La frontera quebrada

Algunas consideraciones en torno a Mapurbe venganza a raíz (2004) del poeta mapuche David Aniñir

:

Jesús Montoya

Ciberlautaro cabalgas en este tiempo Tecno-Metal
tu caballo trota en la red
las riendas son un cable a tierra
que te permiten avanzar
como un werkén elektrónico
de corazón e – lek – tri – za – do.
David Aniñir, Lautaro

La ciudad representa, en ciernes, los muros de una memoria reunida. Quienes la habitan, componen un encuentro particular con sus recuerdos y vivencias, cuya imagen, muchas veces indefinida, no consigue desligarse del espacio en que se enmarca. Los ciudadanos son testigos por antonomasia de los cambios del espacio urbano –generalmente en formación–, se mueven en medio de un paisaje dinámico e inagotable por calles, aceras, edificios y plazas que evocan cierto sentido de pertenencia, alejamiento, fascinación, e incluso, alguna clase de rechazo sosegado.

La ciudad contemporánea es, en rasgos muy generales, un punto de encuentro alterado. En este sentido, sus habitantes vacilan entre bordes sociales que los diferencian. El espacio va constituyéndose como una línea ilusoria en escala: la zona pública enaltece su límite marchito ante las políticas de la ciudad globalizada –la globalización es una característica ineludible de la urbe contemporánea– cuyas mayores apuestas radican en la privatización de las áreas urbanas, la instauración de grandes centros mercantiles, el ensañamiento de políticas utópicas que buscan igualar a los habitantes, así como la implementación de tecnologías de vanguardia, entre otras. Estas prácticas generan como síntoma contextual una arquitectura que implica vínculos de formas disímiles que acaba por excluir, mostrando, en general, dos facetas –envueltas bajo una inmensidad de máscaras– de la ciudad. Esta doble faceta es configurada por la improvisación en la construcción de casas a las afueras de la metrópoli, por un lado, y por el otro, todo el entramado de diseño planificado de la urbe actual, edificios, urbanizaciones, clubs, centros comerciales, que traza una polarización visual y un choque entre sus habitantes desarrollado a la par. Pensemos en algunas urbes Latinoamericanas como Caracas, São Paulo, Bogotá, o Santiago.

Definir las orillas, los márgenes de la ciudad, consiste en crear un espejo quebrado. De tal manera que, la periferia, como contexto, focaliza en sí misma los reflejos dispersos de los sujetos desplazados por la sociedad. Giorgio Piccinato, en su libro Un mundo de ciudades (2002) expone que sólo es posible describir la ciudad contemporánea a partir de la exposición de sus problemas más relevantes, como si la tuviera que describir un ciudadano común. Estas palabras de Piccinato son muy esclarecedoras y es, dentro de ellas, en que podemos situar al poeta mapuche David Aniñir.

Mapurbe venganza a raíz (2004), su primer libro de poemas, fue publicado por Odiokracia Autoediciones; en él la voz autoral modula un compromiso con la diferencia, emergiendo desde la contrariedad ante el entorno de una ciudad como Santiago. Aparecido casi quince años después de la caída de la dictadura, entrado el siglo XXI, esta obra compone una zona ambigua de resistencia, pero sobre todo de mímesis intercultural por medio de las políticas neoliberales asentadas en el consumo y el capitalismo globalizado. El discurso trasgrede la ética idealizada de los grandes núcleos de sentido de la poesía indígena contemporánea, o más concretamente, estos núcleos se resemantizan; así pues, la ritualidad, la naturaleza como madre, la oralidad, el canto, el aura tradicional del territorio, la añoranza y la búsqueda de las raíces componen temas que se llenan de otros contenidos, el pewma como territorio de ensueño de la cultura mapuche dibuja en los mapuchemas de Aniñir un albergue periférico del mapuche actual provocado por sus migraciones:

