Denise O’Hagan

María Del Castillo Sucerquia

Ð

 

i. Una mancha como el mapa de Italia

cuando menos lo espero
en una fila o estancada en los semáforos
los dedos del pasado hurgan los recuerdos
aflojan las costras de mi memoria:
es irresistible

un pequeño empujón y
el presente se desmorona

vuelvo a tomar la mano de mi madre por
el atajo de adoquines en la calle lateral
atenuada por el paso de los siglos
donde vivía su modista

o, en retroceso, aparece el chillón papel tapiz
de una habitación alquilada en la casa
para estudiantes extranjeros
con remolinos, espirales en verde y crema
y una mancha como el mapa de Italia
que enciende mi nostalgia

o haciéndole una mueca
a la vena pronunciada en la sien de
mi elegante padre que, una vez más
intenta subir los escalones inclinados de
San Canice para ver a su nieto, tocayo de
su padre, en la ceremonia de bautismo

los hitos de nuestras vidas
(relatadas con exquisitez, fotografiadas
o documentas en variadas formas)
están enmarcados por tales detalles
y nos damos cuenta más tarde

cuando emergen con ímpetu
desde las trastiendas de la memoria
donde, ancladas por años
permanecían dormidas en espera
de un momento como este

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ii. Temblores

estaba en Lima cuando los
temblores llegaron

el instinto lo advirtió
en pijama, en las alas
extendidas del águila
desde el marco de la puerta
de un hotel, se inclinaba
el mundo

sillas y mesas vibraban
en el suelo, la lámpara
se rompió y torció

ante mi boca seca
un vaso de agua colisionó
en el piso cubierto de basura
sus fragmentos se acumulaban
en gritos de numerosas cuerdas
hendidas por el grito de un niño:
el tañido del miedo

noté que contenía la respiración
que, en la cúspide del caos
los temblores cesaron

los muebles volvieron a la calma
el pasillo resonaba en gemidos
de lo que pudo ser

percibí un temblor lento
una moneda que giraba en
el aire pálido: reverberaciones
de otra especie

en una habitación remota
un receptor hizo clic
me subí los calcetines grises
de la escuela, se escapaba
mi aliento, mi mundo se doblaba

rocé el confín de las posibilidades
la mortalidad de mi padre

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iii. Antes de la fiesta

dejó de llover cuando llegamos

la carretera, lamida por
las silenciosas bofetadas
de los innumerables neumáticos
brillaba ensombrecida bajo
las farolas, cual regaliz húmedo

tomamos asiento, la niebla descendía
tejía telarañas en los árboles y setos

el giro plata de una hoja
en el aire empapado

las carpas de los cables de telégrafo

llevaban gotas de agua, su brillo
de hadas se iluminaba por la luna

qué privilegio contemplar
aquella escena tan embriagante

notamos (cuando las puertas
del auto se cerraron de golpe y
la grava crujió)
que el motivo del viaje
habría sido olvidado

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iv. Lo que fue

de pie, en la cocina
vestida de chándal, entre parpadeos
mientras el clic de la puerta principal
da fin a los sonidos del día

apago el gas, el gorgoteo
subterráneo se desvanece
en la nada

cual bruja de los suburbios, inclinada
ante su poción de los últimos días
levanto la tapa de la cafetera
humedezco mis dedos en el vapor
ejecuto el ritual en tres partes:
cerrar, alzar, verter

deliciosa y reluciente una
cuerda negra, líquida hierve
lleva la huella de medio siglo
de sesgos en mi taza

con reverencia, la llevo a mis labios
bebo de la vieja cocina de techos altos
cortados en zigzag por la luz
que se cuela en las ventanas semicerradas
ante el balcón corredizo
con su aleteo de fantasmas desiguales

habla de innumerables flexiones
estiramientos, mientras las madres

a lo largo de las generaciones
ponen nuestras vidas en la cuerda
del lavado: inherente a ese único sorbo

mojo mi tostada en el café
sonrío y, con fortaleza
me trago la nostalgia

agradezco lo que fue

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vi. Piñones para el almuerzo

en medio de la rutina
avisté por casualidad un
paquete de nueces en un carrito
de supermercado

volví a ser una chica por el deleite
en la hora libre del almuerzo
luego de estar sentada
con la espalda recta, los ojos
blanqueados entre conjugaciones
cálculos y reglas gramaticales

viendo la mano del profesor
raspar con lentitud ese pedazo
de tiza blanca en el tablero
sus muecas por los chirridos

cuando sonaba la campana
de nuestra liberación
nos apresuramos en salir
hacia la sombra titilante de
los pinos paraguas

corríamos, nos esquivábamos
nos escondíamos y encontrábamos
enrojecidos, entre jadeos
llegábamos a reposar

sabíamos donde avistarlas para entonces
aquellos ligeros y alargados piñones
clavados en los surcos del loco pavimento
como sumergidos en cenizas

deslizándonos de un zapato
con el tacón el mano, de rodillas
con el hábil giro de la muñeca
de una colegiala, los rompíamos
y sacábamos con delicadeza
para no lastimar la carne pálida
el sabor exquisito del interior

fresca y para el mundo entero
más dulce que cualquier importación
costosa y empaquetada

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Denise O’Hagan
es una editora y poeta que nació en Roma, Italia y reside en Sídney, Australia. Tiene experiencia en la publicación de libros comerciales y trabajó como editora para Collins, Heinemann, Routledge y Cambridge University Press. También, fue editora consultora para la Biblioteca Estatal de NSW. En 2015 creó su propia imprenta, Black Quill Press, a través de la cual ayuda a los autores que desean publicar de forma independiente. También es editora de poesía en Australia / Nueva Zelanda para la revista literaria irlandesa The Blue Nib. Su poesía es ampliamente publicada y premiada. The Beating Heart es su colección de poesía debut (Ginninderra Press, 2020).

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María Del Castillo Sucerquia, nacida en Barranquilla, Colombia (1997), es una poeta bilingüe, escritora, tutora, médica oriental (Neijing, España) y traductora (francés, inglés, italiano, portugués, griego, árabe, español y alemán). Con experiencia en radio y actuación (teatro y cine). Ha participado en numerosos festivales de poesía, recitales, foros, conferencias y encuentros culturales. Sus poemas han sido traducidos en diversas antologías, revistas, periódicos y sitios web nacionales e internacionales (Filogicus, Libresta, María Mulata, Bharatha Vision, Alaraby Aljadid, Azahar, Atunis Poetry, El Heraldo, Muelle Caribe, Crisol, Uttor Kota, Sol y Luna, Protikotha, entre otros). Y traducidos al canarés, árabe, urdu, bengalí, griego, rumano e inglés. Es traductora y columnista en las revistas Vive Afro (Colombia), Palabrerías (México), Cronopio (Colombia), El Golem (México), Cardenal (México), Altazor (Chile), Revista Digital de Artistas (Argentina), entre otras.

La imagen que ilustra este post fue realizada por la artista venezolana Jessi Keen
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Trad. Juan Arabia & Rodrigo Arriagada-Zubieta

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