Desde la hierba

Dafne Benjumea

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El secreto del bosque

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Templados se asemejan a lo incierto, muy despacio
acarician las estrellas con sus astas,
ellos tan ellos que duermen.
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Palpitan corazones o es el cielo.

Dafne Benjumea

 

 

En el primer libro de la joven poeta Dafne Benjumea, Desde la hierba (RIL Editores, 2021), la lluvia estremecida del lenguaje es un diluvio de formas que se ordenan en su descenso: “brillos acelestados, pronombres caídos, salvajes sobre la tierra”. Lo que cae se transforma con iridiscencias al parecer imperceptibles, enardeciendo los estados de la materia, de la physis, componiendo el himno entre los elementos danzantes de una naturaleza liberada, en expansión resonante con su latido, íntimo, explosivo. Se ejerce una valiente consumación de celebrar de nuevo la génesis de la poesía, a pesar del enorme tiempo recorrido en sus múltiples intentos con el lenguaje a lo largo de su historia, vuelve al lugar original a intentarlo de nuevo, despertando la savia que asciende por los nombres y las nervaduras de las hojas. Desde la hierba, título que recuerda una mezcla, en un acercamiento fulminante, a dos libros aparentemente inconexos, como Desde el Jardín de Jerzy Kosinski y Hojas de hierba de Walt Whitman, nos acercamos a un diluvio que cae hacia arriba en todas direcciones iluminando el secreto de un jardín dentro de un bosque, deteniéndose con serenidad de oruga en el vértigo de miradas desatadas, en estado de florescencia: “Se cubrió el campo de azules y magentas”; “El rasgo astral de primavera demora / su salida, animales alzan sus orejas / nacen del vientre;” “El álamo alamea / el peral y sus hijillas (qué frutillas) / estos arbolitos por su nombre”.  La exploración del misterio vivo recorre grandes distancias, acariciando el flujo del cosmos y los océanos, desde la trayectoria de un copo de sol que diluvia su maravilla sobre la tierra y despliega el milagro de fecundar el mundo: “Y aquellos copos en el fluido entienden de fe. / Y el copo más luz que agua entrega / su cuerpo (transformaciones)”. A pesar de la sensualidad nutricia de los descubrimientos de un paraíso que se desliza bajo un lenguaje en transformación, la conciencia moderna del poeta conoce sus límites y se lamenta de la fatalidad venidera, de lo que encuentra: “Creí que bajo la luz mis árboles crecerían / que bajo la luz crecerían alto / que bajo la luz más fulgorosa se elevarían / pero / qué va / no crecen / yacen calcinados / sin pliegues / ni bifurcaciones secretas”. La otra cara se muestra, la cicatriz de la ceniza del árbol fulminado, donde renacen las sílabas del rocío, desde la hierba.

Daniel  Arella

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Diluvia el día en pequeños copos de sol
(brillos acelestados, pronombres caídos, salvajes
sobre la tierra). Se cubrió
el campo de azules y magentas,
no nieve no agua no mar en los verdes amazónicos
en hogar del zodiaco.
Se compone el himno:

…….un ventanal lejano entre lo aéreo y lo fogoso
…….un timbal de futuro (fraternal invierno)
…….sedoso reverbera el cerezo abatido

El rasgo astral de primavera demora
su salida, animales alzan sus orejas,
nacen del vientre.

…….Realmente                                                        

Diluvia la tierra en pequeñas dagas veloces dagas verdemar.
Alumbró la noche finas esmeraldas,
sí hierba sí árbol sí flor en hogar del zodiaco.
Se compone el himno:

…….un aluvión de senderos en atlas descosido
…….una apertura al origen (difuso verano)
…….sensible reverbera la luna selvática

El rasgo astral de primavera se conmueve,
animales alzan sus orejas,
vibran el vientre.

…….¿Por qué?
…………..¿por qué todas las revoluciones provienen del cielo?

Un lince o carpa o niña observa
cómo los mensajeros se descuelgan del cosmos.

Quieren saber
…………..del bosque
sus secretos,
…….buscan del bosque
sus secretos,
alguna explicación de manos grandes,
blanco lechuza, gemido o redención,
resolver misericordiosamente (y en voz baja)
el conflicto de mil océanos.

Pudieron cambiar el sentido………………….y lastimar a sus reinas.
Pudieron entrar en silencio……………………y llevárselos a todos.
Pudieron permanecer para siempre………………«siempre».

