Cristina Gálvez Martos

 

Inéditos

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Tierra (II)

Manos labran sobre las alturas de los montes y descubren el vegetal límpido
como puñal, la recién nacida flor.

Se traduce a un lenguaje táctil.
Cuna que se abre para dejar entrar, mar de sustancias leves y puras,
……….fauna molecular del secreto
pica el ave y mana leche, lava de oro.

Eres también firme: el mamífero impone su paso,
huesos y éxodos lubrican los ejes del destino.

Entre lo que brota y lo que se derrumba, el todo es un duelo permanente.
Nos aflige el mismo olvido.

……….Caravana de seres
……….espíritus carnales, volveremos expandidos.

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Invocación de los árboles

Cuando era niña, anotaba los nombres de los árboles, con letra irregular, sobre las
páginas de un cuaderno.

Si mamá tenía gripe,  la curaba con patrones de piedras y de hojas, mientras musitaba el lenguaje de un ser supremo.

Un día quise usar un pentáculo, una vara mágica, velas, agua y círculos de sal. Supe de
plantas y animales de cualidad fría o caliente, regidos por Venus o por Marte; por
Saturno o por Urano. Años después, un hombre nos contó: no necesitamos
intermediarios para hablar con cada vida, por minúscula, muda o colosal.

He ido siguiendo una estrella. Aparece a cierta hora de la tarde, cuando la luna es un
pequeño hilo, una semilla, indicio de lo que crece.

Me especializo en ritualismo, inventario correspondencias, escucho la música de los
cuerpos. Trazaré las líneas delicadas de la memoria. Recordaré los nombres de los
árboles para invocarlos.

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Laguna (II)

No des un hijo a esta tierra de plaga. Está como una concha y ella es el arrullo.
Este salmo será largo, estos pasos diminutos serán naciones.
Vamos esparciendo dolor como sahumerio:
es nuestra encarnación de dioses mendigos, dioses fantasmas.
Este capítulo nadie lo olvidará.

Mi voz no será detenida.
Vendrán inundaciones, no lo callo. El río busca su cauce aunque invisible.
No desaparezco. Retorno viva.

Ella está como concha, ella es anillo, debes confiar en lo que se cierra.
Déjala, aunque parezca que no vuelve.

No bebas el sorbo que lo calma, no es tiempo de calma. La inundación está viniendo.
Volverá nuestra laguna, viviremos después del gran trabajo.

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Cristina Gálvez Martos. Caracas, Venezuela, 1987. Poeta, traductora y escritora. Ha publicado Psicopompa (Premio de Autores Inéditos, Monte Ávila, 2013) y Bicorne (Mención honorífica en el VI Concurso Nacional de Poesía, 2015). Sus textos han sido parte de diversas antologías editadas en Latinoamérica, Italia y Reino Unido. Se ha desempeñado dictando talleres literarios. Desde 2015 reside en Uruguay, donde realizó estudios en Gestión Cultural.

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