¿Kwo vadimux, moõpio la axunto?

Léonce W. Lupette

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La pregunta por la actualidad de la poesía paraguaya, o pseudocientíficamente paraguayensis, como fue planteada por Cristino Bogado para la presente ocasión de reflexión compartida, implica varios problemas que debemos tener en cuenta al indagar el asunto. Para empezar, no se puede hablar de la actualidad o de lo actual sin tener en cuenta el y lo pasado, y tampoco podemos perder de vista el futuro, con lo cual ya estamos en medio de un mareo temporal por el que tenemos que navegar – y no siempre resulta fácil calibrar la brújula cuando hay bastante neblina. Y neblina siempre suele haber, sobre todo cuando hablamos de conceptos supuestamente evidentes como “la poesía”, “la poesía actual” o, peor, “la poesía paraguaya actual”, como si existiera algún consenso acerca de una entidad concreta a la cual se referirían estos conceptos. Así, rápidamente veremos que el aspecto local resulta más problemático aun que el del tiempo: decir poesía paraguaya inevitablemente supone algún elemento unificador basado en – ¿en qué exactamente? ¿En el territorio geográfico? ¿En el estado paraguayo? ¿En la nacionalidad paraguaya? Cuestiones que se complican todavía un poco más por el hecho de que –más allá de todas las posibilidades e imposibilidades que brinda la virtualidad (o que brindan las virtualidades)– yo vivo fuera de ese país, con lo cual mi perspectiva necesariamente es una desde cierta distancia por lo menos de los quehaceres culturales dentro del país. De todos modos, el campo de las Literaturas Comparadas ha dedicado décadas de trabajo a la problematización de las premisas y construcciones de las Literaturas Nacionales, aunque estas parecerían prevalecer hasta hoy en día, por ejemplo en las carreras de Letras donde las literaturas siguen siendo clasificadas según sus nacionalidades y cuando en un país como el Paraguay la Literatura Comparada ni siquiera existe como carrera.

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Eso dicho de preámbulo, podemos constatar que los estudios dedicados a lo que de alguna que otra manera ha sido y sigue siendo llamado “poesía paraguaya” no abundan, ni en el Paraguay, ni en las academias, editoriales o conferencias internacionales. Al contemplar tanto la historia de lo catalogado como poesía paraguaya de los últimos digamos 150 años hasta antologías que muestran las escrituras más jóvenes de ahora, como la que hizo Douglas Diegues para una editorial argentina en 2016 y que ofrece un recorte bastante amplio y ecléctico de poéticas diversas[1], me resulta imposible, a primera vista, encontrar un rasgo o un conjunto de rasgos poéticos genuinos atribuibles a algo como “la poesía paraguaya” en sí. El panorama resulta tan abierto, diverso y también confuso como en otros países también (si no más). Tal vez por eso no sea una observación sorprendente, y el título de este encuentro mismo sugiere hablar de «las lenguas» de la poesía paraguaya (o incluso paraguayensis, distanciándose aun más de lo nacional como concepto catalizador de asuntos literarios). Sin embargo, existen algunos aspectos que llaman la atención, algunas intrigas que se plantean y que vale la pena esbozar para alimentar la reflexión sobre las dudas acerca de qué realmente estamos hablando.

