Cosmonauta

Enza García Arreaza

 

Todo cosmonauta es, en el fondo, un náufrago. Basta imaginarse ese espacio que la cobardía nos hace llamar exterior, esa vastedad que se resiste por igual a la mirada y a la imaginación. Y colocar en medio un cuerpo humano, cubierto por una segunda piel tan gruesa como engorrosa, respirando sólo por la gracia de un largo cordón umbilical. Este es el naufragio que nos ha dado Enza García Arreaza en Cosmonauta, hilándolo a través de poemas que son también postales enviadas desde una lejanía astronómica. La infancia contundente y palpable, la vida familiar con su corte de milagros menudos y horrores, la migración sin destino final, el amor repleto de peligros subterráneos: estos poemas nos hacen pasar crudamente por estas escenas, por estas viñetas, flotando, como quien se arriesga a transitar un lugar remoto, organizado por fuerzas que apenas comprendemos. Es decir, nos hacen repetir lo que García Arreaza ya ha hecho por su cuenta: arrojar su voz al espacio exterior, donde una vegetación feroz nos espera a todos, donde habitan los animales de ojos hondos y colmillos largos. Este es un libro que no teme atravesar magnetismos y gravedades extrañas, que se atreve a abandonar el ámbito de lo conocido. Y todos los que hemos abandonado el hogar somos, en el fondo, cosmonautas.

Adalber Salas Hernández

 

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1.

a veces cuento una historia porque
no puedo moverme.
Pero la verdad es que me gusta volver sobre
las cosas que me paralizan. El otro día leí
en Twitter unos versos de Auden: And ghosts
must do again / What gives them pain. Y
me reí. Además, uno siempre quiere sentirse
especial creyendo que tiene algo en común
con los poetas ingleses, lo cual no sé
si es amor literario o racismo endógeno.

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QUERIDO CARL GUSTAV:
Mi primer coqueteo con el parricidio aconteció una tarde calurosa, cuando papá
interrumpió un episodio de Sailor Moon, transmitido por Televen, para ordenarme que le
planchara una camisa.
¿Dónde estaba mamá? Oye, no sé, creo que por esa época asistía a terapia con un
psiquiatra que le sugería respirar en una bolsa.
También fue en aquel entonces cuando manifesté curiosidad por el idioma alemán y
supliqué inscribirme en algún curso.
Pero ambos ignoraron el llamado, es que en la tarde hay mucho tráfico, es que en realidad
no nos importa que quieras ser brillante. Papá y mamá no tenían más que un tiempo
esférico y nublado para odiarse y tener un sexo con asco, como si Pérez Jiménez estuviera
sentado en una esquina de la alcoba, donde alguien siempre tenía una crisis de nervios y
ganas de rezarle a san Miguel arcángel.
Ahora la gente se queja de padres helicópteros. Mientras tanto, yo sigo buscándoles
salvación a unos fósiles.

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CUANDO ERA NIÑA
temía una invasión alienígena
aullaba en secreto cada vez que pensaba
en la nave nodriza
y además quería cogerme
a Fox Mulder

quizás por eso al mismo tiempo
temía que llegaran los hombrecitos verdes cabezones
o mis abuelos muertos a castigarme
con fuego eterno
porque había descubierto
mi centro de gravedad entre labios mayores

qué infeliz era
dios mío
gordita y libidinosa
hija de pobres y taciturna
además creía que era muy bruta
y que jamás obtendría un empleo en el FBI

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EN NUESTROS DELIRIOS ROMÁNTICO-PARANOIDES
James y yo nos preguntamos
si su agente de la NSA
también se hará la paja con mis fotos
si pensará que soy otra narcomuñeca
llenándole la cabeza de musarañas
a un principito inocente del Midwest

después lloro
y James cierra los ojos
le hablo del hombre sin cabeza
que me sonríe cuando no tengo
más opción que respirar

tú crees que es amor
pero sólo es un viaje de medianoche
así dijo Brodsky
lo único que puedo citar de memoria

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2.

la mayoría de las historias que bosquejo
no llegan al papel o a la pantalla, se conforman
con transcurrir en esa licuadora ciclotímica que
es mi interior. Puedo jurar que he escrito varias
obras maestras en el autobús que me lleva
desde el supermercado hasta la casa, en esos
días raros en que no me asesinan o me roban,
pero se deshacen en algún olvido; sólo me
queda la certeza de haber sido otra persona,
de haber vivido un deleite envidiable en
silencio. Tal vez escribir no sea más que el falaz
eufemismo del aislamiento, incluso cuando
se está desesperado por atención

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ABRÍ UNA GAVETA Y ME ATACARON FOTOS VIEJAS. Mamá y papá posaban como si
una ola de magma los hubiera obligado a despertar. Yo tenía nueve años la primera vez
que contemplé un suicidio, en vista de que ya se hacía irrefutable que ninguna familia
acomodada vendría a reclamarme después de que un error en el hospital nos trajera hasta
aquí. Yo tenía nueve años la primera vez que quise planificar un titán y perseguir a unos
culpables.

