Eco de lo innombrable

Sobre «Cantocuarto Libro 4» de Francisco Catalano

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Jesús Montoya:

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A poesia é o estado originário do homem e também o último.
Toda a filosofia oriental é apenas poesia. A mais elevada moral
se torna poesia. Apenas por meio da poesia pode o homem
expandir sua existência para a existência da humanidade.
Apenas na poesia é que se encontram todos os meios de cada homem.

Friedrich Schlegel

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Hace calor. Quizá estamos a unos 38 grados en Maracaibo. Estoy en la entrada de un espacio donde habrá una lectura de poesía. Tengo 18 años. Es la primera vez que voy a leer fuera de San Cristóbal. Transcurre el año 2011 en un país que está a punto de elidirse aún más, irrevocablemente. A lo lejos, veo llegar a un joven vestido de negro con la cabeza rapada. Me llama la atención. Está ofreciendo su libro. La edición es autogestionada: tiene una portada negra, con algunas líneas blancas y un símbolo («I») en el medio. Enseguida, escucharé su voz porosa, dinámica. Su prosodia evoca, de alguna forma, a una puesta en escena. Nunca sabré mucho más de él desde ese día hasta que llegue a mi correo electrónico el archivo de 4M3R1C4 2.0: novísima poesía latinoamericana (1980-1990), edición compilada por el poeta chileno Héctor Hernández Montecinos, donde leería, con más detenimiento, los textos que Francisco Catalano recitó ese día en Maracaibo.

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Con cierta distancia, puede verse que aún hoy muchos de los nombres incluidos en esta singular antología ejecutan procedimientos poéticos mutantes y fuera de encasillamientos en América Latina. Pienso en las obras de Érica Zíngano (Brasil, 1980), Tilsa Otta (Perú, 1982), Manuel de J. Jiménez (México, 1986), Elena Salamanca (El Salvador, 1982), Legna Rodríguez Iglesias (Cuba, 1984), Wingston González (Guatemala, 1986) y, más reciente, en la de David Meza (México, 1990), por mencionar algunos.

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Una de las directrices de la cartografía levantada por Hernández Montecinos me es sugestiva para reflexionar sobre el proyecto de Francisco Catalano: «La tradición es un flujo lento y más bien asociado a la concreción del Libro, mientras que la ruptura tiene que ver con una rapidez de la velocidad y se acerca a la idea de Obra» (Hernández Montecinos, 12). Hago esta cita porque los libros de Francisco Catalano, hasta ahora publicados, responden a ser parte de una línea que los conjetura en «I», sigla que puede ser legible como número romano u ontología lacaniana, pero que también es, en otros términos, lo «innombrable» en tanto «i» latina, aunque haya existido un libro «0» que en el volumen inicial se acusa de haber sido rescatado por el propio Catalano en un híbrido desde la primera edición de este proyecto estético:

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En esta, primera entrega,
del Libro 0 he logrado recuperar
de los amplios desiertos de la herencia
algunos Himnos de la patria perdida (Catalano, 2010, 13)

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La proliferación de una numerología «logicial» que se verbaliza para otorgar sentido al fenómeno poético es lo que sustenta la continuidad de la obra de Francisco Catalano. Desde allí pasarán otras herramientas con las que expandir a la poesía a otros soportes intermediales, como el videopoema o la puesta en escena, siendo pionero de este tipo de exploraciones en la poesía venezolana contemporánea. Los Revitales, indagaciones audiovisuales producidas por Francisco Catalano, pueden ser guías de las obras impresas o a la inversa. Así, el libro en términos de extrapolarse yace en la proposición de una «Obra» y no apenas como una pieza por separado en formato impreso.

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La unción de estos materiales provoca cierto desajuste en el lector, quien además podrá pasar a ser espectador en la medida en que presencie las lecturas performáticas. El movimiento de objetos: campanas, baterías, luces, además de la presencia del autor recitando –escenificando– su libro, crean un espectro visual donde lo sonoro procura prevalecer, tal y como ocurre, por ejemplo, en la colaboración hecha junto al músico Rafael Pino. No hay, pues, un límite sino un desborde de la palabra que llega a rozar lo ritual. En razón de esto se dimensiona una linealidad como exploración bocal, audible y corporal.

