Dimitris Lyacos

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Trad. Luis Miguel Isava

ζ

:

Un hombre escapa de una suerte de campo de concentración y comienza una travesía llena de extrañas, opresivas circunstancias: trenes y estaciones de trenes, grupos de gente que como él se desplazan, oscuros pasajes y túneles; una Biblia, encontrada en unas vestimentas, con pasajes tachados, sobre la que alguien ha escrito y sobre la que, a su vez, escribe el hombre; el encuentro de otro libro La primera muerte –que en una suerte de viacrucis describe los estados de descomposición de un cuerpo–, y finalmente la llegada a un puente en la que se une a un extraño grupo de personas. Esta es la línea argumental que recorre la trilogía Poena Damni (las penas de los condenados) de Dimitris Lyacos (Atenas, 1966). Pero esa línea constituye sólo un hilo conductor entorno al cual se tejen estos textos –prosa, prosa poética, poesía, citas– en los que asistimos a los encuentros del personaje y sus estados de conciencia en una atmósfera entre kafkiana, beckettiana, incluso joyceana, entretejida con alusiones y citas de la tradición cristiana y de la literatura clásica griega, con elementos de rituales sacrificiales y de muertos que vuelven a la vida –y hasta vampiros. Este es el universo –cultural y textual– que la trilogía de Lyacos (Z213: Exit, Con la gente del puente y La primera muerte) nos invita a recorrer con su compleja escritura.

Luis Miguel Isava

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De Z213: Exit
………………………………………………………..estos nombres y fue así que me encontraron. Y tan pronto me trajeron me quedé un rato luego me llevaron era una construcción de cuatro pabellones amplios patios y habitaciones los demás estaban allí cuatro pabellones separados no muy cerca del mar. Y a veces comíamos juntos y en el medio un tronco con ramas cortadas arriba sobre él una apertura para el humo, y ceniza en el suelo manchas negras y ceniza. Y de los poros en las paredes salía un poco de agua y a veces se podía pedir permiso para subir y visitar a otro y cuando a veces en la noche había un corte de luz y nos sentábamos en silencio en lo oscuro                   pero los pabellones que no estaban comunicados                   tres cuatro cinco entre nosotros que nos teníamos afecto sin embargo allí moriría la mayoría de nosotros en algún momento todos nosotros yo también y entonces los que creían gritaban otros no teníamos ese derecho y éramos en todos esos pabellones unos mil y cada día un hombre del personal venía con una lista y se paraba en la puerta justo allí por donde se entraba la puerta de entrada de pie y les gritaba que salieran y los llamaban luego se los llevaban de allí y quedaban diez en otra parte quince dependiendo del pabellón y los llevaban a un lugar especial desde la noche de la víspera y a la mañana siguiente venían y se los llevaban de allí y se podía oír en ese momento que entraban y llamaban sus nombres oír a los que ahora nos dicen adiós éramos como unos dos mil. Y ahora nos decían adiós yo con todos los otros y diciéndonos adiós y el lugar resonando con sus adioses. Y entonces salían entraban en un transporte y por la parte de atrás estaba el mar y ellos se iban. Y tan pronto como salían se podía oír ahora gente gritando y desde allí en un transporte por detrás hasta el mar no era muy lejos era atrás donde cavaban fosas y a veces el agua llegaba hasta ahí y la ciudad se despertaba con ese ruido. Y los bajaban a las fosas. Esto es lo que me viene a la mente casi todo el tiempo. Y se los oía gritar hasta en las últimas casas de la ciudad donde estaba el muro y todos entendían. Y algunos solían acercarse a los pozos y devolverse y no era un secreto estaba bajo nuestros pies pero nadie. Una ciudad entera o casi. Y ese momento indescriptible momento en el que bajé después de medianoche y vi que los traían en ese camión hasta el mar.

