Escribo contra la «inspiración»

Entrevista a Maurizio Medo

 

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la búsqueda

Para construir un camino debes valerte de lo que ya estaba, es la materia prima. El parricidio es una forma sofisticada del analfabetismo, lo cual me parece tan grave como la pérdida de un discurso que sea capaz de sostener la creación. Hoy, es una impresión, se privilegia el libro sobre la significación real de ese discurso, olvidando que éste es lo que nos permitirá sostener la escritura a través del tiempo.

Me resulta complicado referirme a mi búsqueda sin titubear. Una vez comentaba a Mario Pera –un muy buen poeta peruano- que tengo la impresión de estar escribiendo desde un concepto muy cercano al de las interferencias que rompen la linealidad lógica (que tanto fascina al lector), sentimental o biográfica. Al menos esa fue la intención en Y un tren lento apareció por la curva, un libro nómade escrito en tiempo real en diversas ciudades. Le decía también a Mario que mi escritura estaba llena de agujeros negros que absorbían el poema hasta reconstituirlo en otra cosa (bocetos de novelas inacabadas, crónicas de viaje, microensayos…) pero lo importante es lo que está detrás: la yuxtaposición de diversos niveles de habla, muchos de ellos opuestos entre sí, que generan una tensión discursiva. Al menos actualmente estoy abocado a ello. En cada libro he intentado ofrecer un ángulo diferente de la realidad valiéndome de algo tan inestable como el lenguaje.

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salvar al lenguaje de sí mismo

Yo creo que, ante todo, el deber de la poesía es salvar al lenguaje de sí mismo. Ahora con respecto a lo que señalas de la estética barroca he dicho tanto que ya me causa pereza insistir: no es una estética es un espíritu (connatural al ser americano) y que, al mismo tiempo, se constituye un reflejo del presente, cuyo lenguaje se ha complicado sea a través del argot cibernético, de los cruces idiomáticos producidos con la globalización, a través incluso de la jerga y, por qué no, del SMS, entre otros factores. Hay que distinguir el espíritu del barroco (presente en las escrituras de, por ejemplo, Carlos Germán Belli) de aquel de la jocosa teoría perlongheriana. Yo no me considero un autor neobarroco, menos neobarroso, no soy porteño, no puedo serlo. Lo barroco que puede caracterizar algunos pasajes de mi escritura es más conceptual que formal. Y si bien aparece como una reacción contra mi historia –que es la de un anfibio- constituye también una emboscada que, ojalá, algún día me permita desaparecer dentro de la escritura, como en una inmersión en el lenguaje que transforme el Yo –que es el infierno- en un signo lingüístico y en donde «ese lenguaje», en vez de derivar, devenga en algo nuevo.

Yo no creo que la poesía deba establecer una «comunicación emocional» ésta suele ocurrir espontáneamente, la mayor de las veces determinada por algunos sucesos, tal como ocurrió con el libro que les mencionaba el cual, de forma inesperada, se transformó en un homenaje a mi madre quien falleció justo hace un año. La escritura es un lugar de confluencias. El resto es literatura.

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significación del discurso y la falsa trascendencia

La verdadera significación del discurso puede ser el único medio capaz de sostener una escritura, aunque esta resulte «impopular», es decir ajena a las «mayorías». ¿Cuál es la sintonía de «la joven poesía best seller» con esas mayorías?, ¿y la de los slamers? Simple: no parecer y, ni siquiera, ser verdaderamente poesía.

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la tradición

Antes que nada conviene señalar que el conjunto de relaciones que un autor es capaz de establecer con la tradición en el tiempo presente se constituye en un ejercicio creativo que, digamos hasta hace una década, no hubiera sabido interpretarse en su real magnitud. A mí me gusta mucho esa idea de Alan Pauls que plantea «desde Borges» para referirse a los autores «que llevan la vampirización hasta sus últimas consecuencias, hasta que, embriagados de sangre ajena, traicionan la condición de su especie y producen algo nuevo». Las relaciones que hoy los autores plantean con LA tradición –a la que no restrinjo a un ámbito nacionalista– hasta exigen un sistema clasificatorio por las variables manifiestas en esta práctica innovadora (un sistema que considere desde la «parodic reduction» hasta el tuneo) Los textos del presente son los que redefinen la tradición. Yo no sé si pueda ser capaz de esbozar un mapeo cronológico de lecturas. Tampoco de que ellas puedan «explicar» (didácticamente) ciertas conductas (las mismas que debería de suponerse como «características») de mi escritura. Si me viera obligado a ello descartaría de plano las probables influencias originadas desde la novela, soy un pésimo lector de ellas. Durante la última década mi interés se centró en los ensayos, en la poesía y –últimamente– en los textos que aparecen del encuentro de, digamos, géneros «antagónicos» y cuya virtud fundamental fue borrar las fronteras que la (pobre) imaginación crítica trazó entre ambos. No estoy hablando de ese concepto esperpéntico de «literatura experimental», ojo, sí de «ensayos», comprendidos como pruebas.

