Cuaderno de otra parte

Santiago Acosta

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Lo mejor está por venir

 

1.

Algunas noches he estado loco, amor,
pero nunca he estado tan loco como esa noche
al salir de El Rio.

………Algo oscuro me llenaba el corazón,
algo tembloroso y cubierto de escamas, como el primer
síntoma de una condición heredada.

Apenas recuerdo fragmentos de las cosas que dije
mientras bajábamos por Mission St.:

Mi semen no es veneno. Mi semen es la ingle de la tierra, la línea
donde se pliega el espacio. Pueden confiar en él,
……………………………pero está bien si tienen miedo, de eso se trata.
Escuchen mi voz y les mostraré un pedazo de historia.

Dije cosas preciosas. Lo dije todo,
lo canté a gritos, como un ganso con los ojos fríos.

Luego me quise ir de nuevo, mi frente vibraba.
Ya sabía que era demasiado tarde,
pero tuve que detenerme para mirarte y decirte:
………………«El sol nos convertirá en polvo, amor,
debemos tener hijos pronto».

Una pelambre espesa me cubría el hígado.

En ese momento
mis amigos se acercaron para decirme:
«Tranquilo, hermano», y yo bajé la cabeza y seguí caminando.

……..Todos están de paso, tarde o temprano
dejarán esta ciudad. Yo les debo la vida pero solo les he traído
problemas. En sus voces escucho cosas que jamás diré.

Sus labios me gritan: «Soledad, tu única esperanza».

Mis amigos, nadie puede con ellos.

Mis amigos.

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2.

…………………….No sé, Viejo, aquí la gente es extraña.
Nadie entiende a nadie, somos como
ángeles consumidos por el hastío y la pobreza.

Tú sabes que yo era un tipo tranquilo,
que no me dejaba seducir por el futuro.
Ahora prefiero no hablar de eso.

No he dejado de vagar de una ciudad a otra, siempre
hambriento y aterrado. Atravieso callejones
y siento que me muevo bajo una piel callosa.

……………………..No sabes lo lejos que estoy de todo,
todo el tiempo, en cualquier parte.
Mis labios están lejos, siempre estoy lejos.

No sabes cuánta mierda he sido capaz de aguantar.
He combatido perros, he combatido el frío en los trenes,
he combatido venados. Los venados son temibles,
les cuelga una lengua flácida y blanca
y orinan las paradas de autobús cuando se pasean de madrugada.
………………………………La luz de los carros los ilumina,
la bahía los ilumina, yo los ilumino cuando
aparecen de pronto, detrás de los contenedores de basura.

Este mundo es una puta enferma.

Hay peces muertos en las aceras, pieles de antílope,
manchas de gasolina. Hay mujeres —eso sí— para toda la vida,
pero siempre bajo la sombra de palmeras decapitadas.

……………..No sé, Viejo. Tienes que venir a ver esto.

Deberías venir tú mismo a ver todo esto.

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3.

California, nos has hecho rabiar de placer.
………………Nos regalaste el paraíso de las compras a crédito,
los cubículos de Silicon Valley a $15 la hora,
los picnics temerosos de la neblina
en lo más alto de Dolores Park
y el litro de vino a $3,99 en los largos y luminosos
pasillos de Safeway a las dos de la madrugada.

Nos diste el centro cálido de una paz doméstica.

………Todo esto es verdad —y se agradece— pero hoy
hablo desde el corazón, hoy mi vientre está borracho y habla.
Pudiera decirlo todo esta noche porque hoy hablo desde el hígado.

Ah, mi corazón no tiene arreglo.

Hoy hablo por ustedes.

Lo mejor está por venir, créanlo. Estaremos bien.
……………….Yo creo en la gloria.
Soy el nieto de la sangre, soy la hermana del hierro,
soy diamantes.
……….Yo soy el fruto verde de la barbarie.

California, voy a soñar
con tus gaviotas grises y criminales.

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4.

(Colocar cuidadosamente Torres de Sutro por todo el planeta).

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5.

«Piensa con el pensamiento, pues, huevón», me decía Harold
por décima vez aquella noche, mientras nos tomábamos
la sexta cerveza en el patio trasero de El Rio.