Al no poder contener a estas gentes en los límites urbanos formales, ni a las que día a día llegaban a la capital, se fue generando un escenario propicio para que se desencadenaran las ocupaciones masivas de terrenos de parte de pobladores organizados, en los extramuros agrícolas de Santiago, a partir de fines de los 50. Este, quizás uno de los fenómenos sociales no oficiales más importantes –y más desconocidos– de la historia social chilena del siglo XX, fue un proceso que, además de dar origen a la mayor parte de las poblaciones más emblemáticas de la capital, demostró cómo el movimiento de pobladores pudo doblarle la mano a las autoridades de la época, obligándolas a establecer políticas de vivienda social en tiempos en que estas casi no existían. Gran parte de la migración mapuche ya asentada en Santiago se sumó a este proceso. También lo hicieron los padres y vecinos actuales del informalmente llamado “pasaje de los indios” de la Intendente Saavedra, donde aún vive David Aniñir Guilitraro. (Jara, 2009, p. 12)

David Aniñir, obrero de profesión y poeta alejado de los espacios académicos, habita el balneario callampa de los grifos periféricos, a las orillas del Mapocho, en el que levanta su universo poético sobre mojones cristalinos que navegan hasta el mar, lo que le permite como sujeto habitante de esta realidad, engendrar una poesía donde la experiencia sitúa al sujeto en medio del derrumbe de la idealización de la cultura antigua, replegándose al conflicto mapuche y a la destrucción de la enseña postal que realiza el estado moderno de su cultura. El agua originaria es contaminante y la realidad se inmola pegada a los muros de una ciudad de fronteras quebrantadas, de culturas híbridas e impulsos fracturados denominada como Mapurbe. Es importante aclarar, que a pesar de que algunos textos podrían confundirse con un cúmulo de críticas y sátiras, buscan, en verdad, rendir cuenta a una etnia que se ha vuelto plural. Tal pluralidad, como estrategia poética, expresa la unión de distintos dialectos, jergas, palabras en inglés, lo que designa Aniñir como coa en el glosario final de la obra: el lenguaje de la pobla; al mismo tiempo que enfrenta expresiones y textos enteros en mapudungun; la lengua mapuche, el habla de la tierra, la tierra que se ha transformado en cemento, los árboles enterrados por edificios, calles, plazas, antros, la maquinaria nocturna que chirría a lo lejos en la división del Mapocho. Como consecuencia, el lenguaje instaura una problematización del panorama del sujeto de forma innovadora para la poesía indígena contemporánea, en el sentido del juego fragmentado de la cultura heterogénea que expresan la mutación de la etnia, los mapuches que se desplazan por los espacios netamente urbanos de la Santiago del siglo XXI: personajes en los textos como María Juana la Mapunky de La Pintana o como Ciberlautaro “representan una nueva forma de “ser mapuche” en la ciudad que escapa a la homogenización debido a la duplicidad de su conciencia, pues se sitúan entre dos culturas, dos formas de ver y vivir la vida que coexisten simultáneamente en ello” (Echeverría, 2014, p. 5) lo que hace dispar a Aniñir con autores mapuches actuales como Elicura Chihuailaf y Leonel Lienlaf, por ejemplo. En La ciudad ajena, subjetividades de origen mapuche en el espacio urbano, Lucía Guerra, a propósito de la abdicación de Aniñir a sus contemporáneos  plantea cómo se transfigura la urbe en libros como El país de la memoria (1988) de Chihuailaf y Se ha despertado el ave de mi corazón (1990) de Leonel Lienlaf y, finalmente en Mapurbe venganza a raíz (2004) del mismo Aniñir; de la obra de Chihuailaf expone:

El espacio urbano crea una sensación de desamparo que es también gemido y reclamo frente a una cultura ajena e invasora que ha hecho de lo mapuche promoción turística o pieza de museo de la otredad subalterna, ahora convertida en el otro exótico y vendible, de un dios blanco y de cuencas vacías que permite la discriminación étnica. (p. 305)

Mientras que sobre Se ha despertado el ave de mi corazón (1990) de Leonel Lienlaf, expresa:

La ciudad es apenas un trazo, el margen desechado para una subjetividad que retorna a sus orígenes. La inclusión de un imaginario urbano escueto no borra, sin embargo, la tensión creada por el enfrentamiento con la ciudad. El tono y la emotividad de la voz poética ponen de manifiesto una subjetividad que, como el cántaro de greda roto, busca y encuentra sus fragmentos en la cultura mapuche. Reafirmación que se expresa en la estructura del libro dividido en cuatro partes, como el cultrún; las dos primeras secciones corresponden al norte y el oeste con sus connotaciones negativas, mientras las dos siguientes representan el este, el sur y lo benéfico. Además, se añaden los elementos primordiales del aire, el fuego, el agua y la tierra. (p. 307)

Y añade, a propósito del discurso de la urbe en Aniñir:

Mapurbe se elabora a través de la voz del subalterno que asume una posición de sujeto para dirigirse a otros habitantes de la población o ser el portavoz de un “nosotros”. Contradiciendo la suposición poscolonial de que el subalterno no puede hablar en una dicotomía tajante entre centro y periferia, el hablante, desde el margen multicultural de medios masivos y digitales, emite su protesta. En su discurso, priman la blasfemia y la irreverencia hacia la nación. Inserta el coa, como dialecto ilegítimo, modificando ciertos vocablos en abierto sarcasmo. Se crea, así, una poética de la población marginal, poética de la inmundicia, pero también de la injusticia. Dentro de esta poética, los orígenes mapuches son apenas el trazo de un allá lejano que dejó de ser. (p. 310)

Chihuailaf reclama la cultura mapuche como ente que es vendido como promoción turística, Lienlaf toma la estructura de su tradición, Aniñir construye su obra con los elementos que tiene a la mano: su realidad, el corte bastardo de un mapuche que no renuncia de manera rotunda a su tradición, sino que la pinta a partir del cambio emanado por la tecnología, la música, la cultura cruzada desde el canje entre diferentes ideologías, desde la tecnología de la miérdopolis: es un mestizaje compuesto por una naturaleza compleja que traslada a los individuos hasta el mismo lenguaje, estructura como montaje que se sustenta en lo real, una encrucijada que es “un territorio de contrastes” (Sánchez, 2013, p. 4) a través de una escritura angustiada, iracunda, moldeada como una frontera “desde los juegos onomatopéyicos hasta la construcción de interlenguas y jergas” (p. 13) en que los poemas de Aniñir cumplen la función de una casa fraccionada, un espacio adyacente en el que algunos lectores también quedan desterrados; en este sentido, la inclusión de textos en mapudungun sin ser traducidos crean una barrera de esplendorosa división:

El poemario Mapurbe inicia de forma ritual con “Yeyipun”, fragmento de una rogativa realizada por la machi al inicio de ciertas celebraciones, como el Wetripantu o Año nuevo mapuche […] El aura de ritualidad con que Aniñir abre su poemario a través de esta rogativa, invocando espíritus antiguos y dioses de la naturaleza, sirve a su propósito de cuestionar lo que se imagina como “ser mapuche” en la ciudad. Tal y como me lo manifestó el mismo Aniñir durante una entrevista que sostuve con él, ““Yeyipun” es pedir a los espíritus masculinos y femeninos antiguos. Kvze y Fvcha son espíritus antiguos que circulan por el mundo y que explican el origen del mundo mapuche. Es una plegaria, una oración que hace la machi. Forma parte de la antesala de mi obra donde se pide energía, se agradece: fuerza, limpieza y trabajo” (“David Aniñir: obrero de la palabra”). Al estar escrito en mapudungún sin traducción, “Yeyipun” no sólo establece una zona de protección ritual, sino que también crea un espacio de resistencia cultural mapuche en tanto vuelve el texto inaccesible al lector no-mapuche. (Echeverría, 2014, p. 12)

