Keith Phetlhe

Trad. Luis E. Mendoza, Amado Láscar & Spencer Cappelli

 

:

¡Oh Llora mi Querido País!

 

I

Tus tonos radiantes y esas ciruelas mojadas
que nos convocaban con sus luminosos colores
ahora están oscureciéndose y se han secado
como semillas de asedio que se extienden y se dispersan.
Cuerno entornado como toros y anzuelos de espinas como anzuelos de espinas
son tus políticos y predicadores
que escupen las puertas de nuestras tradiciones, tus caminos.
Tus caminos están carcomidos.
Tus aguas están infestadas de depredadores.
Tus hijos están rotos y suspirando
incluso como pétalos, se ven los colores desde fuera de tus fronteras.
¡Oh llora mi querido país!

 

II

En la carencia de la luz,
en la más profunda oscuridad
un mago canta y un brujo susurra
tanto como ayer.
Un predicador adoctrina una ilusión.
Un político habla en un palabreado inglés,
el cuervo de la corrupción. Un silbido sordo
uno que incluso los sordos pueden oír,
y los ciegos pueden ver,
donde el adormecido puede sentir
un tejedor de cestas ha dejado de tejer,
porque ella quiere echarse a llorar.
En el puesto de ganado, un pastor también solloza por su país.
No pueden dejar de llorar.
¡Oh llora mi querido país!

 

III

La corriente del viento termina.
Pero todavía el río envía olas.
En casa, la calabaza se ha agrietado.
Una vasija de barro también, pero usaremos arcilla para repararla.
Un grillo de maíz se aferra a una mazorca de sorgo.
Tus rivales políticos han llegado a parecerse a los chacales.
Tus flujos han dejado de fluir.
Y un viento que ahora canta es ahora un torbellino perturbador.
Tu juventud está en cuclillas como los sapos,
bailando como renacuajos y mutilado por el desempleo.
El coro de tu canción se ha convertido en una canción apagada.
Una olla de barro se ha agrietado sin que nadie pueda reparar las partes rotas.
¡Oh llora mi querido país!

 

IV

Mi amado país, llora

 

[Traducido por Luis E. Mendoza & Amado Láscar]

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:

África bajo asedio

 

África es violada. El continente de la vida es
chupado hasta secarlo y el colonizador no se
detendrá hasta que lo detengan. Y sea
bloqueado.

 

Pagamos impuesto colonial por las canastas que
hemos tejido. Nuestras propias cestas trenzadas.

Nos mantenemos envueltos en una máscara, concluye
un filósofo que ha visto la imagen de África con la
llegada de la adversidad; los hijos de pieles negras y
máscaras blancas: los menospreciados y los
menospreciadores. Viviendo sin descolonizar la
postcolonialidad.

En 1885 fuiste cortada y dividida por
fronteras coloniales, por amos coloniales.
Tus ríos de conocimiento fueron contaminados,
pero nunca dejaron de fluir. Tus hacedores
de lluvia rogaron a los antepasados el
aguacero que limpiar lo peor del oeste. Un
filósofo ha hecho una pausa y ha silbado,
¡Oh, los desdichados de la tierra!

Ahora ha llegado el viento del cambio: el nuevo
colonizador ha entrado ya sin siquiera haber
golpeado, sellando sin preguntar. Ya está en el festín
llevándoselo para el Este. Pero aun así, las voces de
sus hijos aún son atrevidas y deslumbrantes, voces
desde dentro. Voces comparables al agua a punto de
evaporarse en un desierto, en imagen y símbolo. Bien
hecho,

se ven como una canasta tejida o, a veces, como un
pájaro tejedor que no se cansa. Pese a todo, cantando
insistentemente enrabiados en el coro eterno de una
canción fastidiosa. Cantan para ti sobre la tierra de
héroes caídos, no pueden dejar de fluir. El río corre
a lo largo de la línea de menor resistencia.

