La casa que habito

Edda Armas

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Extranjeros en el mundo, los últimos rayos
de luz huyen de las fronteras del día y se
alojan en mi estrecha habitación.

Christiane Dimitriades

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 I

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Engarzadas
van las palabras
desnudas ascienden
de un rayo a otro
en esta habitación,

con punta de tacón zapatean
por los bordes roídos
y rebotan sobre las huellas
dentro de sus blancas paredes
sin pinzas que las sujeten,

ellas acorralan como espinas
que han ido cayendo del cuerpo
o quizás sean apilados fantasmas
de los largos días de encierro,

moverse tirando de sus jirones
entre los pocos nudos que las frenan
o en las voces sostenidas
hallando otros moldes para flotar.

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II

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Los acumulados nubarrones te dicen
que aún no es el tiempo de mieles y abrazos
y bajo sus inciertas formas
no logras la calma,
aunque le bordes esquirlas de amor
a los pañuelos blancos
y abras todas las ventanas
–ondeándolos– al pedir auxilio.

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III

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Liviandad,
evocación sonora
en la frontera rota,
invocas a quienes
el sol ya no
les quema el rostro.

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IV

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La palabra que arde es una concha marina
cuando la piel era escarcha del mar tumultuoso
y de allí hasta acá, es lo mismo:

tiempo extendido, donde asoman puntas
nudos cascabeles dudas precipicios y nubes
cuando los dientes cada noche se hincan
en lo más incomprensible del día.

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V

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Acaso al hacer la cuenta regresiva
ya no te sostengan los mismos pies
pero los calzas
hallándoles un poco de equilibrio
sobre sus huellas,
en la misma tierra,

recorriéndola
de arriba a abajo
a sabiendas de que hay un paraíso
dentro del huracán
en la casa que habito
sostenida apenas por algunos libros
subrayados, marcados
todos, boca arriba.

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VI

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En Oslo viví un día o serían dos
apenas, transitados en silencio,
mecidos por unas palabras noruegas
en boca de los elfos,

vacilante ahora pienso en ellos
como puentes verbales
que extendían puertas de salida
en medio de tanto sin sentido,

pues el aire azul nunca fue
tan advertido por mí
como hoy que a ellos aquí evoco
rastreando escurridizas formas
entre la nieve,
amontonada en su caída libre
con un frío que no logro ordenar
enfrentando oscuridades
en un mar que creo haber perdido.

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VII

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La palmera afuera mece sus brazos
yo la miro con nostalgia de un país,
el viento levanta los nombres de los que parten
haciéndose evocación de abrazos
en la urdimbre que agosta la garganta
apenas nudos en los troncos
de estas palmeras       de la ceiba vieja
de aquellos altos abedules en una película
imborrable de Andrzej Wajda,
los que ahora miro con otros ojos
contra un cielo que también se nubla.

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VIII

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Hay tanta extrañeza en la forma de movernos
en este espacio asfixiante
en búsqueda de labios
y de algo que nos confirme

un dónde, un tal vez, un más allá,
para que siga andando la vida
aunque resulte distinto
narrarla en otra lengua.

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IX

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En la casa que habito
se mueven lenguas de fuego
con formas trabadas, inverosímiles
pasan en procesión frente a nosotros
y lanzamos preguntas
a fin de constatar
si ellas saben algo más,
–de todo aquello–
que en el país lejano
aún nos quita el sueño.

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X

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Soy yo misma o eres tú,
sin reconocernos –nos decimos–
al juntar las preguntas
con las sensaciones de vacío
la luna con las entrañas del mar
en la figura que se mueve
como trenza de aire,

al abrir la ventana
a paisajes desconocidos
arrimas fragmentos
caracolas y turbulencias
trasplantando orfandades
aunque verbo no le pongas
a los pasos ni a la penumbra
en la casa que ahora habito.

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E.

Edda Armas. Poeta. Psicóloga social egresada de la Universidad Central de Venezuela. Coordinadora de talleres de creación poética de forma independiente. Desde 2015 dirige la Colección de poesía venezolana Dcir ediciones. Obra publicada reciente: Fruta hendida (Kálathos, Madrid), Manos (El Taller Blanco, Bogotá), A la hora del grillo (ElÁngelEditor, Quito), Alas de navío (Ed. Caletita, Monterrey). En 2019, Editorial Pre-Textos le editó en España su investigación antológica Nubes. Poesía hispanoamericana donde reúne 291 autores. Su obra ha merecido: Premio Municipal de Poesía 1995 «Alcaldía de Caracas» por Sable; Premio «XIV Bienal Internacional de Poesía J.A. Ramos Sucre, 2002» por  En bicicleta; y «Orden Alejo Zuloaga / Universidad de Carabobo» por su obra literaria y aporte al país como gestora cultural. Figura en antologías de España, Italia, Francia, Colombia, Perú y Ecuador. Ha participado en festivales poéticos en Europa y América. Es la primera autora venezolana en el catálogo de poesía de Vaso Roto con su recién publicado poemario Talismanes para la fuga (2022).

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Número conmemorativo del vigésimo aniversario de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (FILUC).
La obra que ilustra esta publicación  fue realizada por el artista venezolano Yonel Hernández

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