«El concierto de la catástrofe»

La poesía documental de Jacqueline Goldberg

Por Diana Moncada

La poeta conversa sobre el proceso de creación de su libro Nosotros los salvados que reúne los testimonios de sobrevivientes de la Shoá que encontraron en Venezuela un nuevo hogar.

Transitar los senderos de una poesía documental es todavía una tarea detectivesca debido a la poca producción que existe en esta materia, sin embargo cabe preguntarse cuántos poemarios, cuántos libros habrán germinado bajo el pulso del testimonio, pero sin la etiqueta que nombra o encasilla un posible y extraño tipo de poesía.

Jacqueline Goldberg atendió a un coro de voces atravesadas por la desesperación, el dolor y la humillación, y ante semejante concierto se convirtió en el puente para que las mismas entonaran su desgraciado canto, poético desde su origen, documental en su esencia. La poeta se abandonó a la imposición genuina de los sobrevivientes de la Shoá que encontraron en Venezuela un nuevo hogar y fungió como una especie de editora para terminar de poetizar testimonios que de por sí ya poseían una terrible y diáfana belleza.

A propósito de su libro Nosotros los salvados, un experimento de poesía documental inusual en Venezuela, conversamos sobre el género y sobre el proceso que la llevo a documentar “la voz de los salvados”.

¿Cómo te aproximaste por primera vez a la poesía documental? ¿Qué autores te introdujeron en el género y qué fue lo que más te atrajo del mismo?

Vengo trabajando en la construcción de poemas a partir de documentos desde hace una década. En 2006 publiqué en la Revista Veintiuno (Fundación Bigott) fragmentos de Autopsia, pequeño libro sobre la descomposición cadavérica que luego aparecería completo en Verbos predadores, Poesía reunida (Editorial Equinoccio, 2007). En ese momento no había nombre para lo que estaba haciendo. Mi experiencia con el periodismo —sobre todo con el periodismo de investigación sin límites para el lenguaje que permitía la Revista Exceso— me acercaron a textos que podían construirse desde noticias e investigaciones. Sólo cuando arranqué en 2010 a juntar los textos que hoy forman parte de Nosotros, los salvados, me topé con la llamada «poesía documental», en un principio con la propuesta de la escritora mexicana Cristina Rivera Garza y luego a través de búsquedas en Internet con otro autores. El único libro que hasta aquel momento llevaba claramente la alusión a la poesía documental era una poemario de Claudio Zulian, titulado A través del Carmel (Calima Ediciones, 2009). Con los años he ido encontrando otros autores que definen su trabajo como poesía documental.

Otro momento genealógico fue mi libro testimonial En Idioma de jazz. Memorias provisorias de Jacques Braunstein (Fundación para la Cultura Urbana, 2005), en el que me permití escribir todo el texto en forma versificada. Con esa biografía indagué en una escritura que obedecía al aliento del testimoniante. Por fortuna mis editores y el propio Braunstein admitieron aquella forma como natural y luego los lectores, aunque extrañados, parecieron sentirse cómodos.

La poesía documental tiene como materia prima la realidad circundante, ¿cómo es el proceso de poetizar esa materia?

A veces me preocupa que la escritura de la poesía documental sea un trabajo demasiado fácil. La realidad es tan vasta y llena de matices, que se me hace muy cómoda. Todo está a la mano: la historia, los personajes, un tono, el lenguaje. Se trata de reacomodar lecturas, añadir palabras, deconstruir hechos que me maravillan por hermosos o terribles, cercanos o lejanos. El proceso es más parecido al reportaje que a la poesía misma. Escribió William Carlos Williams en el primer libro de su Asfódelo, esa flor verdosa: «Es difícil / obtener noticias de poemas». Sin embargo, resulta natural extraer poemas de una noticia. Es esto lo que supone la poesía documental al investigar las múltiples formas discursivas que documentan la realidad para luego reciclarla, copiarla, interpretarla, editarla y citarla hasta hacer de ella una construcción estética. Existen reveladores ejemplos de cómo se transforman en poemas testimonios, noticias periodísticas y documentos de diversa procedencia, cuyo lenguaje y contexto, en apariencia, son ajenos al hecho artístico. La poesía documental se apoya en un proceso metafórico que arroja sobre las voces de la realidad trazas de belleza, estremecimiento e interrogantes acerca de aquello que entendemos como verdad, ficción y autoficción.

En ese proceso ¿Se ve comprometida la dimensión real de los hechos, el testimonio? ¿Cómo se maneja esa relación entre realidad y ficción?

