Keorapetse Kgositsile

Trad. César Panza

 

No hay serenidad

Una tortilla no puede volver a ser huevos. Ni siquiera aquella preparada en el crisol del sórdido diseño Europeo del siglo XIX.

Cuando Europa picó a este continente en pequeños bolsillos para su deseo y codicia imperialistas no fue por razones estéticas, ni fue al servicio de ningún interés, intención o propósito Africano.

¿Cuándo, entonces, la brutalidad del apetito y la agresión imperialista evolucionó en algo de un valor tan siniestro para nosotros que nos sometimos a una carnicería más horrible de lo que podríamos imaginar, nos torturamos y mutilamos, violamos mujeres, hombres e incluso niños e infantes por haberse despertado en lo que ahora reclamamos, con perversa posesividad y chovinismo territorial, como nuestro lado de la frontera, frontera que no fue sino hasta ayer que definió arrogantemente dónde terminaba un pedazo de propiedad Europea y dónde comenzaba el otro?

En mi lenguaje no hay palabra para ciudadano, el cual es un ingrediente de la tortilla del siglo XIX. Esa palabra llegó a nosotros como parte de un paquete que contenía a la biblia y al rifle. Pero moagi, residente, está ahí y no tiene nada que ver con ninguna frontera o con ningún borde que hayan podido cruzar o no luego de despertar en la parcela de tierra donde actualmente viven ustedes.

Poema, ya sé que eres reacio a cantar
cuando no hay alegría en tu corazón
pero me he preguntado todo estos años
por qué no diste o no pudiste dar
respuesta cuando Langston Hughes,
quien preguntó tal y como vagó, dijo
qué le sucede a un sueño pospuesto

Me pregunto ahora
por qué somos varios
los que estamos
donde no planeamos
que íbamos
a estar. Como mi hermana
que podría reportar
desde cualquier lugar
donde viva la gente
Temo que la paz se acabe
y me pregunto si
es quizás por eso que
nuestras memorias de lucha
se rehúsan a ser borradas
nuestras memorias de lucha
se rehúsan a morir

no somos extraños
a que se termine la paz
hemos conocido viudas
sin los restos de sus maridos
porque el camino a las minas
como el camino a cualquier guerra
es largo y está plagado de caídos
incluso de aquellos que todavía pueden hablar y caminar

cuando Nataly, cuyos ojos jóvenes han visto cosas, dice que
de las guerras no queda nada, sino otras guerras
despierta como testigo o como verdugo
la víctima, cuya humanidad jamás podrás borrar,
sabe con una claridad más sólida que el granito
que no importa en  qué bando estés
cualquier día o cualquier noche una herida de uno
queda como una herida de todos

en algún lugar de este continente
la voz de los viejos advierte
que aquél que caga en el camino
se encontrará con moscas a su vuelta
así quizás podrías estremecerte bajo el peso
de las pesadillas cuando consideres qué
pensamientos pudieron haber penetrado
en el corazón de nuestros vecinos
qué recuerdos de miedos qué memorias espeluznantes
podrían salir cuando escuchen el acento Sudafricano

incluso el sol, avergonzado, ha retirado el calor
de este desafío atroz y de esta desbocada negación
de los lazos que deberían unirnos aquí y para siempre
y la noche no será dueña de este hedor
a traición que ha profanado nuestro himno nacional
así que no me hables del NEPAD o de la UA
no me hables de la SADC
y por favor no intentes decir mierdas acerca del
ubuntu o de cualquier otra neurosis de la historia

nuevamente digo, mientras tenga voz
recuerden, siempre
recuerden que somos lo que hacemos,
más allá de cualquier dicho

nuestras memorias de lucha
se rehúsan a ser borradas
nuestras memorias de lucha
se rehúsan a morir

madres mías, padres de mi padre y yo
¿cómo puedo cantar para celebrar la vida
cuando todo mi corazón está rodeado de cadáveres?
cuyas miles de voces de trueno debo agarrar para gritar
una vez más: Daar is kak in die land!
.

.

Anotaciones aleatorias para mi hijo

cuidado, hijo mío, las palabras
que cargan el volumen
del ciego deseo también cargan
las babas de la ilusión
goteando como pus de la espalda lacerada del esclavo
por ejemplo, hablan de un poder negro cuyos ojos
no amenazarían al pronto blanqueamiento de su propio intento
qué días heredarás?
qué sombra habita tus silencios?

todos estos años he aspirado a la expresión,
el elegante pasado de la palabra más elocuente.
pero aquí y ahora, nuestra lengua se seca en gusanos
mientras continuamos con nuestras babosas muertes y muecas.
aunque hoy es moda gritar con orgullo y belleza
como si no se supiese que
los esclavos y los muertos no tienen belleza

confusión
adentro y afuera
confusión. Este dolor
no fue por el pasado. Este dolor
no fue porque hayamos fallado
en comprender:
esta tierra es mía
fueron confusión y miedos
prestados. Nos quedamos como plantas
marchitas en este pedazo de tierra
esta tierra parcelada y agrietada
y por las grietas mi grito:

y qué formas
en consenso y ascenso
debe la gente
al ojo del niño
determinar el deseo saber que
ninguna lágrima asustada corre
por la elegancia del fuego. He caído
con todo los nombres que soy
pero el ojo del niño, viejo
como el nacimiento, debe llegar al día
en que,  hablando mi lenguaje, diga
hoy nos movemos, nos movemos?

