Jane Hirshfield

Trad. Cristina Gálvez Martos

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Tres veces se ha abierto mi vida

Tres veces se ha abierto mi vida.
Una vez, a la lluvia y oscuridad.
Una vez, a lo que el cuerpo lleva consigo todo el tiempo y
comienza a recordar cada vez que entra al acto del amor.
Una vez, al fuego que todo lo sostiene.
Estas tres veces no fueron diferentes.
Reconocerás lo que digo o no lo harás.
Pero afuera de mi ventana, todo el día, un maple se ha distanciado de
sus hojas como una mujer que amara el invierno, soltando
sedas de colores.
Tampoco somos diferentes en lo que sabemos.
Hay una puerta. Se abre. Luego está cerrada. Pero un
desliz de luz queda. Como un trozo de papel ilegible dejado en el suelo,
o la hoja roja que la nieve deja caer en marzo.

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Three times my life has opened

Three times my life has opened.
Once, into darkness and rain.
Once, into what the body carries at all times within it and
starts to remember each time it enters the act of love.
Once, to the fire that holds all.
These three were not different.
You will recognize what I am saying or you will not.
But outside my window all day a maple has stepped
from her leaves like a woman in love with winter, dropping
the colored silks.
Neither are we different in what we know.
There is a door. It opens. Then it is closed. But a slip of
light stays, like a scrap of unreadable paper left on the floor,
or the one red leaf the snow releases in March.

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From The Lives of the Heart: Poems, 1997

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Día que comienza mirando la Estación Espacial Internacional
y la luna llena sobre el golfo de México y sus peces invisibles

Nada de esto tenía que pasar.
Ni Florida. Ni el pico del ibis. Ni el agua.
Ni el cuerpo vacío del cangrejo herradura ni la estrella de mar viva.
La evolución pudo haber girado a la izquierda en la esquina y bajado
por una calle distinta.
El asteroide pudo haber fallado.
Las vetas de la piedra caliza no precisaron haber sido susceptibles a la arena
y a los manglares.
La radio pudo haber encontrado otra música.
Las caderas de un hombre y las caderas de otro pudieron detenerse
una al lado
de otra en un bus en Aleppo y haberse reconocido como hermanos perdidos.
La llave pudo haberse roto en la cerradura y la lata de clavos rechazar
su tapa.
Yo pude haber sido el pez que el pelícano pardo engulló.
Tú pudiste haber sido la forma en que la luna siguió sin esconderse, mucho después
de que pensamos que lo haría,
mucho después de que el sol se pusiera dentro de los rizos suaves de las olas
que incidían en cierto ángulo. La luz podría no haber sido devorada otra vez
por su moviente.
Si lo insoportable no fuese ligero, podríamos rendirnos
a la pena
de lo que no ha cambiado todavía. Al otro lado del mundo un hombre saca
a una mujer del agua
de donde el salto desde un bote saturado se ha desvanecido por completo.
Del agua saca un niño, y otro. Ambos viven y ambos
continuarán viviendo.
Esto no tenía que pasar. Nada de esto tenía que pasar.

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Day beginning with seeing the International Space Station
and a full moon over the gulf of Mexico and all its invisible fishes

None of this had to happen.
Not Florida. Not the ibis’s beak. Not water.
Not the horseshoe crab’s empty body and not the living starfish.
Evolution might have turned left at the corner and gone down
another street entirely.
The asteroid might have missed.
The seams of limestone need not have been susceptible to sand and
mangroves.
The radio might have found a different music.
The hips of one man and the hips of another might have stood
beside
each other on a bus in Aleppo and recognized themselves as longlost brothers.
The key could have broken off in the lock and the nail-can refused
its lid.
I might have been the fish the brown pelican swallowed.
You might have been the way the moon kept not setting long after
we thought it would,
long after the sun was catching inside the low wave curls coming in
at a certain angle. The light might not have been eaten again by its
moving.
If the unbearable were not weightless we might yet buckle under
the grief
of what hasn’t changed yet. Across the world a man pulls a woman
from the water
from which the leapt-from overfilled boat has entirely vanished.
From the water pulls one child, another. Both are living and both
will continue to live.
This did not have to happen. No part of this had to happen.

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Cocina

Pequeña alma,
qué útil ha sido el hambre.

Lo que sea en lo que hayamos caído,
tú y yo,
abrió nuestros dedos para poder sujetar.

Aun así una vida no está lista para su final
como una berenjena cortada,

untada de sal y presionada para soltar lo amargo de sí.

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Kitchen

Little soul,
how useful was hunger.

From whatever it was we fell into,
you and I,
it sprang open our fingers’ grip.

Yet a life is not prepared for its ending
like a sliced eggplant,

salted and pressed to let leave from itself what is bitter.

