El único refugio son los párpados

 Marta Jazmín García

 

Quizás el sentido más contundente sea el del tacto. Los otros sentidos se encuentran o un poco más allá o un poco más acá. El oído, el olfato, la vista perciben objetos y fenómenos distantes, registran sucesos que ocurren más allá de nosotros. Algo que vemos, escuchamos u olemos está acaeciendo en otra orilla de la existencia, más allá de la costa de nuestra piel. Por otra parte, el gusto sucede tierra adentro: el sabor percibido se encuentra ya en nuestra boca, en el interior del cuerpo. Las papilas gustativas recubren un músculo inquieto, permanentemente sonrosado, hipersensible, que habita la gruta del rostro. El gusto es el sentido de lo cavernoso, de lo interno. No así el tacto. Este es el sentido de lo fronterizo, situado a medio camino entre los acontecimientos externos y las oscuridades intestinas. Todo lo percibido por él se encuentra ya sobre el cuerpo, en contacto directo, inmediato e inapelable –pero no todavía adentro del cuerpo. La contundencia del tacto radica en su permanente encuentro con el mundo, sin mediación. Los dominios del tacto son regiones de colisión. La poética de Marta Jazmín García consigue la singular proeza de hallarse en ese lugar. Se sitúa en un espacio liminar, a medio camino entre lo real y el ámbito de la lengua. El poema piensa lúcidamente el espacio entre el habla y la realidad que esa misma habla envuelve, arropa, pretende contener –esto es, reflexiona sobre la distancia que nos separa de nosotros mismos. Su búsqueda: la luz fugitiva del tacto.

 

Adalber Salas Hernández

 

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No sé otra forma de decir
antídoto
vuelo
valentía.

Me sale pronunciar
culebra
araña viuda
pájaro muerto
vacío.

Sé muy bien que la realidad sucede
primero que sus nombres.
y que antes de la formación del mundo
ya habitaban los miedos
en la boca.
Así en su forma real
de letras no concebidas.
En sus cuerpos sin inventar
fríos
estampados
peludos
cóncavos
gravitantes.

El lenguaje siempre ha sido eso:
una procesión de animales peligrosos
que no nos atrevemos
morder.

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Doppelgänger

Llegada la noche
tengo miedo de esa niña
que blande su inocencia
por las orillas de mi cama.

Me escondo de sus manos
insidiosas pintando escarabajos
por las paredes,
anunciando los renglones
de algún peligro inédito.

Y su desastre silencioso
que siempre deja esa estela
de alfabetos humedecidos.
Y la estatua de sal
en la frontera
de mi cruel nacimiento
y todas sus tiernas
orfandades.

Llegan los días
y la sombra
de esa niña
alargada frente a mí
en el suelo
es lo único que conozco
de grandeza.

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En suspenso

Hay una cierta gradación
en los lamentos.
Como un cuerpo
que es más pesado que otro
o una ausencia más hueca.

Se habla incluso
de fechas específicas:
nacimiento
espesor
caducidad
muerte prematura.

La memoria es una cercanía
en suspenso, que sonríe
sus tristes anaqueles.

No sabemos el peso del dolor
hasta que un día
no pesa.

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Cosmos

Yo también sufrí de soledad
aquí

dentro del cuerpo

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Tautología

El vacío que habitamos
es en realidad
un vientre.

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Último día

Si la palabra es un troquel
del infinito

y así nos fuimos repitiendo
en pequeñas formas
desiguales.

Si somos heridas
que coagulan el retorno,
epigramas convexos,
tácitos subterfugios
que se agotan.

Si somos el listado de nombres
y la hora exacta
de un desprendimiento:

—Hágase el principio.
—Hágase la nada.

El mundo
siempre ha existido
por una palabra.

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Iniciación

Como en aquel día de mi niñez
cuando empecé a amar
la inteligencia,
ruego por qué existan
los fantasmas.

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Vista del pleamar

 a mi amigo Fernando, por las rutas que la ansiedad nos ha redimido.

 

Si ya he cruzado este lugar anteriormente.
Si mis pies reconocen el temblor
de sus raíces.
¿Debo detenerme
o escapar a tiempo?

Yo solo levanto mis brazos
en un gesto de rendición
y súplica.

Como aspas,
duelo en la velocidad
de otra materia

cuando me parezco a mí
frente al espejo
pero soy la rumiación
en su mente de vidrio.

cuando ella finge la
concavidad y yo
sin defenderme,
le confieso pequeñas
sincronías.

Agrietados en las rutas transparentes
del futuro,
hemos llegado a este lugar
desierto,
resignantes y perdidos
como esos círculos del pájaro
cuando anuncia la lluvia.

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El deseo tiene su propia anatomía.
Lienzo como el gris
de un escalpelo

gotean
sus curvaturas y
anagramas.

¿Es esta la línea de un dintel
o me apertrechan las manos
de un hombre?

A todos, la inocencia
nos exhala.

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Trasueño

i

El salmista guardó su cuaderno
y se echó a dormir entre las piedras.
A la hora siguiente,
soñó con escorpiones
pero no tuvo miedo.
Creció escuchando profecías
con artrópodos:

«Son metáforas del estupor
que sale de la tierra.»

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ii

Tener esa inscripción de la herrumbre
prolifera tu estirpe.
Pierdes la noción de perder
y descubres que tu mano izquierda
es un surco de semillas de plata.

Las cosas en el desierto
tienen otros nombres.
No todo pertenece a la vigilia.
La sed es el verdadero río,
por ejemplo.

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iii

Capítulo primero:
un salmista que reposa
entre aguijones,
Soñó la plenitud
que escribirá
al otro día.

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Lecciones de lectura

La primera vez
que me enamoré de una palabra
tenía menos de cuatro años.
“Arista”, leí con dificultad
porque apenas aprendía con mi hermana.
A esa edad, el mundo ya me parecía
muy extraño.
Fueron los colores en la tapa del disco
o el nombre de una compañía
de música.

Mi madre decía que algunos objetos,
como esos
no son para los niños.
Que muy adentro,
un círculo siempre
se sostiene con palabras.

Mi madre, que sabía llorar
y estar despierta.
Conserva esta canción
en sus retinas.

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Antimateria

No regresa a la sangre ni alcanza
a quien debiera.
Se disuelve, tan solo.
:
Ida Vitale

Colecciono lejanías,
gestos melancólicos
en barro.

Todavía no es el momento.
Falta recorrido.

Tan cercanas estridencias, olor
como de bosque.

Hay quienes evadimos las preguntas
con respuestas.
Más simulaciones
por aquello, como dicen
de estar tristes
y expresarnos.

Algunas palabras

cotidianas.  Suelen congregarse.
Se desprenden. Intervienen.
Materia transmutada.

Dejo de anotar las fechas.

Primero es la intuición.
Después,
el tacto.

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Marta Jazmín García.
Puerto Rico, 1983. Su primer libro, Luz fugitiva, fue galardonado y publicado por Ediciones Callejón (San Juan, 2014). Es profesora de literatura a nivel universitario. Actualmente, forma parte del programa de Lengua española y sus literaturas de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid. Su investigación se centra en la poesía española contemporánea. El único refugio son los párpados (El Taller Blanco Ediciones, Bogotá, 2020) reúne poemas de su primer libro y de los poemarios inéditos El sitio del relámpago y Antimateria. Las palabras de Adalber Salas Hernández, que sirven como presentación, es un fragmento del prólogo La luz fugitiva del tacto, a propósito de El único refugio son los párpados.

La imagen que ilustra este post fue realizada por la artista venezolana Valentina Aguirre
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