Eleonora Requena

Muestra poética

 

S e d
(1998)

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Ebriedad

Si en mi ser  un artefacto de uso  un bledo  mi mente
un arrecife edificara   y las horas de cordura testigo de
(ebriedades  fueran
si mis manos construyeran el más precioso trueno
(yo   mi piel suave
como respiros de ballena   mi no memoria que del
(vientre yo recién nacida
tuétano inconsulto   riego de los dioses   flora   En mi
(silente espera de lágrima
ensordecedora iría a meditar con los delfines de mi padre
¿vale un peso
un real tu semen ciego?  Yo a fiel, la traicionera   he de
(regar tu nombre
por mis campos  Sí  y al sol dar esta ofrenda  un
(vago rastro
del acento que me has dado  Tú mi padre   muerto
(entre mis sueños   presentido
espejo de mi cal abierta al mundo   rojo en mi memoria
bloque de siniestro  hielo

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en sólo solitario
y  desapego
a que nazca lo vedado
apuestas

Escarba toda luz que en desatino
la frontera de tu sombra impreca   No enumera los
(postigos del olvido   Sólo
nombra y abre al hielo la fisura
Se hace un cerco fracturado ante un dolor que pruebas
Sabe a tierra de las fauces del deseo   No detengas la
(migraña   no compenses al
dolor con retahílas
Fornicante se abre a heces la memoria  A estertores de
la muerte que te acecha
No hay responsos ni oraciones
Frota humores descarnados sanguijuelas  Vira el rostro
que no llevas   Tienta al foso se contraiga y te devore
Se haga esquela mutilada de las horas
Cierra el círculo de horror   De espera

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Rezo

Recuerda a la noche
Haz un punto en esa hierba que escarbaste
Pisa un claro de tu propia sangre
indecisa en  turbio río
Déjala sangrar
Y que esa oscuridad  vaya cebando
tanta voz perdida

Te contaron de la muerte
y de sus rezos

Aquel loco a quien le diste una naranja
sus ojos negándote los sueños

el miedo y el sabor  de los pasos
entre  seres dormidos
éste es el abuelo
aquél  hermano   primo
dándole nombre a ese encontrarse sola
y el fondo del letargo mudo
te vencía

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M a n d a d o s
(2000)

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i

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Ella dice:
— me destilo en ella el duelo de saberla libre    ella es este cuerpo
más allá de  mí     me duelo en ella cada miembro enfermo   migraña   tos   arcada
es mío su sudor     habla mis palabras     va a decir
perdóname     ahora callará     la pienso pobre a solas recordándome
en sus sueños tristes mitigándose las  culpas      yo sé todo de ella  que sin ser
ya de mi vientre
sigo  siendo

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ii

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ni en los sueños escapamos    nunca nombran nuevos territorios
siempre es vana la ilusión de paso   de extravío en los suburbios de un paisaje
ellos entreveran lo evocado    yuxtaponen lo manido   revisado por el cuerpo
sólo es cualquier rostro aquel que anoche vislumbraste    nada significan
tres sortijas   la ventana a medio abrir  y   el miedo     sólo es otro sueño
confrontándote

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dos ventanas más arriba de ésta una mujer  desgrana
una canción de moda     la repite sin cesar    estrújase la voz    debe halarse
los cabellos    canta el estribillo casi con ahogo    ahora    comienza nuevamente
a  devorarse    ladra en los rincones que la asisten    baila  los acordes
frente a los espejos
desinhibida esa mujer al parecer se place

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iii

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Aurea mediócritas

Ayer   hace diez años debo confesar me hice algún fraude    trabé una arenga
con mis pasos
y poco escatimé en recursos para hacer de mi memoria un breve y denso
cúmulo de horrores
y no fue justo alimentar de oprobios mis recuerdos
se me es dada la oportunidad de renombrar la historia
harta de apetitos matinales y nocturnos    arrellanada
en la  apacible medianía     no podré    sería insulso en este cómodo sillón
intervenir  tales despojos
ahora he de tomarlos con mis dedos     les dejaré pacer en el olvido

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E s  d e  d í a
(2004)

