El califato de Lima

Diego Otero

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i n t r o

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Contexto (2017)

En el noticiero de la noche vemos que el presidente
es entrevistado por un tipo con cabeza de pájaro.

Debe ser una de las noches más frías del año.
Hemos prendido la estufa y estamos tapados
hasta el cuello.

……………….Mi esposa pregunta
si la cabeza del entrevistador representa
un cóndor o un gallinazo.

……………….No sé, respondo, y
subo el volumen para que el contexto
(las cosas que dicen)
nos ayude a sacar alguna conclusión.
……………….Pero todo
lo que brota
del parlante
es muy feo, por eso el entrevistador parece
pronto hiperventilado
y acerca su cabeza a la cabeza del presidente
y le clava el pico en un ojo.

…………………………………La sangre
salta
……….hasta cubrir
la pantalla, como
una cortina pesada y
……….roja.
………………..Y no nos queda más
que apagar. Y volver sobre esa tarde de marzo
en que la luz era de un brillo
dorado
limpio. Y en la que mi hijo de cinco años
corría entre los muebles, y se carcajeaba,
y tiraba al aire una pepa de palta
que giraba como un pequeño planeta
o de repente solo como un país.

…………………………Un país
arrasado.
…………………………Un país o una pepa de palta
que debería seguir girando
en el aire del departamento, cada vez
más lentamente, hasta el punto de convertirse
en la única excepción del mundo
a la ley de gravedad.

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1. C l a s e  t u r i s t a

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En el semáforo

Veo la noche a través de las lunas polarizadas
de un taxi. La doble oscuridad de la calle

y las luces flojas, como disueltas. La chica que
espera en la esquina lleva puestos unos

audífonos claros, y una falda de rombos
o escudos, pero yo solo distingo bien sus facciones,

subrayadas por el brillo vibrante de la pantalla
del celular. Ella no sabe que yo la estoy viendo,

y que intuyo sus piernas en la penumbra. Tampoco
lo sabe el monstruo que empieza a moverse

tras ella. El monstruo es como la vida: una cosa
imprevista. Y pese a tener tres pares de ojos

y una cabeza triangular, no puede ocultar
su tristeza. No puede dejar de intuir que

una serpiente se enrosca y se agazapa
detrás del corazón de los insatisfechos.

Lima parece una ciudad pero en realidad es
un taxi. Un taxi cuyas lunas polarizadas ya casi

no permiten ver lo que pasa afuera, en la noche.
¿Qué hacen, por ejemplo, ahora, el monstruo

y la chica? ¿Es un acto de amor o un acto
de violencia? Es difícil vivir en la sombra cuando

tienes que mirar. Es difícil viajar en un
taxi cuyo conductor tampoco ve casi nada,

y sin embargo espera el cambio de luz.

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2 . d e b e r e s  y  d e r e c h o s

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d e l  p o e t a  p e r u a n o

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Autoaniquilación, una parábola

El hecho de que las autoridades clausuren los bordes de los puentes,
los acantilados y los techos con láminas de acrílico
……….transparente
no va a impedir que los suicidas
encuentren el
camino.

………………..Pronto esos acrílicos
quedarán como documento de una
“inocencia” pública:
……….el apetito de la tierra
carece de remilgos frente a los síntomas de la
enfermedad social.
…………………………………..Los involucrados
tampoco echan al traste los huesos del
faenón: se los chupan, eructan, y
la basura termina en el
mar.

…………………………Todo
es un poco como ir al kiosko y pedir
el periódico del día, y esperar
que el periodiquero te dé siempre dos
opciones: ¿quieres el diario
en el que nos va más o menos bien
o el diario en el que nos va calamitosamente
mal?
………………..Y tú le dices, porque
estás muy cansada, que mejor
solo ves los titulares
de ambos mientras
empiezan
a llover fichas
plásticas
de algún juego
que no conoces.

………………………….(Esas fichas, esos miles
o millones de fichas, hay que decirlo, terminarán también en el
mar.)

………..Pero en unos años, cuando todo haya terminado
y la ciudad haya crecido mucho
hacia arriba gracias a una dieta
balanceada y con insumos de primera
—y mucho a lo ancho un poco como
cuando alguien se alimenta de chatarra—,
sobre las láminas de acrílico
inútiles y sucias
los más jóvenes pintarán con spray unas palabras
parecidas al grito en cuyas ondas sonoras
viaja una flecha de punta encendida
hacia la noche
cerrada.

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César Vallejo en el siglo XXV

En la primera escena que vi, Vallejo estaba parado tras el cordón de seguridad de un desfile militar. Aunque no era exactamente un desfile militar; por momentos más bien parecía un violento accidente automovilístico, alrededor del cual la gente se aglomeraba, boquiabierta. Vallejo iba vestido con un terno azul clásico, intemporal, y miraba con atención lo que ocurría en la pista. En una mano llevaba una banderita peruana de esas rígidas, que no flamean, de cartulina forrada con papel lustre. La llevaba como sin darse cuenta, distraído, hasta que apareció por un rincón una silueta de forma humana, que se deslizó entre la gente con elasticidad y sigilo, como una sombra. Se detuvo junto a Vallejo —que miraba con perplejidad las cosas que ocurrían en el “desfile”, a vista de todos—, sacó unas tijeras plateadas e hizo trizas la banderita.

