Francesca Serragnoli

Trad. Antonio Nazzaro

Hay madres que son viejas
que han gritado
puesto platos, tendido ropa.
Ahora se quedan cerca
en la sillita al lado del hijo
del nieto desenfrenado.
Hablan de cómo está el tiempo
apenas ríen.
Usualmente tienen las piernas hinchadas
y camisas coloreadas
en el bolso guardan
anteojos de cerca
caramelos para chupar, un pañuelo.
Ellas saben
que cada noche
Dios las mira
pero siguen
con la esponja en la mano
para limpiar perfectamente la mesa.
Hasta poner celosa la luz.

*

*

*

No lograba a decir nada de inmortal
acariciaba muchísimos de tus nombres
era aquella en la escalera eléctrica
que cruzabas sin morir.
No te lo sé explicar, decías
pero la rosa es mejor que tú
está roja, y ese rojo tú no lo tienes.
Tienes la fuga y el pie en la piedra
ni siquiera tienes el azul
entre punta y punta.
Es como si hubieras tirado
los anillos en el mar,
vertido el aliento como ceniza.

*

*

*

Anoche en Bolonia
la lluvia fina de octubre
siguió cayendo
de rodilla rehago
el gesto del cielo
cuando baja rosa
sobre tus hombros, la sombra
es un cáliz bebido lentamente
queda en el fondo, un murmullo
un rubí que se escapa del olvido
cuánto cielo entre nosotros
dos millones, quizás cien
la distancia que padecen las estrellas
es una sonrisa partida en dos
horizontes lacerados por el espacio
el cielo es nada, sonroja
como antes de un beso.

a E.

 

*

*

*

¿Que harás, Dios, si muero?
Rainer Maria Rilke

Brilla como una jaula mi futuro
ha vuelto mar calvo
el horizonte es un bisturí profundo
dobla el hierro de la espalda.

Bajo el agua la confusión se hace enloquecimiento
muevo mi cuerpo
rompo mi cuerpo
no sé mantener la cabeza
ojos salados
hilos descubiertos en la cara.

Si no fuera que todavía vivo
cada instante esperando
dejaría caer la sangre torturada
en el mar boca de lobo.

La estrellas son tus ojos amarillos
y no es ni siquiera la feroz espina de su pelo
también el alga ligera sale de las profundidades
y es un manantial todo esparcido
por los poros entran y salen las velas de los pecados.

Mi vida es también este desgarrón
tengo un corazón espantado
pienso en tus cabellos mojados
a la lluvia de sus ojos
que te corre en la espalda.

*

*

*

Tus noches tendidas en los desiertos
son ojos grandes, negros, cálidos
tienes dedos que buscan en el viento
el vientre de una mujer,
con los dedos levantas el aire
para ver la frente sudada de la tierra
cabellos largos como la noche
apenas pasada, un soplo
mueve el barco
entre el anochecer y el rostro de agua
el porvenir se balancea en el azul
vibra una figura que baja
allá y no se da la vuelta
y ya no sabes donde la noche
vende a los faroles sus espejos plateados.
El agua refleja un cielo arrollado por el adiós.

 

 

NeverMore

Francesca Serragnoli. Italia, 1972. Graduada en Literatura Moderna por la Universidad de Bolonia. Trabajó en el Centro de Poesía Contemporánea de esta misma casa de estudios. Sus textos poéticos han aparecido en las antologías I cercatori d’oro, de D. Rondoni (2000); Nuovissima poesia italiana, de M. Cucchi y A. Riccardi (2004); Mosse per la guerra dei talenti, de Marco Merlin (2007); La stella polare, de D. Brullo (2008); Jardines secretos, Joven Poesìa Italiana, de  E. Coco (2008) y en varias revistas. Ha publicado los libros: Il fianco dove appoggiare un figlio Bologna 2003, premio Camaiore Opera prima, 2012) y Il rubino del martedì (2010; Premio Alpi Apuane ex equo, Premio Mario Luzi selezione, Premio Laurentum II clasificada). Colabora con la revista ClanDestino.

Antonio Nazzaro. Turín, Italia, 1963. Es un periodista, poeta, traductor y mediador cultural italiano. En la actualidad reside en Caracas, Venezuela, donde fue coordinador didáctico del Instituto Italiano de Cultura, asesor cultural del Agregado cultural de la Embajada de Italia en Venezuela y jefe de redacción de La Voce d’Italia. Es coordinador del centro Cultural Tina Modotti con el fin de promover la cultura italiana y venezolana a través de distintas formas de intercambio cultural.

Contenido relacionado

EL CUERVO

Emparedado

Trad. Jesús Montoya

EL CUERVO

White Pony

Trad. Regina Riveros & César Panza

Archivo

introduzca su búsqueda