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Es la primera vez que camino por la ciudad de Caracas. Corre el año 2013. El papá de un gran amigo, que nos acompaña con las maletas, me dice que voy lento, que todo el mundo notará que soy gocho. Sonrío. Apresuro el paso entre el bullicio del metro. Mi ropa huele a gasolina, a los viajes que hice cuando comencé a escribir poesía en Venezuela. Leeré con gente querida en un lugar llamado «El Puto Bar». Quien organizó la lectura fue Francisco Catalano. Nunca había andado por Caracas de noche, ni mucho menos entrado a un bar en la capital. La noche es fresca, se extiende como un lince en la oscurana. Estamos sentados en un sofá roído y azulado que huele a ganja. Entre el barullo dislocado del recinto hablamos de Roberto Juarroz: «Desde adentro, toda obra es un fracaso». Pero antes, entre la voz y la página, puedo divisar un epígrafe de Huidobro: «Pienso que la poesía es la síntesis / de todas las potencias creadoras del hombre». La página deflagrada se deshace sobre el antro. Catalano toma el micrófono. Su voz se precipita. De repente pienso: nunca he leído un libro suyo completo; apenas he paseado sus versos recortados entre aquella antología, lo he escuchado y visto en Maracaibo y ahora aquí.

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El «Libro» es su presencia templada, amalgamada en su expresión, el libro está fuera de sí, procurando rehacerse en otras materialidades como fragmentos de fragmentos.

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He ido, atravesando el centro de San Cristóbal, a buscar El coro de las voces solitarias de Rafael Arráiz Lucca en Ipostel. Han llegado otros volúmenes, pero solo recuerdo ese y el Libro 3 de Francisco Catalano, que acababa de ganar el Premio Fernando Paz Castillo en medio de un ambiente político convulso. Lo abro al azar y leo: «Perderse no es caminar / perderse es un camino» (Catalano, 2016, 18). Voy hacia adelante. Lo abro una vez más:

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Cada tanto tiempo
hay que volver a aprender a escribir
a abrir y cerrar los ojos
las manos los paréntesis
los pasos las comas las comillas
nuestro nombre nuestra hambre
nuestra página en blanco (Catalano, 2016, 29)

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La obra de Francisco Catalano puede leerse como una reconstitución aforística continua. Tengo la impresión de que algunos poemas son rizomáticos en sí mismos; solo su torcedura los hace decir la realidad como acontecimiento del lenguaje. Por ello, hay una poética instaurada de la que como lectores nunca podremos dejar de salir. Si Huidobro reclama la caída, ya sabemos que la verticalidad de Juarroz es la insistencia en un solo planteamiento de arquitectura verbal. Pero, ¿y la conjetura, la reducción? Y más allá, ¿la expansión-reducción como paradoja? ¿Una performancia del aforismo? ¿Una “repetición” hacia el centro? ¿Una “voz” de Porchia revuelta en la espacialidad blanca que nos lleva a Alfredo Herrera Salas, o al otro Alfredo, Silva Estrada? ¿Y el deseo de cura, casi místico, del lenguaje como trepadera hacia lo albo? ¿Es Armando Rojas Guardia? ¿Y la voz en el palco, como un mantra, es Rojas Guardia infiltrado que nos puntea estas entrañas?

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Hay cierto desajuste, sin embargo, que no debe ser interpretado desde la trampa u estafa del surrealismo en América Latina, ni mucho menos desde estos nombres que acabé de mencionar. Aquí se entrama un objeto cultural que se desentiende de categorías y las mal llamadas «influencias», al mismo tiempo que busca sus raíces en lo verbal de la tradición poética occidental y, más específicamente, latinoamericana como territorio.

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No obstante, no me saldré de esta página sin responder mis propias interrogantes: todas estas poéticas están yuxtapuestas, transpuestas, dispuestas a nombrarse entre mixturas.

 

4

Hay dos textos que me parecen centrales como ruta de este desencaje en la obra de Francisco Catalano. El primero de ellos está en el antepenúltimo número impreso de la revista POESIA, antes de pasar a su etapa digital en el año 2016, cuya edición, además, es de extrema importancia para entender una parte de la poesía escrita por poetas que nacieron en Venezuela durante los años 80. El primero de ellos, homónimo al «I», expresa:

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La poesía no es lo que es, sino el exceso de lo que es; escribimos lo
de más, incluso lo de más en lo que falta, no lo que falta.