*

…………………………………………..ve y libera a la chica del calabozo subterráneo
súbela
ven con nosotros, acechemos la sangre
tú bien ordenado entre nosotros
alineaste a doce
que habías llamado ante ti                                             cuyos nombres son

……………………………………………………y otros a tu alrededor, una gran multitud en las ondas hojas dispersas de un otoñal

circulando a tu alrededor
………de un teatro.

Y címbalos oxidados tras la entrada festejos pasados
de una vida                                     en la alacena
aceite en una botella
como leche y             quiénes eran esos aquí quizá

de noche se reúnen aquí de dónde

de dónde vienen

Mira cómo crecen sus cuerpos bajo el
extiendes tu mano hacia la pared tocas su carne –
su carne es una cama vertical detrás de ellos.

La red se hace más espesa, la araña trepa adentro.

Todavía puedes ver las conchas que ella ha vaciado, su cama vacía temblando

colgando de un hilo que nunca se romperá.

Ella se detendrá por un rato ante esos rostros
a su alrededor. Se irá de nuevo,

………tras las imágenes de nuevo

………será

será

Dios.

:

:

:

Sus fríos ojo apacibles
Ella en quien entraste
ahora está a mi alrededor                           esparces sobre el terreno
frutas, sobre los párpados vinagre, sobre nuestras ciudades sangre
ciudades secretas           nacidas en secreto
apareadas en secreto                      tie  ojos ardientes de una
adultera

iglesia                   tibia

cuándo fue que él
cuándo durmió
quién está conmigo aquí adentro, quién

y los cuerpos pintados se inclinar
………..amables cara a cara
sólo que ahora sé

………dormirme aquí
………sus alas desplegándose sobre mí como si viera
tu vestido

Dios quedó envuelto allí dentro congelado
inexpresivo             dirías que había miles
de ojos juntos

:

todas las               cruces
molinos de viento plateados encima
muelen desde

:

abajo orugas blancas y polvo
Dentro el

sin embargo no han pasado a tu pecho

Si yo conservara algo del pan que me habían dado y también un poco de carne

Ese tren iba a salir de la zona, recuerda lo que te dijeron
Algo sobre el del exilio

Por qué siempre aprietas tu estómago justo cuando vas a dormir

El santo sobre tu cabeza.
Jinete con lanza en mano colgando sobre ti, como si
sostuviera una flauta. Una flautista pintada con dedos
demacrados que cose la boca del monstruo. Por
atrás los senderos van hasta la roca un árbol, también este hecho de
piedra, la hiedra que en sus labios         y
trepa
dentro de los más fértiles trepa,

techos más atrás, el país del que hablaban

:

Luego del anochecer
sueño,
en torno a ella una cama, todavía viene a allí
un nido nuevo, tu araña allí dentro tejiendo
sus ojos tus ojos apacibles todavía fríos cuando

compartes su cuerpo, un pedazo a cada uno
incandescente     hundido en el fuego
ramilletes de timo

