Gran Leyenda

Ramón Palomares

:

:

Abandonado

A Vicente Gerbasi y Augusto Payares

Ay, que no tengo un patio para asolearme,
que no tengo cuarto,
que no tengo ni una ventana;
yo que tenía tantos patios con limones,
tantos naranjos,
tantos zapotales;

que era rico, que tenía animales en casa,
que me acostaba en el café y me reía y me ponía rojo de reír
y me estaba bajo las matas oliendo el monte,

pero ya se me fue,
ya me quedé solito,
ya el sol me dijo que no.
—¿y qué vas a hacer ahora? -me dijeron los gallos-,
ya nosotros nos vamos, ya te dejamos,
aquí no nos vamos a estar.

Voltié de la cama y miré
y me dijo la cama que se iba,
y quedé en el suelo y me dijo el suelo: —Me voy,
y quedé en el aire
y me dijo el aire: —No te sostengo,
y me quedé en los naranjos y los naranjos me dijeron:
—Nosotros nos vamos.
Yo que tenía tanta luz,
yo que me vestía con lunas
y tenía la fuerza en mi nuca.
Una vez me vi en las montañas como piedra encendida
y tenía coraje y vigor,
ay, que me metí en la niebla, que estoy apagado:
—¿Qué se me hicieron las casitas,
qué se me hicieron?

Yo tenía tanto ganado que se veía
como un pueblo
cuando llegaba,
y se veían montes en el polvo
y se entusiasmaban los días, y era que tenía
tantas casas que cada sueño lo vivía en una y no se me acababan.

Hasta que me fueron dejando
y fue esa luna roja, esa piedra negra,
esa rosa que me venía iluminando, iluminando.

:

:

:

Abandonado 

Malo,
anublado, te sentís
en los puentes, echado y bajando y bajando
y escuchás un rosario:
—Vamonós Ángel de la Guarda,
vamonós.
¿No podrás cogerme una flor?
Ponéme en la frente una ramita de eneldo,
echáme hortensias, echáme betulias.

Me han comido,
me trastornaron el cuerpo y me pusieron rabia en los dientes
y en el cuello esa culebra que se come los cuatro vientos.

Se cerró el camino con
cuatro puertas y cuatro
tapias negras y
cuatro mujeres de fuego.

No oigo ni las crecientes
ni cuando tocan allá por las fiestas,
ya no tengo más suerte, ya
se la dieron a otro,
me fui,
soy un rumor.

:

:

:

Abandonado

Hasta que la cara me quedó como tierra pelada,
que no tuve cara,
que se me fue apagando la vista,
que se me fue deshaciendo la boca
y quemándoseme la lengua.

Me puse como una oscuridad
y rodé hacia las espinas entre el olor del naranjo
y me dolió mucho la espalda clavada y la nuca clavada
y me salía tristeza. 

y no era sino una lluvia
vuelto hilacha,
y olía como hoja podrida
vuelto los ríos,
vuelto la agüita que baja por los zanjones.

Me volví puro llorar, puro llorar
y lamentarme:

No me hagás más daños.
No me hagás como ropa que se remoja.

y quedé enterrado debajo de la iglesia,
soñando.

:

:

:

Muerte 

Te estás durmiendo
te estás terminando
echá la última rosa por la boca,
que viene tu cabeza por entre el agua,
que viene como entre espumas.

Escuchá la florecita que entraba por tu ventana
oí las palomas rozar tus orejas
aquí se está hundiendo tu casa.

Primero fuiste azahar y tela de matrimonio
y después agua
y después niebla espesa
y después lechada como la que se pone en las tapias.

Ya no ves el amanecer.

:

:

:

Muerte 

Me metí por el canto del borococo,
me metí por su oscuridad, me fui donde sus plumas silban,
allí están echados sus perros
allí está su casa entre humo.

Me entré en la negrura,
y me fui
como un muerto me fui donde está la noche
abriendo las ventanas llenas de polvo
oliendo el moho
encontrando vestidos y flores.

Estas son tus piedras donde haces lunas
aquí te dan leche de tigra
donde los huesos brillan.

Estoy en la mata del sueño
en la sala de la casa,
mi cabeza ha crecido
se convirtió en nubes de aguacero.
Yo soy el que toca la noche,
ya te dije que me vuelvo árbol entre relámpagos:
—Vengo de lejos,
de más allá de las casas,
de más lejos que lo que se pierde en los montes.

Agarré mi vara y volví los ojos:
No andaría más por los zanjones,
no olería más la carne de asar,
ni la lluvia.

:

:

:

Muerte

Vas a poner tus pies en mi casa
vas a dejar tu bastón
vas a decir: ¡Hipa! ¿No hay gente?

Me toqué la frente y me encontré como vidrio
y miré mis piernas y vi dos torcaces negras en vez de piernas
y me fui nadando y me encontré en una música.

