Cuando fuimos punks —soundtrack kaníbal—

Agustín Guambo

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Agustín Guambo, en su más reciente libro/soundtrack logra alcanzar lo beat-andino con la pureza whitmaniana que le falta a Mario Santiago Papasquiaro. Partiendo de una alquimia de lo decadente y la furia última de los sueños, va acumulando en una geometría alucinante la juventud masacrada por la civilización con heroísmo y sin traición. «El delirio es nuestro pastor, Gary», confiesa en la orilla frágil con coraje a Gary Snyder, maestro salvaje del budismo y del posthumanismo, en uno de los poemas más conmovedores de la muestra; ya que revela el fondo último de la intemperie, donde brota puro el anarquismo zen que agoniza, pero termina venciendo por el riesgo de una apuesta solitaria. En Cuando fuimos punks –soundtrack kaníbal– destaca la sinceridad abierta por el camino que es demarcado por esta apuesta, padecimiento convertido en ternura a pesar de la tristeza que carcome cada verso, pero lo eleva a una paz en la rebelión por el mismo espíritu de la poesía.

Daniel Arella

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Fragmento de una plegaria para Gary Snyder

¡Oh! Gary Snyder que tu corazón nos acaricie
en noches bulbosas
cuando recorremos carreteras amplias y abandonadas
canturreando ebrios viejas baladas anarkistas
buscando amor y silencio
…………………con el espíritu torpe y lleno por la poesía

unta, Gary, con tus manos
nuestros cuerpos
santifica nuestra sangre con tus cantos

¡Oh! Gary estamos tristes entre los edificios

Ya no leemos a Bashō
Ni escuchamos a Dylan
tememos a la policía un poco más cada noche
y los animales hace rato que desconfían de nuestras manos

¡Oh! Gary estamos tristes y desesperados entre los edificios
Carcomidos por las neurosis
Plagados por la codicia y sus encajes
Sintiendo con vergüenza una lluvia desgastada e inmóvil

Gary hemos fracasado nuevamente
Los sueños han envejecido
Las nubes
Las aves
El frío
El sexo
Todo ha envejecido

el delirio es nuestro pastor Gary
¿qué estrellas nos pertenecen en este siglo?

Con miles de flores de nieve
creciendo ligeras en nuestros corazones
Vagamos furiosos tratando de escuchar
el llamado de las montañas Gary…

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Cuando fuimos punks

 

 

«Esto es el fin. Que alguien venga y nos mire temblar»
::
Yuliana Ortiz Ruano
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«Vi un país desnudo
miradas y trincheras
Un desierto oculto
en cada ser en cada primavera»
::
Después de la tormenta –Domo–

 

 

Verano del 99

La ciudad agitándose amargamente bajo un sol manchado
Sobre el horizonte cuerpos mestizos quebrándose igual que estrellas negras
entre la sed de las aves averiguamos muy pronto
que Nada había debajo de las sombras de nuestros padres,
solo llanto y hambre
¿De quién eran los pedazos de carne que caían de nuestras manos por la noche?
¿De quién el llanto que conteníamos entre estos aindiados vientres?
¿De quién los párpados brunos que, día a día, se hundían igual que esclavos viejos,
devastados y en silencio, sobre el smog y el caos?
Nuestros pies danzaban salvajes negándose a morir sin antes haber
delirado o al menos herido, un poco, el pecho de la miseria

He aquí las mariposas blancas de nuestra memoria alimentándose de las cicatrices de úteros
……………………………..de madres indiasmestizas urbanas
…..He aquí el dolor de la vida cercenando con vergüenza la carne después de nueve meses

:

La luz de nuestra sangre poco a poco se seca
y hoy hay sed de vejez en nuestros cuerpos
hay sed amor en nuestros cuerpos

 

ahora recordamos cuando nuestros corazones corrían libres
por sobre la hierba brillando como la primavera sobre los lomos de las bestias

Verano del 99.

