Galateica

Julieta Arella

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Me hago cada vez más muñeca

¡Otro estúpido milagro! ¡De vuelta estoy equivocado!
¡Tu indiferencia! ¡Mi entusiasmo!
¡Yo insisto! ¡Tú toses!
allen ginsberg

Me vencí en los días. Los libros. Los platos sucios. La comida. La ropa limpia. Los sueños. La
plata. Los gestos. Las pulgas. Las goteras. La cama nube blanca. El hambre. La inflación. La
cama nos acuesta y nos levanta, amor.
Ser mujer es fácil cuando se vive sola y se tiene plata, pero uno viene y se casa.
–Por pendeja por enamorada por soñadora– luego todo cambia.

Ya no te toca ya no te besa como antes, ya no te hace el amor seguido, ya no se excita, ya no te
mira. Y aún así dice que te ama.

Una aguanta el castigo de la insatisfacción
se obliga a buscar la felicidad en una misma
y ya no la encuentra.
Aunque de a ratos pinte y escriba
aunque las sábanas estén limpias
aunque hoy haya torta de postre.

Mientras más casada menos mujer
más esclava
más triste.

No hay tiempo siquiera para la queja
solo queda callar y rezarle a un sordo
solo dime, Señor, ¿qué hago con las ganas?
¿cómo las escondo?
¿cómo me callo el llanto detrás de los ojos, sonriendo?
¿con qué pastilla se traga la insatisfacción?
¿qué hago con las ganas, Señor?
me siento tan poca mujer
quiero llenar el vacío de mi vagina
no lo quiero hueco, lo quiero lleno
lleno de amor y de sexo.

Su rechazo abrió una zanja oscura
pero vivimos en la misma casa
dormimos en la misma cama
y yo aún así, tan triste, sigo cocinando, haciendo que funcione.

Contorsionándome.

¿Qué hago con las ganas, Señor?
quiero matarlas, me están destruyendo
no me dejan.
Prefiero morir de otra cosa
soy una malcogida, malamada, malcontenta.

No quiero vivir así.

¿Chiquitica, mendigando amor por la eternidad?

Señor, llévate mis ganas
llévate mi sexo en llamas
cuélgalo en una nube o desgárralo en una estrella
para poder seguir haciendo tranquilamente las labores del hogar.

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Las muñecas de reverón

En las violentas muñecas de Reverón
que se niegan a desaparecer
en sus grandes ojos avellanados
la modernidad se abrió
pornográficamente
iluminadamente.

Ellas son la memoria de los días en El Castillete
ellas son testigos
de la música de cartón
sus miradas imaginaron el surrealismo
la poesía de lo sagrado
el encanto de pertenecer al mundo.

Reverón encontró en ellas a Afrodita
y Juana pronto se hizo de mármol
los esqueletos del taller bailaron por horas en su tumba
y ellas posaron sin sonreír
pero satisfechas.

El mar fue su silencio de espuma
rumoraba las olas
encandiladas por la luz que las besa
consumaron misiones desconocidas
en un mundo de objetos
con vida.

Metamorfoseadas
de muñecas a mujeres
de esculturas a pinturas
de hijas a amantes
de vírgenes a putas
condenadas a la manipulación constante
se despiertan como Galatea
en busca de la luz.

La soledad y el arte las habita
el maestro les dio amor
un lugar en su castillo para ser.

Blandas
se exhiben
remendadas
se entregan
la mar rugió dentro de ellas.
Amor venció
solo ceden
mientras el sepia les incuba el aire
en una pintura que se borra.

Ahora, en silencio
modulan la existencia de un país
un museo en ruinas
que al igual que ellas
resiste en la oscuridad
sin miedo
recordando aquella luz.

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19 de abril, venezuela

Me masturbo todo el tiempo
uso la imaginación como principio del erotismo
busco en mi interior todas mis ganas
en ojos vagabundos me desprendo como en otra
como cuando era niña
y me restregaba encima de la giganta de trapo que dormía en mi cama.
El orgasmo que una misma se produce no es comparable con ningún otro orgasmo, hay tantos
hombres allí comprimidos en la memoria del sexo que se contrae. Cuando me masturbo cojo
con varios, algunos conocidos y otros que jamás he visto. Pero siempre estás tú. Mi amor.

Anidando
dando
como parte de mí y de ella.
Me tatuaré un pájaro en la entrepierna.
Uno azul
que me recuerde tu mar blanco.
Tengo la regla
hoy sangro más que nunca
¡van tantos muertos!
por pudor no te pido sexo
por pudor la erubescencia galateica en mis mejillas.
Aún en soledad siento vergüenza de mi cuerpo
que se engarza como recién nacido
recién parido.

Me excito cuando sangro, amor
esos pinchazos en mi vientre son como balas
me masturbo me sueño y siempre eres tú quien se asoma
todo ancho, salvando mis distancias
deséame en tus noches víctimas
no dejes que el país te quite las ganas
recuerda que si nos amamos el país no dolerá tanto.

Desgarra la herida abierta de nuestro amor.
Deja que sangre
que chorree
siempre al filo de la muerte.
Cristo quería sangre.
La revolución quería sangre.
Te ofrezco mi sangre adolescente
hoy 19 de abril
Día de la Independencia que nunca llega
día de muertes y consignas
día de camisas blancas y rojas
más rojas que la vergüenza
más blancas que la esperanza
día de mierda
día sin plata
día de hambre.

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Julieta Arella. Caracas, Venezuela, 1990. Licenciada en Letras mención Historia del Arte por la Universidad de Los Andes. Actualmente se dedica a la investigación en estudios interdisciplinarios latinoamericanos y a la escritura de guiones para cine. Merecedora en dos ocasiones de la primera mención del Concurso de Creación Literaria de la Dirección de Asuntos Estudiantiles de la Universidad de Los Andes (daes) con los cuentos «El Pegaso de Laura» (2014) y «Mondadientes» (2015). Algunos de sus poemas, cuentos y ensayos han sido publicados en páginas y revistas digitales como Cráneo de Pangea, El Club de la Serpiente, La Tribu de Frida y Los poetas del 5. Forma parte de las antologías IX Festival Mundial de Poesía (Ediciones Fundecem, 2012). Amanecimos sobre la palabra: antología de poesía joven y reciente venezolana (Team Poetero, 2016) y de la revista Alba Londres del Instituto Cervantes de Londres, en edición especial dedicada al Caribe Hispano.

La selección de los textos se encuentran publicados en el libro Galateica (Fundación La Poeteca, 2019). La fotografía que ilustra la publicación es de Luis Brito.
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