y abajo la endecha
la multitud, la alzan
velas en mano

doce de los
………bastiones y los hombres tras de ellos
……………………………………en guerra

*

Cruel la noche de nuevo en la estación y el tren y otra estación, silenciosa, y el tren cola de un animal que avanza, y otra estación ojos extranjeros que no miran sin embargo quieres esconderte de nuevo, un pasaje largo angosto que se aleja fluyendo en la lluvia y te cubre. Sentarte quieto no puedes tus pensamientos no pueden ayudarte a ponerte de pie no puedes avanzar ni retroceder. Medias mojadas, quítate los zapatos, no, todavía, no te mueves, casi como para salir del mundo, las luces pasan, nada sino luces para ti, nada existe detrás de esto. Ningún pensamiento impulsa tu cuerpo ni siquiera el dolor. Uno a uno todos los que escaparon a todos los que dejaste, trozos, trozos como hielo que se quiebra y cae a tus pies. Y se derrite antes de que puedas moverte. El ritmo del metal te arrastra con él una sombra fuera en el corredor que enciende un cigarrillo el mismo árbol que ha pasado frente a ti mil veces. Fumaste uno también. Te quitas zapatos y medias te acuestas. Calambre en el estómago, lo usual. Cubres tus piernas con el pullover, yaces boca abajo. Litera fría que se adhiere a tu rostro. Llevas puesto el pullover, bajo la chaqueta usas la Biblia de almohada. El pecho de ella, su boca entreabierta. Algo de vida. Desabotonas tu pantalón metes tu mano. Una mano que te sujeta un cuerpo sobre el que te extendiste. Ella se acerca casi la tocas y se fue otra vez, saliva en la boca, luz pálida y el pulso lánguido del cuerpo casi sin fuerzas. Retienes el aliento, sus pechos vienen, aprietas con fuerza, entra en ti, desde adentro exprimes las gotas que puedes, desde dentro de ti. Quédate quieto, calmado, vacío, la oscuridad te oculta, después el sueño. Una sacudida, resbalas casi caes extiendes la mano, palma en el suelo, un libro arrugado abierto, lo tomas, miras la portada: La primera muerte. Lo hojeas por un momento luego también este de almohada, encima de la Biblia. Cuando despiertas de nuevo dos cuerpos entrelazados, la carne entre ellos en pedazos, que se derriten, pecho a pecho, que se desvanecen uno en el otro, desvaneciéndose cuando decides levantarte.

*

Continúo. Sigo unos rieles. Derecho. Núme   ros en entradas ambos lados de vía. Soportes. Como una enorme clepsidra. La había visto antes. Quizá antes, creo que estuve aquí antes. Un hueco en el techo. Ráfaga. Un golpe de nuevo por arriba como alguien que se acerca. Como los pasos cuando estaba allá. Alguien que viene por nosotros. De noche mientras estábamos acostados

Niebla, cuando me iba por los lados de la playa. Mirando lejos tan lejos como podía.

:
:

…………………….De cuellos de demonios estirados hacia arriba. Y luego de nuevo en lo oscuro de los dormitorios.

Este golpe de nuevo que viene de atrás, despacio. Losas rotas. El eco de mis pasos. Una mano como de una estatua. Destrozada bajo mis pies. Algún pájaro atrapado aquí dentro. Quizá ratas. Podría ser aquí en los agujeros. Estatuas de ratas en los huecos. Ese sonido de pasos de nuevo. El eco. Me siento. Silencio. Silencio. Ese sonido de nuevo. Ahora tras de mí. Quién.

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:

Σ

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De La primera muerte

i

Mar de acero. Luna silente como un dolor en lo hondo de la mente. Un cuerpo arrastrado aquí y allá sobre la roca como algas o un tentáculo sin vida, fruto de un vientre náufrago por los vientos, ciénaga ensangrentada y llena de carne. El brazo izquierdo amputado de raíz, el derecho hasta el final del antebrazo, bastón podrido delirando en los pulmones del agua. De la boca arrasada solo quedaba una herida que se cerraba lenta. De los ojos surge una luz turbia. Los ojos sin párpados. Piernas hasta los tobillos — sin pies. Espasmos.

:

:

:

:

iv

Sigue moviéndote entre los restos de los festines
como la piel de oveja se agita sobre improvisados cadalsos
sigue caminando entre los fragmentos de la noche
con la amarga traición de la Pesadilla en la boca
los ojos ardiendo como el lecho de enfermo
conocimiento de que todos se ahogaron dentro de ti
y tal como se extiende el cordón umbilical
– y sientes la mano celestial que ahora
te hala con todo su poder–
sigue preguntándote sin aliento
cuándo alcanzarás el final
un cuerpo despojado, un abrazo lisiado
cuándo te descolgará el verdugo
un alma que cojea
un anciano despojado por la búsqueda
desarraigado por el llanto
cuándo entregarás el fantasma en
el vómito de tu desgracia

(y se te asciende hacia las flores
del árbol en el que te ahorcaron)

:

:

:

:

vii

En el ensangrentado cordaje del cerebro
están las aletas internas y el terremoto
espumea una larva insaciable en las aperturas
del cráneo
y otros gusanos se enfurecen
en las laderas de la tumba leña
donde los pájaros se disparan sobre alas translúcidas
ojos calcinados visión facetada
esternones desquiciados que gritan
y la batalla-júbilo del sol sobre la roja
cloaca – puñal sacrificial sin pico
corona una paralizada manía por Dios,
hilos incandescentes cortados
labios sobre labios
densa danza denso
pan hasta el hueso

ondulación de serpientes miembros que se desprenden
empujan la carne hacia el atenuado
caparazón que suspira y traga

y el dolor-draga
cava incesante
sacudiendo
el ensangrentado cordaje del cerebro

:

:

:

:

xi

Velo nocturno – tienda de una ciudad conquistada. Cuartos oscuros en hoteles linfáticos, en el arder total del sueño restos abandonados. En la hemorragia indetenible de los objetos agoniza el último resplandor de la visión. Arterias silentes, besos abruptos, enlodados – recuerdos de cráneos volcados en las aceras de los bulevares. Triste la salmodia de los ratones en las iglesias. La agonía infecciosa de máquinas dilaceradas. Alas hechas girones, indomables – trampas infalibles. La irrevocable bóveda celeste leprosa hasta el final.

:

:

:

:

xiv

Lento ascenso de la nave en el vacío
ignición de un monasterio empujado como una navaja
un trayecto tendido entre la semilla y la trampa
marcas de jeringas venerables encargadas
de estimular el presentimiento de la Trascendencia
primero y ultimo puerto la desinfección del destierro
nadie sobre el puente, sólo yo, buscando accesos
y probando neuronas traidoras
matizando pensamientos arrepintiéndome en una lengua incomprensible
y de nuevo tratando de mostrar el amarizar de un mundo
que sube y baja las paredes de la experiencia
una tragedia que viaja serena
infierno sin pecadores sin regreso
dividiendo la membrana tratando desesperadamente
de asir voces familiares del vientre de la tripulación
donde descansan en colmenas vacías
y sin embargo no logro distinguir las astillas
víctimas tenues en la distancia y por más que recuerde
no se dejan exhibir y mi memoria perforada y gastada
como la lona de un vagabundo sobre mi conciencia
menguante y las ruinas de mi expresión y no obstante
estoy salvado, no en el mundo
ni fuera de él, sino en ese punto sin sustancia
donde el mundo choca y despega allí donde se
concibe el grito
la manija comulga
y las ruedas
empujan instintivamente
la silla de ruedas hacia el infinito

:

:

:

:

:

:

Dimitris Lyacos. Atenas, 1966.  Poeta, intelectual y dramaturgo griego contemporáneo. Estudió derecho en Atenas y filosofía en University College London. Sus áreas de estudio fueron epistemología, metafísica, filosofía antigua griega y Wittgenstein. En 1992 comenzó a escribir la trilogía Poena Damni, expresión que se refiere a los castigos que sufren las almas en el infierno. La trilogía se compone de los libros, publicados en orden inverso al que ocupan en ella: La primera muerte (1996); Nyctivoe (2001; publicada con nuevo título, Con la gente del puente, 2014); y Z213: Exit (2009). La trilogía ha sido traducida al inglés, al alemán y al francés y en la actualidad se preparan traducciones al español, al italiano y a otros idiomas centroeuropeos y ha sido considerada como una de las obras más originales de la literatura griega contemporánea.

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Luis Miguel Isava. Caracas, 1958. Profesor, teórico, crítico y traductor, ha publicado libros sobre poesía y teoría poética, así como artículos sobre poesía, teoría poética, teoría cultural, artes visuales y cine, en revistas tanto nacionales como internacionales.  PhD en Literatura Comparada. Acaba de concluir su libro De las prolongaciones de lo humano. Artefactos culturales y protocolos de la experiencia, que ha sido sometido a evaluación por editoriales en España y Latinoamérica.

