Detonaciones, respiraciones

Andrés Ajens

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Tren de Aragua

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Audiovisualmente, el tren, desde ya
(fotograma hay de la llegada del suso
dicho, por caso, a Antofagasta), tren
en progreso, y/o tren de Aragua, etc.

Zumba y rezumban los rieles de suyo
(citar aquí Modern Times o Metrópolis).
Supersónicamente entonces lo audible:
contacto entre el ruido de locomotoras

y el darse a oír el agua su fluir y entre
veros en lo desierto y lo que hace esa
agua en Aragua (al decir del “caribe”,
‘palma’) y tal tren de ajusticiamientos

en “familia”: la práctica de enterrar vi-
vos a homínidos — (cit. noticieros te-
levisuales chileños de la época, 2022)
como de hacer desaparecer homínidos (

flashback a 1973-1985; citar por caso o
caída de aguas en Nostalgia de la luz o
aun en La nación clandestina, o Paris,
Texas). En resumidas cuentas: 1. Visua-

lidad: encuentros, “choques” e incluso
“danzas” (A. Artaud) entre regímenes
de visibilidad “anómalos”, “diablazos”
entre tren y agua. 2. Audibilidad: ruido

de ferrovías, de plazas y ferias (no poco
entreverado, escandido ruido de acentos
de Maracaibo, Caracas o Aragua), o aun
subiendo a todo dar el volumen — entre

 Runrún, merengues y aun ballenatos.
¿Dicha, desdicha? De cierto desierto
concitar, entrecortada, a Mistral ley-
endo “Miedo” en Lagar; cf. youtube).*

* G. Mistral, “Pequeño mapa audible
de Chile” in Recados (Santiago, 1954):
“Se recogerá el entreveramiento de los
estruendos y los ruidos de una región”.

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 Bello, La Chile, de Cazuela 

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Andrés Bello, la Chile, por decir, Chile
en femenino — acontecimientos como
“encuentros” entre fuerzas asimétricas
y sin jerarquía alguna — a la vez entre

Bello (bellus, bellum) y la Chile (la U-
niversidad, la chilena educación, la ba
rra de los de abajo, visualmente bien
abajo [ ……….………….………… ],

la estatua de Bello en el frontis de la
Casa Central x la Alameda, también
la Avenida (costanera) Andrés Bello,
el Código civil (1835), la Gramática

de la lengua castellana destinada al
uso de les americanes (1847): el arte
de hablar correctamente una lengua
conforme al buen uso, el de la gente

educada (“Nociones preliminares”).
En cuanto a la Chile en femenino:
además de lo indicado (universidad,
barra de fútbol, luz “de abajo” y sus

disputas con la barbarie de la blanca
garra (del Colo), el brote y el rebrote
con dote feminista: parodia a tal him
no de Carabineros sus Tesis, Violeta

Parra, María Luisa Bombal, Mistral,
etcétera. En cuanto al audio u oreja:
choque otra vez entre lo ‘grave’ (lo
histórico) y lo agudo (del hoy) entre

lo alto (universitarias aulas, barrio alto,
anán) y lo bajo (urín), no solo en barra;
sonidos del bajo pueblo de La Victoria,
Puente Alto, Melipilla ¿En qué medida

esas audibles fuerzas se acuerdan (bis
Artaud)? ¿O tratan antes más bien
de mantener el hiato alias suspenso,
la revuelta mutua de inspiración y ex

piración? Esto último y tanto para o
jo como para oreja: conjugar también
imágenes limpias y sucias, sonidos-
ruidos y sones-música. Con todo: “Re-

sonancias han mudado desde desierto
hasta aquí”; G. M., art. cit., por decir
contrastes y choques de intensidades
lumínicas como auditivas se vuelven

menos cruentas acá, concordadas más
que en “El tren de Aragua”. Por último,
la Ortografía de Bello alias Ortografía
chilena —de cazuela: en Chilezuela—

hace desaparecer la ce como la hache
entre otras modernizaciones de nota
que intentan reestablecer la imposible
equivalencia entre fonema y grafema:

¿cómo se acuerda desacuerda sintoniza
o desentona con la Chile? Según la dicha
chilezolana norma, ¿la Chile, picante por
antonomasia, escríbase de ahora la Kile?

