«El hermetismo lumpen de Jesús Rengifo Angarita»

Por Daniel Arella

(Si yo fuera como tú, si tú fueras como yo.
¿No estuvimos
bajo un alisio?
Somos extraños.)
Paul Celan

El manuscrito de Rosa del adverbio, segundo poemario inédito del poeta merideño Jesús Rengifo Angarita (1979), me fue entregado una madrugada de noviembre, escrito a lápiz con letra de colegial, sobre hojas sueltas de un cuaderno escolar a rayas,  unidas por un lazo de pabilo en la esquina. En la primera página se dejaba leer la siguiente inscripción: Octubre 2013. La Petrolia. Edo. Táchira. Cada poema fue escrito uno seguido del otro, arrastrados por el trance  visionario que se origina en la fuga del destino de ciertos poetas. Al llegar a mi casa, lo primero que hice fue transcribir a computadora los poemas de Rengifo, una de las mejores formas de leer poesía, con la memoria táctil de ese presente vital. Me encontré con versos únicos:

Esquizoide    travieso
Miento
Sobre la hierba,
Tantos sones e ideas

Fúlgida meta
Razonamiento etílico
En la sombra.

(…)

Once para siempre
Éxtasis, bronceado único
Verso tímido, flor del ayer

(…)

Amuleto adivino
lame, la tela rústica
manera sigilosa del ámbar.

(…)

Estilo cero      mueca sentido
amantes susurros se cuelan
en la estera del sino.
Capa subrepticia  llena de
flor el viento.
Amuletos estertéreos flama
de un sol.

La poesía de Jesús Reginfo Angarita es una prueba desgarradora del lenguaje como límite. Un lenguaje que intenta traducir  la imposibilidad de la expresión, el silencio que dobla la identidad del signo. No puedo evitar compararlo en este sentido con el poeta Rafael José Muñoz o con la naturaleza ética de Paul Celan en sus efectos sonoros.  Un ritmo entrecortado, como un llanto imparable, desbordante.  El amor es un díscolo silencio: un silencio perturbador, indócil, que no puede ser contenido, sino por la luz de la imagen impredecible. El silencio para Jesús Rengifo Angarita es un Dios que escucha las confesiones de sus actos desdoblados, de sus crímenes invisibles. El poeta lo llena de blasfemias abismales para  no escuchar lo que dice. No es un lenguaje elaborado en la esterilidad de las imágenes líricas, sino un lenguaje como consecuencia de una resistencia a la muerte anónima de su voz.

Jesús Rengifo Angarita camina por las calles de Mérida arrastrando el infinito con sus pasos de magma, contempla el cielo, como si derritiénsole sobre la pupila, viese la nebulosa más lejana, seducida por las geometrías de su fuego interior.  El poeta se dirige a su destino anfibio, como lo avizora con lucidez críptica en el último poema de su primer poemario publicado, Barrocos emolumentos del silencio (Fundecem, 2009): Ave de amnistía / corroborado destino anfibio / sucursal del alma. Este verso no tiene un carácter profético, sino de la experiencia temporal transgresora: Al decir corroborado nos hace saber que ya lo vivió, su destino como confirmación presencial de la existencia, no como visión premonitoria de la realidad. Pero vamos a decirlo de una vez: el silencio en la poesía de Jesús Rengifo Angarita es esencialmente fuego, y la salamandra, el más representativo de los anfibios es, según el simbolismo gráfico y alquímico, el espíritu del fuego; y así como la salamandra vive en el fuego, el poeta vive en el silencio, o sería más preciso decir se vive; pero es posible que en este último la ignición sea mucho más honda —iluminación infernal—, y las quemaduras, aunque más allá de la piel, medidas en grados metafísicos.  Existe un combate ontológico de resonancias épicas entre el silencio y el lenguaje, el cual sobrevive a la masacre, pero mutilado y arrastrando su significación intermitente. El silencio es el dios severo que castiga sin piedad: Roe el silencio / Come la cien / El verbo / Fiero hielo. El silencio es fuego y la voz es hielo. Es una poesía que la va derritiendo el silencio, desnudando sólo aquellos mantras indelebles. Pero casi al final, Rengifo afirma, con una lucidez asombrosa, que el lenguaje se convierte en silencio, y por ello el lenguaje es una imposibilidad en sí mismo que vuelve al silencio esquimal.