Hablar es derramarse

Vivir es derramarse (Catalano, 2016, 11)

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Esta proposición de contrariedades en matices: «vacío – exceso» es lo que encuentro como eje de revisión imparcial. El blancor del salto al vacío en lo impreso es lo que, en ocasiones, se rebasa en la voz y en su ausencia, en los Revitales y en las presentaciones en vivo. Mi marco de análisis, aunque hermenéutico y empírico, no deja de ser palpable en el filtro de tentáculos colaborativos cuando del afuera o del borde de la «Obra» se trata. Pensemos, por ejemplo, en que el Revital sea lo que Julio Plaza denomina como una tradução intersemiótica: «Como transcriação de formas, a tradução intersemiótica é viabilizada pelos signos de lei que, devido às suas qualidades paramórficas, permitem sua penetração em quaisquer formas estéticas e meios» (Plaza, 2010, 98). O en que el Revital el «autor» se haya transformado para ejercer una cura editorial antológica como la muestra de poesía joven venezolana Página = Pantalla (2015).

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Lo verbo-boco-visual que se enuncia desde el cuerpo del autor en su expresividad, trayendo objetos, movimientos, golpes, un «resonar», traduce, se apropia de sí para representar su palco y traer otras voces y otros cuerpos al mismo. Es por esto que la página en la obra de Francisco Catalano es un teatro de las formas verbales. Pero también es por esto que, en el viaje internauta de estos objetos que nos increpan, la poesía adquiere otras alternancias y requiere de otras definiciones.

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Me es inevitable, entonces, preguntarme cuáles de los poetas contemporáneos nacidos en los 80 llevaron a cabo, digamos, no apenas una o dos veces, este tipo de acciones, sino que las hicieron centro de su poética. Un antecedente estaría más atrás, con Marco Antonio Ettedgui (1958-1981), quien, además de poeta, fue sobre todo actor y performista, y cuya obra descubrí por mera casualidad en el ya legendario tomo Medusario. Muestra de Poesía Latinoamericana (1997), siendo el único venezolano incluido en el volumen. Parte de la obra poética y dramática de Ettedgui fueron publicadas, posteriormente, en Ettedgui, arte-información para la comunidad (1985), lo que quiere decir que su aparición en la que podría definirse como una de las apuestas más raras de la poesía latinoamericana de fin de siglo, fue póstuma. Aún hoy en día su nombre es casi imperceptible dentro del canon venezolano. A pesar de esto, algunas apuestas más recientes como las del colectivo 4 Grados del Fuego, «proyecto poético-musical colectivo integrado por los poetas Bolívar Pérez, Adrián Pomontty, Alejandro Indriago, Anahis Monges, Oswaldo Flores y los músicos Keban Frías (guitarra eléctrica), Liber Oscher (corno y bajo eléctrico) y Andrés Levell (piano)», o las de los andinos Sacha Guerrero y Ender Rodríguez, tienen afinidades con los procedimientos performáticos hechos por Catalano.

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El otro texto que me parece central, fue publicado también en la revista POESIA durante el año 2016, y se titula Contra el poemario, en él Catalano postulará una contrariedad sobre esta palabra, como si se tratase de un recetario, para finalmente discurrir acerca de lo que he ido intentando rastrear desde el inicio de esta presentación: «Odio la palabra poemario porque hasta ahora no he escrito poemas sino libros de poemas, sistemas dinámicos, juegos que quizá tan solo oscuralizan algún tipo de hambre o insaciabilidad estructural que tarde o temprano seguramente me lleve a escribir un poemario compilatorio» (Catalano, 2016).

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Ciertamente, la publicación de esta suerte de dos poéticas –y sobre todo la establecida en este segundo texto, luego de haber salido el Libro 3–, hace palpable la morfología del Cantocuarto Libro 4 (2022), puesto que, aunque todo lo que anteriormente expliqué parece no tener nada que ver con este nominal del volumen, es precisamente esa numeración polifónica, asonante, y en algunos casos rítmica, donde se despliega cada una de estas caras de hechura que atraviesan un juego tipográfico y visual, ya característico en la propuesta de Catalano.

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El Cantocuarto Libro 4 (2022), como paradoja, es un compilatorio de poéticas. Quiebres, mayúsculas y minúsculas colman la idea de desplazamiento que se distiende descarnadamente alrededor del libro. Este retazo de retazos, de los volúmenes hasta ahora publicados de «I», es sin lugar a dudas el más arriesgado, puesto que lo impreso se verá más afectado por la traducción del espacio audiovisual, al incluir, por ejemplo, códigos QR dentro de la obra como un trampolín para el lector, lo que recuerda a ciertos artefactos realizados con links por Miguel Ángel Hernández o, más recientemente, por Jacqueline Goldberg. Sin embargo, aquí la ostentación de esa ósmosis anterior en progresión difumina los códigos para sobrepasar las barreras del lenguaje saliendo, nuevamente, al cuerpo del autor para una lectura en representación que acompaña a quien viaja en la obra, además de poseer con antelación una lógica plausible en el desarrollo de su obra, entretejida en cada volumen.

