Compañero paciente», de Luis Enrique Belmonte

Compañero paciente

Compañero Paciente está acostado
escuchando nuestros quejidos
con las manos cruzadas sobre el pecho:

Dice que ya se acerca el amanecer.
Dice que durmamos un poco
antes que venga el Camillero [arrastrando la camilla
que trastabilla].
Dice que cuando las cosas van mal
a uno se le olvida que pueden ir peor.
Que nos encontramos en plena Katábasis.
Que esperemos hasta que bajen las flautas
y vuelvan a trazarse las Líneas Del Mundo.

Compañero Paciente organiza apuestas clandestinas
en donde se cobra y se paga con crucigramas usados
termómetros-frascos vacíos-cortaúñas-botones de pijama.

Compañero Paciente comparte su pudín
y guarda bajo un colchón
trozos de pan negro y colillas de cigarros
para los días difíciles:

[Y le presta su manta
al que se acaba de ir
entre sombras movedizas].

Compañero Paciente es nuestro delegado
cuando hay que decidir el menú de Noche Buena:

[Porque uno se cansa de tanta pechuga desabrida.
Porque exigimos un cambio en el color de la gelatina.
Porque soñamos con caramelos que no estén libres de calorías.
O con un detergente que no huela a formaldehido.
Y que le bajen el volumen a la radio
en el búnker de los enfermeros.
Y que los tratantes se froten las manos
antes de ponértelas encima].

Compañero Paciente tiene un spray mata moscas amarillo
con el que nos perfuma cuando estamos desconectados
mirando el cielo-raso.
Y reparte bolsas azules para el vómito
que coloca al alcance de la mano
cuando nos toca expulsar [arcada tras arcada]
a nuestros pobres demonios.

Compañero Paciente dice
que son fractales de colores
las Líneas Del Mundo
luces pulsátiles que brillan de repente
las Líneas Del Mundo:

Y dice que dejemos la peleadera
por las grageas que han caído al piso.
Dice que hay que tener paciencia sobre todo.
Que el amanecer ya está cerca.
Que nomás pensemos que el tránsito es tan sólo tránsito.
Que durmamos un poco
antes que venga el camillero [arrastrando la camilla
que trastabilla].

Compañero Paciente reparte ramalazos en los cogotes
para que aprendamos a bajar la cabeza:
Y si tienes una pastilla de jabón
pues comparte tu pastilla.
Y si tienes un jarabe para la tos
pues comparte tu jarabe.
Y si se te metió el espíritu del Tigre
pues no vayas a morder la almohada del otro.
Y si se te metió el espíritu de la Serpiente
pues no te vayas a poner demasiado sibilino.
Y si tienes una maraca
pues comparte tu maraca
con el que tenga necesidad de sonarla
para anunciar el próximo vuelo.

Compañero Paciente administra la tintura
a la hora en la que apagan la radio
en el búnker de enfermería
y los tratantes tienen visiones
en donde son perseguidos
por sus propios escalpelos.

A la hora del Búho
Compañero Paciente administra la tintura
con la que pintaremos nuevamente
las Líneas Del Mundo:

Y dice que miremos adentro.
Que ya está cerca el amanecer.
Que sobre todo hay que tener paciencia.
Que nomás pensemos que el tránsito es sólo tránsito.
Que durmamos un poco
antes que venga el camillero [arrastrando la camilla
que trastabilla].

 

Antidepresivos

Había baja de suplementos y de municiones.
La vida se nos había puesto cuesta arriba
y todo nos parecía muy lejano.
Cualquiera de nosotros
hubiese podido resbalar fácilmente por una aspirina,
escuchando canciones que venían del desierto,
pensando y pensando qué es lo que es y que será será,
cargando piedras de un lado a otro, rezándole a las lámparas,
muriendo con sentimiento como una rockola concurrida,
como una cigarra achicharrándose en la frontera
y todas esas cosas más o menos tristes.