En la otra escena Vallejo estaba apoyado en un muro, con una bolsa transparente de canchita en la mano. A su lado había un tipo de jean y saco, que parecía admirarlo con fervor. Estaban tan cerca de mí que podía escuchar algunas de las cosas que se decían. Al parecer el tipo de jean y saco era un profesor de literatura, o un escritor. O quizá solo un lector, aunque eso sería más raro. El punto es que lo interrogaba con entusiasmo y vehemencia sobre versos específicos de Trilce IX, Trilce XXVII. Y Vallejo sonreía con cierta sorpresa y decía que ya no se acordaba de esos poemas. Que había pasado demasiado tiempo.

En un momento Vallejo acarició con dos dedos la piedra de su anillo, que era un ámbar cuyos brillos ondeaban en la luz del final de la tarde, y se hundían en los colores cambiantes —violeta, gris, salmón— del cielo. Después volvió hacia el otro hombre y le preguntó, con un gesto como de preocupación: ¿Vio usted ese desfile de hace un rato? El profesor, o escritor, o lector, asintió. Ni me diga, le dijo. Es como si hubiéramos tocado fondo y hubiéramos comprobado que el fondo es elástico. Que el fondo se mueve. Que el fondo no es fondo. Después se quedaron callados y el cielo se fue oscureciendo y surgieron un montón de silenciosos fuegos artificiales, que se abrían como flores y estallaban, mudos. Ambos miraron hacia arriba y dijeron alguna generalidad sobre el paso del tiempo y la vida. Frases hechas y casi murmuradas. Cuando el espectáculo terminó se despidieron con una venia, entre las sombras, sin poder verse bien los ojos.

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3 . El Califato de Lima

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1.

Porque somos demasiado desconfiados es
que lo vemos:

…………………………….se pone de pie frente al
espectáculo del sunset del verano y se coloca
el turbante con estilo y
lentitud.

Nosotros no tenemos voz ni queremos
tenerla. Nos comunicamos por los ductos
del edificio:

…………………………….los ductos
son nuestras gargantas, y decimos
lo que dice el paso del tiempo o las condiciones
meteorológicas.

Decimos luz natural que destiñe la tapa de un
libro, decimos aire. Pero
también decimos cosas aparentemente
descontextualizadas:

soplido de hielo antártico, explosión.

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5.

Llegados a este punto quizá sea pertinente preguntarnos hacia dónde exactamente estamos yendo. El viejo crítico literario que me parasita y que despierta por temporadas (como un oso que hiberna con el estómago vacío) quiere saber por qué, por ejemplo, este poema lleva por título El Califato de Lima. Qué es El Califato de Lima. ¿Un chiste? ¿Una caricatura de la opresión y el fundamentalismo que asoman sus cabezas de papel maché por encima de una nomenclatura de dudosa incorrección geopolítica? ¿Se debe presumir que en algún lugar, encaramado sobre algún púlpito o alguna bóveda, hay algo así como un califa? ¿O el califa es ese energúmeno que ya hemos conocido? Y by the way, ¿esa voz colectiva, ese “nosotros” que conduce el discurso, no es acaso la voz del indigno que sabe olfatear la indignidad de los demás? ¿De todos los demás?

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9.

Generalmente ocupamos las zonas inferiores pero
a veces
subimos por los ductos como si
fuéramos el ruido de un clavo golpeado
por un martillo o el vaho
agrio de una fruta que nadie quiso comer
y se pudrió:
…………………………subimos hasta el
mismísimo entretecho del penthouse y
navegamos o flotamos (nadie tiene claro
cuál es el término correcto) junto al
laberinto de la ventilación del
aire acondicionado.

………………..Somos
flexibles junto al plateado tubo de latón
flexible.

……….Y somos duros sobre
el arreglo de flores que alguna de las cuatro o cinco
señoras
coloca frente
a la luz oblicua y espectacular
del fin del sunset,

………………..mientras él
termina de acomodarse el complejo turbante
en la cabeza.

Porque somos súper desconfiados es que lo vemos.

Lima casi no es y es
hermosa
desde tan alto.

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Diego Otero. Lima, Perú, 1973. Poeta y novelista. Ha publicado en poesía Cinema Fulgor (1998), Temporal (2005), Nocturama (2009) y El califato de Lima (2021). En colaboración con el músico Santiago Pillado y el diseñador gráfico Goster, publicó el proyecto artístico en formato de libro La Grabadora. The Sound Of Periferia (2006), que se presentó como parte de la muestra antológica Tránsito de imágenes (Puntos de fuga hacia el arte último), en el MALI, bajo la curaduría de Jorge Villacorta; y en novela corta Días laborables.

La obra que ilustra esta publicación fue realizada por el artista venezolano Renzo Rivera

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