a ti te saludo hermanx,
quien quiera que seas, donde quiera que estés,
a ti que sueñas entre ciudades paralizadas por el capitalismo y el frío,
a ti que caminas con las manos doloridas y secas,
a ti hermano y hermana
que no tienes cómo pagar tu alquiler cada fin de mes,
que te cuesta conseguir empleo y vagas por las calles
mientras el hambre recorre tu casa, tu barrio, tu sangre, tus hijos
a ti que vives en ciudades donde la lluvia escasea
ciudades donde todo es un perpetuo exilio a la amargura
donde nada crece sin dolor y donde nadie huye por miedo al silencio

a ti también te saludo
país de la infancia, país del naufragio

donde nada detiene el transcurso del tiempo que todo lo mutila
a ti también te beso con la inocencia del fuego quemando en mis labios

Verano del 99.

Conservábamos pequeños fragmentos de amor regados en habitaciones redondas
donde nos desnudábamos suplicantes,
para un cuerpo o para otro,
esperando encontrar
entre su carne curtida el aroma de la vida

país de la infancia, país del naufragio

te recuerdo en aquel verano del 99
cuando comenzamos a crecer,
en silencio, abofeteados por la pobreza
humillados por la melancolía

:

c.a.n.t.a.n.d.o.s.a.l.m.o.s.p.u.n.k.s…..p.a.r.a.n.u.e.s.t.r.o.s…..d.i.o.s.e.s.p.u.n.k.s
:
padrepunkqueestásenelpogo, santificadaseatucresta, vengaanosotrostuiraymelancolía,
:
hágasemierdalavidaylamuerte,
:
asícomonosotrosnoshacemosmierdaentudulceabandono,notengasmiedodedarnoselpannues
:
t.r.o.d.e.c.a.d.a.d.í.a.;….d.i.o.s.P.u.n.k.,….e.s.o.s.í.,….n.u.n.c.a.p.e.r.d.o.n.e.s.a.l.o.s.q.u.e.n.o.s
:
o…………..l…………..v…………..i…………..d…………..a…………..r…………..o…………..n

 

país de la infancia país del naufragio

 

donde las cometas, dios, dejaron de importar hace ya tanto tiempo
mientras el cielo se llenaba de aves sucias y ciegas que
se cagaban sobre nuestras plegarias a ti te saludo
nuestro triste-cordero-mestizo

a ti que nunca te importamos, a ti que tan solo nos diste pesadillas famélicas
y esta infancia que como un hueso sobre un quemado horizonte se va secando

a ti que nos diste amigos narcotizados y magníficos
pero que murieron apenas pudieron hacerlo,
llenos de polución y coca en sus venas,

a ustedes los saludo y beso, hermanos y hermanas proletarios,
con la amargura de las flores arrancadas que se marchitan en los hogares burgueses

Verano del 99.

en las noches nos reuníamos igual que una triste camada de enfermos
a atizar el fuego de nuestros corazones
con canciones de otros vagabundos con talento
(o punks alegres como les llamaba asdrúwal
a muchos otros que ardían con fe de niños en las calles)
lejos muy lejos de los edificios caros y sus luces de neón caras
lejos de la modernidad y su brillante embuste
tan lejos que nadie pueda escuchar el quebrarse de nuestra sangre

tan lejos donde nadie perciba nuestros cuerpos balancearse amputados
por una cuerda en el cuello

lugares donde se alzan al aire libre casas empobrecidas
semejantes a mastodontes famélicos, casas donde las azoteas
están llenas de perros desolados por la desnutrición,
casas donde nadie sabe que sus rostros avergüenzan al mundo
que su cópula avergüenza al mundo

casas creadas con paredes más frágiles que sus propios sueños

barrios marginales del mundo a ustedes también los saludo, abrazo y beso

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verano del 99

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poco a poco conocimos las drogas y sus rituales

en los parques de la ciudad en las cantinas de la ciudad
en las azoteas de la ciudad en los hogares pobres y ricos de la ciudad
ésta se presentaba sensual y delicada
y cada vez que consumíamos
nuestra mente igual que un globo llenándose de agua y harina
se iba deformando

profesábamos que cada pinchazo era el mar bramando
solitariamente contra las rocas de nuestra piel
cada jalada hit yegua pase grillo bareto nos hacía sentir menos parias
más tristes, sí, pero menos crueles con nuestros padres y sus pesadillas

cuando comenzamos a consumir con otros amigos
juntábamos el poco dinero que les podíamos robar a nuestros padres,