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como lo muestra el plano raso de la pantalla estrecha
hay cuerpos despoblados de alguna identidad posando ante la cámara
en el desempeño de sus artes fúricas, a saber del buen disfrute
de tu ojo, el de ellos no sabrías inferir si sobrepasa al tuyo
ahora detendrás la imagen del placer cuando tu vista satisfecha les olvide
ya al hartazgo de esa irrealidad atañida, la memoria no echa al fuego
otro pasaje que ése mismo concretándose en tu parpadeo
es más denso siempre y tórrido el encuentro con el otro
que salobre te desea, no es así
no debería serlo de ese modo como lo demuestra el set donde sencillo
clama en sus ardores un actor representando, perpetuando en su retardo
la eyaculación, su goce breve
y no en balde tú agradeces su despojo, su acabar tan solitario como el tuyo
sin secreto

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garabato

los hijos entierran sus secretos
en cajitas de metal
beben sus alientos en los apartados
hablan entre sí una lengua rara
se ríen de dibujos borroneados
convenidos
no saben decidir, no pueden
nunca extrañan

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marital

éste nunca me lo he permitido, ejercitar caligrafías sobre asuntos míos, tuyos
para qué tender un puente sobre un charco si de una zancada
tu esperar es el acuerdo y con saña demoramos los encuentros
es mejor estar estremecidos, supurar los devaneos del temor si no me quieres
y te ayunas las palabras dulces o las tragas
el amor no escribe telegramas ni es la costra que se cae de una herida seca
se alimenta de tormentos y le impide tramas a los días que hagan sus amagos, difuminen con sosiegos cuanto sientes o repeles
debe ser mejor este exabrupto, aletargado por las cuentas, los niñitos distrayendo a la rutina   confusión o estúpida alegría
si nosotros anudamos nuestros cuerpos  cómo entonces respirar
por separado
que se mueva como un toro en el encierro tu dolor, el mío
este trecho lo andaremos  juntos, sin metáfora, uno y otro
sin razón, concierto, enamorados

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mudanza

no niego lo pisado que al partir
me cargo con lo andado, te lo digo
lo pujado me lo apresto en las alforjas
no te dejo, lo que quedo
en ti cuando me largue
en mí aprehendido llevo
nada dejo atrás
conmigo vienes

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in media res

se aman en la cama, en el diván, en los hoteles, en una casa. sin muchas palabras, de pie, a un lado y otro del teléfono se aman, al atardecer y de mañana, dulcemente o como gatos también dulces, absortos en el cuerpo, en el del otro, cada uno en su silencio, sin memoria, dados a su juego intenso, desasidos, con historias paralelas o sin ellas, con múltiples besos, con sospechas cuneiformes, sin relojes a la vista, sin pretextos se aman.

qué hay de los amantes afuera del encuentro, cómo silban melodías, qué miran, cómo se distraen del afán de estar en las junturas, a qué atienden mientras no están cerca, cuáles letras deletrean hacia adentro sin la oreja del otro para hacerlas, cómo se desplazan en la equidistancia, cuáles otros cuerpos sacian con su piel, cuáles otras puertas abren, a dónde escapan, qué recuerdan y qué no, qué lazo les estrecha.

amarán la rajadura hecha, el sorbo pleno, la memoria de un temblor, alguna osada treta que tramó otro encuentro, mientras el deseo pique en delantera, mientras las agujas tejan, cuando el alcanzar no exista y no se cansen de sorberse, arrinconen hilos sin atar o dejen en la copa algo de vino, se amarán hasta que les alcance el cuerpo, hasta la otra vez incierta. en la cama, en el diván, en los hoteles, en una casa, sin muchas palabras, como gatos, sin sospechas, sin relojes, con pretextos, con múltiples besos, sin lazos.