.

.

Está escrito por los dioses

Somos el aliento de una gota de lluvia
Un grano de un mar de arena en el viento
Somos la raíz del baobab
La carne de la tierra
Un haz distinguido de la sangre del Congo
Como los pechos de una nube negra
O leche corriendo a través de los años que gimen

También conocemos
Siglos con el gusto
De la mierda blanca por toda la espalda

La elección es nuestra
Así como la vida
La música de nuestra risa renacida
Tyityimba o la pasión del bugalú
De los dioses con los ojos de fuego en nuestra sangre
Risas de noche, y también de día
Y allá en América ciudades de vicio
Estallan por los suelos. Acaso no  todo
Está escrito por los dioses!
Qué cambien las cosas! dije
Dejen que den vueltas
Al ritmo de  nuestro movimiento
Acaso no saben que esto es A Love Supreme!

John Coltrane John Coltrane diles a los ancestros que
Escuchamos y oímos tu mensaje
Diles que nos diste las piezas para movernos
Coltrane, y ahora sabemos que
La elección es nuestra
Como la mente y el encuentro
La elección es nuestra
Como lo es el inicio
No fuimos hechos para lloriquear eternamente
La elección es nuestra
Así como la necesidad y el querer
La elección es nuestra
Así como mirar al día nacer

.

.

Santamaria

Es ahí donde las vocales sueñan
Con un nombre entre las consonantes
Persiguiendo los resquicios del sonido
En un ritual más largo que la distancia
Entre las costas del océano
Que no puede exponer sus más oscuros recuerdos

Negándose a que lo ciegue el agua del mar
Mongo no es del Congo
Pero con las congas o con cualquier otro tambor
Mongo reúne a todas nuestras memorias
Como el fruto de una cosecha abundante
Del oráculo de sus palmas
Y les ordena seguir
El polirrítmico baile de la vida

Él cuyas manos hablan
De un ethos popular de cuero y madera
Pandeándose con recuerdos y determinación
Es un sacrificio como el del hijo

Poeta, qué palabras podrían tener
La elocuencia de sus manos al trabajar
O tocar
Para alimentar tu vida

.

.

Una angustia más grande que el dolor

Si destruir todo mapa conocido
Borrara toda frontera
Del rostro de esta tierra
Yo diría que
Hagamos una hoguera
Como reclamo y canto
De la persona humana

Ser refugiado es una carga abominable
Incluso para un niño
Para alguno de ellos
Palabras como casa
Podrían no significar nada
Pero
Desplazado
Frontera
Refugiado
Llevan dimensiones de brutalidad y terror
De la pesadilla más horrible
Que alguien pueda pasar o imaginar

Vaciados sus ojos
Privados jóvenes de la visión de un futuro
Que debieron merecer
Porque no escogieron siquiera
Cuándo y dónde nacieron
Vacíos sus estómagos
Estirado jóvenes y redondeados por el mal comer
Y gruñendo como los perros bien alimentados de algunos
Con pretensiones de preocupados por los derechos humanos
Violados

Puedes verlos ahora
Tropezar de ningún lugar
A ningún
Otro
Entre
nada
y
nada

Consideremos
La temprana y diaria muerte de sus sueños jóvenes
Qué traumáticos  recuerdos espantan y abortan
La esperanza que debió haber sido
Una inscripción indeleble en sus ojos

Quizás
Deba tomar prestada
La voz de quien recuerda otra vez
Y mientras pueda para decir:
Tener una hogar no es un favor

.

.

 

 

Keorapetse W. Kgositsile. Sudáfrica, 1938. Poeta, profesor y activista político. Su obra es reconocida internacionalmente y comprende numerosos libros entre los que figuran My Name is Afrika (1971), Places and Bloodstains (1975), The Present is a Dangerous Place to Live (1975), To the Bitter End (1995), If I Could Sing (2002) y This Way I Salute You (2004). En 2006 fue laureado como Poeta Nacional de Sudáfrica. Uno de los miembros más jóvenes del Congreso Nacional Africano, en 1961 fue forzado a abandonar su país natal. Desde entonces, y hasta 1975, vivió primero en Tanzania y luego en los Estados Unidos, en donde consiguió una beca para estudiar Literatura y Escritura Creativa. Posteriormente, como estudioso de la cultura y la literatura afroamericana, enseñó en numerosas universidades de África y Norteamérica. Considerado como un puente entre la poesía africana y la poesía negra norteamericana, su temática va desde lo evidentemente político y público hasta lo lírico y confesional, siendo claras las influencias del jazz y el blues, reconociendo como muchos otros poetas a la música como una de las formas más puras del arte.

César Panza. Valencia, Venezuela, 1987. Poeta, editor y traductor. Licenciado en Matemáticas por la Universidad de Carabobo, Panza se desempeña como miembro del comité de redacción de La Tuna de Oro y del comité de redacción de POESIA.

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