La edad de oro

Ángel Ortuño

 

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La patria de la infancia

El autor del poema,
muchas veces,
hablará de encontrarse
consigo mismo pero
como en la estafa aquella de vendernos
el esqueleto de
un mono capuchino
alegando que es Villa
—el Centauro del Norte— cuando niño,
el autor del poema se sube al volantín
y no vomita,
va al carrusel y trepa
a la moto
(pero en todas las fotos, sonríe encima de un
pavorreal).

No nos cuenta
que le gustaban con locura unas botas altas,
negras,
con flores a los lados. Y creía
que eran
de vaquero malvado.

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A causa de los acontecimientos se encontraba en un estado de ánimo
que excluía en él todo intento de engañarme

Pero yo conocía
su gusto casi
farmacológico,
su talento
para provocar emociones, lo mucho
que le gustaba oírse
hablar. También
que había adquirido todas esas
habilidades
leyendo algunos libros ilustrados en las peluquerías,
mientras seguía una ruta
de acuerdo a algún patrón difícil
de explicar
con palabras y que sería inútil
trazar
sobre un papel.

Cuando le sugería escribir sus memorias, se rascaba
el cuello.
Me ahorcarían por eso
en la tranquilidad de mi celda.

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Su poema es publicable pero con modificaciones

Tiene
una semana.

No nos gusta que haya un caballo tan grande
¡y de madera!
También podría vestir a muchos personajes
de otra
forma.

¿Minifalda? ¡Por dios, no sea
vulgar!

Encontramos también (ya
en confianza)
que sus tropos están
más ebrios
que sus tropas.

Esfuérzese, amigo. Lo
esperamos.

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Los matices de la traducción

El menú lo aclaraba
todo
de una vez: sushi no significa
crudo
sino
amargo.
Ahora bien, previsores,
dejaban unas líneas de puntos
debajo
por si algún comensal más versado
en materia de lengua
japonesa (lo copio
textualmente)
deseaba corregir o hacer más
precisiones
porque el mundo no es perfecto ni tiende a ello
pero es entretenido.

Otra cosa sería si lo que vas a comer se adelantara
y te mordiera
a
ti.


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Lugares comunes sometidos a pruebas experimentales

Si le das dinero a un perro, no
pasa
mucho.

La firma
cuya rúbrica muestra rasgos
verticales y alargados, corresponde
a una personalidad
megalómana y pagada
de sí misma.

Vuelve a intentar lo del dinero,
vamos.

 

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Bestiario camionero

El tipo estorboso no es
necesariamente
corpulento. Eso sí:
pareciera estar en todas partes.
Quieto.
Desesperante.
Como dios.

 

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Ángel Ortuño. Guadalajara, México, 1969. Es autor de Las bodas químicas (Secretaría de Cultura de Jalisco, 1994), Siam (Filodecaballos, 2001), Aleta dorsal. Antología falsa, 1994-2003 (Arlequín, 2003), Minoica (con Eduardo Padilla, Bonobos, 2008), Boa (Mantis, 2009), Mecanismos discretos (Mano Santa, 2011), Perlesía (Bonobos, 2012), 1331 (Práctica mortal, 2013) y El amor a los santos (Ediciones el viaje, 2015). El más reciente se titula «Tu conducta infantil ya comienza a cansarnos» (Ediciones La Liga, Santiago de Chile, 2017).

Los poemas acá presentados pertenecen al libro inédito La edad de oro, remitidos por el poeta a nuestra redacción.

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