¡pobres robando pobres!
y comprábamos la dosis,
¡pobres drogando pobres!

país de la infancia país del naufragio

quemamos nuestras mentes, muchos años, bajo una desgastada lluvia,
en noches ancestrales que duraron mil años,
entre la lobreguez de pequeñas y apolilladas lunas

en una ciudad andina desgarrada y envejecida
por la prisa el dinero y el hambre
a ti también te saludo
riquezas ficticias
edenes privados
casas de placer
testaferros de la carne y el hambre continentales señores de la miseria

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verano del 99.
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incendiamos todo nuestro futuro sin miedo,

ya que no se le puede tener miedo a lo que no existe decía marco,
nosotros somos la mierda de la mierda,
y alzamos el volumen de la radio para que nadie escuche nuestro abandono
nuestra miseria nuestro dolor

éramos jóvenes y ya olíamos a fracaso decía juanma,
con él supimos que la prudencia y el amor nunca van de la mano,
y que a veces el amor no es dios cosechando trigo y cebada en nuestros vientres,
sino tan solo un tronco verde en el corazón que no sirve para la hoguera
menos para las polillas

Nadie nos dijo, ese verano del 99,
que todo estaba triste y confundido como nosotros en el mundo y que
nada nos quedaba más que alimentar la hoguera
con los cuerpos de nuestrxs amigxs y hermanxs

país de la infancia, país del naufragio

notábamos en esos años como iban murieron nuestros héroes,
¡nuestros más grandiosos héroes!
apretados por el sigilo de la luz, contagiados por los desbocados espejismos de las aves,
llenos de esperanza y cubiertos de sal y miel
y los saludamos, ahora, con un beso en su suave boca
en este otoño milenario y azul…

y a ti también te abrazo, saludo y beso
jhermanos y hermanas que viven en las calles,
sucixs y desprolijxs

Niñxs de la posguerra abatidos e incendiados por el sida y el amor

hombres y mujeres tirados en las avenidas del mundo
que gritan su ancestral y salvaje ternura
que se ponen en peligro con el rostro lúcido y sonriente hacia la muerte
con el corazón desierto y estrujado, igual que
un cáncer salino que nadie quiere curar
en este país de la infancia,
país del naufragio…

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Hemos sembrado uvas en el valle este verano

recostado, en este fugaz domingo, sobre una playa
donde unos niños corretean a las olas con fe y delirio,
pienso en mi padre y en ese verano
cuando sembramos uvas en el valle
y mi piel se curtió con el canto de las luciérnagas
y mis manos crecieron entre los callos y las espinas
-el trabajo ennoblece la carne sin duda-
y el cálido olor de la tierra bendijo mi descanso
Vuela -yo escucho su canto-
roza el universo
besa a tu madre
santifica la mujer que te abraza enfermo
suelta la mano del amigo vulgar

vuela
-somos más breves que el rocío-

esa es ley de vida decía mi padre
en ese tranquilo verano cuando,
descansando bajo aquel árbol
que él plantó hace ya tantos años,
nos abrazamos, breves y borrachos,
tal como esas olas que, ahora, quiebran
los cuerpos de aquellos niños de la playa.

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Agustín Guambo. Quito, Ecuador, 1985. Poeta. Director del proyecto editorial Murcielagario kartonera y del Festival Internacional de Poesía de Quito Kaníbal Urbano. Su libro Ceniza de rinoceronte obtuvo el Premio Hispanoamericano de Poesía Rubén Bonifaz Nuño (México, 2014). Cuando fuimos punks es su libro de poesía más reciente.

La imagen que ilustra este post fue realizada por la artista venezolana Valentina Aguirre
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