La imagen que ilustra este post fue realizada por el poeta venezolano Adrián Arias Pomontty

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Trad. Luis Miguel Isava

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Un hombre escapa de una suerte de campo de concentración y comienza una travesía llena de extrañas, opresivas circunstancias: trenes y estaciones de trenes, grupos de gente que como él se desplazan, oscuros pasajes y túneles; una Biblia, encontrada en unas vestimentas, con pasajes tachados, sobre la que alguien ha escrito y sobre la que, a su vez, escribe el hombre; el encuentro de otro libro La primera muerte –que en una suerte de viacrucis describe los estados de descomposición de un cuerpo–, y finalmente la llegada a un puente en la que se une a un extraño grupo de personas. Esta es la línea argumental que recorre la trilogía Poena Damni (las penas de los condenados) de Dimitris Lyacos (Atenas, 1966). Pero esa línea constituye sólo un hilo conductor entorno al cual se tejen estos textos –prosa, prosa poética, poesía, citas– en los que asistimos a los encuentros del personaje y sus estados de conciencia en una atmósfera entre kafkiana, beckettiana, incluso joyceana, entretejida con alusiones y citas de la tradición cristiana y de la literatura clásica griega, con elementos de rituales sacrificiales y de muertos que vuelven a la vida –y hasta vampiros. Este es el universo –cultural y textual– que la trilogía de Lyacos (Z213: Exit, Con la gente del puente y La primera muerte) nos invita a recorrer con su compleja escritura.

Luis Miguel Isava

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De Z213: Exit
………………………………………………………..estos nombres y fue así que me encontraron. Y tan pronto me trajeron me quedé un rato luego me llevaron era una construcción de cuatro pabellones amplios patios y habitaciones los demás estaban allí cuatro pabellones separados no muy cerca del mar. Y a veces comíamos juntos y en el medio un tronco con ramas cortadas arriba sobre él una apertura para el humo, y ceniza en el suelo manchas negras y ceniza. Y de los poros en las paredes salía un poco de agua y a veces se podía pedir permiso para subir y visitar a otro y cuando a veces en la noche había un corte de luz y nos sentábamos en silencio en lo oscuro                   pero los pabellones que no estaban comunicados                   tres cuatro cinco entre nosotros que nos teníamos afecto sin embargo allí moriría la mayoría de nosotros en algún momento todos nosotros yo también y entonces los que creían gritaban otros no teníamos ese derecho y éramos en todos esos pabellones unos mil y cada día un hombre del personal venía con una lista y se paraba en la puerta justo allí por donde se entraba la puerta de entrada de pie y les gritaba que salieran y los llamaban luego se los llevaban de allí y quedaban diez en otra parte quince dependiendo del pabellón y los llevaban a un lugar especial desde la noche de la víspera y a la mañana siguiente venían y se los llevaban de allí y se podía oír en ese momento que entraban y llamaban sus nombres oír a los que ahora nos dicen adiós éramos como unos dos mil. Y ahora nos decían adiós yo con todos los otros y diciéndonos adiós y el lugar resonando con sus adioses. Y entonces salían entraban en un transporte y por la parte de atrás estaba el mar y ellos se iban. Y tan pronto como salían se podía oír ahora gente gritando y desde allí en un transporte por detrás hasta el mar no era muy lejos era atrás donde cavaban fosas y a veces el agua llegaba hasta ahí y la ciudad se despertaba con ese ruido. Y los bajaban a las fosas. Esto es lo que me viene a la mente casi todo el tiempo. Y se los oía gritar hasta en las últimas casas de la ciudad donde estaba el muro y todos entendían. Y algunos solían acercarse a los pozos y devolverse y no era un secreto estaba bajo nuestros pies pero nadie. Una ciudad entera o casi. Y ese momento indescriptible momento en el que bajé después de medianoche y vi que los traían en ese camión hasta el mar.

