Contest

Trad. Stephani Rodríguez

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e l   c e r t a m e n

Langston Hughes

 

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«Siempre están organizando certámenes de belleza en todo Estados Unidos», dijo Simple. «¿Por qué nadie organiza un certamen de fealdad?»

«¡Un certamen de fealdad!», exclamé. «¿Para qué?»

«Por las mismas razones por las que la gente organiza certámenes de belleza… por diversión», dijo Simple. «Hay muchas mujeres feas en este mundo, sería divertido ver cuál gana.»

«La belleza está en la esencia», le recordé, «no en la apariencia.»

«¡Ah, no!» agregó Simple. «La belleza está en la apariencia, no puedes venir a decirme que una chica fea, por muy simpática que sea, se verá bonita, ni siquiera si se la pasa metida en la iglesia. Ella podrá parecer una santa pero jamás será bonita si su mamá no la trajo al mundo así.»

«El Señor nos creó a todos a su imagen y semejanza», dije.

«A mí no me engañes así», dijo Simple. «Si Dios es chueco, jorobado y dientón, ¡al diablo!, no me lo creo. Pero en cambio, algunas mujeres sí son todas esas cosas —y encima usan pantalones. Hay más mujeres feas en el mundo que bonitas. Así que, sería fácil organizar un Certamen de Fealdad cada fin de semana y al final del año habría una Eliminatoria para Las Jovencitas Más Feas de la Tierra. Apuesto a que quien sea que ganara ese Gran Premio, recibiría todo tipo de contratos en Hollywood, televisión, radio y películas… claro, y sin mencionar que se presentara una semana en el teatro Apolo.»

«La ganadora podría recibir todas esas cosas», dije, «pero a la pobre chica se le haría muy difícil encontrar un marido después de tanta propaganda ‹fea›.»

«Con todo el dinero que haría La Reina de las Feas, no podría sacudirse a los hombres de encima», dijo Simple. «El hecho es que, si yo fuera soltero y la mujer más fea del mundo ganara tanta plata, solo me casaría con ella para gastar algo de su fortuna. La fealdad está en la esencia y, si ella me trata bien, no me importaría su apariencia. Por ejemplo, si se lleva su fealdad al cielo, tras morir a su debido tiempo y me hereda su fortuna, mis recuerdos de ella serían hermosos. Ninguna mujer rica es demasiado fea como para conseguir marido, el dinero todo lo puede.»

«¡Dios libre a La Reina de las Feas de que tenga que pagarle a un hombre para que se case con ella!» dije. «¡Pobre chica! Eso sería un triunfo realmente vacío a pesar de todos sus premios y coronas… pero dime, el certamen de belleza tiene reglas, sabes, donde la belleza es juzgada —medidas de busto, cinturas, caderas, muslos, tono de piel y cabello— ¿qué reglas establecerías tú para juzgar un Certamen de Fealdad?»

«Los bustos: los más planos, las caderas: las más estrechas, las piernas: las más delgadas y el resto, venga como venga», dijo Simple. «También daría un premio por los pantalones más ajustados en los muslos más gordos, los tacones más altos en los pies más grandes y el cabello con más colores. Un cabello de simplemente dos colores o una peluca no llegarían a ninguna parte en mi certamen. Le daría un premio a la que tenga el cabello con una raya roja, una raya amarilla, una raya verde y una raya púrpura —y solamente entonces si también tuviese una cola de caballo teñida de naranja. ¡Ay, mi Reina de las Feas será un palo de escoba, te lo estoy advirtiendo! Ella luciría como la hija de King Kong cruzada con la sobrina de Frankenstein. De hecho, para ganar mi concurso tendría que ser tan fea como un murciélago.

«Pero le daría un gran premio, luego la pondría bajo contrato para todas las apariciones en escenario, televisión o en el Rockland. Cobraría una comisión de mil dólares al día a quien quiera contratarla por presentarse. ¡La Miss Fea del Universo!, si acaso alguna vez se subiera a una nave espacial, mataría al hombre de la luna de un susto antes de conocerlo. Miss Fea sería tan fea que estaría orgullosa de sí misma y, ​antes que ella, su madre estaría orgullosa como lo estaría su padre al enterarse de lo famosa que es su hija —retratada en anuncios que promocionan todos los cigarrillos con filtro, cantando en comerciales de cremas dentales y posando para empresas de cerveza.

«En serio, creo que haré ese certamen, conseguiré un auditorio para mil personas, contrataré a Count Basie y su orquesta, prepararé un desfile de fealdad en vez de uno de belleza, designaré como jueces a Nipsey Russell y Jackie Moms Mabley y amasaré una buena montaña de dinero. Encima, ese certamen me haría famoso, como ¡el único hombre en el mundo con suficiente valor para llamar fea a muchas mujeres! ‹Jesse B. Semple, ¡promotor del Certamen de Fealdad!› Y si consiguiera una mujer más fea que yo, le daría un premio especial, una jarra dorada de cerveza con mi foto grabada en ella, y un rótulo que diría:

¡Felicidades!
De mí
Para ti
Tu papi feo,

Jesse B. Semple».

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Langston Hughes. Joplin, Missouri, 1902 – Nueva York, 1967. Poeta, novelista, dramaturgo y columnista afroamericano nacido en los Estados Unidos. Uno de los primeros innovadores de la corriente del jazz poetry, es conocido principalmente por ser de los impulsores del movimiento Harlem Renaissance en Nueva York. Publicó en vida más de una docena de libros de poesía, entre los que destacan: The Weary Blues (1926), Let America Be America Again (1938) y Montage of a Dream Deferred (1951). Tradujo del castellano al inglés a Nicolás Guillén, Federico García Lorca y a Gabriela Mistral. Jesse B. Semple, también conocido como Simple, es un personaje humorístico que Langston creó y desarrolló en sus columnas del Chicago Defender y el New York Post. Simple pronto se volvería tan popular, verosímil y profundo, que ascendería a ser un personaje central en los relatos y obras de teatro de Langston.

Stephani Rodríguez. Táriba, Táchira, 1995. Poeta, estudiante de Idiomas Modernos mención Traducción en la Universidad de Los Andes. Ha publicado en Revista Insilio vol. II. Ganadora del primer certamen poético de la librería Rama Dorada, Mérida. Asimismo, recibió mención honorífica en el III concurso nacional de poesía joven Rafael Cadenas (Venezuela, 2018).

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