La realidad se ve comprometida desde el mismo instante en que pasa a ser escritura. La realidad es primero trasvasada a la escritura periodística y desde allí al alambique de la poesía. Confío en lo que leo, luego de escoger las fuentes, es fidedigno. Intento dejar testimonios y fragmentos de la noticia tal cual fueron publicados en el documento original. La creación está en la escogencia de esos fragmentos, en todo lo que circunda a los entrecomillados. En el caso de Nosotros, los salvados los poemas vienen de los testimonios, mi intervención fue mínima, una pequeña limpieza del lenguaje. Son fragmentos escogidos precisamente porque por sí solos ya tenían un tono poético, aunque sea atroz lo que dicen.

¿Qué posición debe tener un poeta documental ante la realidad que estudia, observa, siente? ¿Hay un compromiso ético, político?

Hay compromiso de todo tipo. No se debe modificar el sentido de la fuente original. Sino ya no habría intervención de lo documental, se trataría de una mera recreación. Mucha poesía proviene de una exhaustiva investigación, pero no siempre se le califica como documental, eso no importa. En todo caso, la investigación siempre ha estado presente en la poesía, es un método de abordaje de la realidad para luego diseccionarla y apropiarnos de ella.

¿Para la escritura de Nosotros, los salvados, cómo fue el proceso de recopilación, selección, escritura y ensamblaje de todas las voces que conforman el libro?

Los textos provienen de testimonios de supervivientes de la Shoá que hicieron de Venezuela el lugar de su renacer después de haber permanecido en campos de concentración, campos de trabajos forzado y poblados al borde del abismo, durante los días de la Segunda Guerra Mundial. La mayor parte de las entrevistas fueron realizadas entre 1996 y 1998 —otras en la década del 2000— por profesionales venezolanos entrenados por Survivors of the Shoah Visual History Foundation, institución creada en 1994 por el cineasta Steven Spielberg, hoy denominada USC Shoah Foundation Institute for Visual History and Education. Entre más de trescientos documentos audiovisuales recopilados en Venezuela, la Unión Israelita de Caracas solicitó autorización a la institución estadounidense para publicar dos tomos con setenta testimonios (2004) y más tarde un tercero con cincuenta y cinco (2011), todos bajo el título Exilio a la vida y cuya redacción me fue encomendada. Mientras iba editando aquellos testimonios —que debían limitarse a veinte mil caracteres y a un relato cronológico— fui extrayendo fragmentos que me asombraban por su contundencia poética. Cuando tomé conciencia de lo que estaba haciendo, de que esa extracción se convertiría en un nuevo libro, comencé a pensar en poemas.

¿En qué medida esas voces que rescatas, a través de los poemas documentales, entablan un diálogo con tu poesía, con tu voz poética?

Desde el mismo momento en que selecciono una historia para convertirla en poesía (no hablo solo de Nosotros, los salvados) estoy dialogando con mi trabajo literario en general. La poesía documental no es un surco en mi escritura. Es parte de ella. No decido cuándo voy a hacer un poema doculmental, todo depende de la investigación que el texto necesite, luego decido si habrá fragmentos de lo que leo, si el tema amerita la voz de otro.

La poesía documental aún es un género desconocido y poco estudiado. ¿Cómo diagnosticas el género? ¿Se está escribiendo poesía documental actualmente?

Muchos poemarios acuden a la poesía documental y pudieran ser catalogados como tal, aunque no se diga. Anapurna, de Igor Barreto, para mí es poesía documental. Pero, repito, el nombre es lo de menos. Me interesa cuando la investigación se deja ver a través de citas y referencias a la realidad. No sé si tiene sentido diagnosticar un género, bautizarlo y sistematizarlo. Sólo sé que me gusta lo que va saliendo, lo mucho que disfruto y padezco el trabajo que conduce al poema cuando parto de documentos.

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JGoldbergPOESIA

Jacqueline Goldberg. Maracaibo, Venezuela, 1966. Poeta, editora, periodista y ensayista. En poesía ha publicado más de diez títulos, entre los que descatan Treinta soles desaparecidos (1985), De un mismo centro (1986), En todos los lugares, bajo todos los signos (1987), Luba (1988), Trastienda (1991), con el cual resultó Finalista en el Premio Casa de las Américas (Cuba, 1990); Máscaras de familia (1992), Víspera (2000), La salud (2002), ganador del Premio Caupolicán Ovalles de la Bienal de Literatura Mariano Picón Salas, Limones en almíbar (2014), entre otros. Su poesía ha sido incluida en numerosas antologías nacionales e internacionales, y ha sido merecedora de varias distinciones y reconocimientos.

Diana Moncada. Caracas, Venezuela, 1989. Poeta y periodista cultural. Autora del libro Cuerpo crepuscular, ganador del Concurso Autores Inéditos, Monte Ávila Editores. Moncada forma parte del equipo de colaboradores de POESIA y dedica parte de su trabajo a la entrevista literaria.

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