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…………………………………………..ve y libera a la chica del calabozo subterráneo
súbela
ven con nosotros, acechemos la sangre
tú bien ordenado entre nosotros
alineaste a doce
que habías llamado ante ti                                             cuyos nombres son

……………………………………………………y otros a tu alrededor, una gran multitud en las ondas hojas dispersas de un otoñal

circulando a tu alrededor
………de un teatro.

Y címbalos oxidados tras la entrada festejos pasados
de una vida                                     en la alacena
aceite en una botella
como leche y             quiénes eran esos aquí quizá

de noche se reúnen aquí de dónde

de dónde vienen

Mira cómo crecen sus cuerpos bajo el
extiendes tu mano hacia la pared tocas su carne –
su carne es una cama vertical detrás de ellos.

La red se hace más espesa, la araña trepa adentro.

Todavía puedes ver las conchas que ella ha vaciado, su cama vacía temblando

colgando de un hilo que nunca se romperá.

Ella se detendrá por un rato ante esos rostros
a su alrededor. Se irá de nuevo,

………tras las imágenes de nuevo

………será

será

Dios.

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Sus fríos ojo apacibles
Ella en quien entraste
ahora está a mi alrededor                           esparces sobre el terreno
frutas, sobre los párpados vinagre, sobre nuestras ciudades sangre
ciudades secretas           nacidas en secreto
apareadas en secreto                      tie  ojos ardientes de una
adultera

iglesia                   tibia

cuándo fue que él
cuándo durmió
quién está conmigo aquí adentro, quién

y los cuerpos pintados se inclinar
………..amables cara a cara
sólo que ahora sé

………dormirme aquí
………sus alas desplegándose sobre mí como si viera
tu vestido

Dios quedó envuelto allí dentro congelado
inexpresivo             dirías que había miles
de ojos juntos

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todas las               cruces
molinos de viento plateados encima
muelen desde

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abajo orugas blancas y polvo
Dentro el

sin embargo no han pasado a tu pecho

Si yo conservara algo del pan que me habían dado y también un poco de carne

Ese tren iba a salir de la zona, recuerda lo que te dijeron
Algo sobre el del exilio

Por qué siempre aprietas tu estómago justo cuando vas a dormir

El santo sobre tu cabeza.
Jinete con lanza en mano colgando sobre ti, como si
sostuviera una flauta. Una flautista pintada con dedos
demacrados que cose la boca del monstruo. Por
atrás los senderos van hasta la roca un árbol, también este hecho de
piedra, la hiedra que en sus labios         y
trepa
dentro de los más fértiles trepa,

techos más atrás, el país del que hablaban

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Luego del anochecer
sueño,
en torno a ella una cama, todavía viene a allí
un nido nuevo, tu araña allí dentro tejiendo
sus ojos tus ojos apacibles todavía fríos cuando

compartes su cuerpo, un pedazo a cada uno
incandescente     hundido en el fuego
ramilletes de timo