Pues quieren tocar,
solo saber:

……..¿Por qué todas las revoluciones provienen del cielo?

Todos los días
llaman a las puertas del mundo.

Una anciana de piel durazno, caimán,
las abre [su presencia: el tiempo (o cómo mira el tiempo)]:

— ¿Qué queréis?
— la h.
— ¿Qué sabéis?
— la x.
— ¿Algo más?
— Que salgas a jugar.

Eléctricas
……..rugientes
…………….ágiles
……………………sus risitas.

Desaparecen sobre la sierra
como un brillo de su lago.

Y aquellos copos en el fluido entienden de fe.
Y el copo más luz que agua entrega
su cuerpo (transformaciones).
Unos ciervos que lo oyen, beben, dan fe.
Templados se asemejan a lo incierto, muy despacio
acarician las estrellas con sus astas,
ellos tan ellos que duermen.

Palpitan corazones o es el cielo.

[…]

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[…]

Cuánta miseria,
extraño arrodillarse a la concordia
en el día que todo se perdona:
así,
……..las gotas
blo
……..blo
quean el paso de la gruta (a-
nominal) o de la boca o sin quererlo.

Pues cielo abriéndose en cien con ímpetu de álamo,
su voluntad recorre por toda voluta (espuma) de la piedra que cede (no cesa)
al peso y el animal no oprime su
caída
……..desde el acan
tilado

……..se permite a sí

(mira lejos)

……..que la nube se aparta ante hermoso cuerpo giratorio y el rayo sobre el lomo:
«adiós»
……..«hasta nunca»
…………….«hasta (¿amén?)»,
……..quién
sabe
……..si
sólido descuido o inútil de aquí a 100.000 kilómetros
(quién del vértigo), las patitas cabalgaron por el aire
antes del chasquido óseo del final, el arañido lineal,
la piel (la piel) que ya expira, que ya carnosa la herida
(nominal) olor a granate:

nadie lo vio (nadie lo vio).

[…]

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• • •

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Las sámaras agitadas
parecen disgustadas
toman su tiempo al
……..caer

y entre vaivenes
y vaivenes
……..cabeceo:
deseos
……..bajo
el ala

hasta que me entrego sierva
decisivamente
……..a ti

Sin embargo
no pienso
únicamente
……..en ti

(¿Seré lapidada o desterrada?)

Tras el cristal
ya espío
a las sámaras besar el suelo

y a su vez el índigo furioso de las nubes crece que crece
el trozo de pan sobre la mesa

pues me entregué (ni me
meciste)

Quiero ser la mejor versión de ti

Quiero ser la mejor versión de ti
pero yo sé que ya eres

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El álamo alamea
el peral y sus hijillas (qué frutillas)
estos arbolitos por su nombre

Sus sombras no es nombre
no me cubren
entonces cogí la manzana
(lloraba y lloraba)

hendí incisiva
incisivos sobre la
fruta la humedad
de la fruta

el rabillo en la tierra
sus semillas en la tierra
y de ella nacieron
hectáreas de colores
(qué colores)

Pensé en la tilde de álamo
y luego pensé que álamo puede venir de alma
o al menos
se asemejan

Que por allí vienen los petirrojos
tan ninfos y orgullosos
que se comen las bayas que planté
y me dejan sola
sin hijillos

Entonces mi nombre se agranda
me cubre como sombra
como un campo de secano
como el sol
en el secano

Es mi vientre esta llanura

y digo
¿de qué manera decirte?

Ya en la urbe
me animo
……..me agito
nerviosa
y te observo

La cascada del grifo me convierte
en lo que soy
pues ¿quién soy?

Creí que bajo la luz mis árboles crecerían
que bajo la luz crecerían alto
que bajo la luz más fulgorosa se elevarían
pero
qué va
no crecen
yacen calcinados
sin pliegues
ni bifurcaciones secretas

Entonces mi corazón triste
tigre abuelo que palpa las alas de los buitres
y a la palabra antaño
se pregunta

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:

:

:

D.

Dafne Benjumea nace en Marchena (Sevilla, España) en 1993. Ejerce como profesora de Lengua castellana y Literatura. Fue editora de la revista Oculta Lit. Poemas suyos han sido publicados en revistas literarias españolas e hispanoamericanas. Desde la hierba (RIL Editores, 2021) es su primer libro, del que aquí presentamos una selección.

La imagen que ilustra este post fue realizada por el artista venezolano Aquiles Cavallaro 

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