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¿Qué significa entonces relacionar la poesía con instancias de lo nacional y territorial? La idea del Paraguay como «gran incógnita»[2], como «isla rodeada de tierra»[3], sin por eso dejar de tener elementos ciertos debido a varias guerras y largas décadas de dictadura y aislamiento, se ha convertido en un lugar común hace rato. Sin embargo, un lugar común también es un lugar, en este caso tan topográfico como simbólico. También es un lugar común, en todas las partes del mundo, lamentarse de que nadie lee poesía, de que la poesía se encuentra en un lugar muy marginal – comparada con otras formas artísticas nunca fue un medio masivo, más allá de algunos atípicos casos puntuales como el bíblico Cantar de los Cantares, ciertos versos de la épica griega, algún poema de Alejandra Pizarnik u otro del Nobel Neruda. Y los ideales de una educación burguesa-humanista, donde en la mayoría de los colegios occidentales se estudiaban los mismos poemas de Shakespeare, Goethe, Rilke y Rimbaud, para bien o para mal se ahogaron en el milenio pasado. Pero también es verdad que la poesía proveniente de Paraguay no se encuentra precisamente en un lugar de mucha visibilidad y recepción mundial comparada con la de otros países. En un tomo relativamente reciente sobre las vanguardias literarias del siglo XX en Argentina, Uruguay y Paraguay, de 2004[4], por ejemplo, solo hay tres artículos sobre la poesía paraguaya, uno de los años 60 y los otros dos de los 80. Curiosamente, en estos artículos se plantea la relación de la poesía con el lugar, por ejemplo cuando Hugo Rodríguez-Alcalá compara poemas de Hérib Campos-Cervera y de Eloy Fariña Núñez como expresiones distintas de una misma realidad que sería el Paraguay[5]. También Juan Manuel Marcos lee a Julio Correa en el contexto de la tradición de una literatura marcadamente social[6], cercana a Rafael Barrett o a Manuel Ortíz Guerrero. Josefina Plá a su vez brinda un panorama generacional, clasificando a las y los poetas por su edad pero también por las respectivas circunstancias históricas y políticas que l@s han impactado[7]. Simplificando un poco podríamos decir que en estos casos lo paraguayo de la poesía sería visto como una preocupación en primera instancia temática e histórica desde un punto de vista nacional. Así, desde la primera frase, el artículo de Marcos describe la propuesta histórica de la poesía paraguaya como la tarea de producir una imagen de la patria, o sea como emprendimiento patriótico y por ende nacionalista:

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Los románticos paraguayos, que habían forjado el culto de la virilidad, cincelaron la imagen patria conforme al modelo masculino del héroe. Los modernistas, más sensuales y esteticistas, según la idealización de la mujer.[8]

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Y cuando algunos poetas se vuelcan hacia temáticas más existenciales y sociales durante la primera mitad del siglo XX, “no pocos críticos se [obstinan] en echar una injustificada leyenda negra sobre dicha poesía, con reiteradas acusaciones de ‘anacronismo’, ‘pobreza’, y ‘aislamiento cultural’”.[9] Eso demuestra las dificultades tradicionales de despegar el concepto poesía paraguaya de un marco ideológico nacionalista. Pero incluso Marcos, que no necesariamente comparte esa visión patriótica, sigue una línea de historiografía nacional y su análisis se enfoca en la visión patria de los poemas discutidos. Ese aspecto lo comparte con el texto de Rodríguez-Alcalá, que comienza:

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Los dos poemas más famosos de la poesía paraguaya fueron escritos en Buenos Aires. Llenos ambos de la nostalgia del terruño, tratan de ser una síntesis de la patria ausente[10].

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Aún escrita fuera del país, lo específicamente paraguayo de la poesía paraguaya aparece ser constituido, al menos a los ojos de la crítica y del público, por cuestiones patrióticas. Preocupaciones parecidas, aunque más explícitamente inscriptas en la política del momento, aparecen en los cuatro números de la revista paraguaya de cultura Diálogo que salen entre abril de 1960 y abril de 1962 en Asunción y donde participan, entre muchxs otrxs, Josefina Plá y Rodríguez-Alcalá, Gabriel Casaccia y Augusto Roa Bastos[11]. Predomina en esa revista (nuevamente: estoy simplificando para ilustrar una tendencia) la cuestión de cómo hacer patria, cómo expresar la patria o lo patriótico. Sin embargo y desde ya, la pregunta de cómo construir una sociedad y cuál sería el rol de las y los poetas puede tener miles de formas y miles de respuestas – nunca tiene por qué pasar por categorías de lo patrio o del nacionalismo, categorías intrínsecamente limitantes y necesariamente chovinistas que contradicen las estructuras de desplazamiento, contagio y hospitalidad inherentes a cada lengua y cada literatura – ni hablar de las violentas consecuencias políticas y sociales de tales ideologías. Sin embargo para muchas comentadoras y comentadores de la poesía paraguaya eso último ha sido durante muchas décadas casi una naturalidad. Las cualidades, categorías y dimensiones estéticas siempre se encuentran subordinadas al servicio de lo nacional y nacionalista y no aparecen como aspectos autónomos o primordiales. Curiosamente, esta ausencia también se puede constatar cuando no es lo nacional que predomina. En una de las antologías más abarcadoras de la poesía paraguaya, los dos valiosísimos tomos de Poesía Paraguaya de ayer y de hoy, editados por Teresa Méndez-Faith, el prólogo de la reedición de 2009 reza:

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En resumen, lo que de esto se puede deducir es que la literatura en general, y la poesía en particular, captan –queriendo o sin querer, implícita o explícitamente, en clave o „en directo”– el sentir esencial, el pulso vital, lo escondido o secreto de la realidad humana que traducen y reflejan[12].