En medio de tales adyacencias, como lectores, el mundo que reposa en el imaginario simbólico se desdibuja por completo. Por otro lado, la problemática de la oralidad se acentúa en medio de un terreno que a juicio de muchos puede parecer estéril, ¿dónde está la oralidad ancestral en Mapurbe?, ¿desde qué espacio de enunciación deviene?, como vemos, la obra no puede verse desde la preservación oral de la localidad mapuche, ni mucho menos en un sentido ancestral –aunque tenga un poco de ambas–, la oralidad, en sí misma, es un sonido de la ciudad, lo que se escucha se reproduce como un accidente, los poemas vuelan y caen, pero sobre todo, arrastran la pena del mapuche de hormigón:

A veces me cuesta mentir oral
y escribo
así mi engaño es hermoso
y la falsedad ya no hiere.
.
Este mapuche envestido de jeans

y poleras de universidades yanquies
confunden mi habitante
mezcla de norteamearaucano
y mapurbe.
.
En mis versos se libra lo que no hablo

por un problema de habitarme
en la grafía exacerbo la labia
y su espuma se diluye. (p. 26)

La identidad abraza la fronteras de un atuendo: norteamearaucano, la mixtura de la oralidad comprende esa identidad. Sin embargo, en el texto se libera una tensión entre el discurso híbrido y la vuelta a la raíz:

Esperando.
Resulta que soy de un mundo antiguo
donde las estrellas ardían de luz en el cielo
como llamas
y los volcanes en erosión besaban con su fuego las nubes,
al llover luz y fuego crecieron las flores
y la tierra fue un jardín. (p. 27)

Los saltos son bruscos y no se detienen, la dudosa construcción de la identidad es un enigma. La ambigüedad de la identidad del sujeto lírico es una significación en sí misma que configura la obra. Por otra parte, el cuerpo del sujeto se mezcla con sus orígenes damnificados, el barro envuelve una sangre que al mismo tiempo es diarrea: la deconstrucción del símbolo estatal sujeta un contenido político, palabras como masa, alienan a quien escribe el barrial:

Inconstructivo involutivo insatisfecho
como el cóndor con diarrea
en el asta de las banderas estatales
y contagiado por el tumor del ahue`onamiento en masa
descanso en tus ojos
mientras mis ojos
navegan en esa sangre media arenosa.
.
Y llueve en mi cuerpo convertido en barro

alegre de encontrarse contigo
en el ensangrentado barrial
del mundo. (p. 34)

Lo tradicional permanece, pese a todo, en otros textos como Wanglen (doncella)

Wanglen kuri malen
lavas tu geografía con mi sangre.
.
Es cierto que callas de día y de noche duermes

con el féretro de tus rosas negras
en el intervalo,
conversa un lenguaje de Machi en trance
TROMÚ KALFU WENUMAPU.
.
Nubes en el cielo azul

Pergamino reciclado
Espejo de los hombres
Donde tú escribiste cómo un erecto crepúsculo
Desfloró tu virginidad. (p. 36)

El sujeto honra a su hija como doncella, donde la Machi –personaje representativo en los rituales mapuches, asexuado– emula la voz de la Wanglen; la sencillez del discurso, palabras como azul, crepúsculo, rosas, entablan un diálogo con los núcleos de sentido originarios, tradicionales, apegados a una oralidad genuina que, sin embargo, se ven tensionados e interrumpidos por textos (si comparamos) como el ya mencionado María Juana la Mapunky de La Pintana:

Eres tierra y barro
mapuche sangre roja como la del apuñalado
eres mapuche en F. M. (o sea, Fuera del Mundo)
eres la mapuche “girl” de marca no registrada
de la esquina fría y solitaria apegada a ese vicio
tu piel oscura es la red de SuperHiperArchi venas
que bullen a borbotones sobre una venganza que condena.
.
[…]
.
Las mentiras acuchillaron los papeles
y se infectaron las heridas de la historia.
Un tibio viento de cementerio te refresca
mientras de la nube de plata estallan explosiones eléktricas
llueven indios en lanza
lluvia negra color venganza.
.
Oscura negrura of Mapulandia street

sí, es triste no tener tierra
loca del barrio La Pintana
el imperio se apodera de tu cama.
.
Mapuchita kumey kuri Malén

vomitas a la tifa que el paco Lucía
y al sistema que en el calabozo crucificó tu vida.
.
In the name of father

of the son
and the saint spirit
AMÉN
y no estas ni ahí con ÉL.
.
Lolindia, un xenofóbico Paco de la Santa Orden

engrilla tus pies para siempre
sin embargo,
tus pewmas conducen tus pasos disidentes.
.
Mapulinda, las estrellas de la tierra de arriba son tus liendres

los ríos, tu pelo negro de déltikas corrientes
kumey kuri Malén
loca mapunky pos-tierra
entera chora y peluda
pelando cables pa`alterar la intoxicada neuro.
.
Mapurbe;

la libertad no vive en una estatua allá en Nueva York
la libertad vive en tu interior
circulando en chispa de sangre
y pisoteada por tus pies. (p. 30)

O en textos como el que le da el título al libro: Mapurbe

Somos mapuches de hormigón
debajo del asfalto duerme nuestra madre
explotada por un cabrón.
.
Nacimos en la mierdópolis por culpa del buitre cantor

nacimos en panaderías para que nos coma la maldición.
.
Somos hijos de lavanderas, panaderos, feriantes y

ambulantes
somos de los que quedamos en pocas partes.
.
El mercado de la mano de obra

obra nuestras vidas
y nos cobra.
.
Madre, vieja mapuche, exiliada de la historia

hija de mi pueblo amable
desde el sur llegaste a parirnos
un circuito eléktrico rajó tu vientre
y así nacimos gritándole a los miserables
marri chi weu!!!!
en lenguaje lactante.
.
Padre, escondiendo tu pena de tierra tras el licor

caminaste las mañanas heladas enfriándote el sudor.
.
Somos hijos de los hijos de los hijos

somos los nietos de lautaro tomando la micro
para servirle a los ricos
somos parientes del sol y del trueno
lloviendo sobre la tierra apuñalada.
.
La lágrima negra del Mapocho

nos acompañó por siempre
en este santiagóniko wekufe maloliente. (p. 73)

El poema se transforma en un espacio de conjetura y desenfado a través de la historia infectada, es la experiencia una lluvia de indios en lanza, el ars poética es la de una mujer mapuche rechazada, y su grafía en deformidad, vocaliza una venganza propia. El sujeto estalla como un reflejo de la propia movilidad de la experiencia y el caos de la urbe como el punto de encuentro entre las culturas bastardas, un tejido amalgamado en Mapulandia street, donde el abominable desprecio abre el telón a un nuevo estereotipo de la cultura urbana, una mapuche-punk, que asida en el escenario lírico de Mapurbe funciona como un personaje a través del cual converge prácticamente toda la poética de Aniñir.

Por su parte, el segundo texto, Mapurbe, conforma la ontología del mapuche en la Santiago del siglo XXI, la tierra apuñalada: una irrupción constituida por el desajuste de figuras míticas como Lautaro, trasladadas a espacios de la ciudad móviles, de observación, como la micro; un exilio de su antepasado más reciente “Madre, vieja mapuche, exiliada de la historia” expresa el golpe en retrospectiva, ¿quiénes son los mapuches de hormigón?, “Somos hijos de lavanderas, panaderos, feriantes y / ambulantes / somos de los que quedamos en pocas partes”, la agonía marginal de la periferia y su tránsito agónico hacia la mierdópolis hacen que Aniñir componga un lenguaje misceláneo que acaba siendo lúdico y estratégico a la vez, este altera y pone en elasticidad los bordes difuminados del primer mundo, la modernización sobre la que se lapida lo tradicional, lo local; un lenguaje que es disidente y reclama por su diferencia, a la vez que, teñido de un mimetismo radical, escapa a la denuncia (o proselitismo poético) de forma paradójica: Mapurbe es un libro frontera, una frontera quebrantada que inicia en mapudungun y acaba en un español chileno, cuerpo desnudo del coa, en la que, en su recorrido (intersticio / camino), como en la urbe, todo se enlaza:

Yeyipun

Marri- marri wenu kvze
Marri- marri wenu fvcha
Marri-marri newen ñuke mapu
Marri-marri kuifi keche mapuche
Marri-marri kom pu che mapurbe.
Marri marri kvyem wanglen kom newen wenumapu
allkutuain taiñ dugu
allkutuaiñ taiñ pvlyv
allkutuaiñ taiñ rakiduam
lemoria pú lonko, Pu machi, Pu weichafe, Pu werken
kom fvcha keche, petu mongeley.
kelluaiñ tufachi weche keche mapuche warría mapu muley
kelluaiñ ta presos políticos mapuche
kvpaiñ tamvn kellun
weche keche, pichi keche, ullcha keche
liftuay taiñ piuque
liftuay taiñ rakiduam, taiñ mogen, taiñ pulyv
kelluaiñ taiñ rvpv meu, kelluaiñ tañi lof che
kvme amuleaiñ taiñ rvpv, taiñ kudaw, taiñ rvpv mogen
lonkontuaimvn, piukentukuaimun pu mapuche
newentuleaymvn pu weche keche weichafe.
llekaleleaymun pu mapuche pu weichafe
wenu kvze, wenu fvcha, kelluain taiñ rvpv
elchen kvze, elchen fucha liftuay taiñ kutran rakiduamualu,
taiñ pullyv
kvme amuleaiñ kom mapuche meli witran mapu meu
newentuleaiñ pu lamgen, pu peñi
kvme amuleayiñ taiñ yeyipun, taiñ nguillatun, taiñ mogen
mapuche wallmapu, taiñ petu mogelen kom mapuche
kvme amuay taiñ pewma.
marri chi weu !!!! (p. 20)

(Texto inicial de la obra)

.

Santiago en 100 palabras

Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare
Conchadesumadre conchesumadre chuchetumare rechuchatumadre shetumare. (p. 90)

(Texto final de la obra)
__________________
Notas
Aniñir, D. (2009). Mapurbe venganza a raíz. Pehuén Editores. Santiago.
Barros Cruz, M. J. (2009). La (s) identidad (es) mapuche (s) desde la ciudad global en Mapurbe venganza a raíz de David Aninir. Revista chilena de literatura, (75), 29-46.
Echeverría, A. (2014). David Aniñir: poesía y memoria mapurbe. A Contracorriente11(3), 68-89.
Guerra, L. (2013). La ciudad ajena: subjetividades de origen mapuche en el espacio urbano. Cuadernos de Literatura, 17(33), 299-313.
Jara, J. (2005) El poema a la vena entra lloviendo por el paisaje. Aniñir, David, Mapurbe venganza a raíz. Santiago: Pehuén Editores.
Piccinato, G., & Biondo, R. C. (2007). Un mundo de ciudades (Vol. 56). Fundación para la Cultura Urbana.
Sánchez, J. G. (2013). Encuentros en la encrucijada Mapurbe: David Aniñir y la poesía indígena contemporánea. Latin American Research Review48(1), 91-111.

.

Jesús Montoya. Tovar, Venezuela, 1993. Estudiante de Letras mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana de la Universidad de Los Andes. Ganador en la mención de poesía por el libro Primer viaje del XXIII Concurso de cuento, poesía y ensayo, convocado por la Dirección de Asuntos Estudiantiles (DAES) de la Universidad de Los Andes (2013). Con el libro Las noches de mis años obtuvo el premio en la mención de poesía de la edición XII del Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores (2014). Asimismo, fue merecedor del primer lugar del XVII Concurso Nacional de Poesía Joven Lydda Franco Farías convocado por la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello por el libro Fueron las olas (2014).

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