Emiliano Bustos

MUESTRA POÉTICA

 

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Arqueólogo como yo. Bicicletero de un aire,
que si pedalea, es para tragar el oro del tiempo,
que, lingote a lingote reza, ahogado semántica-
mente de las palabras idiotas, arteramente presen-
te en las que caen del alma. Alto espiritualmente,
porque las ventanitas nacen después de, ma-
reas podría decir, de hormigón y muros; desde
allí los bracitos redondean el hermoso vínculo
con el sol y con el vértigo. Arqueólogo como yo,
y soy antiguo, deleznable para quienes, como yo,
en la punta del muelle, rodean el equilibrio úni-
camente de tiempo presente. Arqueólogo como
yo, me como (en sueños) las cintitas de los libros
caros de mi padre, para señalar, ya despierto o
quizás ido, la literatura que odio. Bicicletero,
cargo en las manos heladas aquellos caños que
aún ruedan; seco de resplandor, quebradizo co-
mo barro seco, y se oye una música de todo eso.
Una buena música. Hablaba al principio del aire,
de respirar; y todo lo que entiendo de la respiración,
es que la naturaleza que entra, además de reunir en
los pulmones la equidad celestial, dispone en el a-
liento el vacío y la muerte. Pero se cruzan todos
en la respiración, y tu hijo puede verte respirar.
Eso hace funcionar el futuro. Y la vida funciona
en esa mirada hasta que tu codo y el codo de tu
peor muerto brillan como un solo espejo. Ese mo-
vimiento, filial, extravía la muerte y respira como
un hijo. Arqueólogo como yo, eructando el remoli-
no del día, y aislándome en la precaria bicicleta, con
los pulmones cerca de la memoria; que es como de-
cir que vive todo lo que fue en donde estoy.

De 56 poemas (2005).
:

AHÍ ES

Trementina del mal,
hazme reír.
Esos seres,
una jauría de ancianas hienas,
se hunden en el anca de Minerva.
En la vía.
Ahí.

De Trizas al cielo (1997).

:

DE ARCILLA, UN SOLDADO

Los soldados son de arcilla pintada, y pueden
romperse al menor influjo. Pueden recibir
órdenes equivocadas, pueden sufrir en la mente
de un espía, todo eso los quebraría. Son soldados
hechos para durar poco, y por ese menosprecio lle-
gan al corazón que los purificará inválidos, insur-
gentes como esas flores que, idiotizadas por
el camino, son ya el viajero. Por eso los solda-
dos son de arcilla, sus misiones, quebradizas.
Como verán, el cielo es límpido esta mañana,
puro, se diría que de agua la constelación; como
claras las mentes que persiguen el simbólico rol
del creador, tan huidizo y al mismo tiempo com-
pañero. Por la mañana que digo o decimos, va un
soldado, se interna en el edificio, casi arruinado,
y no lo vemos, no lo veremos por un rato. Obser-
vamos, esperamos inquietos en nuestras mesas
de algodón, nevadas por hirsutos tragos, volca-
dos por la doncella que sirve. Esperamos, y todo
lo que podemos decir de la guerra es que el tiempo,
bala marital, tensa las oraciones del soldado que se
hundió en el edificio ruinoso, apenas con una aguje-
readora. Es eso, apenas, lo que tiene. Y todos espe-
ramos, luengos demagogos hurramos, pero el hipo
o la demudada síntesis mueve los bandos, la direc-
ción de la guerra. Observamos la caída del edificio,
su caída. El soldado llegó lejos, lejos, como su bre-
ve máquina. La guerra también, aunque -lo digo,
lo decimos- los escombros, dueños del lugar y el
orgullo, son, serán arcilla de un nuevo desertor.

De Gotas de crítica común ( 2011).

:

OFICIALISMO

¿Dónde termina el oficialismo? ¿Cuándo
termina el oficialismo? ¿En qué? ¿En quiénes?
Hay un oficialismo que es la frontera de todos
los demás. Ese oficialismo final, esencial y centinela
de todo lo que debe ser oficialismo está -en cierto modo-
derramándose ahora, tan sanguíneo como cristalino,
dialogando como sólo los tramos más monótonos
de una corriente interna (del cerebro, del país)
pueden hacerlo. Si un tren se mantiene en su vía
no corta, se desliza en sus límites. ¿Dónde termina
el oficialismo? ¿Cuándo termina el oficialismo?
¿En qué? A veces sueño que soy oficialista de un
mundo ideal, pero nadie es oficialista en un mundo
ideal. Los leoninos espejos de todo oficialismo
no justifican al francotirador que, apostado como
imán de heladera, embucha todas las notas del
ejército enemigo. Justificarlo es poco. Es una cuestión
de principios, en el fondo es una cuestión de principios
el parque dilemático de los blancos móviles.
Si todos los soldados del oficialismo escalan su
montaña -la de todos- al mismo tiempo, ¿alguien
quedará entre las sombras de abajo y las facilidades
de la cima? El oficialismo no puede -llegado ese
punto- volar cada vez más alto (como en sus orígenes)
y divisar la frontera y alejarse, aunque más no sea a
vuelo de pájaro, de los movimientos únicamente
fronterizos.