En su segundo libro-manuscrito de poemas, Rosa del adverbio que tenemos la fortuna de editar  por primera vez en este espacio, la poética del fragmento alcanza un pudor desmembrado de resonancias mistéricas. La aridez semántica con su esplendor, en la mutilación de las asociaciones sintácticas, lo vincula a lo que llamo un hermetismo lumpen. El poema es una moneda manoseada por la historia, desgastada por la indiferencia, traduce el perdón de ser encrucijada y fatalidad, en un signo prismático. El poeta bautiza a la mujer y a la poesía, como Rosa del adverbio, los pétalos rozan el verbo sin atravesarlo con sus espinas. Si el lenguaje es su única realidad, es decir, la vida, el adverbio es lo que modifica esa realidad, la transforma, la tuerce hasta convertirla en su verdadero rostro. La inocencia alucinada pervierte el verbo, recubre con su proto-visión la invisibilidad del logos. Se irrumpe, desde la otredad, la cadena de sustantivos lavados por la lluvia mañanera. Cerca del verbo, rozándolo con las pestañas del ojo en flor, el adverbio en pliegues del agua se detiene para recibir la luz. Amanecer: allí reside el poema: desolado en su pasión hermética por nombrar la tragedia, innombrable, por lo demás, totalmente embestida del pudor más sombrío de su lírica. Sólo la ternura, en su rebelión secreta, convierte la desgracia anónima en lucidez, visión y poesía, a través de una plegaria de la metamorfosis, esa verdadera forma del delirio.

Jesús Rengifo Angarita es el primer poeta hermético lumpen del país.

3 poemas de Rosa del adverbio (Inénito) de Jesús Rengifo Angarita

Estante cuasi forma soneto
ostenta amarras grandes
numerales, tenemos en formas
claras maneras de sonreír.

Seres animados de saber,
adverbio sutil              rastros de
consuelo          enmontado sitio
cuece el ser, como trompa
de un sino.

Marea armoniosa ama
senderos rítmicos, anuncia
mares de sol                muere
crece el escozor.         Límpido
ayer la flama tumba
dignas noches del amor,
yerro efímero nace portavoz.

Mimbre, razón ecuánime
lirio anverso tono        tuesta
muecas tontas                         simios
caídos del verso.

                                                                          28-10-2013

 

Abre cierra el espejismo sublime
tuerce el aro,         alrededor
subraya sinos        mantiene
la palabra              colocada en
altavoz     narra capítulos
viejos, señala efusivos
elencos coloca música
en un volumen nuevo
desiste de mentir.

Raudo maestro congoja simple

                                                                           18-12-2013

 

Azul miento escozor forma
travieso ángulo avieso ámbar
sol amante incensario del ayer

flor esquivo el teatro, tuesta
maneras raídas del soliloquio
Anfiteatro del amor, sublime
sótano   entierro encontrado de
la línea cuasi retorno tierno.

Opúsculo cubierto, tiemblo sueño
precoz soneto, impávido.
Amanuence conforme través lazo
Imberbe raíz América razón
pusilánime sonrisa, prisma
lírico romance folleto ataúd
conspicuo lapidario terceto.

Fría  mosca envuelve hilo
lana rosa rosario orfebre,
lienzo emporio soez marco.

 

Daniel Arella. Venezuela, 1988. Licenciado en Letras mención Lengua y literatura Hispanoamericana y Venezolana por la Universidad de Los Andes.  Parte de su trabajo ha aparecido en las siguientes compilaciones: Ganadores del XX concurso Cuento, Ensayo y Poesía de la Dirección de Asuntos Estudiantiles DAES– en la Universidad de los Andes (2008 y 2010), Doce orugas en el viento: Antología de la novísima poesía merideña. Los caminos de Altair, (2008), Una balacera abolirá el azar (novela colectiva, Editorial el perro y la rana, 2010), entre otrasHa publicado el poemario Al fondo de la transparencia (2012) y El loco de Ejido (2013). En 2015 recibió el XIX Premio Nacional de Poesía por Concurso Ciro Mendía. Los textos publicados pertenecen al libro inédito Rosa del adverbio.

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