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Ahí tanto como en la introducción, que ofrece un conciso e informativo panorama socio-histórico de la poesía paraguaya, encontramos conceptos y categorías históricas, generacionales, vitalistas, esencialistas, y también patrióticos, pero lo que llama la atención es que se encuentran extrañamente ausentes las categorías lingüísticas o sea la perspectiva del material poético que es nada menos que el lenguaje – más allá de la división de la antología en una vertiente en guaraní y otra en castellano. Del otro lado resulta llamativo e interesante el énfasis internacional y transfronterizo desde el que Méndez-Faith describe y traza las líneas históricas de la poesía paraguaya, subrayando las corrientes latinoamericanistas de la segunda mitad del siglo XX y haciendo hincapié en la cantidad de autores extranjeros que por haber escrito o escribir dentro del Paraguay se consideran parte de la poesía paraguaya, tanto como la gran cantidad de autoras y autores de nacionalidad paraguaya que han elegido o fueron forzados a escribir desde otras partes del mundo. Lo que quisiera plantear con ese breve excurso histórico a modo de esbozo es que al hablar de poesía paraguaya 1°) parecería predominar, por lo menos hasta hace muy pocos años, cierta idea de una relación estrecha entre la poesía y el Paraguay como patria, resultando en una instrumentalización de la poesía desde estructuras ideológicas nacionalistas; 2°) que es imposible no considerarla una poesía internacional debida a la cantidad de destierros, exilios, migraciones, lo cual complica por completo la cuestión nacionalista y territorial; y 3°) que queda extrañamente flotando la cuestión del lenguaje – y eso en un país expresamente bilingüe, y –teniendo en cuenta el jopara y el portunhol– prácticamente multilingüe.

 

§

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Pasemos ahora a la llamada actualidad (aunque nunca sin nuevos excursos históricos)[13]: A pesar de las narraciones kitsch que nos da la industria cultural acerca de un mundo globalizado y multicultural, lo que pudimos observar en los últimos años en buena parte del planeta es el resurgimiento de discursos nacionalistas y reaccionarios con sus esperables y fatales consecuencias de recrudecimiento de las sociedades. También la pandemia ha favorecido la proliferación de discursos de odio, de ideologías identitarias, de autoritarismos dogmáticos que quieren evangelizarnos con sus certezas. Varios de los autores mencionados antes, como Barrett o Correa, fueron duros críticos de los contextos sociales y políticos que los rodeaban; ¿pero cuál podría ser una respuesta poética adecuada hoy en día, una que justamente no pase por las lógicas de terruños patrios? Difícilmente podemos seguir con estas ni con los conceptos estéticos de los siglos XIX y XX. Estéticos, y lingüísticos. Y acá entraría en juego una veta presente en la poesía paraguaya que tiene que ver con la peculiar situación lingüística del país. Según el bilingüismo oficialista[14], se suele dividir la poesía paraguaya, como lo hace Méndez-Faith, en “dos vertientes”, la escrita en castellano, y la escrita en guaraní. Esa perspectiva se inscribe en otro paradigma obsoleto que todavía se muestra ampliamente extendido: el del monolingüismo que reza ideas de purismo lingüístico; de lenguajes e idiomas como instancias de identidad, autenticidad, naturalidad, mientras que siempre son y han sido estructuras cambiantes, en movimiento, en contacto, y siempre abiertas a la bastardización, al juego, a la mezcla, como lo muestran nuestras prácticas cotidianas de habla, como lo muestran, en Paraguay, el portuñol y el jopará.