Esa noche no esperábamos nada,
no íbamos a ninguna parte.
……………..Se podía escuchar a través de las rendijas
el ruido de una ciudad igual a cualquier otra.

Hablábamos de plantas amargas, de ciertos tipos de cactus
y flores tóxicas. Aprendimos que ambos
sufríamos de los mismos lenguajes
que hervían en nuestros ojos durante las noches de insomnio.

Lo real nos hacía dudar.

¿Quién dice que no nos odiaremos mañana?
¿Quién dice que no nos mataremos a golpes en cualquier momento?

«Piensa con el pensamiento, pues, Santi».

Después nos fuimos a buscar el último bar,
caminando bajo los elevados de concreto,
haciendo planes para reencontrarnos dentro de unos años
en esta misma fecha,
en ese mismo bar,
sabiendo que ninguno cumpliría la promesa.

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6.

El pasado es un error, un territorio continuo de errores.
El presente es nuestro país pero nuestro reino
es el futuro.

Seamos buenos. Permanezcamos juntos, hoy, todos los días.

Estaremos bien, pero tendremos que
ahogarnos allá afuera, soportarlo todo,
………aullándole al viento bajo la nieve de las pesadillas.

Cada noche pienso en todo esto.

Y que somos inocentes. Extraños, pero inocentes.

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Imagina un asno grande

 

1.

………………Hermano, por favor,
imagina un asno grande, deslumbrado por un suelo sagrado.
Un asno de oro, al trote,
acercándose a comer de nuestra mano un sueño dulce
—parecido a un pequeño tubérculo amarillo—
que cruje sonoramente al fondo de su mandíbula.

Imagínalo. Piensa que lo tienes a la distancia de un brazo.

……………..¿Por qué quieres volver a tu tierra santa, asno?
¿A qué le temes?, ¿a quién? No huyas.
En esa isla estarás solo. Allá
nunca ha ocurrido nada, solo el horror y el vacío.

Es miedo, asno cabrón, es puro miedo.

De este lado, en cambio, sí ocurren cosas.
Hay estelas de fuego cruzando el cielo nocturno,
iluminando los grandes anuncios de vodka
que cubren las fachadas de los edificios. En esos anuncios
estoy yo y estás tú.

Aquí sí pasan cosas, burro. Bebemos y bebemos
el negro ron de la madrugada. Nos ponemos eléctricos,
insultamos a la muerte. La muerte es
un maestro de Delaware, su ojo es verde.
Y nosotros bebemos y bebemos el negro ron del amanecer.

………Demasiadas veces hemos comenzado desde cero,
dejando todo atrás, tranquilamente.

Es miedo, asno-cabra. ¿Regresar a esa isla desierta?, ¿para qué?
No te engañes: el futuro nunca fue más que un paso en falso.
Ya lo sabíamos.

………Te lo aseguro: de este lado la nostalgia es imposible,
porque aquí hemos abandonado ya toda esperanza,
y la nostalgia —se sabe— es la hija deforme de la esperanza.

Quédate, asno. Las cosas pasan por algo. La vida
pasa por algo.

Vamos a caminar, vamos a beber.
Dentro de unos meses nos reiremos de todo esto.

Cómo nos vamos a reír de todo esto.

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2.

………………Después de todo aquí seguimos, Hermano,
tomando un poco de ron en esta playa gris.
Ya se han ido los turistas y solo queda el rumor
de la autopista cercana, el graznido hambriento de los cuervos
y la luz anaranjada de los restaurantes
cayendo suavemente sobre las aceras.

Esto es, así vivimos.

De vez en cuando, si logramos reunir algo de dinero,
escapamos de la ciudad por un fin de semana
en busca de desfiladeros amplios y desolados,
parecidos a fondos de pantalla que cobraran vida a nuestro paso.

………………Carreteras llenas de hordas nómadas
haciendo escándalo por los caminos.

………………………Despertamos tarde, recordando apenas
tres tazas del bourbon más barato de Kentucky
y un nombre de mujer que nos pareció vagamente azteca.

Monterey huele a pescado muerto
y la única librería de Half Moon Bay está abarrotada de
manuales de jardinería, novelas de Danielle Steel
y libros sobre Half Moon Bay.

