Adrián della Guerra

Inéditos

:

:
Cuerpo-Universo

Orugas ramonean el musgo de la torre que se ha quemado,

¿Está en el ceibo la falaz reidora libidinosa lora?

Los zorros veloces miran la tragedia de los cadáveres de topos que emergieron de

la madriguera ecléctica donde los gansos primigenios originaron la materia.

Ranas de antimateria colisionan con mosquitos que se aferran a los fotones.

Me abrazas con la calidez aferrada a tu «atractor» de maravillas,

Oh capulí moderno de los eriales montañeses, ¿tus brazos florecen?

La reina roja deslízase a toda velocidad por la extensión eterna de una mácula.

Pequeña figurilla de doncella Jama-Coaque,

Embriagas  el prospecto de los aromas de tu boca.

Murray Gell Mann resopla barnaclas en concavidades, ay, aceleradores de mis partículas.

Los grillos hacen criqui-criqui, recorren túneles cuánticos… sugieren la renovación de un ósculo.

¡Dejadme palpar tus mejillas olorosas a gentianáceas del páramo!

¡Lamedme con la luz que se desprende de tus ojos-lagos!

Caciques de fuego sangran por mis axilas, abrevando sus llamas en fluidos.

Los monstruos duermen sobre tu regazo.

Ratones de bambú correteando por un agujero de gusano

son las ávidas miradas hacia tu cuerpo-universo.

:

:

 

Cumpleaños

La oportunidad caballeresca del hipopótamo CroCroCró enmudece achicharrada en la cavidad de un
oso negro de la montaña.

¡Cavidades-pantano enlazadas a telarañas de arlequines titilantes!

El mono juvenil enrosca sus cacofonías de ogro amamantador de hongos al higuerón enjuto como
esa torre de pizzas que no verán desplomarse.

Luigi se transporta con su colibrí-avioncito a la tumba de los otros momentos.

Sobre la tumba de los otros momentos ha florecido una dama vestida de caqui cantando el réquiem
de los dinosaurios.

Devoro cada una de mis uñas para interiorizar la tierra donde mi abuelo-mapache coreaba las
agonías de las serpientes descuartizadas por el machete de Raoul Toumala.

El tiempo anquilosa sus tentáculos en la divina epopeya de la quebradura de un concepto.

La luna de hierro incandescente le grita a dos mochuelos decadentes que alaban la ternura de las olas
de néctar.

Abejorros, palomas, sapos sacrosantos con «alitas» circundan esa totalidad llamada «Higuerón».

Estudiaremos la fenología del bosque mientras sentimos el abrazo constrictor de una sayama-bejuco.

¡Deliran las loras buceadoras de el/la «aireviscosidad»!

Tridimensional no es la túnica donde las princesas de los comejenes tiranizan beatas libélulas o
ambulancias de los bomberos chamuscados con floripondio.

La copa de la libertad podría emular la madeja de los microsistemas que entrechocan «conceptos»
que moldean los conceptos de árboles que acaso sean coposos.

¿Qué hace la cigüeña Rojas con sus gafas fifí-fofó vislumbrando las trenzas pelirrojas de la señora
de los cuadros que adoro?

Cinturones de estroncio me impelen a vociferar esta tragedia de palabras que ahogan los ronquidos
de los duendes que juegan con el niño macro-dios.

Meceré una tierna criatura para reinar sobre una hojarasca de tarántulas que danzan lamiendo helado
de luna llena para encontrar ratones de lenguas largas.

Olaus Wormius Olvera desciende de un árbol del género Ecuadendron para incrustar sus quejidos de
lora amazónica a nuestra conciencia.

Los chanchos se psicosean ante la parábola del policía acostado que, levantándose por las noches,
aporreaba a los adolescentes de ojos rojos que escapan de la casa de Mama-Vaca.