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El monolingüismo remite a ideas supuestamente de sentido común: cada persona nace con un idioma materno en el cual se expresa con riqueza y naturalidad como en ningún otro; un escritor debe escribir en su idioma natal; una lengua es algo bien definido y codificado en gramáticas y diccionarios; los idiomas no se mezclan; las mezclas ponen en peligro su integridad; o por lo menos la mezcla indica informalidad, bajo estatus social e intelectual y falta de educación. Ya en el siglo XVIII, por ejemplo, encontramos burlas del jopará como “jerigonza”, “lengua tan corrupta”, “adulterada” y “desconcertada” –ideas que perduran hasta hoy. Semejantes suposiciones son –consciente o inconscientemente– parte de nuestra concepción del lenguaje, y lo primero que sorprende en ellas es que se guían por juicios de valor más que por parámetros objetivos o empíricos. Existe una tendencia a jerarquizar, favoreciendo lo monolingüe: lo multilingüe resulta sospechoso, desprolijo, incompleto, innatural. Asimismo, se favorecen los idiomas “puros” frente a los dialectos o variedades.

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Esa forma de pensar el lenguaje no siempre ha sido dominante, aunque existen antecedentes. La historia de la Torre de Babel presenta la multiplicación de los idiomas como castigo divino: la multiplicidad lingüística significa desorden y confusión, y esa metáfora quedó grabada profundamente en nuestro imaginario cultural. Sin embargo, en la Biblia ya existe una multiplicación idiomática antes de Babel, cuando se dispersan los hijos de Noé, cada uno con su lengua, familia y nación. Si ya existía una multiplicación “natural”, ¿cómo explicar que el castigo babélico resulte tan dramático?[15] Paradójicamente, la confusión ya está inscrita en la misma historia que pretende aclarar el origen de la multiplicidad de lenguas. Hay otra historia bíblica, pero curiosamente no se ha convertido en nuestro referente en cuanto al multilingüismo: la del milagro de Pentecostés, cuando de repente cada persona puede escuchar y entender a los apóstoles en su propio idioma. Son concepciones opuestas, pero termina predominando la visión de la variedad idiomática como castigo, y abundan los intentos de reconstruir esa lengua prebabélica primordial, pura y divina.

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Así se consolidan los idiomas occidentales desde el siglo XV: para justificar la elevación de las hablas antes consideradas vulgares se necesitaban gramáticas, poéticas, léxicos e instituciones que las elaboraran y promovieran. Nacen las academias cuidadoras del idioma, como la Real Academia Española, cuyo lema sigue siendo “Limpia, fija y da esplendor”, y no es casualidad que la primera gramática moderna sea la de Nebrija, publicada el mismo año de la Conquista, postulando que “siempre la lengua fue compañera del imperio”.

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Entonces, y de cierto parentesco con la problemática relación poesía-nación que ya hemos visto, el monolingüísmo aparece lleno de problemas fundamentales: la primacía del idioma materno o natal como natural significa una biologización del lenguaje; apelar a purezas supone una divinificación y primordialidad perdida; el idioma aparece como algo inamovible pero en peligro y que habría que defender contra intrusos foráneos; y hay una instrumentalización del lenguaje a favor del poder. Son concepciones nunca alejadas del nacionalismo, la violencia y la discriminación. El pensamiento monolingüístico es el de las certezas y verdades, la posesión y las separaciones estrictas. Sugiere la autenticidad de los hablantes nativos y busca otorgarles privilegios y poder. Sin embargo, podemos desmentir estas premisas: muchísimas personas en todo el mundo hablan primero algún dialecto y recién en la escuela aprenden el estándar de su país. Gran parte de la humanidad se cría en contextos donde no hay un idioma principal: comunidades cuyo idioma no es el de los medios de comunicación o el sistema educativo, países donde cada región tiene su lengua… La noción misma de idioma materno no ha existido siempre[16]: durante siglos ha sido común en Europa expresarse en la lengua vernácula en lo cotidiano, en francés en la corte, en griego o latín en la escritura. Estos multilingüismos no parecían problemáticos y la identidad no estaba ligada estrechamente al conjunto idioma-sangre-tierra. Tampoco existen criterios estrictamente lingüísticos para diferenciar idiomas de dialectos o variedades: los criterios son casi siempre históricos, políticos, sociales. Y basta una breve mirada a cualquier diccionario para ver la cantidad de palabras y estructuras provenientes de otros idiomas. Cualquier noción de pureza resulta difícil de sostener, puesto que las fronteras que determinan dónde (en el tiempo, espacio, léxico) termina un idioma y dónde empieza otro son arbitrarias: normas totalizadoras impuestas desde afuera, y lo mismo vale para las literaturas.