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A VECES UNA MUJER SE DESPIERTA A LAS TRES DE LA MAÑANA y recuerda que
dicen que esa es la hora del diablo, pero no es el diablo lo que ante todo la inquieta, es la
duda, es no saber quién va a comprarle cigarros a mamá de ahora en adelante.

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UNA NIÑA JUGABA AL SEXO
con sus muñecas
a veces jalaba la ropita interior
entre sus labios
todavía desprovistos de pelambres
a ver qué se sentía

una niña jugaba al caballito
a que un tigre la secuestraba
y le abría los ojos
a que Blake era un pran y la calle
un amistoso desconcierto ensangrentado

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4.

pero hubo una época en que yo escribía
para nadie, no había reseñas, ni culitos
echándote los perros, ni ferias, ni bautizos en
Lugar Común, ni críticos rabiosos por Twitter,
ni jevas locas desesperadas por ser tus amigas.
Escribías en silencio, a secas, como cuando
vas en el autobús con una salsa clásica a toda
mecha. No tenías edad para coger o votar,
pero sabías dos o tres cosas importantes.
Sabías conjurar tu propia ausencia. Le ponías
seguro a la puerta para rayar un cuaderno y
tocarte aquella preciosa posesión genital,
todo eso para ver qué era cierto y qué no. Hay
algo penoso en soñar con el cuerpo despierto
y buscar la verdad. Es ausentarse de la
realidad, comprometerse con un fervor por
cierta nada formidable y presuntuosa. Es la
adrenalina de los aburridos que leen o de los
elegidos por Dios.

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SIEMPRE HAY UNA VIEJA
a punto de hacerme la vida imposible
quiere ser mi amiga mi consejera
quiere prepararme una sopa y darme nociones de bruja
quiere decirme que me cuide el dulce
y que no tome en serio a mi marido

quiere hacerme su hija honoraria
[por lo general esta clase de vieja tiene al menos
una hija
que no la soporta ni la llama]
y quiere que le deba todo un vestido una taza
una carta de recomendación y un unicornio

y es ahí
donde yo sólo pienso en ese dialecto pabloescobar
que aprendí en Netflix
ay pero no sea usted tan gonorrea
ni que fuera Wisława Szymborska
ni que la mismísima Emily Dickinson
hubiera saltado la verja que separa
la eternidad del chisme y hubiese reencarnado
en esa derrota
cazar muchachitas para odiarlas de cerca

plot twist: I am getting old too

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POR TARKOVSKI HAY QUE DIBUJAR UN CABALLO
y sentir vergüenza
naciste sin pelos y con exceso de cielo
y hay que tomar en cuenta que los abedules
se incendian como todo
y cada niño muerto será un peso en tus hombros
hay que leer un poema de nieve fastidiosa
pedirle a la sombra de la casa que nos devore
despacio que nos deje una ñinguita de voz
para la plegaria cuando venga la noche y el rito solo
de recoger amadísimos escombros de escarcha
aunque seamos trópico
porque malditos estamos y el temblor es santo habitual
por Tarkovski hay que volver sagradas las grietas

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6.

en una ocasión más lejana recordé otro
de mis primeros ejercicios narrativos, gracias
a que estaba con un novio. A él, de la nada
–y digo de la nada porque no era algo que
hubiésemos conversado antes– se le ocurrió
jugar, en medio de una faena amorosa, a que
me violaba. «Esa es tu fantasía, ¿verdad?
Que te den duro, que te agarren y te violen esa
cuca». Ni siquiera me enojé, bah. En realidad
sentí un poco de lástima porque él quería
parecer un chico malo pero no hizo mucho
más que el ridículo. Le seguí el juego, yo tenía
veinte años y estaba enamorada.
Lo importante, en todo caso, es que recordé
en un sopetón emocionado que años atrás
–cuando comprendí que vivía en un mundo
en el que podía ser violada– siempre recurría
a una ensoñación donde remediaba el peligro:
me imaginaba a mí misma como una samurái
o una Chuck Norris, y más tarde como Trinity
la de The Matrix. En mi mente no sólo escribía
que algún día tendría sexo sino que también le
haría mucho daño a quien se atreviera a pensar
que podía hacérmelo a mí. En mi imaginación
yo era valiente y estaba
a salvo, blandía espadas y repartía puñetazos
místicos. Tal vez la imaginación es el único
lugar donde estamos a salvo, aunque es bien
sabido que los libros también nos hieren.