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¿Qué es esto, cómo llamarle a esto?
Como si una impajaritable llamarada

hendida, un apenas movimiento re
partido, estallido de un pago relám

pago sin vuelta ni deuda ni capital
longko. Y nones vengan de poiesis

ni patatín patatán — en disturbios.
Sin vuelta ni deuda, aliento móvil

comarca apenas roza. Pero esto
comarca roza y/o llamarada con

suena a ratos a ratos difracta eso
inescrito empedernido en lengua

que con Ruiz te decimos regocijo
estalla la pantalla, coma o cesura

íntima exterior y el aguayo fuera
de sí o de no lo mismo — es talla

que jamás dará la talla, la exacta
(esto —relámpago, voz, entalla).

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Parlamento de Rere (c. 1618)

 

sale por la puerta real o irreal
y se despide en tono de lluvia ascendente o pájaro.

E. Villazón (Parlamento)

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de dicha parcialidad que es una de las nueve reguas [regüe, rehue o rewe] que tiene la dicha provincia — y sacar oro, que para asegurarse los de su regua si los güinca [huinca, winka o we inka] eran ynmortales, determinaron de sacarle el corazón como lo hicieron […]

a deferencia del resonante re güinca (que reitera), el re del chedungun antes adjetiva, califica o adverbia, como en rewe o reche, casi tal doble ideograma, ahí con we y che (de Augusta: reche, ‘cualquier individuo que no sea kalku’)

en cuanto a rere (picus magellanicus), si bien ornitografistas de nota se inclinan por la hipótesis onomatopéyica, ñaña yumbelina hay, vecina, que no descarta —como en hornopirén— que rere, tal bilingüe pájaro de cabeza colorada, voz rechewinka fuera

con lo cual, en menos que cante un kalku, rere o rere:
nonada reitera sino pura iteración — —, – —  re fuera.

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KAFKA, Diarios, 20 de abril de 1916.

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De golpe se hizo público que el Rabí estaba trabajando en una figura de arcilla (an einer Tonfigur arbeitete). Su casa, con las puertas de todas las habitaciones abiertas día y noche, de par en par, no tenía nada visible que no fuera inmediatamente advertible por todos. Aprendices varios, vecinos o extraños, subían y bajaban de continuo las escaleras de la morada, ojeaban las habitaciones y, a menos de encontrarse con el Rabí en algún sitio, entraban donde se les antojaba. Y una vez en una batea encontraron un gran trozo de arcilla rojiza (rötlichen Ton).

Estaban tan mimados por la libertad que el Rabí les daba en su casa que no les daba miedo tocar la tonal arcilla. Era dura, apenas manchaba los dedos al apretarla fuerte, y su sabor —los curiosos aun la tocaban con la punta de la lengua— era amargo. Fuera francamente incomprensible por qué el Rabí lo guardaba ahí en la batea.

Amargo, amargo, es la palabra príncipe. ¿Cómo es que quiero urdir una historia vibrante [schwingende Geschichte] a partir de cascajos?

Un tenue humo gris blanquecino salía continuamente de la chimenea.

El Rabí estaba ante la batea [vor dem Trog] como una lavandera con las mangas arremangadas, y amasó la arcilla, que mostraba ya la forma humana en contornos toscos. El Rabí siempre captaba la figura completa de un solo golpe de ojos, incluso cuando estaba nomás trabajando en un pequeño detalle, como una falange de un dedo. A pesar de que la figura visiblemente parecía humana, el Rabí se comportó como un desaforado [ein Wütender; un ‘fuera de sí’, un ‘energúmeno furioso’], su mandíbula inferior seguía sobresaliendo, sus labios se entreveraban ininterrumpidamente  [wälzten sich seine Lippen aneinander] y, cuando se mojó las manos en el balde que estaba a su lado, lo empujó tan brutalmente que el agua saltó hasta el techo de la desnuda bóveda.