y abajo la endecha
la multitud, la alzan
velas en mano

doce de los
………bastiones y los hombres tras de ellos
……………………………………en guerra

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Cruel la noche de nuevo en la estación y el tren y otra estación, silenciosa, y el tren cola de un animal que avanza, y otra estación ojos extranjeros que no miran sin embargo quieres esconderte de nuevo, un pasaje largo angosto que se aleja fluyendo en la lluvia y te cubre. Sentarte quieto no puedes tus pensamientos no pueden ayudarte a ponerte de pie no puedes avanzar ni retroceder. Medias mojadas, quítate los zapatos, no, todavía, no te mueves, casi como para salir del mundo, las luces pasan, nada sino luces para ti, nada existe detrás de esto. Ningún pensamiento impulsa tu cuerpo ni siquiera el dolor. Uno a uno todos los que escaparon a todos los que dejaste, trozos, trozos como hielo que se quiebra y cae a tus pies. Y se derrite antes de que puedas moverte. El ritmo del metal te arrastra con él una sombra fuera en el corredor que enciende un cigarrillo el mismo árbol que ha pasado frente a ti mil veces. Fumaste uno también. Te quitas zapatos y medias te acuestas. Calambre en el estómago, lo usual. Cubres tus piernas con el pullover, yaces boca abajo. Litera fría que se adhiere a tu rostro. Llevas puesto el pullover, bajo la chaqueta usas la Biblia de almohada. El pecho de ella, su boca entreabierta. Algo de vida. Desabotonas tu pantalón metes tu mano. Una mano que te sujeta un cuerpo sobre el que te extendiste. Ella se acerca casi la tocas y se fue otra vez, saliva en la boca, luz pálida y el pulso lánguido del cuerpo casi sin fuerzas. Retienes el aliento, sus pechos vienen, aprietas con fuerza, entra en ti, desde adentro exprimes las gotas que puedes, desde dentro de ti. Quédate quieto, calmado, vacío, la oscuridad te oculta, después el sueño. Una sacudida, resbalas casi caes extiendes la mano, palma en el suelo, un libro arrugado abierto, lo tomas, miras la portada: La primera muerte. Lo hojeas por un momento luego también este de almohada, encima de la Biblia. Cuando despiertas de nuevo dos cuerpos entrelazados, la carne entre ellos en pedazos, que se derriten, pecho a pecho, que se desvanecen uno en el otro, desvaneciéndose cuando decides levantarte.

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Continúo. Sigo unos rieles. Derecho. Núme   ros en entradas ambos lados de vía. Soportes. Como una enorme clepsidra. La había visto antes. Quizá antes, creo que estuve aquí antes. Un hueco en el techo. Ráfaga. Un golpe de nuevo por arriba como alguien que se acerca. Como los pasos cuando estaba allá. Alguien que viene por nosotros. De noche mientras estábamos acostados

Niebla, cuando me iba por los lados de la playa. Mirando lejos tan lejos como podía.

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…………………….De cuellos de demonios estirados hacia arriba. Y luego de nuevo en lo oscuro de los dormitorios.

Este golpe de nuevo que viene de atrás, despacio. Losas rotas. El eco de mis pasos. Una mano como de una estatua. Destrozada bajo mis pies. Algún pájaro atrapado aquí dentro. Quizá ratas. Podría ser aquí en los agujeros. Estatuas de ratas en los huecos. Ese sonido de pasos de nuevo. El eco. Me siento. Silencio. Silencio. Ese sonido de nuevo. Ahora tras de mí. Quién.

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De La primera muerte

i

Mar de acero. Luna silente como un dolor en lo hondo de la mente. Un cuerpo arrastrado aquí y allá sobre la roca como algas o un tentáculo sin vida, fruto de un vientre náufrago por los vientos, ciénaga ensangrentada y llena de carne. El brazo izquierdo amputado de raíz, el derecho hasta el final del antebrazo, bastón podrido delirando en los pulmones del agua. De la boca arrasada solo quedaba una herida que se cerraba lenta. De los ojos surge una luz turbia. Los ojos sin párpados. Piernas hasta los tobillos — sin pies. Espasmos.

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Sigue moviéndote entre los restos de los festines
como la piel de oveja se agita sobre improvisados cadalsos
sigue caminando entre los fragmentos de la noche
con la amarga traición de la Pesadilla en la boca
los ojos ardiendo como el lecho de enfermo
conocimiento de que todos se ahogaron dentro de ti
y tal como se extiende el cordón umbilical
– y sientes la mano celestial que ahora
te hala con todo su poder–
sigue preguntándote sin aliento
cuándo alcanzarás el final
un cuerpo despojado, un abrazo lisiado
cuándo te descolgará el verdugo
un alma que cojea
un anciano despojado por la búsqueda
desarraigado por el llanto
cuándo entregarás el fantasma en
el vómito de tu desgracia

(y se te asciende hacia las flores
del árbol en el que te ahorcaron)