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É t i c a   d e l  a i r e
(2008)

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quiero prisa, olvidos instantáneos,
necesito economías,
desahogar por la ventana la calina,
tirar todas las bolsas de basura,
incendiarme los quebrantos en la sala,
salvaguardias, canjes de fortuna,
un desalojo rápido, un pase de salida,
el cruce de miradas que resuma la orden
del disparo, un trueno que proclame el escampado,
el acallamiento inadvertido
de chicharras,
la demora en los asuntos plenos,
un recuerdo dibujándome la risa,
al menos
la compresa
para la afiebrada llaga,
una siesta,
acaso
algún abrazo quieto,
inmundo

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quedarse es enterrarse
en la ilusión de una semilla en el asfalto,
germinar en la milagrosa hazaña del inválido
que cruzó por puro afán un río,
ya no sé cuál fruto sabe más al fruto,
si ése que probaste porque lo sembraste tú
o aquel otro espléndido que alguien te obsequió,
no sé lo perdurable, no sabré,
dejar es claudicar,
dejarse un tanto en la orilla,
cancelar facturas que nadie cobró,
pisar un suelo falso,
palparse las campánulas del yo más llano,
quizá sea ganarse un tanto,
hacerse una ventaja corta,
dejar tal vez sea partir
después de todo,
huir o ser,
no sé

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Minería

cávate en ti mismo un hoyo y cincela rocas de granito,
róete los bordes,
detona algunas cargas de explosivos,
el boquete hará las veces de un sillón de cuero
para dejarte caer con los labios cosidos,
arrópate a la sombra de cualquier sentencia breve
y así eludirás severos cantos o al espejo,
serán tus días en la mina del silencio angosto,
del tenaz minero tras la veta de su propio eco

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no avizores, no te líes,
no te mientas, no demandes,
no enumeres,
no reiteres, no te culpes
si estás feliz,
si estás severamente triste

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cargarás tu roca hasta la cumbre,
por cada paso torpe leerás un verso,
apuntado como sueles en el antebrazo
cuando huyes por caminos de alfileres,
marciales o leves, de amores o de odios,
culposos o al desgaire,
cuándo aprenderás a ser más precavida,
impune al deshacerte los hilvanes,
a no mostrar muñones
en la puerta de la iglesia,
cuándo a ser desobediente
y no decirte tanto en los reveses,
siempre los peñascos se desgajan,
te lapidan una entraña nueva,
móntalos de nuevo en las espaldas,
cuesta a tu desmedro,
cuesta arriba

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yo me robo las monedas de las fuentes,
ha debido ser así como llegaste,
ahora entiendo

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las sirenas
han bebido
leche agria
de ballena
y embriagadas
duermen
la terrible siesta
del hastío,
de nada servirán
tus piedras
arrojadas
a la mar
desde la orilla,
son etéreos cantos
romos
que apenas
si las rozan
en caída

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para qué cantarle al día si éste se largó temprano sin decir ni un hasta luego,
y te quedaste cavilando un no sé qué mientras aún se oía el taconeo
de sus pasos bajando la escalera,
no dijo cómo se llamaba o si volvería tarde,
sólo dio un portazo y tú te sientas en esta butaca adentro,
como si se te hubieran olvidado todas las palabras,
así como ahora,
más o menos

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N i d o   d e  t o r d o
(2015)

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Escritos de la siniestra

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Esther escribe textos entrañados. Los traza en un cuaderno y luego los transcribe en la pantalla. Allí los deja serenarse en carpetas tituladas de modo caprichoso: Signos, Miel de abajo, Ojos de tordo, son vasijas dejadas en consignación en una tienda de abalorios. Entonces está atenta, unida a ellos por la noción de algo que dijo y no recuerda. Es una atadura que la hace volver a la silla y encender de nuevo la pantalla para leerlos y no reconocerse del todo en esas palabras traídas de otro sitio, arrojadas al agua y prendidas con cadenas, como anclas.El deseo es frágil, se parece a una semilla de caoba, quebradizo al tacto y dado a las ventiscas. Se desprende de la rama, gira y luego cae en cualquier parte, en el cemento, en un charco de la acera, sobre el techo de los carros. Nunca en la tierra, pues no hay tierra en esta calle, sólo árboles frondosos y entercados.

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El deseo es frágil, se parece a una semilla de caoba, quebradizo al tacto y dado a las ventiscas. Se desprende de la rama, gira y luego cae en cualquier parte, en el cemento, en un charco de la acera, sobre el techo de los carros. Nunca en la tierra, pues no hay tierra en esta calle, sólo árboles frondosos y entercados.

