La magia del Nombre

Sobre Crónicas de un nuevo siglo de Xel-Ha López Méndez

 

César Panza

 

(…) por librar del error y engaño gravísimo y perniciosísimo  en que vive y siempre hasta hoy ha vivido, estimando desde océanas gentes faltarles el ser de hombres, haciéndolas brutales bestias incapaces de virtud y doctrina, depravando lo bueno que tienen y acrecentándoles lo malo que hay en ellas, como incultas y olvidadas por tantos siglos, y a ella, en alguna manera, darles la mano, porque no siempre, cuanto a la opinión falsísima que dellas se tiene, aterradas como lo están y hasta los abismos, permanezcan abatidas.
Bartolomé de las Casas
 
No estoy escondiendo manuscritos
bajo leve oscuridad de tarde
o guardándome en noche
para asombro de luz postrera.
Sólo estoy observando los huecos en la capa de ozono.
Y con intensidad de hambre mido el espacio que media
entre cada uno de nosotros.
Karla Sánchez

 

A finales del siglo XV, los españoles que arribaron al Nuevo Mundo actuaron bajo una lógica de conquista y colonización que deshumanizó en gran medida, a través del temor, a quienes necesitaban como esclavos. Los habitantes de Abya Yala pronto serían catalogados como seres que vivían en estado animal. La ausencia entre ellos del sentido común mercantil de occidente era visto por lo europeos como un signo de su bestialidad. A mediados del siglo XVI, Bartolomé de las Casas emprende -contra la campaña ideológica que representaba a los amerindios como animales y demonios- el debate sobre la consideración de humanidad de los «indios», es decir, si eran posesos del alma: aquello que los hace ser hombres y mujeres capaces de virtud y doctrina, y no seres cuya vida y actividad social en poco distan a la del ganado. Las nociones medulares del derecho sobre los cuerpos de los indígenas y mestizos necesitaban fundarse en América y la iglesia debía cumplir tal tarea.

 

§

 

En las Crónicas de un nuevo siglo (Ámbar Cooperativa Editorial, 2016) de Xel-Ha López Méndez, las palabras de los vencedores y los vencidos se mezclan irremisiblemente. El tono de su escritura es mestizo, y discurre en un proceso oscuro que comenzó hace tiempo en el Nuevo Mundo, y que ahora se registra desde el norte, desde México. Estas crónicas no se ubican en el relato de un solo personaje, tampoco son cronológicas, aunque en ellas se observe un orden temporal. No hablan desde la impersonalidad: hay matices emocionales más o menos disimulados, la impotencia  de la infignación, o el desconsuelo que propone el hecho de vivir en un país como el nuestro, en un nuevo siglo como el nuestro, en un contexto en el que parece que la idea de futuro ha sido secuestrada por la violencia y la impunidad, como refiere Mónica Nepote en el prólogo de estas crónicas.

En este nuevo siglo, también se inquiere por el alma de la descendencia, por el destino de sus cuerpos y cabezas colgantes. La cuestión de estas crónicas es el alma  que habita dividida y adormilada en una gran ciudad violenta, sin forma clara, insomne. Es en esa ciudad-mundo se despliega un teledrama veraz y cotidiano, incómodamente televisable:

Dentro
de la casa dice una madre:
Me duelen todos los corazones
dice
al mundo
o a su hijo o al caos

Hay en esa telenovela una fábula que no es la típica. Son muchos sus desconocidos protagonistas, poco se sabe de sus alientos, solo conocemos sus necesidades, algo qué preservar vivo mientras se levantan muertos. Sin embargo, se requiere algo más para que el paso de estos personajes. Se precisa un espacio entre el cielo y el  infierno, esos sitios entre los que se debate el alma. Un territorio anotado en las esquinas de esa gran ciudad amorfa, la más poblada de Latinoamérica, como duplicidad de un inframundo o un edén:

Hay un muro y un hombre y hay pájaros
y un cielo que es espejo de algo
un cielo que son dos cielos

(…)

Hay de pronto la certeza en la ubicación de un mapa
y la certeza es el límite
una esquina del mundo

Hablamos de espacios comunes y se insiste en ello, pero no cuesta mucho darse de cuenta de que también somos esa gente de las Crónicas de Xel-Ha. Vivimos en esos espacios ocupados por nuestra pobreza, padecemos las limitaciones de nuestro despliegue, condenados a habitar sitios peligrosos en los qué habremos de hacer para mantener al alma, con qué agua se le va regar, de cuánto espacio y recurso se dispone para ello, de cuánto se interpone entre el aliento y la muerte, un cada vez menos por un siempre un poco más. Estas Crónicas no hablan del PIB.