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«Este libro es una interjección», expone Catalano, y es también la posibilidad de percibir una desestabilidad provocada por el exilio, del que el psiquiatra español José Solanes explica: «La mayoría de los diccionarios define el exilio en función del espacio, sin alejarse de lo que sugiere la etimología de la palabra afuera. Exilio sería, en efecto, un derivado del latín exiliare: saltar afuera» (Solanes, 1987, 53). Pero también hay algo de estático en la ida, en el desplazamiento. Y es la llegada, el encierro de quien no tiene con quien compartir su experiencia, una cierta forma de «vegetar» el trauma. El cuarto de este canto apunta hacia ese norte: la enfermedad, la pérdida del padre, las herencias arrastradas por el viaje y una vuelta que parece irreal.

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Por otro lado, los apuntes en prosa, como exploraciones del sueño, intentan dar un diagnóstico a través de la expresión de una «violencia psíquica» que intenta recuperarse, curarse, en la escritura. El recorte se hará ahora más visual, ya que además de los juegos tipográficos y los códigos QR, el lector irá viendo una serie de collages que imprimen propios versos del libro como una metapoética en imágenes. Existe, en esa proliferación de cuatro frutos interpuestos una poética secreta que vuelve a sus orígenes, trayendo otras interrogantes a la página y a la poesía venezolana. La rudeza y esponjosidad de los cuerpos figurados en una tragedia se va haciendo evidente, como una mezcla imparable, a medida que la voz prospera en sus facetas. Lo que se asimila a un «desorden» o a una «verborrea» esgrime un malestar mental que, autodestruyéndose en la lengua, anhela regenerarse:

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no un libro contra-alguien: un libro contra libro:
un todo contra el libro: un canto libro. (Catalano, 24, 2022)

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Esta es la columna vertebral de su alteración y mixtura. Se va contra el mismo proyecto inicial a la vez que este produce una salida distinta de lectura de sí hacia una especie de monólogo del cuarto en que la voz se muestra desplazada y desinhibida:

 

 

cuarto el cuarto de las cuatro paredes sin salida. cuarto el cuarto que
contiene el cadáver de mi padre. cuarto el cuarto donde perdí mi
futuro y mi presente y mi pasado. cuarto el cuarto donde me
encebollaba los cornetes. cuarto el cuarto donde quisieron extirparme.
cuarto el cuarto donde conocí el amor de los tatuajes. cuarto el cuarto
del cuero de donde venía la correa. cuarto el cuarto donde me dio
sarna. cuarto el cuarto donde los libros eran una bóveda. cuarto el
cuarto donde las paredes estaban pintadas como una psique abierta.
cuarto el cuarto para el box nuevo donde dormir con la novia. cuarto
el cuarto polvo que se hace. cuarto el cuarto de baño donde se tira.
cuarto el cuarto en 0° donde perdí a la familia. cuarto el cuarto libro
donde perdí el hilo. cuarto el cuarto donde escribo esto. cuarto el
cuarto hijo de la profesora rita (Catalano, 62, 2022).

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Leo esta obra desde Brasil. Y pienso en Marília Garcia, en Ricardo Aleixo, en los llamados «saraus», en la poesía brasileña actual más que en la venezolana. Pienso que la poesía no tiene nacionalidad. Pienso que aquí hay algo de argentino en su movilidad icónica, collagista, audiovisual. Pienso que el cuarto de quien parte es el Cantocuarto Libro 4. Pienso que cada quien, a su manera, ha pasado por ese aullido de voces, por esa impostura e indocilidad con la cual nombrar lo «innombrable» parece gestar, muchas veces, obras que nos increpan más con preguntas que con vacuas respuestas sobre nuestra realidad política, social y existencial en este intrépido siglo XXI[1].

 

14 de noviembre de 2022, São Carlos, Brasil

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Referencias bibliográficas:
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J.

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Jesús Montoya
. Tovar, Mérida, 1993. Es poeta, investigador y traductor. Actualmente cursa el Doctorado en Estudios Literarios en la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar). Ha publicado diversos libros de poesía. Es profesor de español.

[1] Este texto fue leído en la presentación del Cantocuarto Libro 4 (LP5, 2022), del poeta venezolano Francisco Catalano.
La obra que ilustra esta publicación fue realizada por la artista venezolana Andrea d’Escriván

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