Georges Schehadé

Trad. Reynaldo Pérez Só

.

§

.

.

En primer lugar
Detrás de las rosas
No hay  monos
Sólo hay un niño que tiene los ojos apenados

.

.

.

.

.

Sueño que grito
en la casa de hojarasca
Soy yo
Soy yo repetía la cantinela debilitada
Oh que se la libere
Y que me vaya llevando
El monigote de perlas
Los bosques han muerto
Y por la herida
Las hojas toman vuelo

.

.

.

.

.

Cuando yo esté
En lo más distante de la tierra
-Oh ramas encorvadas como nuestros cuerpos
Acuérdate
De la tranquila paciencia de mis anhelos
Había dicho yo:
Entre las peñas ella es más tierna
Que los pájaros
Pero sé
que pobre eres como las plegarias

.

.

.

.

.

Aquí tengo madre mía
Las armas de mi sepulcro
Sus cabellos son demasiado suaves para mi pasión
Vuelve vuelve alondra
Dulce canto sin semblante
Su pie se mantiene
Recogido lo mismo que una cadena de esclavo
Ningún bramar de reno quebrará la canícula
Yo sin cayado ni rumbo
Camino tras los grandes paraísos
Pero la rosa en la casa susurra
El sudor es violeta
En las sienes del amor
Virgen Santa de mi apasionamiento

.

.

.

.

.

Un aire de asombro
Perdido silba en el campo
No busca más los ojos
En las músicas profundas
Los visitó un corazón enorme
Yo te saludo
Estrella ajena a la muerte
Sobre tus rodillas flores de las márgenes
La paciencia mira la felicidad
La mano en la mano
Como el cielo y el día

.

.

.

.

.

Es la siesta
Las calandrias son cuadros blancos
Pon tu cabeza en el heno
Donde el caballo enreda
La pezuña más tierna
Esta es la luna
No es redonda porque tú estás triste
Los cañaverales  están solos
Y el Árbol que adormece las estrellas
Está zarandeado por un nido

.

.

.

.

.

La cara y los dedos
En forma de sollozos
Nada en común hay entre yo y tus gavillas
O esta melodía que tiene el color
De los nacimientos
-Entonces
desciendo por una calle de rosales
Y voy sintiendo que me llena
Un enorme desconsuelo
Como la sal de la mar

.

.

.

.

.

Como el pájaro que vuela
Dentro de la iglesia de mármol
A causa de tu recuerdo se te llamó Muerte

Te dije que no provocaras
El más mínimo daño a las hojas

.

.

.

.

.

La lluvia más suave
Que los rebaños amarillentos
El agua más blanca
Que la desdicha sobre sus hombros
No sé si sea una señal
O un  tormento
Esta voz en mi infancia como una manzana
Hay una gran desdicha en los caseríos

.

.

.

.

.

Pobre Lamartine
He traído tus apuntes en una caja
Y nadie tuvo piedad de mí
Tampoco  la tierra
Que tiene la sangre de cada flor

Rostro del Poeta a la orilla de las aguas
Tú desataste mi vida completa
como esas barcas

.

.

.

.

.

En la aldea baila un reno
……..Elegante
……..Elegante
Y esto no concluye

.

.

.

.

.

Corriendo y cayendo
Entraba yo a la iglesia
Para volver a ver el crepúsculo colmado de años
Y sólo para mí y para mi bien
Esta mujer
Cuya sonrisa es un poco de tierra
Sobre los senos

Por un momento estoy contigo
Cuando me duermo
Tú estás en las iglesias de mi sueño

.

.

.

.

.

Existen jardines que ya no tienen terruño
Y se quedan solos con el agua
Las palomas los atraviesan
cerúleas  y sin nidadas

Pero la luna es un cristal de bienandanza
Y el niño se acuerda
De un gran desorden claro

.

.

.

.

.

A quienes se van para olvidar su hogar
Y el  muro  familiar a las sombras
Les revelo la llanura  y las aguas herrugentas
Y la regia Biblia de las piedras

No sabrán
-Excepto del hierro y del jazmín de las figuras
La Noche lisonjera de trasplantar los mundos
La vejez en el reposo como una savia

Para ellos ningún canto
Sino el rocío candente de la mar
Sino la eternal tristeza de las fuentes

.

.

.

.

.

Al niño que corre por un bosque
Colmado de silbos de seda
Digo que prefiero
Aquel que duerme en un jardín de junio
Con un leve pesar
Por la soledad de las imágenes
Y el albor y los ladrones de agua

.

.

.

.

.

Cuando el pájaro se rasga con su canto
Las hojas irresolutas de su melancolía
A veces abandonan su queja
El aire a lo lejos termina y no quiere escuchar más
Nosotros salimos  entonces con nuestros perros el domingo
Bajo el cielo y en el parque
Y por el exilio de nuestras imágenes
Ofrecemos una sombra a cada niño del atardecer

 

 A Pierre Robin

.

.

.

.

.

Quien piensa y no habla
Un caballo lo arrastra hacia la Biblia

Un cayado no le da miedo
Pues la gracia no lo abandonó nunca

Quien sueña se amalgama al aire

.

.

.

.

.

Georges Schehadé. Alejandría, Egipto, 1905 – París, Francia,  1989. fue un prestigioso poeta y dramaturgo libanés que escribió en lengua francesa. Descubierto por Saint John Perse, Schehadé publicó sus primeros trabajos poéticos en la revista Commerce a partir de 1930. Alrededor de esos años fraternizó con poetas como Jacob, Eluard, Breton, Supervielle, Char, y el mexicano Octavio Paz,  quien fue traductor de varios textos de Schehadé. Otros de sus traductores al español fueron el venezolano Alfredo Silva Estrada y el argentino Rodolfo Alonso, quien se desempeñó por varios años como corresponsal de la revista POESIA. Georges Schehadé obtuvo varios reconocimientos por su labor literaria, entre ellos, el Gran Premio de la Francofonía, que le fuera otorgado en 1986 por la Academia Francesa.

.

Reynaldo Pérez Só. Venezuela, 1945. Poeta, traductor, editor, profesor y médico. Se desempeñó como Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. Fue co-fundador de la revista Poesía, la cual dirigió durante varios años. Entre sus libros de poesía destacan: Para morirnos de otro sueño (1971); Tanmatra (1972); Nuevos poemas (1975); 25 Poemas (1982); Matadero (1986); Reclamo (1992); Px (1996); Solonbra (1998) y Rosae rosarum (2011). Su vida y su trayectoria literaria fueron reconocidas por el Festival Mundial de Poesía de Venezuela y el Encuentro Internacional POESIA Universidad de Carabobo. Pérez Só es Premio Nacional de Literatura (2019 – 2020).

La obra que ilustra esta publicación fue realizada por la artista venezolana Oriana Inagas

Contenido relacionado

Archivo

introduzca su búsqueda