La imagen del nuevo colonizador
rechaza tus poetas y cantores cuando
tosen sílabas de la costumbre, cuando
plantan una semilla que debería no
incitar al miedo por los muertos. África
está bajo asedio, rapiñada por rapaces,
comiendo con cuchillo, tenedor y chop
sticks
. Somos silenciados, lisiados,
ridiculizados. De repente, sus leyendas
son creencias, brujerías, sus decisiones
son validadas. Su sueño es diferido. Por
la abundancia de sus productos, por su
trabajo, ella recibe solo un grano de
trigo, o nada.

 

[Traducido por Spencer Cappelli]

:

Θ

:

Oh Cry my Beloved Country!

 

I

Your radiant hues and moistened prunes
Once beckoning with striking hues
are now darkening and have dried
like seeds of siege they are spread and scattered.
Horn-locked like bulls and hook-thorned like hook thorns
are your politicians and preachers
who spit on the doors of our traditions, your ways.
Your road paths are thistled.
Your waters are infested with predators.
Your children are broken and sighing
yet like petals they look colorful outside your borders.
Oh cry my beloved country!

 

II 

In the absence of light,
in deep darkness
a wizard crows and a witch whispers
yesterday and today.
A preacher indoctrinates an illusion.
A politician speaks in verbose English,
the crow of corruption. A dull whistle
One that even the deaf can hear,
and the blind can see,
the numb can feel.
A basket weaver has stopped weaving,
because she wants to cry.
At the cattle post, a herdboy too sobs for his country.
They cannot stop weeping.
Oh cry my beloved country!

 

III 

The current of the wind ends.
But still, the river sends waves.
At home the calabash has cracked.
A claypot too, but we will use clay to mend it.
A corn cricket clings to a sorghum cob.
Your political rivals have come to look like jackals.
Your streams have ceased to flow.
A once singing wind is now a disruptive whirlwind.
Your youth are squatting like toads,
dancing like tadpoles and mauled by unemployment.
The chorus of your song has become a dull song.
A clay pot has has cracked with no once to mend the broken parts.
Oh cry my beloved country!

 

IV 

My beloved country, weep

:

:

:

Africa Under Siege

Africa is raped. The continent of life is
pumped dry, and the colonizer won’t stop,
’till he is stopped. And blocked.

 

We pay colonial tax for the baskets we
have weaved. Our own weaved baskets.
We remain cocooned to a mask, a
philosopher who has seen Africa’s
image in the advent of adversity,
concludes; the children of black skins
white masks -the despised and the
despising. Living in the postcolonial
but not yet decolonized.

In 1885 you were chopped and divided
by colonial borders, by colonial masters.
Your rivers of know knowledge were
polluted but they never ceased flowing.
Your rainmakers pleaded to the
ancestors for rain that will cleanse the
worst of the west. A philosopher has
paused and whistled, oh, the wretched
of the earth!

Now the wind of change is here-the new
colonizer has already entered without
even knocking, concluding without
asking. He is already in a feast and taking
to the east. But still the voices of your
children are still daring and glaring,
voices from within. Voices comparable to
water about to evaporate to a desert, in
image and symbol. Neatly done,

they look like a weaved basket, or
sometimes like a weaverbird that does
not tire. Yet in rage and singing
repeatedly an unending chorus of a dull
song. They sing for you the land of fallen
heroes, they cannot cease flowing. The
river runs along the line of least
resistance.

The image of the new colonizer rejects
your poets and griots when they cough
syllables of tradition, when they plant a
seed that should incite no fear for the
dead. Africa is under siege, predated by
vultures and dining with a fork and knife,
and chop sticks. We are silenced and
crippled and ridiculed. All of a sudden
her tales are beliefs are witchcraft, her
decisions are validated. Her dream is
differed. From the abundance of her
production, her labor, she receives only

a grain of wheat, or nothing

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Keith Phetlhe. Poeta y traductor afroamericano, natural de Botsuana. Actualmente cursa un doctorado en Literatura Comparada Africana en la Universidad de Ohio. Ha traducido al inglés «Botlhodi: The Abomination» una novela postcolonial de los 80. Es el fundador de Poetry Society-UB.

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