No hay revelaciones, no hay arbustos quemándose
ante nosotros en estos viejos hoteles
llenos de viajeros solitarios que meditan a la orilla de los ríos
y de estudiantes pobres que pagan con cupones de descuento
y se roban los libros que adornan las estanterías.

Está bien, al menos ya nada es como antes.

…………….De jóvenes perdíamos el tiempo como bestias.
Pensábamos demasiado, nos hundíamos en el pantano de las palabras
para salir apestados de incertidumbre,
una y otra vez, incansablemente.

………………..¿Cómo soportábamos tanto ruido?
Siempre atrapados en peleas, siempre
rebuznando en las calles.

……………….Mira todos esos asnos grises, corpulentos.
Con qué seriedad han invadido el desierto de la península.

Se atraviesan en el camino con una elegancia indiferente, de asnos.
Relucientes, gordos, tristes.

De vez en cuando se ve uno derrumbado al borde de la carretera,
con la barriga abierta, las tripas expuestas al sol.

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3.

¿Quién podrá decir si están bien los sueños que comemos?

¿De quién es la mano que nos los acerca a la boca?

¿Alguien podría decirlo?

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4.

Solo en el recuerdo es tolerable la patria
o si la vemos desde lejos, como a través
de un pesado vidrio que salvaguarde la distancia.
……………………..Solo entonces se hace legible
y toma cuerpo en forma de pequeños rectángulos
transportables como tarjetas postales
o pequeños souvenirs de aeropuerto.

¿Qué es, finalmente, lo que dejamos atrás?
¿De qué nos salvamos?
¿Cuáles eran las palabras que nunca debíamos olvidar?

Los años, ya lo ven, nos han enseñado poco.

Hasta ahora solo hemos aprendido a callarnos cada vez más,
rumiando muy hacia dentro unas pocas certezas:

El cielo, por fin, nos ha olvidado.

La saciedad nos separa, el hambre nos une.

La verdad podrá salvarnos pero jamás nos hará libres.

No vivimos de una tierra sino de su deseo,
no queremos un territorio sino su alucinación.

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5.

¿Dónde estás, asno grande, asno cabrón?

¿Adónde te fuiste,
asno trasegado, asno-túnel, asno-pixel?

¿Desde qué lugar nos observas?
¿Con qué ciudades sueñas ahora?

Ven acá, burro, ven por tu ramita de pasto mugriento,
toma tu pedacito de yuca podrida,
tu cubito de ocumo crudo.
Vamos a dormir, vamos a llorar un poco.

Todo lo que queremos, eso no llegará nunca.

Así recordaremos estos años:
carreteras sin nombre atravesando un desierto lujurioso,
………………y bares llenos de gente, cantidades industriales de gente.
Ángeles insolentes, trágicos, desmayándose sobre los urinarios,
bañándose en las calles inundadas,
mendigando unas monedas a las puertas de las universidades,
celebrando por igual la gloria y el desaliento.

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Poetas (A Venezuelan Psycho)

 

Tengo treinta y tres años y ya he alcanzado todo lo que quiero. Lo que no he alcanzado nunca lo quise.

Soy emprendedor, soy ambicioso. Nunca dejo pasar una oportunidad.

Me levanto temprano todas las mañanas. Siempre sé exactamente dónde estoy y hacia dónde me dirijo.

Soy útil.

Sé cuánto dinero tengo en el banco, nunca pierdo la cuenta. Llevo un registro de todas las conversaciones electrónicas que he tenido con mis amantes.

Soy talentoso y original. Lo sé porque me invitan a conferencias donde mis intervenciones siempre son polémicas.

Todas las mujeres que me conocen me han amado. Los animales también.

Me encanta ir a todas partes con mi chaqueta de cuero negra.
Me gusta hacerlas rabiar de deseo
con el olor de mi chaqueta negra.

Limpio mis botas con un cepillo de pelos de jabalí. Es verdad.

Soy tolerante. No soy perezoso.

Jamás me enfermo, tengo una salud de hierro.

Soy encantador, soy un galán. Siempre causo sensación donde voy.

Soy el más duro, nadie puede conmigo.

Me afeito solo una vez a la semana para tener siempre una barba tenue, muy sensual. Los días en que me afeito no salgo de casa para que nadie me vea sin esa sombra de misterio en el rostro.

