Frío en Alaska

Gonçalo M. Tavares

 

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Descripción de una ciudad

No hay lado izquierdo en la metafísica,
lo cual no es una limitación.
La producción industrial de problemas
tira nubes espesas al aire
que interfieren el aeropuerto.
Aviones tapizados de grafitis no consiguen levantar vuelo
porque, entre los muchos diseños, los pequeños
diseñaron piedras de granito. La Idea de granito
pesa más que la existencia concreta de un
globo, el mundo de las ideas es un estado transitorio entre
la Nada y la montaña. Mientras,
la natación se volvió importante para la ciudad
después del diluvio ocurrido hace tres mil años. El gobierno
ofrece inscripciones gratuitas e incluso parejas de animales
bruscos pero mansos. Los hombres andan felices y también
las mujeres porque todos aprenden a nadar antes
de los sesenta. Hoy, en este siglo, se muere ahogado más tarde.
El mundo es perfecto de cualquier lado
menos del lado donde estamos: como un sólido geométrico
hermoso que cae de lleno en una cabeza desprevenida.
El mundo es increíble visto desde arriba, en helicóptero. El lenguaje
sube e interfiere en capas específicas de la atmósfera,
las palabras que usas no son inertes. El inglés, por ejemplo,
es una lengua que entra excesivamente en las nubes.
Para la Astronomía el inglés es vulgar, y perjudica sutilmente
a las aves bajas.
Mientras, al otro lado del mundo, alguien de grandes dimensiones
mete el aeropuerto en una bolsa plástica. Las pulsaciones
del alma se miden por los presentimientos, no con
aparatos medicinales. Y no se ilumina la oscuridad,
se ilumina algo que ya no es oscuridad; precisamente porque
la oscuridad es oscura, oscurísima, según dicen.

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Una calle

Entro en la calle Frank O´Hara,
los helicópteros logran volar más bajo
que el aroma de las flores.
El ruido de las hélices no sobrepasa el metro y medio.
Un hombre gordo se mueve dormido: sueña.
La digestión es la acción más excitante de un solitario,
y los niños se ponen serios cuando ven allá encima
al bombardero.
Las bombas no dan tiempo para ver quién gana
aquí abajo en el ajedrez.
Una mujer de dicción espantosa
está callada para mirar el caracol.
Mi señora, cómo es bella su
indefinición.
Helicópteros enemigos acaban de atacar
mi colección de flautas.
El hombre solitario no tiene razones
para maldecir la guerra. Y no lo hace.

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Frío en Alaska

Tres semanas para estudiar tres secretos
y quedamos ciegos.
La muerte avanza peligrosamente entre una multitud
ruidosa,
cuidado no molestes a la muerte.
Un perverso siglo comerciante mide el pene
de un burro mientras el comprador mira el cielo
para verificar la probabilidad de chubascos interrogando
al milenio.
En medio de Alaska el pianista congelado
repite una única nota con el dedo que aún
se mueve.
El siglo no está para compras pesadas
o para hombres de carácter débil. El frío avanza
desde Alaska a tus zapatos: trenes con vibraciones
modernas, la Física te enseñó a tener miedo con otras
fórmulas. Fantástico año este:
estamos muertos de una manera completamente distinta,
que se invente una máquina a remos,
por favor.

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El espectro

Un espectro miserable que no asusta a nadie,
a la abuela, por ejemplo, le da con la culata de la escopeta
y con el cenicero;
su mano izquierda jamás suelta el cigarro,
vieja porfiada, chimenea que viene del siglo
pasado y parece no querer dejar la herencia
sin antes obligar a los hijos
al asesinato brutal. El mundo injusto,
los pobres mueren muy rápido dejando a los hijos pan y vino
que casi no alcanza para el fin de semana siguiente,
mientras
los viejos ricos no ceden sus privilegios bancarios
antes de los noventa años, cuando
el dolor intenso coincide con la piedra pesada
en la cabeza que la miopía ya no tiene tiempo
de corregir.
Queridísimo espectro, esta noche la naturaleza
y lo invisible van a limpieza!
La abuela baila, mientras el gato de la abuela
araña al niño de seis años que no grita
lo suficiente para perturbar el baile de la vieja
sorda. El mundo está demasiado desequilibrado
desde la última Guerra; hace 50 años que el Infierno
dejó de venir del aire y de las bombas
y se alojó en las chimeneas domésticas. Las familias
merecían guerras más frecuentes, dice
Lady Document, una mujer que cuando entraba
en una biblioteca
se volvía absolutamente fascinante.

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Sobre el amor

En el intervalo entre dos botellas, él puso una tercera
botella, y así sucesivamente
hasta hacer una botillería. El espacio entre dos partículas
de la Física no es tan fascinante como el espacio
que existe más allá de tu escote;
de ahí que la parte de la ciudad interesada en el erotismo
tenga abandonados todos los estudios
que refieren a partículas mínimas y otras
preciosidades. El aire tiene medidas discretas,
no se ven, y la Nada, no existe. Es preciso robustez:
arriba de la simiente minúscula donde se construye un edificio
alto o por lo menos un naranjo.
Veamos: ¿qué es el amor? El amor después de abierto en dos
es uno. Y más no sé sobre esa
mentira.