Yo vi antes este zaguán
que le cantaban al ángel
y escuché silbar por entre las cortinas
y me senté y puse cuidado:
escuchaba conversar, escuchaba la noche.

:

:

:

Baile

—Toquemos el valse.
—Aclaremos el instrumento.
No van a decir que olemos a azufre
Ni que tenemos rajada la garganta
Ni que dejamos el corazón
y no tenemos corazón
y no pueden ver que no traemos corazón.

Aquí venimos a tocar:
A las dos de la madrugada tendrán brasas en la frente,
a las dos y media tendrán brasas en los ojos,
a las dos y tres cuartos beberán sangre en vez de aguardiente, sangre,
ya las dos y tres cuartos cantarán
ya las dos y tres cuartos estarán girando,
girando a las dos y tres cuartos con un puñal,
con un puñal y una candela en la frente
y el sonido agitará las aletas de la nariz,
y ya irán a ser las tres,
las tres y el círculo estará muy estrecho,
muy estrecho a las tres, que casi llegan al centro,
y ella es una gallina que corre debajo del ala del gallo,

y ella se despliega y se le sube la falda
y tocamos arrequintando y dándonos gusto en el cambio,
dándonos gusto, dándonos gusto hasta
que él se vuelve un hombre rojo
y se mete en el pecho de los demás
casi a las tres, casi a las tres, antes que de la torre venga la campanada,
vuelto un toro se arrima debajo de ella
hasta que las criznejas se le deshicieron y le queda el pelo regado.

y entonces pasa el viento caliente, el viento que quema el corazón
el que sube la mano armada,
el que hunde en la espalda muchas veces,
el que acaba, cuando las tres suenan y
se pierde el último rumor

en el charco desaparecemos
en el rojo desaparecemos
en el caliente rojo desaparecemos
sin que nadie notara, notara
que olíamos a azufre
y que nuestra garganta estaba rajada
que no trajimos corazón, que vinimos sin corazón.

:

:

:

Baile 

Te entró candela por los ojos
y espinas y pringamosa
y leche de muerte
por eso arderás siempre
pudriéndote
debajo de las piedras estarás podrido y ardiendo
después que sacates la daga y bebites de su espalda
como si te hubieras estado quebrando por dentro
acesando, acesando,
mugiendo de rabia.

Ya te vemos volver
vendrás echando espumarajos como puercoespín
con la lengua como trapo,
te detendrás sobre las lomas y gritarás
irás corriendo envuelto en azufre,
hijo sangriento,
te volvites miedo y borrasca que lanza chispas
azotando los guamos, golpeando los bucares
haciendo que las gallinas se asusten, que relinchen los caballos.
Cuando se prende el baile
estás de repente y vas a arrojar puñales
y pintas de rojo el suelo
como si fueras gran aguardiente.

Ya se perdió tu nombre, ahora te llamarán de otra forma,
con un ruido te nombrarán
con una seña dirán cómo te llamabas.
Detrás tuyo van los que te quieren ver
con la cabeza vuelta sanguaza.

:

:

:

Baile

He quebrado el sol
soy una baraja que brilla
por el cerro están mis estrellas.

Allí estuve una vez, riéndome
y me echaba el pelo en la espalda y cantaba
y todos se quedaban quietos y se quedaban
encantados.

Ha venido envuelta en fuego sobre las lomas;
vuela el quejido de su boca
y vuelan sus cantos y los embrujadores labios que estallan
en lirios de la noche;
de la medianoche a las tres, de la medianoche a las tres
fatales
de la madrugada.
Cuando el músico arrequinta el cuatro
y giran los pies
y la sala se quema.

No dejaré de volver
Voy a iluminar las ventanas
Voy a enredar las crispes de las yeguas.
No dejaré de volver.
No dejaré de volver.

:

:

:

Ramón Palomares. Escuque, Trujillo, 7 de mayo de 1935 – Mérida, 4 de marzo de 2016.​ Poeta y docente venezolano. Formó parte del grupo Sardio y participó en el movimiento El Techo de la Ballena. En 1975 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por su libro Adiós Escuque, en 2006 resultó ganador del primer Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora y en 2010 del Premio Iberoamericano de Literatura. Su obra comprende los títulos El Reino (1958) Paisano (1964), El ahogado (1964)​, Honras fúnebres (1965), Santiago de León de Caracas (1967), El vientecito suave del amanecer con los primeros aromas (1969), Adiós a Escuque (1964), Elegía 1830 (1980), El viento y la piedra (1984), Mérida, elogio de sus ríos (1985), Alegres provincias: homenaje a Humboldt (1988) Trilogía (1990), Mérida, fábula de cuatro ríos. (1994), Lobos y halcones (1997), El canto del pájaro en la piedra (2004), El reino de Escuque (2005) y Vuelta a casa (2006).

:

La obra que ilustra este post forma parte de la colección Suprapop, del artista venezolano Lauren Bianchi.

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on telegram
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email

Contenido relacionado

introduzca su búsqueda