Todas esas condiciones que Xel-Ha describe se enfrentan en una especie de melodrama crudo,  observamos una pugna que destruye a las autoridades y a las costumbres, a los estados y a las culturas plagadas de la violencia banalizada por la industria del cine. Así se diluye la identidad y el alma se borra:

Acá en San Cris siempre hay trabajo
ayer recibí mi última quincena
uno no debe enfermarse gravemente nunca
de nada
ni siquiera algo parecido a la gripe, a la tristeza

Pero hoy
por primera vez
fui filmada por un helicóptero con cámara
me pagaron 300 pesos por parecer mexicana
a nadie realmente le importó si lo era
si me sentía o había nacido como tal

Repetimos la toma hasta que el director dijo yes
we have it

Sospechamos que el alma no es lo que se fija en los fotogramas sino eso que queda dentro del cuerpo. Algo que sentimos raro y que lo sostiene todo:

Venden a mi novia chamulita
cinco mil pesos quieren porque tiene muchas hermanas
porque dicen que son más bonitas que mi novia chamulita
y dice también su padre que me largue de su corazón tzotzil
como si no se hubiera enredado con el mío y no viera
lo inseparables que son, y no viera que si me voy mi chamulita
se va a secar, se quedará sin sangre como yo y nos vamos a
morir, y ese viejo no le va pagar sus pinchis cinco mil pesos por
una plantita seca, porque eso seremos mi chamulita y yo, si cortan
el enredijo que hemos formado con nuestros pensamientos, se le
caerá el corazón que es el único corazón de esa casa
y se morirán todos miserables

El indicio del alma es un signo que ha ido perdiendo detalles en un proceso de abstracción-extracción histórica difícil de descifrar debido al poder de la fragmentación entre la razón, el instinto y la emoción, que no distrae de lo fundamental:

Sagitario, tu color es el rojo, Sagitario, vive intensamente el día, Sagitario, entrarán a tu casa y violarán a tu hermano y le cortarán las manos, Sagitario, te cortarán la cabeza por haber cortado la cabeza equivocada, por haberte equivocado, Sagitario, por nacer pobre, Sagitario, por querer vivir intensamente el día, Sagitario, tu color es el rojo, tu piedra.

Sin embargo, en esa madeja que somos hay un signo brillante como una joya oculta, aunque no sepamos qué dice o significa, quién lo ha escrito, para qué sirve, cuánto vale, cuánto ha costado, cómo llegó aquí, de dónde nos viene su aroma, de dónde sus colores, hacia dónde va, quién le pone el nombre; aunque lo desconozcamos sentimos a ese signo vital e imprescindible.

 

§

 

Para librar de aires bizantinos a cualquier disquisición sobre lo que nos anima, que tome la palabra el buen Iván Ilich desde Energía y equidad, con énfasis cursivos nuestros:

El hombre es el ser consciente de su espacio vital y de su limitación temporal. Integra a los dos por medio de su acción, es decir, mediante la aplicación de su energía a sus circunstancias concretas. Para tal fin utiliza instrumentos de varios tipos, algunos de los cuales dan mayor efecto a las energías metabólicas de las que dispone, y otros que le permiten hallar fuentes energéticas que son exteriores a su propio cuerpo. La energía, transformada en trabajo físico le permite integrar su espacio y su tiempo. Privado de energía suficiente se ve condenado a ser un simple espectador inmóvil en un espacio que le oprime.

Usando sus manos y pies transforma el espacio, simple territorio para el animal, en casa y patria. Aumentando la eficiencia en la aplicación de su propia energía lo embellece. Aprendiendo a usar nuevas fuentes de energía lo expande y lo pone en peligro. Más allá de un cierto punto, el uso de energía motorizada inevitablemente empieza a oprimirlo.