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Pintura

El arcoíris cae sin interferir
los colores del cuadro. El pintor
agradece. El pez lento
que el pintor trajo al mundo tiene
colores inoportunos, por eso no hay razón alguna
para endilgarle a los peces la responsabilidad
de un error, a fin de cuentas,
estético.
En cuanto a la literatura: no habla en el color,
jamás acierta en las palabras.

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Guerra, infierno

Cierta indumentaria clásica: los zapatos permanecen
indispensables igual que después de la guerra.
Una intimidad progresiva como el infierno
no modifica conceptos estéticos ni necesidades orgánicas:
¿Cuáles son los índices de deseo en días de bombardeo?
Hay números importantes para percibir la razón de por qué ciertas
palabras se introdujeron en todas las lenguas,
de Oriente a Occidente. Malas palabras.

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Sobre el mundo

El telescopio ni siquiera alcanza tu alma;
exacta imprecisión de un instrumento instintivo.
Pero fíjate: no hay instrumentos instintivos
o máquinas espontáneas.
Dos tercios del amor están en la mujer, cualquiera
sea la pareja. Las evidencias abren grietas
en todas las áreas; con el hacha, hombres fuertes inventan
ciencias viriles. Indispensables, de hecho:
ciencias tiernas ya existen en número
excesivo. Monumentos que ocupan
kilómetros cuadrados son explicados por una ecuación
de dos centímetros. Fíjate: la ingeniería es la invención
que engordó a las ecuaciones matemáticas. Las tiró al Mundo.
Mira las aguas, su sabiduría discreta: nadie construyó
una torre de observación en medio del mar.
Las aguas no se beben
por entero, y  tampoco toda el agua es doméstica. El mar
no tiene diminutivos. Una ola no lo es.
Ni el pez.
Ciencias que estudien seriamente la risa
no existen; los científicos
ponen fórmulas en las tablas: tienen gráficos enredados
que explican la simplicidad
del Mundo. Felizmente, fuimos salvos
por el corazón.
Algunos órganos quedaron como rehenes de los profetas
antiguos, y las noches se pasan mejor así.
Indecisiones desconcertantes permiten reinventar
la monotonía: te tragó una monotonía sorprendente, dice alguien.
Animales mitológicos toman agua en la Nada,
y así crecen; tienen células resistentes.
Otros animales más largos y espesos, mamíferos
de gran tamaño por ejemplo, se evaporan a los 36°, y reaparecen
bajo la forma de rocío, sustancia mansa
y no carnívora. El mundo cambia,
no creas que no. Ni los mamíferos son eternos.
En el aeropuerto, por ejemplo, el poema atora la pista
de despegue
del avión de un
país poco habituado a las máquinas que llegan
más alto que un banco de cocina. El mundo
no es injusto, pero tampoco es tu mayordomo;
avanza, sólo eso.

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Sobre los hombres

Paisajes abren agujeros por donde entran
hombres. Y los hombres existen. En autos
a gran velocidad los paisajes se tornan
antigüedades, reliquias de viejo avaro.
El miedo surge de la lingüística, en el extranjero
una extraña sintaxis asegura
el puñal feroz; los otros países son lugares donde
tu sangre no se siente cómoda después
de ser apuñalado. Pero nunca estamos en casa.
Gallinas nada deslumbrantes tienen, a pesar de todo,
comportamientos, lo que para esta especie animal
ya es progreso.
Pero fíjate: no tienes músculos para abrir
la Historia. Los hechos que acontezcan no dependen
de tu voluntad, el mundo ya le ocurrió
a otros hombres como algunos insectos corren por tu cabeza.
El planeta también es grande en los días que usas zapatos altos;
las dimensiones son imprecisas al nivel
de la longitud concreta, pero en tiempo
un día es exactamente veinticuatro horas.
¿Pero cuántos metros tiene un día? Porque el espacio
también es una cosa diaria.
Una medida imprescindible para no volverse loco.
Y fíjate también en esto: la temperatura e la abeja
aumenta bruscamente cuando se prepara
para clavar su aguijón. Fíjate: todos los seres vivos
se entusiasman con la maldad, no es que sólo
le suceda a las abejas. ¿Ya fuiste a alguna ciudad?
¿Conoces a los hombres?

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Gonçalo M. Tavares. Luanda, Angola, 1970. Escritor portugués. Autor inclasificable y merecedor de múltiples premios, en su obra —que consta ya de más de una treintena de libros— ha incursionado desde la poesía hasta los libros enciclopédicos, pasando por el ensayo y la novela. Entre sus títulos más destacados se cuentan el volumen de poemas 1 y las series O Reino (tetralogía de novelas en torno al mal) y O Bairro (proyecto que reúne en un mismo «vecindario» a grandes escritores del s. XX, cada uno de los cuales protagoniza su propia ficción en una serie que suma diez títulos a la fecha). Los poemas aquí presentados fueron extraídos del opúsculo Frio no Alaska, incluido en el volumen de poemas 1 (2004).

Sebastián Gómez Matus. Osorno, Chile, 1987. Poeta y traductor.

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Trad. Juan Arabia & Rodrigo Arriagada-Zubieta

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