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Arnés

Pequeña alma,
tú y yo nos convertiremos

en el recuerdo
de un recuerdo de un recuerdo.

Un caballo
liberado de las riendas
olvida el peso del coche.

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Harness

Little soul,
you and I will become

the memory
of a memory of a memory.

A horse
released of the traces
forgets the weight of the wagon.

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(sin viento, sin lluvia)

Sin viento, sin lluvia
el árbol
solo cayó, como lo hace una fruta.

Pero no, sin fruta. Sin madurar.
Sin caer.

Se quebró. Se hizo pedazos.

La adición de un cono
de resinosa savia celular,
un pájaro de cuerpo pequeño
que llega a picotear un escarabajo.

Se hizo pedazos.

¿Qué palabra, qué acto,
fue lo que pensamos que no importaba?

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(No wind, no rain)

No wind, no rain,
the tree
just fell, as a piece of fruit does.

But no, not fruit. Not ripe.
Not fell.

It broke. It shattered.

One cone’s
addition of resinous cell-sap,
one small-bodied bird
arriving to tap for a beetle.

It shattered.

What word, what act,
was it we thought did not matter?

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En el quinto día

En el quinto día
a los científicos que estudiaban los ríos
les prohibieron hablar
o estudiar los ríos.

A los científicos que estudiaron el aire
les dijeron que no hablaran sobre el aire
y los que trabajaban para los agricultores
fueron silenciados,
y los que trabajaban para las abejas.

Alguien, desde lo profundo de las Badlands,
comenzó a publicar datos.

A los datos se les pidió no hablar
y fueron eliminados.
Los datos, sorprendidos por ser borrados, guardaron silencio.

Ahora eran solo los ríos
los que hablaban sobre los ríos
y solo el viento el que hablaba de sus abejas,

mientras los incesantes fácticos brotes de los árboles frutales
continuaron moviéndose hacia su fruto.

El silencio habló en voz alta del silencio
y los ríos continuaron hablando
de los ríos, de las piedras y el aire.

Atados a la gravedad, sin oídos, sin lengua
los ríos no evaluados continuaron hablando.

Conductores de bus, almacenistas,
programadores, maquinistas, contadores
técnicos de laboratorio, biólogos continuaron hablando.

Hablaron, al quinto día,
del silencio.

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On the fifth day

On the fifth day
the scientists who studied the rivers
were forbidden to speak
or to study the rivers.

The scientists who studied the air
were told not to speak of the air,
and the ones who worked for the farmers
were silenced,
and the ones who worked for the bees.

Someone, from deep in the Badlands,
began posting facts.

The facts were told not to speak
and were taken away.
The facts, surprised to be taken, were silent.

Now it was only the rivers
that spoke of the rivers,
and only the wind that spoke of its bees,

while the unpausing factual buds of the fruit trees
continued to move toward their fruit.

The silence spoke loudly of silence,
and the rivers kept speaking
of rivers, of boulders and air.

Bound to gravity, earless and tongueless,
the untested rivers kept speaking.

Bus drivers, shelf stockers,
code writers, machinists, accountants,
lab techs, cellists kept speaking.

They spoke, the fifth day,
of silence.

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From Ledger, 2020

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Jane Hirshfield. Nueva York, Estados Unidos, 1953. Poeta, ensayista y traductora. Ha recibido numerosos premios y nominaciones por su trabajo literario. Ha publicado nueve libros de poesía, entre ellos Ledger (2020); The Beauty (2015); Come, Thief (2011); y Given Sugar, Given Salt (2001). Estudió durante ocho años en el San Francisco Zen Center, y ha explorado esta filosofía a través de su trabajo poético, así como temas relacionados con las ciencias y la conservación ambiental. En 2017, junto con el movimiento March for Science, fundó Poets for Science, una exhibición que explora la relación entre ciencia y poesía y que se ha presentado en diferentes locaciones en los Estados Unidos.

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Cristina Gálvez Martos. Caracas, Venezuela, 1987. Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. En 2013 ganó el Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores, en la categoría de poesía, con su obra Psicopompa. Su libro Bicorne obtuvo una mención en el VI Concurso Nacional de Poesía. En 2017 ganó mención honorífica en el Concurso Internacional de Poesía Castello di Duino. Sus poemas han sido incluidos en antologías en el Reino Unido, Puerto Rico, Italia, Argentina y Venezuela. En 2019, mientras residía en Uruguay, obtuvo el primer lugar en el concurso de poesía Saúl Ibargoyen, organizado por la Casa de los Escritores del Uruguay, con su libro Fauna de cal. Actualmente reside en Caracas, donde se desempeña como docente y cursa una maestría en Inglés (UCV) como lengua extranjera.

La obra que ilustra esta publicación fue realizada por el artista venezolano Renzo Rivera

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