Los símbolos que maneja Xel-Ha para contar las historias sobre el espacio vital mexicano, su respiración y sus límites, son casi los mismos que aquellos de la literatura prehispánica, tan particulares como universales: la piedra brillante, el canto y el pájaro, la fugacidad de la vida y la incertidumbre por lo que vendrá después de ella. Todo esto en versos libres y polisémicos. El espacio y los objetos cotidianos, así como la presencia de la enfermedad humanizan a los seres de estos nuevos tiempos y sus episodios trágicos. El dinamismo de estas crónicas nos permite reflexionar sobre la velocidad del carácter reproductivo de la pobreza y la violencia: las limitaciones, no en el acceso al dinero, ese otro nombre de la deuda, sino el acceso a la energía dispuesta a integrar espacio y tiempo de vida.

Como en los tiempos del Nuevo Mundo, las dudas sobre las que discurre Xel-Ha López a través de sus crónicas, cuestiona la legitimidad del rito religioso del bautismo como condición garante de humanidad, increpa sobre el reconocimiento al derecho y al espacio, a la administración del tiempo y la anergía. Pregunta, en última instancia, por el destino de toda esa descendencia huérfana, que parece que de algún sitio se le escapa el aire, el elemento vivo:

Ana está cansada de saber ser pobre, comer cuando hay, cuando hay abrir las piernas,
Ana es un nombre genérico, mi vida, ana es ana y no va a la
escuela porque para todas es más fácil abrir las piernas, amarrar
al hombre aunque sea una bestia y la cuerda sea infinitamente
larga, y el perro ladre, el perro muerda.

Pero algo fundamental distingue a estas Crónicas de cualquiera que fuese escrita en el siglo XVI, y es que no procuran la redimensión de la lógica colonizadora. ¿En qué condiciones la gente de la periferia logra el reconocimiento de su alma, del derecho al agua, el acceso al alimento, al trabajo, la paz y la vida sin que esto signifique ascensos falaces y tratos injustos? Silvia Federici en Calibán y la bruja nos dice:

[Debemos] darnos cuenta de hasta qué punto la esclavitud ha sido fundamental para la historia del capitalismo y de por qué, periódica y sistemáticamente, cuando el capitalismo se ve amenazado por una gran crisis económica, la clase capitalista tiene que poner en marcha procesos de «acumulación primitiva», es decir, procesos de colonización y esclavitud a gran escala, como los que se presenciaron [en América]

Esa colonización y esclavitud que Federici refiere se manifiesta simbólicamente en la incapacidad de darle Nombre al alma de la gente y su descendencia. El alma es la identidad del ánimo para embellecer al espacio, lo que no puede negociarse como el rehen de un  secuestro, y mucho menos como el sujeto de prueba de tratados de comercio, o experimentos de ingeniería social:

Qué injusto es
querer por no poder vivir con las ideas
morirte
antes de que lleguen atraídos esos perros acelerando el proceso
o antes de que lleguen
esos tiempos soñados de poder con la vida en estas circunstancias
o antes de que lleguen
esas otras circunstancias que todos los muertos estuvimos esperando

 

§

 

Monica Nepote nos expresa en su introducción a las crónicas de Xel-Ha López M. que  hablar de poesía siempre implica un riesgo, el de caer en la tentación de hacer un ensayo interpretativo, situarse en la voz de un poeta cuyas preguntas no le pertenecen a quien ensaya, a quien supone. Y tiene razón. Nuestra lectura a las Crónicas de un nuevo siglo solo pretende resaltar los matices comunes de nuestra condición de habitantes de esta tierra nuestramericana y a la magia oculta en su Nombre.

 

 

César Panza. Valencia, Venezuela, 1987. Poeta, docente, editor y traductor. Licenciado en Matemáticas por la Universidad de Carabobo, Panza se desempeña como miembro del comité de redacción de La Tuna de Oro y del comité de redacción de POESIA. Tradujo del inglés Canciones (1962-1970) de Bob Dylan (Fundarte, 2017).

La imagen que ilustra este post fue extraida de una producción audivisual (CruzVargas, 2015) y fue intervenida por el equipo de POESIA.

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