De Gotas de crítica común ( 2011).

:

POEMA LLE

 Podía desconfiar
y mentir.
Es fácil con vos,
tus pies líquidos, de exposición;
este inmenso muelle de plata
es de allí, es una deuda.
Muñón de las constelaciones,
te desnudás para los destellos,
y yo no sé qué esencia,
qué elemento ser.

De Cheetah ( 2007).

:

ENTRE HIJOS DE UN PLANETA ROJO, ROJOS, FUNDIDOS

A Luis Felipe Noé

Entre rojos rojos, todo todos fundidos como en ataúdes
que nadie buscó. Piezas móviles que fueron carne de
ilusión, móviles frente al cielo soplados siempre por
dioses en disputa, rojos, todo todos rojos, fundidos.
Sin embargo vivos. Entre vivos entre rejas, como un
rojo fulgor hijos de un planeta rojo, rojos, fundidos.
Rostros de sangre en un planeta nuevo. Respiramos
de nuevo en la invención de las plantas, del aire, el
horizonte es rojo, sólo muescas de las piedras cantan
las piedras. De las piedras cantan las piedras en un
lenguaje que no garantiza la humanidad. Entre hijos
de un planeta rojo, rojos, fundidos. ¿Podemos beber?
Todo es polvo, la revolución de las tumbas de aquel
planeta amado, en este, que hiende la memoria
buscando un receptor. Entre hijos de un planeta
rojo, rojos, fundidos. Rostros de sangre en un
planeta nuevo, dispersión y polvo, nos hablamos
alguien habla todos recuerdan y hay quienes deciden
subir esas montañas, esas montañas que dicen ver.
De ahora en más, los rojos, los rojos horizontes nos
dirán qué hacer, en dónde hablar del planeta en el
que vimos morir a los nuestros. Entre hijos de un
planeta rojo caminamos fundidos en un todo hacia
la gran presión del horizonte; el horizonte vuela
como un pájaro, ¿no lo ves? Lo vimos cuando el
viejo marinero nos detuvo frente a la boda, los días
de la memoria del corazón. Ahora el horizonte es
rojo, las montañas imaginadas, nadie corre, nadie
salta, abrazamos un mismo amor. Estamos vivos
pero parecemos muertos, ahogados entre nosotros,
que nadie vio morir. Que nadie recuerda, como
viajeros del tiempo insectos sin señas entre hijos
de un planeta rojo.

De Poemas hijos de Rosaura ( 2016).

:

EL HIJO POBRE DEL SURF

 Para Horacio el «Negro» la Terza

Las ilusiones de un hijo pobre siempre están intactas,
furiosas, ensimismadas. El hijo pobre del surf, inoculado
de las cobras de la pobreza misma, flota en lenta distribución
de utilidades que casi puede tocar. El hijo pobre del surf se
mueve lentamente y hacia ningún dueño como algas en el mar
vistas de cerca. Comprenden mejor el mar los hijos pobres del
surf que los hijos ricos del surf. Las ilusiones de un hijo pobre
siempre están intactas, furiosas y ensimismadas. Con el esfuerzo,
de la basura, por azar sus tablas. Debajo del brazo en largas
caminatas por la playa, a tiro de un lunático sol. Son hombres
y mujeres construyendo una filosofía de la inclusión, del mar.
No es un montón de agua el mar como no es un montón de
carne el hombre, etc. Las ilusiones de un hijo pobre siempre
furiosas, en cierto modo arrogantes. El hijo pobre del surf,
mole de bronce escupiendo desde la punta de su tabla
espinas de agua salada. Como un haiku en tierra y mar,
el largo plano de los pobres captando sus oportunidades
perdidas. Pero el mar no es una ilusión perdida, es una
oportunidad. El hijo pobre del surf recorre los puestos de la
playa, la música dispersa, los tragos como sogas abrazando
barcos. El hijo pobre del surf abrazado a un barco por azar,
miles de tablas muertas en el mar como tierra, lápidas
despuntando. Miles de tablas enturbiadas por la historia del
mar sucio, tan espeso sopa de colegios, algas entre gotas que
no alcanzan. El hijo pobre del surf no da señales ni camina
por las playas en las noches en que las olas son ilusiones;
ilusiones perdidas. El hijo pobre del surf no puede detenerse,
no puede ni quiere detenerse. Asegura su tabla, endurece
su brazo, camina lento y seguro, lunático sol, espantosa
marcha. Gotas de fuego, agujeros hasta el fin, por eso es
extraño el hijo pobre del surf. Camina como si nada lo
hiriera, mientras todo está atravesado, mientras el mar
es la inmensa mayoría de lo que vive y muere.

De Poemas hijos de Rosaura (2016).