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SI HICIERAS UN MAPA DE MI CUERPO
encontrarías rastros de aquel estallido
donde mueren dinosaurios
donde agonizan los seres que no me amaron

mira si es larga la fila de gente
que no daría la vida por ti
a diferencia de tu madre
que en realidad no tuvo más opción que abrirse de par en par
y escupirte
sobre el suelo y sus fósiles
como hacían las mujeres en 1987 cuando todavía
nadie exhibía sus trapos sucios
en forma de hashtags

de ahora en adelante seré teleológica
acotaré que todos estos poemas
hablan de ella
la muy insufrible que ni hablar bien sabe
seguro diría que este poema es cizañero
que mejor me siente y me sirva un pedazo de torta

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AYER SOÑÉ QUE HABÍA UN OSO EN MI CUARTO. Me gusta cuando sueño con
animales. Con suerte, si los toco, puedo despertarme con la sensación del pelaje. Yo sería
feliz si pudiera abrazar animales todo el tiempo. Hace rato dibujé una garza y me imaginé
que la sostenía entre mis brazos, con mucho cuidado de no lastimar su precioso cuello
infinito. Lo que más quiero en el mundo, además de ir a Estambul, es abrazar un zorro.
También me gustaría abrazar a Brodsky.
Brodsky estaba en el sueño. Era el oso.

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8.

lo único que he hecho desde que
recuerdo es hablar sola. Ese es mi fenómeno
paranormal. Es como rezar, al menos, para
decir que estas ruinas son mías. Sucede en las
mañanas cuando me consagro a buscar fuerzas
para levantarme y no desear estar muerta,
y entonces me concentro en lo que hace mi
corazón, desde bombear mi sangre hasta
hacerme arrepentir de algunas cosas que he
hecho. Tiburones villanos, violadores muertos
o penes en mi boca, todo eso se conecta por
la gracia de un diálogo entre los fragmentos
de mí misma.

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LA PANTALLA DICE QUE HAY
una puta limpia y bellísima esperándote
a sólo un clic de distancia

la pantalla dice que ese muchacho misterioso
necesita que vayas a entenderlo
y te arrodilles

la pantalla parpadea y el túnel carpiano
suma una venganza

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EL SUEÑO ES UNA FORMA DEL FUEGO
el ángel interroga por su origen
y se vuelve humano
el sueño tiene paredes con fotos viejas
y ventanas por donde vienen los murciélagos
el sueño que me diste
fue hijo del gigante y la gacela
el sueño tiene juguetes diabólicos
y vidrios muy limpios
estrellas veloces y caballos
de legendaria belleza
alineados el día de tu nacimiento
lobo tierno y feroz
ejercicio del vértigo
estábamos juntos
mirando cielos y monstruos distintos
pero el sueño nos dio sombra
como un árbol o una sospecha

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ESTUVE AHÍ CASI 24 HORAS.
Como llovió y no podía dormir, pasé la madrugada respondiendo preguntas a un malévolo
agente consular imaginario, al mismo tiempo que recordaba, en fervoroso desconcierto,
que yo también viví en Caracas.
[Inserte aquí canción de ranita y grillo con pólvora y zamuro].
Recordaba la vida alquilada, la promesa que intentaba ser, el odio, el fracaso, los malos
polvos* y los bellos ojos, los libros, el perfume, los adultos fallidos, los niños del maíz,
el solo puño y la gafa paridera, aquello que ya no existe, por suerte, pero que vuelve a
embrujarme, no tener real para ordenar lo que quisiera en Franca, la suegra que dijo que
yo era un mal partido para su muchacho tan bello y especial.
Caracas sin chivo y sin mecate, santa del perico y del cyber hediondo a peo, regia
como las doñas encopetadas que me volteaban los ojos en el supermercado cuando no
imaginábamos lo que era estar solos y sin gasolina.
Me gustaría visitar a la Enza de veinte años que vivía en Los Chaguaramos para dejarle
una manzana sobre las fotocopias de Hegel.

* Malos polvos y exnovios que me escribieron cuando publiqué esto en Facebook para determinar si
eran ellos los malos polvos.

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Enza García Arreaza. Puerto La Cruz, Venezuela, 1987. Narradora y poeta. Obtuvo el VII Premio Literario «Cuento Contigo: Nuevas Voces Literarias» de Casa de América de Madrid (Editorial Siruela, 2004). En 2007 resultó ganadora del V Concurso para Autores Inéditos, con el libro de cuentos «Cállate poco a poco» (Monte Ávila Editores, 2008). En 2009 recibió el III Premio Nacional Universitario de Literatura, convocado por la Comisión Permanente de Directores de Cultura de las universidades venezolanas, con el libro de relatos «El bosque de los abedules» (Equinoccio, 2010 / Sudaquia, 2016). Es asimismo autora del libro de cuentos «Plegarias para un zorro» (bid&co, 2012 / Paraíso Perdido, 2019), y del poemario «El animal intacto» (Ediciones Isla de Libros, 2015). En 2017 participó como escritora residente en el International Writing Program de la Universidad de Iowa y como invitada de la organización City of Asylum en Pittsburgh. Entre 2018 y 2020 fue residente del International Writers Project de la Universidad de Brown.

La imagen que ilustra este post fue realizada por la artista venezolana Dayana Maldonado

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