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[A partir de la edición de 1951, a cura de Max Brod. Como la anotación de marras viene tarjada por Kafka, este pasaje salió de las ediciones alemanas posteriores, volviendo a entrar solo en la edición crítica de 1990 (Tagebücher in der Fassung der Handschrift, Fischer, Frankfurt am Main), aunque solo en el “aparato crítico”; la traducción castellana de Galaxia Gutenberg (2000) tampoco la trae].

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Del entrevero, pero

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Cuenta Borges en el Cratilo, digo,
en la entrevista a Carlos Cortínez
publicada por Ediciones Macul en
los locos años ’20, con prólogo de

Federico Galende, autor de la más
disparate, por caso justa, hipótesis
para deducir a Chile desde allende
la cordillera (“Un país sin Borges”),

que el enigma de Ajedrez (El Hace-
dor), último verso, “Como el otro,
este juego es infinito”, otro “amor”

fuera. Pregunta: ¿Qué tiene que v
er el amor con el ajedrez? Borges:
“Ambos son un entrevero, pero”.

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 — A K. Johnson, A. Yasusada et alii.

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En márgenes de alegría
João Guimarães Rosa y antes
tal anónima instancia narrante,
pues de un relato se trata, parte:

Esta é a estória: César Abraham
Vallejo, por su parte, en el Ne-
gresco de Niza confiesa magis
tralmente no lograr articular (re

latar) lo ocurrido: recuerdo muy
bien lo que pasó en el Hotel Ne-
gresco, pero, por raro que com
parezca relatar lo ahí acontecido

me es completamente imposible
(nomás una lista de vocablos de
laya varia: lituanos, alemanes,
polacos, rusos, ingleses, franceses,

italianos y rumanos). Por lo demás
ninguno de los términos que forman
parte de tal políglota jerigonza puede
por separado traslucir mis recuerdos-

cenizas: con Andenken, por caso, de
franca memoria, con el ángel de Ham
burgo en Baden-Baden (c. 1942), casi
Santander al agua, la instancia síncopa.

Al borde ya, ya en los márgenes (que
en portubrasilero se dan en femenino),
suspensión de la dicha tal abre campo
sin relación ni relato, respira – alegría.

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A.

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Andrés Ajens
coordina la revista de poesía Mar con soroche (Chile / Bolivia) y actualmente da seminarios de literatura y textualidades andinas en el Departamento de Filosofía del ex Pedagógico, en Santiago. Ha publicado una quincena de libros de hechura varia, entre los cuales: Detonaciones, respiraciones (Mano falsa, Lima, 2023), La guaCa húmera (Mandrágora, Santiago, 2022), La golondrina húmera y otros poemas de Paul Celan (Ediciones Macul, Santiago, 2022), Cúmulo lúcumo (Das Kapital/Ed. 3600; Santiago/La Paz, 2015/2016), Bolivian Sea (Flying Island, Macao, 2015), Æ (Das Kapital, Santiago, 2015), Viagem a Santiago (Intemperie, Santiago, 2014), La flor del extérmino (La Cebra, Buenos Aires, 2011; con trad. al inglés por M. Gil-Montero, Palgrave-MacMillan, New York, 2011), El entrevero (Cuarto Propio/Plural; Santiago/La Paz, 2009), Más íntimas mistura (Intemperie, 1998) y La última carta de Rimbaud (Intemperie, 1996). Ha traducido Poemas inconjuntos y otros poemas, de Alberto Caeiro (Dolmen, Santiago, 1998), Cobra Norato, de Raul Bopp (Mariposa Mundial, La Paz, 2016), Márgenes de la alegría y otras dichas de João Guimarães Rosa (México, en prensa) y, con Diether Flores Chumacero, Ataw Wallpap p’uchukakuyninpa wankan (La Paz, en prensa).

La obra que ilustra esta publicación  fue realizada por el artista venezolano Jesús Valero

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