Les hablaba de la dificultad de establecer un mapeo cronológico. Sin embargo podría decirles que empecé a amar la poesía merced a Martín Adán (más que Vallejo), que Westphalen fue capital y que admiro mucho a Varela y a Eielson. Pero, ¿por qué debo contentarme con citar determinados autores, amén de su calidad, sólo por su condición de coterráneos?, ¿las tradiciones son exclusivas?, ¿endogámicas? No debería hablarse de tradiciones. Sí de LA tradición. Y en ese sentido, si debo de hablar de esa hoja de ruta, que no existe, no podría omitir a esa especie de Santísima Trinidad de la poesía chilena de los 70-80: Martínez-Zurita-Maquieira u obviar autores para mí tan queridos como Eduardo Milán, Olvido García Valdés, Ángel Cerviño o Francisco Layna.

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el iceberg de la escritura

Creo que de una forma autónoma e inconsciente mi escritura se aproxima cada vez más a lo que ustedes denominan «cultura de masas». Hay un pensamiento de Weaver en el cual compara la cultura con un iceberg: lo que denominamos «alta cultura» sería la punta del iceberg, y la parte más voluminosa, debajo del mar, estaría regida por los valores y por los patrones de pensamiento. Un iceberg precisa tanto del volumen que lo sostiene como de la punta que lo distingue justamente para ser un iceberg. Lo mismo podría decir de aquello que compongo, y que siempre está en construcción. Intento un desplazamiento de lo alto a lo submarino (de ese iceberg) pero no como una metodología establecida. Es absolutamente natural. Sólo ensayo. Mi biografía es una suma de paradojas –como lo compartí en El arribaje, ¿recuerdan?– y creo que esta suma de paradojas es algo esencial en mi escritura –finalmente ésta es sólo su sombra.

Yo desconfío de la idea de «préstamos», diría «citaciones» (de canciones, subtítulos, soundtrack de películas) y si aparecen no es como un «tributo», es porque estaban allí en el momento mismo de la creación. Me interesa evidenciar el proceso que acontece alrededor de la escritura pero que no se puede ver en esa escritura, y tal vez por ello se le idealiza y sobrevalora. Pero como dijo el viejo Parra «los poetas bajaron del Olimpo» y para mí es importante «abrir las puertas de mi taller» y compartir todo a lo que uno se enfrenta. Escribo contra la «inspiración», una estúpida idea surgida del pecado de la autocomplacencia.

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entre mapas

Me gusta el término de lo «glocal» (global y local, al mismo tiempo) y la idea de la posteridad, les confieso, me produce una asfixiante sensación agorafóbica. Conforme transcurrió el tiempo, y siendo consciente de que la identidad es una construcción, una muy similar a la escritura, se me hace cada vez más difícil asumirme como «americano». Sería una impostación. Fui educado a la «europea», incluso en lo lingüístico. Tal vez por ello hoy, y contra lo que pude haber escrito y creído durante décadas, hablo como un viejo genovés que pudo haber nacido en cualquier punto del orbe. Me siento mucho más cerca de Italia que del Perú. Tal vez la muerte de mi madre haya influido en ello.