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El laberinto entró en Esther. Se le trepó en las sienes desliendo lo de afuera y lo de adentro. Se alojó en su oreja, le giraban los tumultos, puso en jaque las fijezas. Cómo darle albergue al extravío, cómo estar ajena en solitario al horno interior meditativo. Sólo se sació de sus desprendimientos cuando se meció en sus propios brazos arrullándose con una canción de cuna para ahogarse: lo que eres sigues siéndolo, pero ya lo sabes, bébelo.

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Esther sí supo cuándo entró en el bosque. Los ruidos de las ramas y todos los demás rastreros se tomaron de las manos para abrirle una calzada, el rebote de esa sinfonía se estrelló contra su espalda empujándola hacia adentro. Se tanteó las tripas con los ojos, los caldos de la expectación se le batieron en la entraña. Presumir el hálito del lobo no previene del zarpazo. Llámela como la llame, selva oscura, trance de escritura, escena, sigue siendo una pantalla blanca. Pisó las hojas secas y flaqueó, vio el abismo.

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El doctor le muestra en la radiografía la sombra del pequeño corazón en gota de su hija. Gaby escribe que los pomos de las puertas son como los corazones. Un puño tiene esa forma, el grito de Mireya también.

Doménica los cuece en gres y los clava en la pared, a tiro. Los ojos de María son sus fuentes claras, Eva no lo nombra, Ruth abreva todos los latidos. A la abuela el corazón se le partió en una camilla, Jackie lo descarna, Blanca lo empareda, la canción de moda lo profana, un torpe corazón arrolla los asuntos del entendimiento. Perseveran cuando nos dormimos, y laten.

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Esther amolda su cabeza a la almohada, al vértigo que trae roces, máscaras, sonríe, aún puede esquivar la acritud, las liebres de la medianía saltan sobre polvos, un fósforo se enciende, el borde del sueño abre sus portones, un nombre se hace rostro, posibilidad, una palabra desata otras que hacen reveses. Si tomara un lápiz garabatearía alguna frase, pero ya es muy tarde, tordos picotean sus raíces, las enjundias le han tomado el cuerpo, se confía a la memoria y duerme.

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Miel de abajo

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Mala

lames
las palabras
las empalmas
las succionas
limas
los bocados
de mi boca
lenta e incisiva
tallas
en mi nudo
las agujas de tu lengua
bebes linimentos
robas

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Tres

cuando lo convocamos
entra y se apoltrona en la butaca
blande fustas y acaricia el lomo de un leopardo
me alebresta con su voz de vidrio opaco
dicta cómo habré de hacerte tretas y destazos
es un ojo arcaico y lúbrico
tú sabes

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Huella

paladeo tu huella untuosa
fue goteando dúctil   resbalosa
vocaliza un nombre rojo
red radiante
zumo   seta   flor de la granada
un abejorro
pláceme la boca
mana
corcovea entre mi cuerno
sábese el deseo
moja

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Bebo

en tu cristal
mordientes
descalabros
chispas líquidas
precipicios
cuchillas de oro

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Eleonora Requena. Caracas, 1968. Cursó estudios en Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Participó en los talleres de creación literaria del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg). Ha publicado los siguientes poemarios: Sed (Eclepsidra, Caracas, 1998), Mandados (La liebre Libre, Maracay, 2000), Es de día (El Pez Soluble, Caracas, 2004), La Noche y sus agüeros, (Pez Soluble-Instituto Italiano de Cultura, Caracas, 2007), Ética de aire (Bid & Co, Caracas, 2008) y Nido de tordo (Kalathos editores, Caracas, 2015). Su trabajo aparece reseñado en diversas antologías y estudios críticos dentro y fuera de su país. Con Mandados obtuvo el Premio de la V Bienal Latinoamericana de Poesía José Rafael Pocaterra (2000), mientras que con La Noche y sus agüeros obtuvo el Premio Italia 2007 para la Poesía en el certamen «Mediterráneo y Caribe», auspiciado por el Instituto Italiano de Cultura de Venezuela y el Centro de Poesía Contemporánea de la Universidad de Boloña.

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