En general intento no salir a la calle para no perder este aroma de animal encerrado, que dice claramente: «No me interesa el mundo de afuera, yo soy pura profundidad,
un pozo sin fondo».

Me aburre la gente interesante. No me importan, no los amo.

……….Mis amigos, en cambio, son gente de primera. Me invitan a pasar los fines de semana en grandes casas a la orilla del mar, frente a playas aisladas y solitarias, muy al norte de Nueva York.

He pasado veranos enteros en lugares como esos.

En los días más calientes abro las ventanas y dejo que entren las moscas. Me gusta dar
espacio a esos seres minúsculos, que le dan vida a la casa
con su forma mugrienta de posarse en los restos del desayuno
o sobre la espuma que se fermenta en el borde de la licuadora.

A veces me encargo de cuidar algún perro, regarle las plantas al vecino
o recibir a inquilinos pasajeros con una sonrisa
y un manojo de llaves en la mano.

Así somos los poetas, los de verdad, los de buen corazón.

En invierno la nieve sucia acumulada en las aceras me recuerda lo difícil que es hablar, lo lejos que están todas las palabras.

Puedo escribir dos libros en seis meses, cinco libros en un año. Pero no puedo decir que me interese la poesía.

La poesía es el género más pobre que existe.

Los poemas que escriba a partir de ahora parecerán bichos celestes,
como las escolopendras de Aimé Césaire,
y serán ruidosos y viriles, como un Mustang de 1968
rugiendo su milagro en el aire vibrátil del infierno.

Quiero conocer al superpoeta del mañana, feroz y célebre
como un virus.

……………..Yo he olido la mugre concentrada en las habitaciones de todos los viejos desquiciados que componen nuestro canon.

Fui besado en las manos por la viuda de un poeta que acabó sus días encerrado en un
manicomio. Me decía: «Gracias, gracias», mientras me enterraba en la carne sus anillos
dorados, contagiándome del azufre de su perfume.

Una poeta que casi muere por culpa de su psiquiatra me regaló la mitad de su biblioteca. Metía uno por uno en una bolsa los pocos tomos que habían sobrevivido a una reciente inundación. Mientras tanto su perra, hambrienta, me lamía las manos.

……………..Estuve sentado en la silla de ruedas de un poeta que murió mudo y
deslumbrado. Nunca lo conocí, pero pude dar un par de vueltas en su silla póstuma,
manchándome las manos de un polvo negro y denso que aún recuerdo.

Todos los poetas han terminado muy mal, todos han muerto de la misma hambre atroz.

Yo tengo treinta y tres años y ya lo he conseguido todo en la vida,
ya estoy donde quería.

………Tengo treinta y tres años y todos los poetas yacen, congelados,
detrás de una lámina de hierro negro como la sangre.

Paul Celan está muerto.

Gregory Corso está muerto.

Bob Kaufman, Peter Orlovsky y Jack Spicer están muertos.

Bob Dylan, Leonard Cohen, muertos.

Antonio Cisneros está muerto.

Antonio Gamoneda está muerto.

Manuel Vilas está muerto.

Rita Valdivia está muerta.

Emira Rodríguez está muerta.

Igor Barreto está muerto.

Juan Sánchez Peláez, Rafael Cadenas, José Barroeta, todos han muerto.

Tengo treinta y tres años
y todos los poetas tienen muy mala estrella.

Tengo treinta y tres años y todos los poetas
yacen muertos, muertos, muertos, muertos,
al fin y para siempre muertos,
detrás de una lámina de papel tan blanco como la sangre.

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Santiago Acosta. 
San Francisco, EE UU, 1983. Es autor de Cuaderno de otra parte (Libros del Fuego, 2018), Mañana vendrán las piedras (Archivo de Fotografía Urbana, 2018), realizado en colaboración con el fotógrafo Efraín Vivas, y del poemario Detrás de los erizos (ganador del V Concurso para Obras de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores, 2007). En Caracas fue fundador, junto a Willy McKey, de la revista de poesía El Salmón (Premio Nacional del Libro, 2010). Vive en Nueva York, donde cursa el doctorado en Culturas Latinoamericanas e Ibéricas de Columbia University. La selección de los textos acá publicados fue realizada por Jesús Montoya, miembro de nuestro consejo de redacción.

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