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Repito: las lenguas siempre son y han sido estructuras cambiantes, en movimiento, en contacto, y siempre abiertas a la bastardización, al juego, a la mezcla, como lo muestran nuestras prácticas cotidianas de habla, como lo muestran, en Paraguay, el portuñol y el jopará. Necesitaríamos entonces un tercer tomo de poesía que tenga en cuenta la poesía multilingüe que tal vez sea más numerosa de lo que podría creerse. La podemos llamar poesía paraguaya porque actúa consciente y explícitamente con y sobre las lenguas y los lenguajes del país, mientras que, paradójicamente, torpedea cualquier noción de lo identitario, de lo nacional, de las fijezas de las burguesas categorías estéticas y también políticas todavía tan presentes. Lo que nos ofrecen son la desconcertante fuerza de lo ajeno. Hasta donde yo sepa, todavía no hay una abarcadora antología de poesía paraguaya multilingüe, aunque es notable que Douglas Diegues haya escrito el prólogo a su antología de Poesía paraguayensis del siglo XXI en su particular Portuñol selbagem (también es notable que esa antología haya salido en Argentina y no en Paraguay):

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Felizmente hay más poetas y artistas por metro quadrado en Paraguay do que moscas. En las citys, el yopará, el guarani, el jehe ìa, la jeringonza, el idioleto populi, usados todos por el pueblo nel Mercado 4, nel Abasto, en la Terminal, en la calle última, en los mercados de Luquelandia y en otros mercados, sin duda alguna hace a todos un poco poetas. Eso significa que non existem falsos poetas nel Paraguay del XXI […]. [E]n las citys paraguayensis la poesia se confunde con lenguaje de las calles, de los barrios, del pueblo inbenta-lenguas.[17]

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El Portuñol selbagem es el idioma literario que el autor usa en sus poemas y cuentos y donde confluyen el español, el portugués, el guaraní, pero también algún que otro idioma más. La apertura idiomática del prefacio se corresponde con la concepción multilingüe de esa antología que además de cantos rituales de la selva comprende varios poemas que mezclan y transmutan diversos idiomas, por ejemplo de Cristino Bogado, Edgar Pou o Jorge Kanese. La poesía multilingüe es eso: transgresión, superación de categorías fijas, cuestionamientos de nuestras expectativas. Muchas veces puede ser incómoda y hasta sustraerse a la inmediata comprensión, como lo muestra ese fragmento del Altar de los marineros borrachos de Kanese[18]:

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añâ ku’imba’e küañá tatú katú ehetü el kuratü agüijevete’etê la onasemi-angâ temworeìndi ñemonowelita planaremix xerá nambré küxita plan leer pero no entender porke demá de las alteraxiones berbale xealternan gua’u aku puntuaxione xuprimen sigños xatura xatarra orixontal komprieta ikatumi-ko arma japoroguatäjeyhaguä hë’ë ikatû ikatuitê hajepa nemvore tivû kafixo del kilomvito-katê penjaus lebado plenosentro de ashunçión bista la koxtanera eré-eréa vixo fluye en forma presipitada como las katarata de iguasú xikópata iluminado tratando de okureser fantaxma jermedâ exa arte marinerotes ka’ure labio inferior ka’ido mui paressido al del ruvio kontraktaxión al principio karáillotèmpo komo sevador ophisial de tereré y al poco tiempo como xecretario’ilo ayuda de-peska he’i la-radio so’o

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Esa clase de textos con sus “alteraxiones berbale” nos “xatura” y deja de ser atribuible a los sistemas lingüísticos acostumbrados. Lingüística y temáticamente ese fragmento remite claramente al Paraguay (juega con el jopara, nombra a “ashunçión” y al tereré), pero lo hace subvirtiendo todas estas referencias, en modo parodia, dificultando los accesos y sin dar lugar a patrióticas pantallas de cohesión o identificación. No pocos textos multilingües se preocupan por lo social o intelectualmente desprestigiado o sancionado: en Mar Paraguayo de Wilson Bueno[19], que es un autor brasileño, pero cuyo libro es un texto clave de la literatura multilingüe de la región y que tiene mucho que ver con el Paraguay, el yo que narra es una prostituta de Guaratuba (y el viejo cruel que la hace sufrir no puede ser otro que Stroessner, aunque no se lo nombre); los poemas de Kanese provocan con vulgarismos e insultos, deformando al mismo tiempo los idiomas conocidos:

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XEKA-NDEAÑARAKÔ
ÑENGO XURRO NDAYEKO

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empieza un “kulo-phôm” del autor que termina

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KANEXE DIGLÓXIKO DIGLEIXO
IJODELASAMPU-TA / KUMPLÎ.[20]

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Visiblemente, este poema no responde a la fonética o grafía de ningún idioma conocido. Muestra rasgos de portugués, castellano, guaraní, portunhol, jopará, sin ser ninguno de ellos. No podemos estar seguros de cómo pronunciarlo, y hasta el apellido del autor aparece transformado. Estos textos no quieren trasmitir certezas, y distintas incertidumbres se inscriben en su estructura poética. A su vez, sin ser un calco del portunhol hablado, Mar Paraguayo se mueve entre el español y el portugués con algunas partículas de guaraní, y en ese fluir dinámico no solo nos expone a los vértigos del lenguaje sino que abre la posibilidad de una verdadera libertad de expresión individual de un yo que no cabe plenamente en ninguna parte:

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yo desearia alcançar todo que vibre e tine abaixo, mucho abaixo de la línea del silêncio. No hay idiomas aí. Solo la vertigen de la linguagem. Deja-me que exista.[21]

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La lengua de Mar Paraguayo vibra, se mueve entre lenguas pero también las enlaza, es todas y no es ninguna. En este frágil, infinito y casi imposible vaivén se produce la fuerza del texto: más allá de sus inmediatas implicaciones históricas y políticas, el título designa una única forma de expresión, siendo el mar paradójico ese lenguaje mismo. Otra forma de mezcla podemos apreciar en los poemas de Cristino Bogado, como en ese fragmento del poema largo Poema Rendy[22]:

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En las calles heladas de Bogotá, la saeta se canta por la noche para recordar a las yiyis que la vida es corta. Los padres nambré luego no extirparon el guahú que aún cantamos hoy antes de emborronar no poemas filosóficos truchos Él no poeta huidobriano “solo vive en tu libro de imágenes, Tloque Nahuaque” El quipucamayoc hombre cuya misión era descifrar el lenguaje de los nudos y supercuerdas de ña historia- antes que la tiranía de turno queme los quipus del linaje destruido por las armas, reduciendo a cenizas el recuerdo de sus miembros.

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El texto se ubica en Bogotá, recuerda cantos guaraníticos, menciona a Huidobro, emplea palabras incaicas y utiliza jopará lambareño. Marca lugares, pero no como anclas para la añoranza o construcción patria sino como movimiento transfronterizo que nos invita a un viaje hacia los paisajes, ritmos, sonidos, tiempos y pensamientos más diversos. La poesía multilingüe deshabita los sistemas que representan los idiomas –y sobre todo las concepciones monolingüísticas de los idiomas– para habilitar otras dinámicas y cualidades del lenguaje: las que nos permiten dudar, las que otorgan un espacio de resonancia en el que pueden pronunciarse voces que no forman parte de ninguna identidad fija o presupuesta, las que recuerdan las otredades y ofrecen la libertad de dejarnos afectar por ellas. En ese sentido sí puedo constatar que existe una poesía paraguaya, o, mejor dicho, paraguayensis, no solo lejos de las categorías nacionales, sino trabajando en contra de ellas, con innovaciones lingüísticas y estéticas llenas de ingenio, de vida y de humor, y de mundos tan oximorónicos como sinestéticos. Upépe hina la axunto.

