Juegos de patio & otros poemas

Eleonora Requena

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I n é d i t o s

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Todas las casas, cualquiera de ellas, la casa que no es, la que sería, la que creí tener, la que no era,  la que tuvimos, la que dejamos, todas las que alguna vez fueron la casa, porque si de partir se trata, de hacer zanjas, de zafar, de hacer aguas, de hacer cuentas, de hacer torvas, mudas confesiones, sería mejor dejarlo todo para el rato de las abluciones, de las tenias en la tripa, de las truchas palabrejas, se maleó la disciplina, se rindió en una cuneta, de fundió contra las cuerdas la memoria, la trastienda, no hay destino, no hay deslengua, no hay reproche, solo entuerto, material de reciclaje, dale y dale, puertas medio abiertas y maletas, muchas cajas, trapos viejos, trapos sucios, libros favoritos y otros en disputa, con dedicatorias dobles, repetidos, incunables, ya no importa, ya no escuecen, ya fibrilan, venga otro lugar, otra escalera, abran paso, porque siempre habrá otra puerta, otro pasillo, otra materia en altos sueños, tres cajones que llenar y muchas perchas, otra casa sin planteos, otras noches y sus días, canturrear, apalabrar, reorganizar lo que una vez en la otra la casa o en ninguna se fundó, se discurrió, y si hubo amor de aquel que dicen cuando cantan, cuando escriben, bajo colchas estampadas, ese amor que se revuelca en los pantanos, atajándose y ahogándose, acaso habrá que reinventarlo, o tal vez no, o nevermore, y por si acaso, por si salta, por si asoma, hay que ponerle nueva funda a los colchones, prender velas, quemar mirra, adecentar, una casa es una casa es una casa, hasta que toque ya partir a otro lugar, quién sabe a dónde.

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En determinados casos
poner el cuerpo
a tropezar
con lo callado
en las horas afiladas
ponerse solo
y augurarse
guardar manos
abrir ojos
descalzarse
sacar a flote
unas palabras
caminarse adentro
a palos
reventarse

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Juegos de patio


La gallina ciega

ahora va el odio al centro
con los ojos vendados

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La papa caliente

quién la lanza  quién la esquiva  quién la agarra
quién la cuece  quién porfía  quién arguye
quien se quema

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La ere

qué haré con mis dedos
hasta que me alcancen

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Palillos chinos

nadie se mueva  nadie respire
quédense todos
como muertos

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Textos por fuera

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— 2020 —

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Rudimentos

Puertas adentro, un dispositivo celerífero funciona con óptima eficiencia, al menor asomo de una frase, hurga con la aguja el brote, lo sujeta con la pinza y lo desprende de raíz, mutis de nuevo

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Si le leo la mano al sueño, su escurridizo acertijo, si me muestra algo de lo que no supe, entonces lo sabré

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Al rostro le ha crecido un maderamen: calloso en la base, tierno en los extremos, insensible pero irreversible, la transformación provoca un gran desasosiego

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Cavaban hasta hacer visible la boca de un abismo, era preciso abrir el orificio, exponer su gástrico crujido, rodearlo luego, hilar el borde imberbe del hechizo, todos en círculo, atentos al menor zumbido

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Nunca como en el sueño supe cuáles nombres hacían justicia a un decir ajeno pero propio en la profunda y dócil medianía, tomaba rápidas notas de lo que iba saltando sobre lo que creía era una hoja en blanco, como una taquígrafa de juzgado, una tras otra

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Basta de cháchara, ni hablar de los sueños, esos que en sus coros me reiteran: cállese o hable
bajito, no se brinque de improvisto, disimule al menos

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Cliffhangers ii

No hablaban lo suficientemente alto para que pudieras seguir aquel delgado hilo de conversación de los vecinos, murmullos, una carcajada, un vaso que rueda por el piso

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Entras a un pasillo aromado, camarones langostinos, ajos marchitos

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Tu gato te observa como solo él sabe

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No hay remedio, el disco está rayado

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Desvías la mirada, el tacón de tu zapato desgastado suele ser un buen motivo de barruntos

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Es apenas un esbozo, dos figuras contra la ventana, todo sucede demasiado lejos, un bulto se inclina ante el otro, ahora solo ves una espalda

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¿Y si anotaras todos los detalles de tus sueños apenas despiertas?

Denegado el impulso de escribirle a una oreja sorda, insistes

así algunos poemas

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E.

Eleonora Requena. Caracas, 1968. Cursó estudios en Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Participó en los talleres de creación literaria del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg). Ha publicado los siguientes poemarios: Sed (Eclepsidra, Caracas, 1998), Mandados (La liebre Libre, Maracay, 2000), Es de día (El Pez Soluble, Caracas, 2004), La Noche y sus agüeros, (Pez Soluble-Instituto Italiano de Cultura, Caracas, 2007), Ética de aire (Bid & Co, Caracas, 2008) y Nido de tordo (Kalathos editores, Caracas, 2015). Su trabajo aparece reseñado en diversas antologías y estudios críticos dentro y fuera de su país. Con Mandados obtuvo el Premio de la V Bienal Latinoamericana de Poesía José Rafael Pocaterra (2000), mientras que con La Noche y sus agüeros obtuvo el Premio Italia 2007 para la Poesía en el certamen «Mediterráneo y Caribe», auspiciado por el Instituto Italiano de Cultura de Venezuela y el Centro de Poesía Contemporánea de la Universidad de Boloña. Textos por fuera (Ediciones del Taller Blanco), es su libro más reciente.

La obra que ilustra este post fue realizada por el artista venezolano Marco Saraceni 
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