:

:
:

:

El Jaguar Roquero I

Los santones de plegarias helicoidales marchitan la micorriza de sus alegorías, triturando la explanada del anfiteatro de los intérpretes teocentristas del micelio. Escanciando vino fermentado sobre las últimas langostas del patriarca almo, machaco las trompas de los elefantes chapoteando en las charcas de la esfera chata del imperio quebrado. Un aroma a sangre entremezclándose con hidromiel dimerge de los leones barbianes en los desiertos medievales. Los filisteos del siglo renacentista enturbian la escritura de los hombres alados. ¡El jaguar roquero despierta en su huacal de la selva de códices en expansión! ¡El jaguar roquero planifica el advenimiento del micelio! Esas lacras del vestido sacramental presagian el ocaso de su reinado. En este final de los tiempos, los querubines de mármol degüellan miríadas de mandíbulas cosechadoras en feudos de vampiros ataviados con armaduras de hierro. Las balanzas del arcoíris, engañadas por el viento, desestabilizan los barcos del comercio transcontinental. Cientos de calaveras de los guerreros conservados en turberas escandinavas hincan sus dientes en el vientre del jabalí gregoriano. La ramera más gorda, en el festín de su degradación, se conmueve ante el sueño frustrado del anciano de Patmos. Las garrapatas se comen el vestido de las parábolas de la curia. ¡Me desangro! -gritan las gárgolas. El filósofo jorobado en su laboratorio comprende que la mariposa en su cruz ya no es el eje de las funciones cósmicas. Ese jaguar roquero, olfateando los pies pálidos del domador roído por crueles gusanos, vislumbra los caballos de madera que conquistan un nuevo territorio. La serpiente develará las rutas del inframundo. El cóndor implantará la óptica renovada para ampliar el campo de las acciones. El jaguar roquero aleteará por el subsuelo de la realidad, hasta desgranar los serpenteantes patrones del cielo. Muchas piezas barbonas con sus cañones en ristre encuentran áureos templos en la zona extendida del tablero. ¡El sacrificio del indio en honor al sólido fuego se consuma en esta noche de luna triste! El quetzal se asfixia en un pantano de pólvora. El jaguar roquero desplaza al dragón medieval, con su cánon de putrefacta belleza y diadema opresiva, a las tierras donde el indio era áureo.

:

:

:

Microeternidades

Mi padre pregona cantares de avispas solitarias.

Disecadas están las angustias en el musgo sintético de la madriguera posmoderna donde los
monstruos ramonean hifas de un sudario electrónico

Duermo sereno como ardilla atiborrada de bellotas. Los fantasmitas borrachos rehúyen de tus
pugilatos nocturnos.

Sonríes cual higuera que degüella el viento con su tallo mordedor de suspiros.

Te elevas entre las colinas, mientras contemplas una travesía de cigüeñas recostado en tu cama
grande que respetan las comunidades de ácaros.

Los chapuletes te alaban. Vives el gozo del escarabajo vencedor. Dos golondrinas acuden a tus
dendritas para ser parte de tus regatas intelectuales.

Tu alma inquieta… ¿concuerda con el movimiento incesante de una cascada?

Jugando con los niños Saúl-Leonardo-Elías-David y Tigón, cantamos «el puente se ha
quebrado, con qué lo componemos, con cáscara de huevo, que pase el rey…»

Entonces, raíz de mis movimientos, extiendes tu envergadura como ese rey-cóndor que
contemplaba huevos vacíos.

Transfiguras tu rostro. Muecas gozosas flotan en un cortometraje de transformaciones.
Vislumbro las arrugas de una bruja mala, escucho la carcajada de la bruja mala…y estamos
danzando por el aire como esfinges voladoras.

Nuestros corazones clavetean sus dientes aduladores en un tocón gimiente. Los colibríes se
funden con el néctar de las pasionarias.

El fuego consume nuestros momentos. Vivimos en una calabaza de expectaciones.

Emergemos del cadáver de un tapir, como hadas perfumadas, hacia el dosel de una selva negra.

¡Alcemos el toque de trompeta israelita, contoneándonos como pavos de oro, hasta que los
devenires se fundan en las nieblas del silencio!