:

COMO HIJO DEL TIPO AZUL QUE SE RÍE HASTA
LA ETERNIDAD DE LA GUERRA

Para Joan N. Lindgren, en memoria

Vive sobre túneles sobre innumerables túneles
que se derraman derriten a sus pies. Su tierra
está llena de túneles que conducen como casas
mesas. Camas al que come duerme. Vive sobre
túneles. Como hijo del tipo azul que se ríe hasta
la eternidad de la guerra. La guerra. Debajo nuestro
caminamos esquivamos árboles miradas, la guerra
sube como si fuera la luz que sube, realmente nadie
la llamó. Como hijo del tipo azul. Vive sobre
túneles, no mira a los nazis no mira a los pacifistas
ni demócratas, no ve, realmente no ve porque está
oscuro debajo de sus pies mientras baja, los túneles
esas víboras quemadas y agujereadas. Los túneles
de la guerra, ahí a un paso de los pies que descansan.
Vive sobre túneles sobre innumerables túneles. Cada
bocanada de aire frío húmedo y oscuro, lejos del día
interesadamente lejos del día. Como hijo del tipo
azul que se ríe hasta la eternidad de la guerra es la
existencia de los túneles debajo de tantos pies que
descansan, de tanto en tanto como animalitos de
vidrio fundiéndose en la hierba, inexpresablemente
rotos. La guerra, debajo, en túneles, los nazis
demócratas pacifistas, tremendamente aferrados
de sus brazos de bronce como esas esculturas
modernas hiperrealistas de gente que sale del
subte de la guerra. Vive sobre túneles sobre
innumerables túneles y en cada río seco
de los que fluyen del cansancio de sus pies,
como un soldado su doble vida de soldado
ni hombre ni vivo violento sin mirar pacifista
demócrata nazi. Hasta la eternidad en la guerra.

De Poemas hijos de Rosaura (2016).

:

EL PARACAÍDAS DEL ARTISTA

Dulce es el paracaídas del artista. Nadie debería
reírse de su paracaídas, formas de caer, lentamente.
Dulce. Un artista vanguardista. Materialmente, todas
las pinturas del mundo están a su alcance; pero el arte
es un discurso vacío. Hay que saber caer, dulce es el
paracaídas del artista. Me gusta pensar que los insectos
son una síntesis depravada del hombre; como huyendo
de una piedad que no tuvieron se encierran en esas
morfologías del infierno, son mejores que nosotros,
dulces paracaídas. El ambiente de este poema es tan
puro e imaginativo; sentemos a nuestro artista de
vanguardia entre muros solitarios junto a otros artistas
menos singulares. Cada uno quiere hablar pero, sin
embargo, reina el silencio. Dulce es el paracaídas del
artista, caer al vacío y hablar para todos. “Imagino un
paracaídas sobre algo, que no veo”. “Sobre algo”. El
paracaídas del artista. Desde el arte de los mares
amarillos de Turner, me dijo. No sé por qué, no
recuerdo qué le dije al artista de vanguardia. Es bueno
hacer silencio de vez en cuando y entender por qué
nuestros mejores artistas necesitan sentarse, arrodillarse
frente a enormes, majestuosos paracaídas. Parados como
flores, finalmente quietos, silenciosos, multicolores. El
paracaídas del artista. Dulce caída lejos del sol mirando
la espalda del gran artista que se va, derretido por lo
últimos infiernos del arte. Su paracaídas es nuestro,
flautista de Hamelín, es nuestro y lo seguimos. Ninguno
de los reunidos cayó de otra manera, dulce paracaídas
del artista. El silencio nos lleva de un ambiente a otro
en este otoño, dulce caída. Nuestro artista de vanguardia
es un nombre bandera en los museos más importantes.
Lo admiramos, nos dijo “imagino un paracaídas, sobre
algo”. Multicolores, silenciosos, los seguimos. Algún día
podremos inferir en unas muescas nuestros destinos,
en caída libre, adivinando poco a poco el mapa, las
fronteras, los dibujos del color, el rapto de espacio en
donde aterrizar. Por eso, frente a la gran universidad
fabril y silenciosa, la bandera de nuestro artista ondea.
El paracaídas del artista sobre algo. Ondea sobre
nosotros. Nadie debería reírse de un paracaidista,
entre muertos que caen caer lentamente es una
bendición. El paracaídas del artista.

(inédito)

 

 

 

Emiliano Bustos. Buenos Aires, Argentina, 1972. Poeta y dibujante. Publicó Trizas al cielo (1997), Falada (2001), 56 poemas (2005), Cheetah (2007), Gotas de crítica común (2011). Su sexto libro, Poemas hijos de Rosaura, fue publicado por Editorial Argonauta en 2016. Poemas, reseñas y dibujos suyos fueron incluidos en las revistas Hablar de poesía, Aesthethika, Diario de Poesía, Plebella, Fórnix (Perú), y en las publicaciones electrónicas Zunái (Brasil) y Vallejo & Co. (Perú). Forma parte de las antologías El arcano o el arca no (2006), si Hamlet duda le daremos muerte (2010) y La Plata Spoon River (2014). Compiló y prologó la obra poética y periodística de su padre, Miguel Ángel Bustos, asesinado en 1976 durante la última dictadura cívico militar argentina. Poemas suyos han sido traducidos al inglés y al portugués. Expuso dibujos y collages en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires en 2013 y 2016.

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