A veces se nos partía una cuerda o se soltaban las tuercas
justo antes de salir al ruedo,
y entonces sí que había baja en todos los sentidos,
incluyendo las yerbas, las bombonas, las cantimploras,
la cara que te devuelve el espejo, el índice de credibilidad
y los niveles de autorrealización.

Y no es que dejásemos de hablar ante una audiencia respetable,
como tampoco dejaba uno de hurgar en las telarañas,
interesarse por el asunto criminal
o sospechar cuándo un fantasma
te está jugando una broma macabra.

Así que el mundo estaba aproximadamente así
hasta que llegaron los antidepresivos
traídos directamente de la farmacia
por una sílfide nocturna
con zapatillas deportivas.

Producen los antidepresivos
un estado alterado de la mente
que consiste en pensar todo el tiempo
que todo está bien.

Producen los antidepresivos
un estado alterado de la mente
que consiste en pensar que todo está bien
porque todo te da igual.

Así que ahora estoy aprendiendo a tocar la flauta dulce,
a no ser tan duro con los de la junta de condominio,
a planear como un pajarraco negro
por encima de cualquier circunstancia.

Así que ya no se sufre tanto
por el recalentamiento planetario
o las medusas en vías de extinción.

Así que ya no más nada que no sea:
una flor de floristería, la siesta del desayuno
y la siesta del almuerzo,
un repentino arrebol en la cafetería
o fumar en la ventana
mirando estrellas muertas
antes que lleguen las lechuzas.

Como quedarse dormido
viendo una película en blanco y negro
y despertarse al día siguiente
creyendo haber soñado en tecnicolor.

Como participar en un bingo de caridad
sabiendo que lo ganado o lo perdido
contribuirá de igual forma
a la remodelación de una casa de reposo
para ancianos con demencia.

Como vivir a gusto con tu propio bostezo
y olvidarte del índice de credibilidad
o los niveles de autorrealización,
pues nadie te está viendo,
los días son romos e inocuos
y ya no hay ningún nudo que desatar.

Producen los antidepresivos
un estado alterado de la mente
que consiste en pasar
y dejar pasar.

Producen los antidepresivos
un estado alterado de la mente
que consiste en quererse en cómodas cuotas
y a plazo fijo.

Producen los antidepresivos
un estado alterado de la mente
que consiste en consumirse sin complicación
como un pote de arroz chino para llevar.

 

Para que nunca amanezca

No quiero escuchar el gorjeo de los pájaros
y recordar al pájaro muerto
que me mostró mi niña
cuando estuvimos en el parque.

No quiero ver los titulares de mañana
o cualquier clase de horizonte
en donde la gente aparezca
pelando los dientes.

Considero al que sale sin hacer ruido
y deja abierta la puerta de su casa.

Porque somos actores de una comedia
con aires de aquelarre.

Porque a veces es difícil ver más allá
de este montículo de polvo.

O un casquillo solitario.
O el mechero encendido
para que nunca amanezca.

 

Luis Enrique Belmonte. Caracas, 1971. Poeta. Ha publicado los libros de poesía Cuando me da por caracol (1997), Cuerpo bajo lámpara (1998), Inútil registro (1999), Paso en falso (2004), Pasadizo. Poesía reunida 1994-2006 (2009) y Compañero paciente (2012). Textos suyos aparecen también en Una gravedad alegre. Antología de poesía hispanoamericana al siglo XXI (2007, compilado por Armando Romero), Cuerpo plural. Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea (2010, a cargo de Gustavo Guerrero) y Exilios. Poesía latinoamericana del siglo XX (2012, bajo el cuidado de Marina Gasparini). Ha obtenido distintos reconocimientos, el más reciente siendo el Premio de la VI bienal Mariano Picón Salas (2005). Su poesía ha sido traducida al inglés, alemán, portugués, hangul y árabe. Los textos publicados pertenecen al libro Compañero paciente (2012) publicado por la editorial Lugar Común. La fotografía utilizada en la imagen de cabecera fue remitida por el autor.

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