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trans-crítica

¿Y qué es la crítica tradicional si una fábrica productora de adjetivos con el propósito de complicar la existencia tanto a los lectores como a los productores cuyos textos no se subordinan a ciertos preceptos concebidos desde factores extraliterarios? Si bien la poesía carece de un mercado siempre fue tratada (por esa ¿crítica tradicional?) como si éste existiera. No seamos ingenuos: la crítica –que en realidad es sólo un reseñismo vacuo– surge desde la dictadura del gusto por las escrituras que no representen dificultades para ser «comprendidas» o peor, «sentidas» como si se trataran de esos programas de baladas del recuerdo que se emiten en la frecuencia modulada de algunas estaciones de radio. Pero así como hoy el músico puede estar fuera del dial, gracias a Spotify, el escritor también puede estarlo. A veces me ilusiono pensando que Transtierros será como Spotify. Pero Transtierros, más que ir contra la «tiranía del lector» (Milán dixit) lo que busca es mostrar las diversas variantes que constituyen la escritura del presente. Existen espacios (virtuales) que hasta pagarían por contar con la presencia de autores consagrados y que en Transtierros no aparecerían jamás, te lo aseguro. Y esto ocurre pues existen sólo por lo que «representan» (mediáticamente), un fenómeno mercadotécnico, y no por lo que aportan o pudieron haber aportado a la escritura.

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o la virtualidad de la crítica

Insisto en que más que preocuparnos por las «plataformas» hay, habría que pensar en la metodología crítica. Me disculparán que me refiera a Transtierros pero lo que diré se relaciona directamente con esta experiencia. Yo no creo que ni Diego L. García, Jorge Posada, Luis Eduardo García ni ninguno de nuestros colaboradores, también me incluyo, al momento de escribir una crítica sobre un libro –es verdad que las nuestras, felizmente, sin heterodoxas- piensen deliberadamente en la plataforma para la cual están escribiendo. Sólo escriben. En la «prensa comercial» el reseñista pasó de fungir de verdugo a sobrevivir como eunuco (pero usando el antiguo disfraz). Yo no escribiría nunca en ese circuito subordinándome a la condición de un mero cuentapalabras midiendo los espacios (tan exiguos) dedicados a este menester esmerándome, eso sí, cuando de por medio hay una reseña que me permita obtener ciertos réditos –el típico caso del reseñista que progresa hasta convertirse en best seller. Pero tampoco creo que internet abra un diálogo con el mundo del crítico, ¿realmente importa?, ni que ponga en peligro la existencia del libro. A veces internet es el origen del mismo.

 

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Maurizio Medo. Perú, 1965. Poeta. Es autor, entre otros libros de poesía, Manicomio (1a. ed., Santiago de Chile, 2005, La calabaza del diablo, 2a ed. Lima, Zignos, 2007; 3era ed., La regia cartonera, Monterrey, 2013; 4ta ed., Mantis, Guadalajara, 2013; 5ta ed. Varasek, Madrid, 2014), Dime novel (1era ed. Ediciones Liliputienses 2014, Arequipa; 2da ed., 2015, Luzzeta ediciones, Guadalajara) y parte de su obra reunida fue publicada en Ediciones Liliputienses en el año 2015 con el título Cuando el destino dejó de ser víspera. Editó también las antologías de La letra en que nació la pena: muestra de poesía peruana 1970-2004 (2004), con el poeta Raúl Zurita; País imaginario, escrituras y transtextos. Poesía latinoamericana 1960-1979 con el poeta español Benito Del Pliego (Amargord, Madrid, 2013) y el diálogo Escribir contra la pobreza, con el poeta Eduardo Milán (Monte Carmelo 2007). Su obra poética que ha sido parcialmente traducida al inglés, francés, checo, croata, portugués e italiano, aparece en antologías tales como Pulir huesos: Veintitrés poetas latinoamericanos (Galaxia Gutenberg, 2007), La mitad del cuerpo sonríe. Antología de la poesía peruana contemporánea, de Víctor Manuel Mendiola (FCE, México, 2005), Festivas formas. Poesía peruana contemporánea, de Eduardo Espina (Colección Poesía, Editorial Universidad de Antioquía, Colombia, 2009) e Intersecciones. Doce poetas peruanos, de Ernesto Lumbreras (Calamus, México, 2010) y obtuvo reconocimientos tales como el Premio Nacional de poesía “Martín Adán 1986”, en el Perú, y el Premio Internacional de Poesía “José María Eguren” 2005, organizado por el Instituto de Cultura Peruana y el Latin American Write Institute en la ciudad de New York. También se ha desempeñado como jurado en eventos como el Premio Hispanoamericano Festival de la Lira, celebrado en Cuenca, Ecuador; y en el Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña, celebrado en Saltillo, México.

 

La entrevista a Maurizio Medo fue realizada por los poetas César Panza, Robert Rincón y Víctor Manuel Pinto, miembros de POESIA. La fotografía del autor es cortesía de Transtierros.

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