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vii

En el ensangrentado cordaje del cerebro
están las aletas internas y el terremoto
espumea una larva insaciable en las aperturas
del cráneo
y otros gusanos se enfurecen
en las laderas de la tumba leña
donde los pájaros se disparan sobre alas translúcidas
ojos calcinados visión facetada
esternones desquiciados que gritan
y la batalla-júbilo del sol sobre la roja
cloaca – puñal sacrificial sin pico
corona una paralizada manía por Dios,
hilos incandescentes cortados
labios sobre labios
densa danza denso
pan hasta el hueso

ondulación de serpientes miembros que se desprenden
empujan la carne hacia el atenuado
caparazón que suspira y traga

y el dolor-draga
cava incesante
sacudiendo
el ensangrentado cordaje del cerebro

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xi

Velo nocturno – tienda de una ciudad conquistada. Cuartos oscuros en hoteles linfáticos, en el arder total del sueño restos abandonados. En la hemorragia indetenible de los objetos agoniza el último resplandor de la visión. Arterias silentes, besos abruptos, enlodados – recuerdos de cráneos volcados en las aceras de los bulevares. Triste la salmodia de los ratones en las iglesias. La agonía infecciosa de máquinas dilaceradas. Alas hechas girones, indomables – trampas infalibles. La irrevocable bóveda celeste leprosa hasta el final.

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xiv

Lento ascenso de la nave en el vacío
ignición de un monasterio empujado como una navaja
un trayecto tendido entre la semilla y la trampa
marcas de jeringas venerables encargadas
de estimular el presentimiento de la Trascendencia
primero y ultimo puerto la desinfección del destierro
nadie sobre el puente, sólo yo, buscando accesos
y probando neuronas traidoras
matizando pensamientos arrepintiéndome en una lengua incomprensible
y de nuevo tratando de mostrar el amarizar de un mundo
que sube y baja las paredes de la experiencia
una tragedia que viaja serena
infierno sin pecadores sin regreso
dividiendo la membrana tratando desesperadamente
de asir voces familiares del vientre de la tripulación
donde descansan en colmenas vacías
y sin embargo no logro distinguir las astillas
víctimas tenues en la distancia y por más que recuerde
no se dejan exhibir y mi memoria perforada y gastada
como la lona de un vagabundo sobre mi conciencia
menguante y las ruinas de mi expresión y no obstante
estoy salvado, no en el mundo
ni fuera de él, sino en ese punto sin sustancia
donde el mundo choca y despega allí donde se
concibe el grito
la manija comulga
y las ruedas
empujan instintivamente
la silla de ruedas hacia el infinito

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Dimitris Lyacos. Atenas, 1966.  Poeta, intelectual y dramaturgo griego contemporáneo. Estudió derecho en Atenas y filosofía en University College London. Sus áreas de estudio fueron epistemología, metafísica, filosofía antigua griega y Wittgenstein. En 1992 comenzó a escribir la trilogía Poena Damni, expresión que se refiere a los castigos que sufren las almas en el infierno. La trilogía se compone de los libros, publicados en orden inverso al que ocupan en ella: La primera muerte (1996); Nyctivoe (2001; publicada con nuevo título, Con la gente del puente, 2014); y Z213: Exit (2009). La trilogía ha sido traducida al inglés, al alemán y al francés y en la actualidad se preparan traducciones al español, al italiano y a otros idiomas centroeuropeos y ha sido considerada como una de las obras más originales de la literatura griega contemporánea.

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Luis Miguel Isava. Caracas, 1958. Profesor, teórico, crítico y traductor, ha publicado libros sobre poesía y teoría poética, así como artículos sobre poesía, teoría poética, teoría cultural, artes visuales y cine, en revistas tanto nacionales como internacionales.  PhD en Literatura Comparada. Acaba de concluir su libro De las prolongaciones de lo humano. Artefactos culturales y protocolos de la experiencia, que ha sido sometido a evaluación por editoriales en España y Latinoamérica. 

La imagen que ilustra este post fue realizada por el poeta venezolano Adrián Arias Pomontty

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Thirties Poets

Trad. Juan Arabia & Rodrigo Arriagada-Zubieta

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