Elegía 1830

Ramón Palomares

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Este año negro chillaba al nacer
y sus colas de gato y cara de murciélago
se prendían del sueño
y lo halaban desgarrando su corazón y echando al diablo
sus manantiales y sus puertas…
y sus aires que iban al futuro y corrían
al futuro
en el delirio de aquel que vivía en su Casa Dorada
en el Amor de su Gloria
y su Visión
pues con el tiempo todo se despedazaría
y sería sorbido de esa jauría de adentro y de fuera
que pugnaban por
robar y asesinar
ahora mismo
en las puertas y ventanas de este año,
cuando los empequeñecidos, ladroneros, raspones
abrieron sus pequeñas fauces
y comenzaron a morder;
entonces arrastraron su cadáver por el Magdalena
y lo arrojaron al puerto
donde veía las aguas
sentado en una silla de ruedas
y, resfriado,
sentía gritar sus huesos y chillar sus oídos
con voces criminales
insultos
trapacerías
y toda clase de lenguas infamantes
ya avisándole, ya amenazándolo
de modo que por las noches se le escuchaba gritar
y los delirios se echaban sobre esa frente rugosa
mordida por tanto frío
y polvo de guerra
por tanto mar, nieblas
y desolaciones de guerra
y gloria
y tanto sueño amoroso por su querido continente.
Y así
repetía que le llevaran su pequeño equipaje al barco
porque en América
nadie lo quería.
Y escuchaba al capitán del barco decir
—Véngase Hay Otras Tierras
Véngase a ser
El primer Ciudadano del Mundo.
—Alto Quién Vive? —le decían
Y respondía con voz muriente
—La Patria.

 

Tenía un Jueves Santo revoloteando sobre él
Un Jueves Santo Negro
que desplomaba torres y levantaba monjas y soldados
hundiéndolos en la carne
de oscuras iglesias.
Y allí los jardines y conventos
se estiraban entre los muertos
y las casacas y fusiles
lloraban por las escalinatas
y el aire se llenaba de almas
insectos y campanas.
Entonces el Espíritu Santo y su carro
se incendiaba en rosas abortadas:
Es mi Jueves Santo a las cuatro de la tarde —decía
Mi Jueves entre columnas y ayes.

 

—Se dormirá el jacinto en su matero viejo
y el geranio
en su felpa asombrada,
pero Yo estoy a las cuatro de la tarde
y caen Tus catedrales y Tus ventanas desgonzadas
Vámonos Consoladora
Vámonos Lleva mi equipaje
Ya no nos quieren en América.
Y todavía es Jueves Santo
Jueves Santo con sus muros caídos y ángeles
y cadáveres.

 

América Mi Estrella Mayor
Continente barroso y verde
con tus cabezas de catedrales vencidas
y tus ventanas abortadas…
Ahora me verá el aire azul
y velaré tus muertos.

 

Era el sueño olvidado y pérfido
que lo alzaba en sus nubes de azufre.
Iris ha muerto
y la Plaza de Armas
se repleta de sombras.

 

—Lima se abre Ay consoladora
echa sobre mí tus dientes y vierte en mí
tus encías de claveles y bosques.
Ya estoy para morir
amadas torres y balcones.
Pasto se ha rebelado contra la República
El Segundo magistrado asesinó al Primero
Pobre de mí que vi morir mi hermano
en su despedida
lejos de mí
en la Selva Asesina,
y su cadáver se durmió sobre el barro.
Consoladora,
echa fuego por mi ventana.
De la Angostura a Quito hubo apenas
una centella
con Perfume.
La yerba hunde tu cabeza en el cielo
y estalla de aromas.
La lluvia vuela
y te humedece.
Y el viento espanta aves asustadizas
y seguimos al Sur…
—¡Alto Quién vive?!
La Patria!
Y llega la noche con sus muertos y pájaros
Con sus dedos de plumajes
Y sus plumas negras mitad cielo
y mitad dentellada.
Y el humo estira al viento
y el viento revuelve las almas.
Pisba sufre de invierno
y las mujeres arrastran sus enfermos
que resuellan frío y tiritan
estremeciendo diente contra diente
y mirando la lluvia.
Y las mujeres ofrecen
ese calor único de la tierra
y abren sus miradas de asombro
y sollozan,
pues bajo la tierra de apariencia dulce
dormitaba el azufre
y el carbón dañaba su luz y amargo
………………………….pensamiento.

 

Así llegaba la aurora con sus flores
y leches
y el rubí con sus nueve corazones,
y la piedra Ágata y la luna
con todos sus tesoros.
Pobre de ti que ves el viaje de tu muerte
desde esa silla negra.

 

El tiempo sentado en sus faldones repletos
………………………….de montañas y pájaros
pregunta
—Quién eres?
—El Primer Ciudadano de América—respondes.

 

—Consoladora —Sé prudente
Amor mío Sé Prudente.
Así dijo al montar y partir
su última cabalgata
porque ya el año lo arrastraba.

 

—América Mi estrella Mayor
Continente de Alma de pájaro
Tus ríos Perla Terrosa y Yerbabuena
Tus caminos Mitad cielo
y sepulcro
Yo me fui saltando de columna a piedra
y tejas deshechas
donde los gritos me llamaban
El suelo ardía en los cuerpos y el aire se quejaba
Ay Jueves Santo
mañana me verán tus ataúdes perversos
—Bésame Consoladora
Quiero escuchar de nuevo
que soy
el único del Mundo
Vuelve a decirlo y Bésame
Vierte sobre mí el agua
y el sabor de la Noche
y la vida

 

Asolados Territorios Socha Socha
Pequeño Pueblo,
Nos diste Pan
y nos vestimos tus enaguas.
Y los vientos que mordían nuestro alrededor
preguntaban
—Alto Quién Vive?
La Patria!
Ya le estarán pegando fuego a tu casa
Ahora le estarán pegando fuego a tu casa
tu casa. En tu ciudad
Ah mi querido tío Quién más que Usted lo sabe
ya Caracas no existe,
no existe la ciudad de mi Infancia…
Sueño
Sueño Olvidado y Pérfido
déjame revolver esos árboles que chillan odio
y Muerte.
Es fuerte el Sol del Magdalena
y brilla en mis cubiertos de Oro y Plata.
—Capitán!
aparte su humo Eche a un lado ese olor a tabaco
me estorba el frío y el habla fuerte.
Y Tú
Ayúdame por el jardín,
desde el asiento muelle
quiero ver
la puesta de sol
el amable verdor, los húmedos
balcones.

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Elegía 1830 fue publicado por primera vez en 1980 por el Concejo Municipal del Distrito Libertador de Mérida y la Universidad de Los Andes, con motivo del sesquicentenario de la muerte de Simón Bolívar. Esta versión del poema del trujillano Ramón Palomares está basada en la antología Vuelta a casa (Fundación Biblioteca Ayacucho, 2006)
La imagen que ilustra este post  es un detalle de una obra  realizada por la artista venezolana Gala Garrido

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