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[1]  Douglas Diegues (ed.): Ya estamos caminando por esta tierra reluzente perfumada. Poesía paraguayensis del siglo XXI, Bahía Blanca: Vox Senda, 2016.
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[2]  Cf. Mar Langa Pizarro: «Historia de la literatura», en: Ignacio Telesca (ed.): Historia del Paraguay, Asunción: Taurus/Santillana, 2010, pp. 391-409, 391. Véase también José Vicente Peiró Barco: Literatura y sociedad. La narrativa paraguaya actual (1980-1995), tesis doctoral, Madrid: UNED, 2001.
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[3]  La greguería suele ser atribuida a Augusto Roa Bastos. Cf. el mismo: Los exilios del escritor en el Paraguay, en: Nueva Sociedad, año 6, n° 35, Buenos Aires, Marzo-Abril 1978, pp. 29-35, 29.
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[4]  Carlos García / Dieter Reichardt (ed.): Las vanguardias literarias en Argentina, Uruguay y Paraguay. Bibliografía y antología crítica, Frankfurt/Madrid: Vervuert/Iberoamericana, 2004.
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[5]  Hugo Rodríguez-Alcalá: „Un clásico y un superrealista, o dos visiones de una misma realidad: el Paraguay“, en: García / Reichardt (2004), 491-502.
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[6]  Juan Manuel Marcos: „No cantéis más, poetas (en torno al postmodernismo paraguayo)“, en: García / Reichardt (2004), 481-489.
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[7]  Josefina Plá: „Evolución intermedia (1940-1959)“, en: García / Reichardt (2004), 503-518.
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[8]  Marcos (2004), 481.
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[9]  Ibid. 482.
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[10] Rodríguez-Alcalá (2004), 491.
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[11]  Los cuatro números forman parte de la segunda época de la revista. Llama la atención cómo va cambiando el lema de la revista: en sus primeros dos números, Diálogo lleva el subtítulo Revista mensual de cultura, en el tercero, de julio-agosto de 1960 pasa a ser una Revista bimestral de cultura, para luego llamarse, en su última publicación de abril de 1962 Revista paraguaya de cultura.
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[12]   Teresa Méndez-Faith (ed.): Poesía Paraguaya de ayer y de hoy, tomo I, Asunción: Intercontinental Editora, 2009, p. 11.
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[13]   Retomo aquí algunas ideas y conceptos de mi ensayo ¿Qué es la literatura multilingüe? publicado en el suplemento cultural de ABC Color del 4 de agosto 2019. Versión online:https://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/cultural/2019/08/04/que-es-la-literatu-ra-multilingue/
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[14]   Acerca de diversas problemáticas concretas que surgen a través de la noción del Paraguay como país bilingüe, véase María Eva Mansfeld de Agüero / Carlos Marino Lugo Bracho / Karina Elizabeth Agüero Mansfeld / Shaw Nicholas Gynan: Bilingüismo y educación bilingüe: Un análisis sociolingüístico de contacto guaraní-castellano en el Paraguay, Asunción: Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica, 2011. Véase también Graziella Corvalan: Lengua y educación: un desafío nacional, Asunción: Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos, 1985.
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[15]   Uno de los pocos textos que advierte sobre este problema es Umberto Eco: La búsqueda de la lengua perfecta, trad. María Pons, Barcelona: Crítica, 1993
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[16]   Para una profunda crítica del concepto de idioma materno véase Yasemin Yildiz: Beyond the Mother Tongue. The Postmonolingual Condition, New York: Fordham University Press, 2012.
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[17]   Diegues (2016), 10.
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[18]   Jorge Kanese: El altar de los marineros borrachos, Asunción: Arandurã, 2015, p. 17.
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[19]   Wilson Bueno: Mar Paraguayo, Buenos Aires: Tsé=Tsé, 2005.
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[20]   Kanexe Künexe: Para Zekar la Vana-na, Asunción: editorial Arte Nuevo, 2008, 45s.
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[21]   Bueno (2005), 11.
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[22]   Cristino Bogado: Poema Rendy, Asunción: Editora de los Bugres, 2021, p. 13s.

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L.

Léonce W. Lupette, escritor y traductor franco-alemán, vive en Argentina. Ha publicado los poemarios Einzimmerspringbrunnenbuch (con T. Amslinger, 2009), a|k|va|res (Felicita Cartonera, 2010), Tablettenzoo (Luxbooks, 2013) y Äkste & Änkste denxte (Fadel & Fadel, 2017). Tradujo, entre otros, a John Ashbery, John Berryman, Jorge Kanese, Friedrich Hölderlin y Leonard Cohen. En 2015 recibió el Premio de poesía internacional de la ciudad de Münster por sus traducciones de Charles Bernstein. Acaba de salir en Argentina su cuento Locro (Reina Pagana, 2020).

El texto de Luppet que ofrecemos en esta entrega fue tomado del libro Lenguas de la poesía paraguayensis. Pinoza: Charlas online, (2022),
editado y publicado por Cristino Bogado.
La obra que ilustra esta publicación se titula Tunnels, y fue realizada por el artista venezolano Juan Ballesteros

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