Devoraremos juntos flores de Clitoria brachystegia en los jardín de las no delicias donde
convergen pelotas de fútbol, invenciones de Ferdinand von Zeppelin, un positrón que escupe la
boca del físico teórico Paul Dirac, una osa mediterránea alimentando a un osezno cultivador de
olivas, esponjas psicodélicas filtrando microorganismos bioluminiscentes.

Padre mío, compactemos nuestros momentos en un hojaldre de microeternidades.

:

: 


: 

Pscilocibina

Muñequitas rusas tomando champagne brindan su «paz» con el amigable Haydn.

Lanzan besos esos japoneses amamantando peces que son nuestro

sustento-sustento-sustento-sustento.

Mi elefante de marfil no es de marfil.

Su trompa es una serpiente turquesa que me transporta a un clavecín acariciado por unos
hombrecitos elegantes en los salones fucsias y saltarines de un barquito que no es postclásico.

El dinosaurio de mi niñez, achicharrándose en un morado extravagante balbuceado por Vivaldi,

¡No sé qué me está diciendo!

Jajajajajajajajajajajajajaja.

Psilocibina en burbujas de ranas escalando láminas de ADN que… ¿no llevan al cosmos?

Estoy lamiendo la sabia del cactus de la noche marchitándose en la mueca de un duende
tenebroso que ¡Ajájájájájájá! … es producto de mi imaginación.

Adoro comer chocolate volando sobre un reloj cuadrado con alas del caballo Pegaso.

«¿Esto se hizo para curar pacientes con alguna enfermedad mental?»

Le pregunto a María Sabina, elegante dama fallecida en el Estado de Oaxaca, México.

No sé cómo explicarte que estoy comiendo chicle verde en un túnel del siglo XVII
con unicornios de helio.

El césped es un junco fucsia elevándose hasta la diosa balcánica de una madrastra que me
aterra-me aterra-me aterra-me aterra-me aterra.  ¡ME ATERRA!

Está lloviendo en Guayaquil.

Mi aura es un racimo de fuegos artificiales riéndose con todas estas gotitas-gotitas-gotitas
-gotitas.

Se unifican los morfemas del agua viniendo a mí a través de este ciclo maravilloso y tostado.

La ardilla no medieval tiene en sus cachetes ese fluido azul del que me hablaste.

¡Toda esta normalidad es una exhalación que… yo no sé si sea fractal!

Son muchos colores.

Las hadas hacen como chapuletes amarillos y autistas

«Cri-cri-cri-cri-cri-cri-cri-cri»

Esta inspiración me la da una cara enorme con una nariz enorme.

No me llamo Alicia.

Soy Adrián della Guerra, escoltando a una princesa de piel rosada y gemas verdes por todo su
cuerpo.

Ella levanta su piernita y grita «¡YUPI!»

No lamas la lengua del oso hormiguero de todos los colores.

Dentro de su lomo hay cocodrilos emergiendo del caos, y te van a comer-comer-comer-comer.

Ya escucho el serrucheo «tr-tr-tr-tr-tr-tr-tr-tr-tr».

¡¡¡Yo sí constituyo el prototipo del poeta lunático!!!

Soy lunático, pero mi luna es un gusano verde que nutro, mientras espero la visita de Olaus Wormius Olvera, royendo bellotas euclideeeeeeeeeeeeeaaaaaaaaanaaaaaaas.

 

:

:

Adrián della Guerra. Guayaquil, Ecuador, 1993. Poeta y biólogo, aunque no ha publicado ningún libro hasta la fecha. Junto al también guayaquileño Hiyo Hidalgo Vite es fundador del idioma mestizo L’independensia lingüístika. Los textos presentes en esta muestra, exceptuando a El Jaguar Roquero, esperan ser publicados en el libro Tséntsak. Los textos que ofrecemos en esta entrega fueron enviados por nuestro corresponsal en argentina Reynaldo Jiménez.

La imagen que ilustra este post está basada en el cómics Doctor Strange, creado por el escritor y editor Stan Lee y el dibujante Steve Ditko.

Contenido relacionado

Archivo

introduzca su búsqueda